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Pelusín del Monte: ¿Títere Nacional?

Freddy Artiles

 

Pelusín del Monte y Pérez del Corcho es un niño de 50 años. Nació algún día de finales de 1956 en un modesto retablito animado por los hermanos Camejo, pero como todos los personajes infantiles que en el mundo han sido (Peter Pan, Matojo, la Pequeña Lulú) sigue y seguirá siendo un niño para siempre. Y no es que el tiempo se haya detenido para él, pues ya los niños campesinos no tienen que ir a la ciudad a vender frutas para sobrevivir, la televisión se ha hecho en colores, su abuela cocinará en una olla arrocera y en su escuela del campo habrá computadoras; todo esto Pelusín lo sabe y lo aprecia; solo que él y sus amiguitos continúan deliciosamente detenidos en su infancia, de igual modo que la abuela Pirulina, que ya debería andar por los 120 años, mantiene la misma gracia y vitalidad de su primera aparición. Y es que son personajes, y como tales, están por encima del tiempo.

Gracias a la prodigiosa imaginación de la escritora Dora Alonso, y a la sugerente imagen concebida por el diseñador y titiritero Pepe Camejo, Pelusín del Monte hizo su primera aparición teatral en la pieza Pelusín y los pájaros, y al siguiente año, 1957, apareció de nuevo en Pelusín frutero, para hacer un mutis que se extendería hasta 1963, cuando sus creadores disponían ya de la bien acondicionada sala del Teatro Nacional de Guiñol y Pelusín reaparecería a todo escenario en El sueño de Pelusín. Pero antes, en 1961, Dora y los Camejo habían estado animando al guajirito ante las cámaras de la televisión en un espacio que se mantendría dos años en el aire, Aventuras de Pelusín del Monte, uno de cuyos guiones, con el título de El teatro de Pelusín se estrenaría en la misma sala en 1986 para constituir la última aparición del personaje en un texto teatral.


"Pelusín enamora'o"

En resumen, Pelusín del Monte solo ha tenido a su disposición cuatro obras teatrales para darse a conocer en un período de 30 años; sin embargo, cuando en 1981 me di a la tarea de leer y analizar un alto número de piezas para niños cubanas a fin de elaborar el trabajo de diploma que requería la culminación de mis estudios de Licenciatura en Artes Escénicas, descubrí dos cosas: primera, que de todos los autores cubanos, Dora Alonso marchaba a la cabeza por la calidad literaria de sus textos y por su tierno, conocedor y certero acercamiento al mundo infantil; y segunda, que de todos los cientos de personajes estudiados, Pelusín del Monte resaltaba por su gracia y cubanía, y profundizando un poco en esa idea, afirmé más tarde, en un trabajo aparecido en la publicación matancera La Mojiganga en 1996, que si algún personaje de nuestro teatro podría merecer el título de Títere Nacional, ese personaje sería Pelusín del Monte. Y eso que entonces no conocía aún los guiones de la serie televisiva en los que Pelusín y sus acompañantes se revelan en todo su esplendor.

Tuve la suerte de conocer estos guiones y el privilegio de que Dora Alonso confiara en mí para seleccionar algunos y conformar un libro que se publicó finalmente en 2003, ya fallecida su autora, bajo el título de Nuevas aventuras de Pelusín del Monte. Fue durante este largo proceso de trabajo que confirmé aquella vaga idea de años atrás respecto a la relevancia del personaje en el ámbito de la dramaturgia titiritera cubana. Ahora, al conocer su troupe, es decir, los personajes que rodean al títere protagonista e interactúan con él, reafirmé con sólido criterio investigativo que, en efecto, Pelusín reunía todos los requisitos para ser nuestro Títere Nacional.

Pelusín del Monte y Pérez del Corcho, conocido también como el Peluso Patatuso, y su abuela doña María Pirulí, también llamada Pirula, Pirulina o Pirulisa, fueron desde el principio y siguieron siendo los protagonistas de la serie, pero la troupe incluye otros personajes que conforman la “pandilla” infantil que rodea  a la abuela y a la que ella dirige con amorosa severidad.

Gelasito Tirabeque, también llamado Tirabeco, vecino y amigo de la familia, es tacaño hasta la muerte, bastante miedoso, en extremo educado y sobre todo, comilón. Tontolina Perendengue, que de boba no tiene un pelo, es la novia de Gelasito y está unida a él por un amor profundo, sellado por un común e insaciable apetito. Bebita Turulata y Ronquillo, también conocida por Turu, es prima de Tontolina y el personaje más lúcido y equilibrado de la pandilla, pronta a hacer justicia a garrotazos cada vez que haga falta. Y Gruñón de la Perreta y Huesos Pelados, llamado a veces “El Satico” porque, en efecto, es un perro sato que vive en la casa con Pelusín y Pirula, comparte las labores domésticas y va a la escuela con todos los demás, es el más infantil e ingenuo de todos los niños y completa el reparto de personajes principales.

Valdrá la pena dilucidar ahora por qué, a partir de estos elementos, consideramos a Pelusín del Monte como el Títere Nacional.

Comencemos por su diseño: Pelusín es un títere de guante, y su imagen es la de un niño campesino, de cara ancha y sonriente, con pelo claro y revuelto, orejas grandes, ojos verdes y nariz respingada, tocado con el típico sombrero de yarey, camisa o guayabera blanca y un pañuelo rojo al cuello. Su hábitat es el campo cubano, con el canto del gallo mañanero, el trino de los pájaros y las palmas reales acariciadas por el viento. Su lenguaje es el del niño campesino y cubano; ni ortodoxo ni del todo correcto: Pelusín y sus amigos dicen “agüela”, “más nunca”, “usté”, “cucha”; dichos campesinos y hasta palabras inventadas que conforman un discurso vital y lleno de gracia. Su conducta es la del cubanito “vivo”, que siempre busca la manera de salir adelante usando su ingenio y su criollo sentido del humor. Sus gustos, los de todos los niños: jugar a los “escondíos”, a los “agarraos”, y además disfrutar de los campesinos placeres de bañarse en el río y lanzarse sobre una yagua loma abajo. Sus platos favoritos, desde luego: los frijoles negros, el arroz blanco, la yuca con mojo, el arroz con pollo, los tostones, el boniatillo y los casquitos de guayaba que hace la Pirula. Pelusín, en suma, es un personaje único, pero a la vez típico y popular.

¿Basta lo anterior para nominar a Pelusín del Monte a la categoría de Títere Nacional? Quizá bastaría, pero hay otros muchos rasgos presentes en el personaje y su entorno que lo emparientan con los títeres populares tradicionales de todos los tiempos, y esos rasgos se consolidan a partir de su aparición en la serie televisiva. Pelusín, como sus congéneres Guignol, Pulcinella, Polichinelle y Punch no alienta en una sola obra; si en el teatro apareció cuatro veces, a partir de la serie televisiva se inserta en decenas de historias, y siempre va acompañado por la misma troupe, como sus congéneres franceses, italianos e ingleses, y también como ellos —algo de lo que cuidó Dora Alonso a lo largo de la carrera teatral de su personaje— ha mantenido siempre su diseño original: el guajirito cubano con rostro pícaro y sonriente tocado con su sombrero de yarey.

Quizá en un hipotético proceso legal titiritero, estas pruebas bastarían para declarar a Pelusín Títere Nacional; pero hay fiscales difíciles de convencer y alegaciones contrarias que merecen tomarse en cuenta. Se ha dicho, por ejemplo, que el diseño y los materiales que integran la imagen corporal de Pelusín del Monte son similares a los de cualquier títere de guante europeo, lo cual es cierto, pero cabría preguntarse si un títere, para ser cubano, requiere una técnica inventada en Cuba, o estar hecho de yagua o güira, pues Cristobita, Polichinelle y Punch comparten la misma técnica común de guante y cada uno expresa su nacionalidad. Por otra parte, nadie duda que el son sea cubano pese a que se ha tocado siempre con guitarra, un  instrumento de origen español, y no es posible poner en duda la cubanía de la música de Lecuona porque sea interpretada en un instrumento tan europeo como el piano.

Ha resultado sospechoso también que el  presunto Títere Nacional sea rubio y de ojos verdes (¿la imagen del enemigo imperialista?, ¿no debería Pelusín ser mulato, negro o al menos trigueño y de ojos oscuros?). Lo cierto es que Pepe Camejo, como un pequeño dios terrenal, construyó su figura a su imagen y semejanza o más bien a la de su hermana Carucha, ambos pertenecientes a la pequeña burguesía blanca de La Habana. Aparte de que cada día podemos ver por la calle a decenas de hombres, mujeres y niños con esas características físicas y tan cubanos como las palmas, según el último censo, la mayoría de la población cubana, atendiendo al color de la piel, es blanca. Por tanto, el pelo, los ojos y la piel del gracioso guajirito no deben generar dudas acerca de su inquebrantable cubanía.


"Pelusín enamora'o"

Se ha alegado también que Pelusín, con sus escasos 50 años, es demasiado joven para ostentar título tan ilustre, pues los títeres nacionales famosos (Polichinelle, Punch, Karagoz) gozan de una larga antigüedad que se remonta a unos 400 ó 600 años atrás. Esto también es cierto, pero sería bueno recordar que 400 ó 600 años atrás Cuba no existía ni siquiera como nación y que el teatro de títeres cubano solo comienza a desarrollarse en el siglo XX; es decir, que cada país tiene una historia cultural que debe tomarse en cuenta.

Por último, se compara a Pelusín con otros personajes infantiles como el títere Amigo o Elpidio Valdés, para concluir que, en comparación, el guajirito matancero es poco conocido; algo que tampoco deja de ser cierto, pero Elpidio, además de disponer de un medio de tan amplia difusión como el cine, no es un títere, sino un dibujo animado, y el Amigo de la televisión surgió varios años después que Pelusín, aparte de que dejó de presentarse en público hace mucho tiempo… igual que Pelusín, podría alegarse, solo que esto último no es del todo cierto y está en vías de solucionarse definitivamente.

En primer lugar, aunque a intervalos, Pelusín ha estado presente en la escena durante todos estos años en manos de diferentes intérpretes y grupos teatrales, como Pedro Valdés Piña, Sahímel Cordero, el Teatro de las Estaciones y el grupo Paquelé, entre otros, y la serie televisiva Mi amiga Dora, dirigida por Julio Cordero, lo llevó a la pantalla en 1990. Además, la publicación en 2003 de la selección de 18 obras de Pelusín del Monte, lo mantiene como lectura ante los niños y suministra material a los grupos teatrales que ya han montado o planean montar algunas de estas piezas. Pero lo más significativo en este sentido es la próxima aparición en la televisión cubana de una nueva serie, Despertar con Pelusín, que llevará al personaje y a su troupe completa ante los niños cada día antes  que salgan para la escuela, y lo convertirá de nuevo en un amigo cotidiano.

¿Entonces?

Pues podríamos preguntarnos qué sería mejor: si tener o no tener un Títere Nacional, pero cualquiera que sea la respuesta, lo que parece innegable es que ese títere no podría ser otro que Pelusín del Monte y Pérez del Corcho, símbolo de la niñez y la nación cubanas.

La Habana, octubre de 2006

 

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