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Entrevista con Carlos Walter Porto-Gonçalvez

La ciudad profunda: signo de la literatura joven brasileña

M. González • La Habana

Fotos: Abel (Casa de las Américas)

 

Hace justamente 30 años, el Premio Literario Casa de las Américas convocó por primera vez, como categoría independiente, a la literatura brasileña. Carlos Walter Porto-Gonçalves recibió el Premio en la edición del 2008. Su ensayo, La globalización de la naturaleza y la naturaleza de la globalización, sorprendió por su exhaustividad y proyección histórica en el análisis de un fenómeno a primera vista contemporáneo. Este año, como suele suceder con quienes han pisado el suelo de Casa, aun cuando no físicamente, el autor de Geografías: movimientos sociales, nuevas territorialidades y sustentablidad (2001), Amazônia, Amazônias (2001), Geografando: nos varadouros do mundo (2004) y O desafio ambiental (2004), integra el jurado que seleccionará los mejores volúmenes de entre los 38 concursantes del apartado.

El ensayista y profesor brasileño es miembro del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico, y del Grupo Hegemonía y Emancipaciones, de CLACSO. En el año 2004 obtuvo el Premio Chico Mendes en Ciencia y Tecnología. Su relación con los movimientos sociales de su país, tales como el Movimiento de los Sin Tierra y la Comisión Pastoral de la Tierra, así como su sostenida trayectoria como investigador, le sensibilizan ante los problemas sociales del continente y el mundo. El resultado: respuestas directas y críticas, que no cuesta trabajo estimular.

En el ensayo premiado por Casa en el 2008, llama la atención el hecho de que usted se acerca al conflicto medioambiental que vive hoy el mundo desde una perspectiva histórica, social y política, no como un fenómeno del presente. ¿Considera que es este último enfoque el que predomina en los análisis sobre el tema?

La idea central del libro es el análisis del impacto que la sociedad está causando en la naturaleza. Mi idea, al inicio, era hacer un análisis de los últimos 30 a 40 años, pero para caracterizarlos me percaté de que era necesario analizar históricamente un tiempo más largo, y entender cómo se da ese proceso a partir del XVIII, con la Revolución Industrial. Es desde ese momento cuando se desata un proceso muy violento, a partir del dominio de una forma de energía propia que trabaja con los combustibles fósiles. Por eso digo que vivimos en una “sociedad capitalista-fosilista”.

Petróleo y carbón, ambos potenciaron enormemente la capacidad de transformación de la naturaleza. Asociado a eso, la aplicación de los principios de la máquina de vapor a los medios de transporte, posibilitó que de cualquier lugar del mundo se pudiera usar la máquina y que la materia se transformase a nivel global. Fue un proceso profundo de cambio, asociado a relaciones de poder a nivel internacional, a nivel de geopolítica asimétrica en todo el mundo.

Al mismo tiempo, esta transformación se dio a tal nivel que se olvidó que la sociedad está inscrita en la naturaleza, que la sociedad no está fuera de ella.

Así llegamos a un proceso de calentamiento global, que es resultado del éxito de una forma de sociedad, no de sus fallas. Por eso es tan grave. El calentamiento global es fruto del uso de los combustibles fósiles que dieron lugar a la sociedad de consumo. Fíjate que el 20 por ciento de la población mundial consume el 84 por ciento de la materia de energía, y los restantes se quedan solo con 14 por ciento. Ese modelo de desarrollo es insostenible. En ese sentido el libro analiza eso. Pero no es un enfoque muy común. Por eso llama la atención cuando se leen los textos de Fidel, quien afirma eso desde el año 92. Fidel tenía sensibilidad para mostrar ese fenómeno como un proceso histórico, desde aquel momento,  y hacer crítica al esquema desarrollista.

¿Por qué apostó por el Premio Casa, habiendo otros de mayor remuneración?

Cierto es que existen otros certámenes de mayor remuneración y que también son prestigiosos; pero Casa tiene un signo propio: al mismo tiempo que valida el rigor de la ciencia, la filosofía y el arte, apoya un pensamiento crítico. El mundo carece de esto y el Premio Casa de las Américas lo ofrece. El hecho de estar asociado a un país cuya trayectoria de resistencia y de pensamiento crítico, incluso anterior a la Revolución, se acercaba a lo que yo quería lograr con el libro.

Usted suele referirse a los medios de comunicación como “medios industriales de formación de necesidades” y resalta la insatisfacción que generan en los jóvenes, sobre todo. ¿Estimulan los medios ese pensamiento crítico que usted defiende?

Para nada. Para Edward Thompson, esta es la primera generación en toda la historia de la humanidad en que los círculos primarios de socialización, como la familia o el vecindario, pierden el derecho de formar las necesidades de nuestros hijos. Cada vez menos determina la influencia de sus padres o vecinos, cada vez son más los medios y los medios son cada vez más influenciados por las grandes corporaciones. Ese proceso de fabricación de las necesidades, de la subjetividad humana, conforma la posibilidad de entronización del  consumo como subjetividad social, individualista.

La persona está aislada. Todo lo que se hace es responsabilidad de cada uno. Por eso prolifera la depresión como molestia psíquica individual, aunque yo digo que es también social. Es así como los jóvenes ven sus necesidades insatisfechas y algunos convierten formas de expresión artísticas, como la música, en reflexión.

Esa conversión de insatisfacción en “poesía, en reflexión”, como usted dice, distingue particularmente al cine brasileño. ¿Alcanza también la literatura?

Sí. Sobre todo el cine brasileño de los últimos 15 años, es un cine que va a descubrir el Brasil profundo, la ciudad profunda, las experiencias de los jóvenes en las periferias urbanas, desalojados por el tiempo. Asimismo, también emerge una literatura fortísima, hecha por jóvenes, que tiene esos matices y ese signo. Es un hecho nuevo en la literatura brasileña, pues la de los 70, a partir de la generación del 68, venía de la pequeña burguesía; mientras que ahora son personas de pueblo quienes tienen una visión crítica y la llevan a la creación. Hay una literatura de otro tipo, poesía muy buena, por ejemplo, cercana a influencias sobre todo de la música.

Hace justo 30 años que el Premio Casa convocó por primera vez como apartado a la literatura brasileña. Según las obras que tiene en sus manos, ¿podemos decir que es una muestra representativa de lo que se escribe hoy en el Brasil?

Creo que sí, aunque es una variedad muy grande. Tenemos cerca de 40 obras que analizar y todas de excelente calidad. Me siento afortunado de las dificultades que tenemos para seleccionar los trabajos, porque eso da la medida de que son muy buenos. Casa está atrayendo cada vez más a la literatura brasileña, porque es un premio que además de su tradición se afirma como editorial. Según lo que tengo en manos, puedo decirles a los lectores de Casa de las Américas que tendrán propuestas excelentes llegadas desde Brasil, una muestra muy representativa de lo que se está escribiendo hoy allí.

Frecuentemente, los ganadores del Premio se convierten luego en jurados, e incluso en los principales promotores del certamen. ¿Por qué cree que suceda, más allá de la convocatoria hecha desde Casa?

Puedo resumirlo así: esta es mi primera vez como jurado, obtuve el premio y ya tenía una afinidad espiritual y política con Cuba; pero es la primera vez que puedo venir y conocer creadores de todo el continente, incluso poetas de aquí de Cienfuegos que son formidables. Cuba tiene una tradición de poesía increíble y un ambiente cultural fantástico. Estar en Casa nos da la posibilidad de constatar eso.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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