Año VIII
La Habana
del 9 al 15 de ENERO
de 2010

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Homenaje a nuestros amigos de París

Alejo Carpentier

 

Con esta crónica no pretendo añadir un “nosotros también hicimos”, a los muchos que legítimamente deben haberse producido en Cuba, por estos días de reliberación. Porque si bien es cierto que el “nosotros también hicimos” encierra, implícitamente, un motivo legítimo de orgullo, también es cierto que la causa del antimachadismo se había vuelto, desde hace varios años, una cuestión de conciencia para todos los cubanos. Representaba un anhelo elemental de higiene moral, comparable a lo que sería, en lo físico, el deseo de llevar cuello limpio y de no tener piojos en el cráneo. No cabía siquiera la actitud apolítica o neutral. El mínimo coeficiente de conciencia, de patriotismo, de decencia, exigía que se alimentara, cotidianamente, un odio profundo contra el verdugo de nuestra isla y sus abyectos secuaces. El "hacer también algo" contra él y su régimen, en la medida, de las posibilidades de cada cual, era un deber que bien pocos —para honra nuestra— han querido ignorar.

Por ello mi deseo no es consignar aquí aquellas actividades antimachadistas desarrolladas por mí o por mis amigos (¡y, como jefe de propaganda de la célula del A B C en París, algo podría contar!), sino rendir homenaje a aquellos hombres sinceros, sin vínculos de nacionalidad con nosotros, sin aspiraciones de orden político o material, que nos brindaron su talento, su tiempo, su fervor, y a veces sus modestos recursos materiales, para ayudamos a denunciar los asesinatos cometidos por la bestia ante la opinión europea. Me refiero a los intelectuales franceses que fueron nuestros compañeros y guías en la lucha por conquistar posiciones que nos permitieran exponer, al mayor número de lectores posibles, hechos y figuras que sólo podían ser considerados con vibrante indignación.

A primera vista la empresa podría parecer fácil a aquellos que desconocen Europa. Cuantas veces, un cubano recién desembarcado, impulsado por la cercana visión de atropellos e iniquidades, me ha venido a ver con un artículo en la mano, diciéndome: —Usted que colabora en diarios de París, podría conseguir que me publicaran este artículo...

Siempre el visitante ha quedado estupefacto al oírme decir que aquello era literalmente imposible, que era hasta inútil intentarlo. Y a veces, lo confieso, he tenido el desgarramiento de comprender que mi interlocutor se imaginaba, por un instante (hasta que otros le confirmaran mis palabras), que esta negativa obedecía a un sentimiento de hostilidad o despreocupación. Y es que se ignora entre nosotros que en Europa, a medida que se escalan paralelos hacia el norte, la noción que se tiene de nuestros países de América Latina se va haciendo más vaga e imprecisa. A partir de los Pirineos, se nos desconoce totalmente. Ignorancia que se hace absoluta y cruenta fuera de Francia, donde, al menos, se sabe que existimos, aunque esa idea de existencia viene unida a los más peregrinos confusionismos geográficos. Para citar un ejemplo, recordaré el día en que Jean Cocteau me mostró, en su habitación, un idolillo del Canadá, diciéndome triunfalmente:

—Esto es de su país...

Para millones y millones de europeos, América es el continente del tango, del tabaco y de la gomina (ha tenido que imponerse el son para que un nuevo valor folklórico viniera a popularizar el nombre de Cuba). Nuestras revoluciones son consideradas por muchos como simples “pronunciamientos” de película. Hace todavía dos años, no había diario en París que consagrara tres líneas a los acontecimientos políticos o sociales de América Latina. Era necesario que un terremoto o un ciclón, con muchas víctimas, recordara a los periodistas que “ahí también ocurría algo”, para que gozáramos de los honores del cable en primera plana...

Tales eran las circunstancias en que nos propusimos, los miembros del A B C de París (señorita María Teresa Freyre de Andrade, Enrique Henríquez, Revenet, Ramírez Corría, Rogelio Portuondo y yo), iniciar una campaña de prensa contra el Machadato —empresa que ofrecía dificultades enormes. —Desde el principio, nos pusimos de acuerdo sobre un punto capital: ningún trabajo era posible, sin que nos aseguráramos la adhesión de algunos escritores de prestigio, con las puertas abiertas en las redacciones, y capaces, por el respeto que se tuviera a sus opiniones, de imponer artículos alusivos a la causa que nos ligaba. Sabiendo que éramos cubanos, los periodistas franceses siempre nos mirarían con desconfianza, preguntándose si nuestros artículos, llenos de descripciones de horrores tristemente verídicos, no encerraban exageraciones propias de quienes quieren engendrar el odio a un régimen. No había duda posible: era necesario contar con gente del patio, completamente adicta a nuestras ideas, y que siguiera fielmente nuestras directivas.

No vacilé en lanzar las dos candidaturas, que fueron aprobadas por la célula: Robert Desnos y Georges Ribemont-Dessaignes. Ellos debían integrar nuestras C en la organización de la campaña. Presentaban además la ventaja de que, siendo franceses, enteramente responsables de sus escritos, extraviarían toda vigilancia por vías falsas. Porque, si bien dudo que existieran en París "apapipios" a sueldo del Machadato, debe confesarse que los "apapipios" oficiosos y meritorios abundaban. No faltaban en el sector "turista", ni tampoco en el Barrio Latino. Y era bastante inquietante pensar que en París, ciudad en que la Policía no suele inmiscuirse en las actividades políticas que no molestan al Gobierno francés, y, cuando es respetada esta condición, permite celebrar mítines, reuniones y publicar folletos de propaganda; a orillas del Sena, donde la libertad de acción y de pensamiento es cosa sagrada, se dio el caso de que la presión de elementos oficiales determinara la expulsión de varios estudiantes cubanos, destacados por sus actividades antimachadistas. Triste es decirlo, pero los espías benévolos revelaban también su presencia en el hecho de que, varias veces, la noticia de que algunos de los valientes muchachos expulsados de la Universidad preparaban un "golpe de acción" en París, había llegado a oídos adversos antes de que se iniciaran las primeras operaciones. Y, por la misma causa, se habían efectuado registros en las casas de algunos de ellos... Salvo María Teresa Freyre de Andrade y Enrique Henríquez, que firmaban resueltamente los documentos más acusadores, era menester que el resto de la célula quedara en la sombra, para poder actuar eficientemente. Y para ello, como lo demostraron, Desnos y Ribemont-Dessaignes serían auxiliares inestimables.

¿Quiénes son estos dos escritores? Georges Ribemont-Dessalgnes es uno de los más sólidos creadores de la hora presente. Autor de libros de un vigor extraordinario como Fronteras humanas (una de las novelas fundamentales de la época), Elisa, El verdugo del Perú, Fausto, Celeste Ugolino, El bar del mañana, Discurso a los canarios y a los ruiseñores, Historia del Dadaísmo, ex jefe de redacción de Bifur, jefe de redacción del Phare de Neuilly (la mejor revista joven que se publica actualmente en París), colaborador de Commerce y La Nouvelle Revue Française, hombre con todas las puertas abiertas, a pesar de haberse destacado siempre por la violencia y el radicalismo de sus ideas... Robert Desnos, uno de los fundadores del movimiento Suprarrealista con Breton y Louis Aragon, es el creador de libros que lo han situado entre los más grandes poetas franceses: Cuerpos y Bienes, (¡libro de poemas del que se agotaron 6 ediciones!), The love loveless nights, La liberté ou l'amour, Luto por luto, y otros. Además, periodista activo, y hombre resuelto a correr todas las aventuras, en defensa de una causa justa. Por otra parte, Desnos y Ribemont-Dessaignes, por su filiación suprarrealista, eran individuos que no temían el escándalo, lo cual era importante, ya que, después de la época-propaganda, teníamos el proyecto, cuando la opinión estuviese suficientemente informada, y el paso por París de algún "machadista insigne" lo justificara, de llegar al escándalo ruidoso, con citación de testigos y crónica de tribunales.

El fuego fue abierto, hace unos diez meses, con la publicación en Voilà (semanario cuya tirada es de 300,000 ejemplares) de un reportaje sensacionalista de Ribemont-Dessaignes, sobre la Bestia y sus crímenes—reportaje publicado en dos números consecutivos, con lujo de fotografías, tomadas principalmente de Carteles, y el retrato más hediondo que pudo obtenerse de Machado en París.

Y digo "reportaje sensacionalista", porque era menester captar la atención del público francés de la manera más directa. Semanas antes de hacer este trabajo, decididos a proceder con austeridad y rigor político, habíamos escrito, Ribemont y yo, unos artículos severos, hablando de los problemas del azúcar, del latifundio, y del imperialismo en Cuba. Sometidos estos textos al director de un periódico, escuchamos esta respuesta inverosímil:

—¡Compadre!… El problema del azúcar cubano no interesará nunca a mis lectores... Tráiganme mejor un artículo "sobre la mala vida en Cuba, en tiempos de revolución”...

Esta frase es absolutamente auténtica. ¡Prueba más de lo difícil que es interesar al europeo por nuestros dramas económicos y políticos! Pero frase que nos sirvió de enseñanza. Era necesario comenzar por presentar sucesos. La forma importaba poco. Lo interesante era que Machado quedara desenmascarado ante el público francés, con la lista de sus víctimas y el resumen de sus atropellos. Y además — ¡arma terrible!— había que ponerlo en ridículo, haciendo resaltar el aspecto trágicamente bufo de su ignorancia engreída, de sus discursos estúpidos, de sus actitudes napoleónicas. Ribemont-Dessaignes encontró, para este último aspecto, un símil acertadísimo. A fines del siglo pasado, Alfred Jarry creó un tipo inmortal en las tablas, que ha quedado proverbial en Francia: Ubu Rey. Ubu Reyes un autócrata panzudo, sanguinario y cobarde, que se apodera del trono de Polonia, y gobierna "con un gancho de carnicero en la mano derecha y el "palo de las phynanzas" (aparato destinado a recoger todos los centavos del pueblo), en la izquierda". La imagen no podía representar más perfectamente al tirano de Cuba. Ribemont-Dessaignes bautizó a Machado con el nombre de Ubu Rey del Trópico —nombre que ha quedado de uso corriente en París cuando se habla del ex huésped de Nassau. Añadid a esto, que el primer artículo era embellecido por un maravilloso retrato del tirano, extraído de una caja de tabacos, que parecía la propia estampa de Ubu Rey dedivivo1.

El efecto de estas informaciones no tardó en producirse. A las dos semanas de haberse publicado la segunda, Ribemont-Dessaignes recibió una carta de Jean Paulhan, director de La Nouvelle Revue Française, pidiéndole un largo texto sobre los acontecimientos de Cuba. La Nouvelle Revue Française, que cuenta con la colaboración asidua de André Gide, Jules Supervielles, Julien Benda, Leon-Paul Fargue, Georges Duhamel, André Malraux y otros, es una de las más altas cátedras del pensamiento francés. Leída por todos los intelectuales, y por una gran masa del público, consultada en todas las bibliotecas del mundo, posee un extraordinario poder de difusión, alcanzando una categoría de lectores que no siempre suele interesarse por los artículos publicados en diarios y revistas menos serias. Además, se daba el caso singular de que La Nouvelle Revue Française no había ofrecido hasta entonces documentos de orden político. El texto sobre la dictadura machadista abriría, pues, una sección nueva en esa publicación.

¡No podía perderse tan buena oportunidad! Revolviendo en mis archivos, que contienen una documentación completa sobre el régimen inicuo (desde discursos del propio Machado hasta artículos e informaciones publicados en la prensa nacional y extranjera), seleccionamos los datos necesarios para realizar un montaje de textos, a la manera de un montaje fotográfico. Era necesario que el trabajo presentado a los lectores de La Nouvelle Revue Française se ofreciera, en cada línea, un hecho, una frase, un sucedido auténtico. Colocando cronológicamente la relación periodística sintética, de frases del tirano, con sus hechos-consecuencias, pies de grabado de Carteles, extractos de los artículos de Manuel Cotoño publicados en este semanario, coplas satíricas de La Semana, fragmentos de los artículos de Carbó en el Heraldo de Madrid, fragmentos de las informaciones publicadas en el Collier's de New York, y en la Student Revue por Chibás, trozos de "literatura selecta" hallados en cartas de Ferrara al presidente de la American  Federation of Labor (“¡Los otros asesinados no eran más que españoles!”), en comunicados de “apapipios” diplomáticos, y frases históricas de la Bestia ("Sé que me falta cultura", "Soy el dictador de la decencia", "Gobierno con mano de hierro, etc.” ), se lograba construir toda la historia del régimen, de manera movida y trepidante, citándose siempre el periódico en que habían podido encontrarse los datos ...

¡Lástima que este montaje saliera publicado algunos días después de la caída de la Bestia! Desde el número de abril, La Nouvelle Revue Française venía anunciando ese texto, pero Jean Paulhan había retrasado su publicación para dejar paso a unos documentos alusivos a los acontecimientos de Alemania, opinando que eran de más palpitante interés para su público... Pero ¡no importa! ¡En las páginas de La Nouvelle Revue Française, leída por los mejores cerebros de Europa, ha quedado consignada la historia de los crímenes del tirano. Dentro de veinte años, cuando algún escritor europeo desee documentarse sobre nuestra historia, hallará, en todas las bibliotecas públicas del mundo, un volumen encuadernado en que han quedado impresos, para siempre, los nombres de Mella, de Alpízar, de los hermanos Valdés Daussá, y de otras muchas víctimas del régimen abyecto... ¡Honor a Ribemont-Dessaignes, que nos ha permitido lograrlo!

*

Mientras tanto, la labor de Robert Desnos se desarrollaba en otro sector: el de los grandes diarios. Ribemont-Dessaignes era el hombre reflexivo, duro pero sin acaloramiento, que defiende una causa por una razón de justicia, por compromiso moral ante su propia conciencia. Desnos era el bólido: el hombre que iba a pronunciar discursos en las redacciones, para convencer a los periodistas de la gravedad de los acontecimientos cubanos; el autor de los artículos virulentos, de las informaciones breves y crueles que muchas veces cedía a sus colegas, sin la pretensión de firmarlas, cuando éstos deseaban ofrecerlas por cuenta propia. Gracias a él, se obtuvieron algunas de las mejores adhesiones que aparecen al final del folleto La Terreur à Cuba, publicado en París por los miembros del A B C (folleto cuya versión española apareció en Madrid hace algunos meses, con la misma portada dibujada por Carlos Enríquez). Cuando estalló la revolución, las informaciones más certeras, publicadas en Marianne, en Vu, en  el lntransigeant, ostentaban la firma de Desnos. El poeta de Cuerpo y Bienes alienta un odio a Machado y a sus secuaces, que nos ha admirado siempre, cuando pensábamos que ningún vínculo de nacionalidad podía unirlo a nosotros... En los últimos tiempos del Machadato, la mesa de trabajo de Desnos se había vuelto nuestra mesa de trabajo. Los documentos y comunicados se amontonaban alrededor de su máquina de escribir, que estaba en continua actividad. Teníamos la llave de su casa, y no era raro, que al regresar a las dos de la madrugada, el escritor hallara su estudio invadido por unos cuantos personajes despeinados, saturados de tabaco —nosotros—, entregados a la labor de traducir textos y adhesiones, para activar la publicación del folleto de propaganda, (folleto en que puede reconocerse la fotografía del cadáver del joven Velasco, publicada en Carteles).

Pero ahí no se detenían los trabajos de Desnos. Opinando que llegaba el momento de acometer la acción directa, el poeta había fraguado un plan diabólico de mixtificaciones a Ferrara, encaminadas a ridiculizarlo ante todos los periódicos de París. El escritor no retrocedió, siquiera, ante la idea de desarrollar una acción que debía terminarse ante los tribunales, para poder "citar trescientos testigos —decía—, y obligar a todos los escritores franceses a pronunciarse en el asunto, de manera definitiva".  

Ferrara había llegado a París el 29 de julio. No nos había sido difícil saber que se hospedaba en el Hôtel Meurice (dato que uno de los nuestros, "haciéndose el bobo", había obtenido en la misma Legación). Desnos había decidido emprender la campaña el día 2 de agosto. Y la emprendió, efectivamente, por medio de una ingeniosa maquinación que contaré en otra oportunidad. Tal vez por ello el embajador napolitano varió sus planes inexplicablemente, abandonando a toda prisa las orillas del Sena... Tres días después, la situación había variado diametralmente, y ya se presentía la caída de Machado.

¡Honor a Robert Desnos, que tanto nos ha ayudado, en París, a denunciar los crímenes del tirano!2.

No quiero terminar este homenaje a nuestros amigos de París, sin dar las gracias al compositor. Edgar Varèse, presidente de la Liga Internacional de Compositores Modernos, autor de “Ameriques”, “Arcana”, “Offrandes”, “Ionización”, partituras titánicas, que ha contribuido con dinero al sostenimiento de nuestra causa, pagando parte de la publicación del folleto del A B C en París. Sin que le hubiésemos pedido jamás la menor ayuda de esta índole, el músico, opinando que "derribar a Machado era labor de construcción", nos ofreció generosamente un apoyo monetario que debemos agradecerle, tanto más teniendo en cuenta que no es hombre rico.

Para concluir, debo dejar consignado nuestro profundo agradecimiento a los intelectuales franceses que nos enviaron su vibrante adhesión al folleto: Henri Barbusse (autor del prólogo del mismo), Romain Rolland, el profesor Langevin, André Gide, Felicien Challaye, Francis de Miomandre, J. Lahy, Vaillant-Couturier, Louis Aragon, Jean Richard Bloch, André Breton, Crevel, Paul Eluard, André Lurcat, Benjamín Peret, Léon Moussinac, Bernard Lecache, así como a los presidentes y representantes de ligas y agrupaciones revolucionarias, culturales universitarias, cuyas firmas aparecen en el mismo.

Es para mí un hondo motivo de satisfacción poder, en estos días, citar los nombres de estos aliados nuestros, en las páginas de un periódico cubano. Alcanzando nuestro anhelo común de reliberación, no olvidamos cuán preciado fue su apoyo, en días de angustia y de ira. Fueron nuestros amigos, en instantes en que toda ayuda moral era un bálsamo inestimable. Supieron odiar con nosotros, y en su recuerdo, como en el nuestro, el nombre de la Bestia quedará indeleblemente grabado, como sinónimo de barbarie, de imbecilidad y de sadismo político.

El tirano que tuvo la audacia de creerse — ¡pobre tipo!— una gran figura mundial, solo ha logrado ser —los hechos lo demuestran— uno de los individuos más universalmente odiados y despreciados que vivan en nuestro planeta. ¡Alma blanca, a su lado, la de los simples asesinos!...

París, 1933.

Notas:

1 En el primero de estos artículos, por exceso de diligencia, los directores de Voilà publicaron, sin consultarnos, una foto alusiva al asesinato de Mella, que no era auténtica. Cuando la vimos era demasiado tarde para protestar.

2 Interesante también es recordar que, hace algunos meses, Desnos presidió el mitin antimachadista dado por la U. L. A .E., en el "Palais de la Mutualtté".

Publicado en Carteles, La Habana, 24 de diciembre de 1933

 

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