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Retrato del Martí adolescente, por Fernando Pérez

Joel del Río • La Habana
Fotos: La Jiribilla
 

Première de la película José Martí: el ojo del canario


El misterio acabó por revelarse el miércoles en la noche cuando ocurrió el estreno capitalino en el cine Chaplin de la capital —donde será exhibida del 1ro. al 7 de abril— de José Martí: el ojo del canario, largometraje de ficción largamente esperado, con guión y dirección de Fernando Pérez, el autor de películas imprescindibles en los últimos 30 años del cine cubano: Clandestinos, Hello Hemingway, Madagascar, La vida es silbar y Suite Habana.

Presentada a la prensa 24 horas antes de la premiere oficial, la nueva película del reconocido autor honraba su meritoria filmografía, restablecía virtuosamente la excelencia del cine histórico realizado en Cuba (en esa tradición se engastan Lucía, La primera carga al machete, La última cena, El otro Francisco, Cecilia y El siglo de las luces) y además deshacía por completo la supuesta imposibilidad de que el cine cubano biografiara admirablemente al Héroe Nacional, dado el fracaso estrepitoso de varios empeños anteriores.   

En la rueda de prensa, los medios pudieron acceder no solo al intercambio de impresiones sobre el nuevo triunfo del cine nacional, sino a las opiniones y anécdotas del director, los actores principales y una buena parte del elenco técnico y artístico. Fernando Pérez comenzó la rueda de prensa reconociendo que habían transcurrido tres años en la realización de esta película, surgida a partir de una propuesta de Televisión Española para una serie que se llamará Libertadores, en la cual varios países de Latinoamérica (México, Uruguay y Cuba, entre otros) realiza en coproducción con España el acercamiento biográfico a sus próceres más importantes.

De ninguna manera alcanzaría una película de duración convencional para abarcar la anchura de la creación martiana y la multiplicidad de terrenos en que se desarrolló su pensamiento, de modo que el realizador eligió al Martí menos conocido, al niño y al adolescente, y escribió solo el guión (todas las películas anteriores de Fernando Pérez fueron coescritas por Fernando Pérez con guionistas de oficio) para conferirle a la película una mirada completamente personal, auténtica. La exhaustiva investigación sobre el personaje y su época se visibiliza perfectamente en la puesta en escena de esta película que se empeñó en presentar personajes nunca santificados ni estatuarios ni remotos en el siglo XIX, sino vitales y capaces de favorecer la identificación con los espectadores más jóvenes de hoy mismo.

Para retratar los últimos años de la infancia, y la primera adolescencia, los miedos y los problemas que necesariamente enfrenta quien ansía conocer el mundo, y para dramatizar los problemas filiales, las incomprensiones y los conflictos tanto privados como públicos del joven Martí (el filme está dividido en cuatro segmentos de parecida longitud y concluye en el momento en que recluyen al joven patriota en presidio) Fernando Pérez contó con la fotografía de Raúl Pérez Ureta (Premio Nacional de Cine 2010 y un imprescindible en la filmografía de Fernando Pérez), la soberbia dirección de arte de Erick Grass y otros habituales colaboradores del director, como el productor Rafael Rey, la editora Julia Yip y el músico Edesio Alejandro, quien se vio precisado a crear y añadir los sonidos de la época, pues la película fue doblada por completo y apenas se utilizó la música añadida o extradiegética, exceptuando los acordes de La Bayamesa que se escuchan hacia el final.

Fernando seleccionó a los dos niños que interpretan a Martí a partir no tanto del parecido físico con El Apóstol, sino del mundo interior de ambos muchachos, de la capacidad para intercambiar emociones durante el proceso de creación o de expresar ciertas emociones a través de la mirada. Damián Rodríguez y Daniel Romero interpretan dos momentos distintos en la juventud del personaje. Ambos adolescentes compartieron el mayor número de escenas con la recia profesionalidad de Rolando Brito y Broselianda Hernández, quienes encarnan a Mariano Martí y a Leonor Pérez. Los cuatro actores fueron dirigidos de similar manera. Fernando les pidió que no leyeran nada sobre Martí y su época mientras estuvieran rodando porque aspiraba el mayor grado de autenticidad, a que fueran ellos mismos colocados en tal circunstancia.

A Broselianda, el director solo le solicitó que interpretara a una madre, a una madre temerosa por su hijo y que intenta resguardarlo, cambiar su destino de acuerdo con lo que ella cree mejor para él. La actriz se valió también, según reconoció ante la prensa, de muchos otros mecanismos para convertirse, por fuera y por dentro, en Leonor Pérez. Agradeció el soberbio maquillaje y el vestuario que le regalaron las profesionales del ICAIC (en especial Magaly Pompa) y además confesó que se valió de muchos otros mecanismos más sutiles, espirituales tal vez, “porque esta película tiene que ver no solo con Martí, sino con Cuba, con nuestra identidad, nuestro sentido de libertad y soberanía, y con muchísimos problemas que nos atañen hoy mismo a todos nosotros”.

En otros momentos de la rueda de prensa, Fernando Pérez dijo sentirse sumamente satisfecho con el resultado de las actuaciones, y tuvo palabras de elogio para los principales intérpretes, incluido Rolando Brito (“él consigue lo más difícil para un actor, que es caracterizarse distinto por completo en cada papel, tiene esa cualidad camaleónica”) y explicó que quiso dedicar el filme a la impar profesora universitaria Beatriz Maggi, quien no solo adentró al futuro realizador en el mundo de la literatura, sino que también lo instó a “mantener una mente abierta, que busque contradicciones y no soluciones”. También señaló que los diálogos intentan conservar el espíritu de la época, sin renunciar a una norma del habla más actualizada y coloquial, que favorezca la comprensión e identificación del auditorio cubano contemporáneo. De modo que algunas escenas, como la polémica que tiene lugar en el aula de griego, fueron improvisadas a partir de ciertas pautas.


Filmación de José Martí: el ojo del canario

Cuajada de referencias visuales y simbólicas a la obra poética martiana, sin academicismos ni alardes didácticos o librescos, José Martí, el ojo del canario está destinada a marcar un hito en el audiovisual cubano del siglo XXI. Es profunda y conmovedora como Suite Habana. Cubanísima y comprometida con el destino de la nación como La vida es silbar. Atiende a las facetas más comprensibles, cotidianas y vulnerables de sus héroes, al igual que Clandestinos, Hello Hemingway, Madagascar y Madrigal. Es, en fin, otra espléndida película de Fernando Pérez. 

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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