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Con esta crónica
no pretendo añadir un “nosotros
también hicimos”, a los muchos
que legítimamente deben haberse
producido en Cuba, por estos
días de reliberación. Porque si
bien es cierto que el “nosotros
también hicimos” encierra,
implícitamente, un motivo
legítimo de orgullo, también es
cierto que la causa del
antimachadismo se había vuelto,
desde hace varios años, una
cuestión de conciencia para
todos los cubanos. Representaba
un anhelo elemental de higiene
moral, comparable a lo que
sería, en lo físico, el deseo de
llevar cuello limpio y de no
tener piojos en el cráneo. No
cabía siquiera la actitud
apolítica o neutral. El mínimo
coeficiente de conciencia, de
patriotismo, de decencia, exigía
que se alimentara,
cotidianamente, un odio profundo
contra el verdugo de nuestra
isla y sus abyectos secuaces. El
"hacer también algo" contra él y
su régimen, en la medida, de las
posibilidades de cada cual, era
un deber que bien pocos —para
honra nuestra— han querido
ignorar.
Por ello mi
deseo no es consignar aquí
aquellas actividades
antimachadistas desarrolladas
por mí o por mis amigos (¡y,
como jefe de propaganda de la
célula del A B C en París, algo
podría contar!), sino rendir
homenaje a aquellos hombres
sinceros, sin vínculos de
nacionalidad con nosotros, sin
aspiraciones de orden político o
material, que nos brindaron su
talento, su tiempo, su fervor, y
a veces sus modestos recursos
materiales, para ayudamos a
denunciar los asesinatos
cometidos por la bestia ante la
opinión europea. Me refiero a
los intelectuales franceses que
fueron nuestros compañeros y
guías en la lucha por conquistar
posiciones que nos permitieran
exponer, al mayor número de
lectores posibles, hechos y
figuras que sólo podían ser
considerados con vibrante
indignación.
A primera vista
la empresa podría parecer fácil
a aquellos que desconocen
Europa. Cuantas veces, un cubano
recién desembarcado, impulsado
por la cercana visión de
atropellos e iniquidades, me ha
venido a ver con un artículo en
la mano, diciéndome: —Usted que
colabora en diarios de París,
podría conseguir que me
publicaran este artículo...
Siempre el
visitante ha quedado estupefacto
al oírme decir que aquello era
literalmente imposible, que era
hasta inútil intentarlo. Y a
veces, lo confieso, he tenido el
desgarramiento de comprender que
mi interlocutor se imaginaba,
por un instante (hasta que otros
le confirmaran mis palabras),
que esta negativa obedecía a un
sentimiento de hostilidad o
despreocupación. Y es que se
ignora entre nosotros que en
Europa, a medida que se escalan
paralelos hacia el norte, la
noción que se tiene de nuestros
países de América Latina se va
haciendo más vaga e imprecisa. A
partir de los Pirineos, se nos
desconoce totalmente. Ignorancia
que se hace absoluta y cruenta
fuera de Francia, donde, al
menos, se sabe que existimos,
aunque esa idea de existencia
viene unida a los más peregrinos
confusionismos geográficos. Para
citar un ejemplo, recordaré el
día en que Jean Cocteau me
mostró, en su habitación, un
idolillo del Canadá, diciéndome
triunfalmente:
—Esto es de su
país...
Para millones y
millones de europeos, América es
el continente del tango, del
tabaco y de la gomina (ha tenido
que imponerse el son para
que un nuevo valor folklórico
viniera a popularizar el nombre
de Cuba). Nuestras revoluciones
son consideradas por muchos como
simples “pronunciamientos” de
película. Hace todavía dos años,
no había diario en París que
consagrara tres líneas a los
acontecimientos políticos o
sociales de América Latina. Era
necesario que un terremoto o un
ciclón, con muchas víctimas,
recordara a los periodistas que
“ahí también ocurría algo”, para
que gozáramos de los honores del
cable en primera plana...
Tales eran las
circunstancias en que nos
propusimos, los miembros del A B
C de París (señorita María
Teresa Freyre de Andrade,
Enrique Henríquez, Revenet,
Ramírez Corría, Rogelio
Portuondo y yo), iniciar una
campaña de prensa contra el
Machadato —empresa que ofrecía
dificultades enormes. —Desde el
principio, nos pusimos de
acuerdo sobre un punto capital:
ningún trabajo era posible, sin
que nos aseguráramos la adhesión
de algunos escritores de
prestigio, con las puertas
abiertas en las redacciones, y
capaces, por el respeto que se
tuviera a sus opiniones, de
imponer artículos alusivos a la
causa que nos ligaba. Sabiendo
que éramos cubanos, los
periodistas franceses siempre
nos mirarían con desconfianza,
preguntándose si nuestros
artículos, llenos de
descripciones de horrores
tristemente verídicos, no
encerraban exageraciones propias
de quienes quieren engendrar el
odio a un régimen. No había duda
posible: era necesario contar
con gente del patio,
completamente adicta a nuestras
ideas, y que siguiera fielmente
nuestras directivas.
No vacilé en
lanzar las dos candidaturas, que
fueron aprobadas por la célula:
Robert Desnos y Georges
Ribemont-Dessaignes. Ellos
debían integrar nuestras C
en la organización de la
campaña. Presentaban además la
ventaja de que, siendo
franceses, enteramente
responsables de sus escritos,
extraviarían toda vigilancia por
vías falsas. Porque, si bien
dudo que existieran en París
"apapipios" a sueldo del
Machadato, debe confesarse que
los "apapipios" oficiosos y
meritorios abundaban. No
faltaban en el sector "turista",
ni tampoco en el Barrio Latino.
Y era bastante inquietante
pensar que en París, ciudad en
que la Policía no suele
inmiscuirse en las actividades
políticas que no molestan al
Gobierno francés, y, cuando es
respetada esta condición,
permite celebrar mítines,
reuniones y publicar folletos de
propaganda; a orillas del Sena,
donde la libertad de acción y de
pensamiento es cosa sagrada, se
dio el caso de que la presión de
elementos oficiales determinara
la expulsión de varios
estudiantes cubanos, destacados
por sus actividades
antimachadistas. Triste es
decirlo, pero los espías
benévolos revelaban también su
presencia en el hecho de que,
varias veces, la noticia de que
algunos de los valientes
muchachos expulsados de la
Universidad preparaban un "golpe
de acción" en París, había
llegado a oídos adversos antes
de que se iniciaran las primeras
operaciones. Y, por la misma
causa, se habían efectuado
registros en las casas de
algunos de ellos... Salvo María
Teresa Freyre de Andrade y
Enrique Henríquez, que firmaban
resueltamente los documentos más
acusadores, era menester que el
resto de la célula quedara en la
sombra, para poder actuar
eficientemente. Y para ello,
como lo demostraron, Desnos y
Ribemont-Dessaignes serían
auxiliares inestimables.
¿Quiénes son
estos dos escritores? Georges
Ribemont-Dessalgnes es uno de
los más sólidos creadores de la
hora presente. Autor de libros
de un vigor extraordinario como
Fronteras humanas (una de
las novelas fundamentales de la
época), Elisa, El
verdugo del Perú, Fausto,
Celeste Ugolino, El
bar del mañana, Discurso
a los canarios y a los
ruiseñores, Historia del
Dadaísmo, ex jefe de
redacción de Bifur, jefe
de redacción del Phare de
Neuilly (la mejor revista
joven que se publica actualmente
en París), colaborador de
Commerce y La Nouvelle
Revue Française, hombre con
todas las puertas abiertas, a
pesar de haberse destacado
siempre por la violencia y el
radicalismo de sus ideas...
Robert Desnos, uno de los
fundadores del movimiento
Suprarrealista con Breton y
Louis Aragon, es el creador de
libros que lo han situado entre
los más grandes poetas
franceses: Cuerpos y Bienes,
(¡libro de poemas del que se
agotaron 6 ediciones!), The
love loveless nights, La
liberté ou l'amour, Luto
por luto, y otros. Además,
periodista activo, y hombre
resuelto a correr todas las
aventuras, en defensa de una
causa justa. Por otra parte,
Desnos y Ribemont-Dessaignes,
por su filiación
suprarrealista, eran
individuos que no temían el
escándalo, lo cual era
importante, ya que, después de
la época-propaganda,
teníamos el proyecto, cuando la
opinión estuviese
suficientemente informada, y el
paso por París de algún
"machadista insigne" lo
justificara, de llegar al
escándalo ruidoso, con citación
de testigos y crónica de
tribunales.
El fuego fue
abierto, hace unos diez meses,
con la publicación en Voilà
(semanario cuya tirada es de
300,000 ejemplares) de un
reportaje sensacionalista de
Ribemont-Dessaignes, sobre la
Bestia y sus crímenes—reportaje
publicado en dos números
consecutivos, con lujo de
fotografías, tomadas
principalmente de Carteles,
y el retrato más hediondo que
pudo obtenerse de Machado en
París.
Y digo
"reportaje sensacionalista",
porque era menester captar la
atención del público francés de
la manera más directa. Semanas
antes de hacer este trabajo,
decididos a proceder con
austeridad y rigor político,
habíamos escrito, Ribemont y yo,
unos artículos severos, hablando
de los problemas del azúcar, del
latifundio, y del imperialismo
en Cuba. Sometidos estos textos
al director de un periódico,
escuchamos esta respuesta
inverosímil:
—¡Compadre!… El
problema del azúcar cubano no
interesará nunca a mis
lectores... Tráiganme mejor un
artículo "sobre la mala vida en
Cuba, en tiempos de
revolución”...
Esta frase es
absolutamente auténtica. ¡Prueba
más de lo difícil que es
interesar al europeo por
nuestros dramas económicos y
políticos! Pero frase que nos
sirvió de enseñanza. Era
necesario comenzar por presentar
sucesos. La forma
importaba poco. Lo interesante
era que Machado quedara
desenmascarado ante el público
francés, con la lista de sus
víctimas y el resumen de sus
atropellos. Y además — ¡arma
terrible!— había que ponerlo en
ridículo, haciendo resaltar el
aspecto trágicamente bufo de su
ignorancia engreída, de sus
discursos estúpidos, de sus
actitudes napoleónicas.
Ribemont-Dessaignes encontró,
para este último aspecto, un
símil acertadísimo. A fines del
siglo pasado, Alfred Jarry creó
un tipo inmortal en las tablas,
que ha quedado proverbial en
Francia: Ubu Rey. Ubu Reyes un
autócrata panzudo, sanguinario y
cobarde, que se apodera del
trono de Polonia, y gobierna
"con un gancho de carnicero en
la mano derecha y el "palo de
las phynanzas" (aparato
destinado a recoger todos los
centavos del pueblo), en la
izquierda". La imagen no podía
representar más perfectamente al
tirano de Cuba.
Ribemont-Dessaignes bautizó a
Machado con el nombre de Ubu Rey
del Trópico —nombre que ha
quedado de uso corriente en
París cuando se habla del ex
huésped de Nassau. Añadid a
esto, que el primer artículo era
embellecido por un maravilloso
retrato del tirano, extraído de
una caja de tabacos, que parecía
la propia estampa de Ubu Rey
dedivivo1.
El efecto de
estas informaciones no tardó en
producirse. A las dos semanas de
haberse publicado la segunda,
Ribemont-Dessaignes recibió una
carta de Jean Paulhan, director
de La Nouvelle Revue
Française, pidiéndole un
largo texto sobre los
acontecimientos de Cuba. La
Nouvelle Revue Française,
que cuenta con la colaboración
asidua de André Gide, Jules
Supervielles, Julien Benda,
Leon-Paul Fargue, Georges
Duhamel, André Malraux y otros,
es una de las más altas cátedras
del pensamiento francés. Leída
por todos los intelectuales, y
por una gran masa del público,
consultada en todas las
bibliotecas del mundo, posee un
extraordinario poder de
difusión, alcanzando una
categoría de lectores que no
siempre suele interesarse por
los artículos publicados en
diarios y revistas menos serias.
Además, se daba el caso singular
de que La Nouvelle Revue
Française no había ofrecido
hasta entonces documentos de
orden político. El texto sobre
la dictadura machadista abriría,
pues, una sección nueva en esa
publicación.
¡No podía
perderse tan buena oportunidad!
Revolviendo en mis archivos, que
contienen una documentación
completa sobre el régimen inicuo
(desde discursos del propio
Machado hasta artículos e
informaciones publicados en la
prensa nacional y extranjera),
seleccionamos los datos
necesarios para realizar un
montaje de textos, a la
manera de un montaje
fotográfico. Era necesario que
el trabajo presentado a los
lectores de La Nouvelle Revue
Française se ofreciera, en
cada línea, un hecho, una frase,
un sucedido auténtico. Colocando
cronológicamente la relación
periodística sintética, de
frases del tirano, con sus
hechos-consecuencias, pies de
grabado de Carteles,
extractos de los artículos de
Manuel Cotoño publicados en este
semanario, coplas satíricas de
La Semana, fragmentos de
los artículos de Carbó en el
Heraldo de Madrid,
fragmentos de las informaciones
publicadas en el Collier's
de New York, y en la Student
Revue por Chibás, trozos de
"literatura selecta" hallados en
cartas de Ferrara al presidente
de la American Federation of
Labor (“¡Los otros asesinados no
eran más que españoles!”), en
comunicados de “apapipios”
diplomáticos, y frases
históricas de la Bestia ("Sé que
me falta cultura", "Soy el
dictador de la decencia",
"Gobierno con mano de hierro,
etc.” ), se lograba construir
toda la historia del régimen, de
manera movida y trepidante,
citándose siempre el periódico
en que habían podido encontrarse
los datos ...
¡Lástima que
este montaje saliera publicado
algunos días después de la caída
de la Bestia! Desde el número de
abril, La Nouvelle Revue
Française venía anunciando
ese texto, pero Jean Paulhan
había retrasado su publicación
para dejar paso a unos
documentos alusivos a los
acontecimientos de Alemania,
opinando que eran de más
palpitante interés para su
público... Pero ¡no importa! ¡En
las páginas de La Nouvelle
Revue Française, leída por
los mejores cerebros de Europa,
ha quedado consignada la
historia de los crímenes del
tirano. Dentro de veinte años,
cuando algún escritor europeo
desee documentarse sobre nuestra
historia, hallará, en todas las
bibliotecas públicas del mundo,
un volumen encuadernado en que
han quedado impresos, para
siempre, los nombres de Mella,
de Alpízar, de los hermanos
Valdés Daussá, y de otras muchas
víctimas del régimen abyecto...
¡Honor a Ribemont-Dessaignes,
que nos ha permitido lograrlo!
*
Mientras tanto,
la labor de Robert Desnos se
desarrollaba en otro sector: el
de los grandes diarios. Ribemont-Dessaignes
era el hombre reflexivo, duro
pero sin acaloramiento, que
defiende una causa por una razón
de justicia, por compromiso
moral ante su propia conciencia.
Desnos era el bólido: el hombre
que iba a pronunciar discursos
en las redacciones, para
convencer a los periodistas de
la gravedad de los
acontecimientos cubanos; el
autor de los artículos
virulentos, de las informaciones
breves y crueles que muchas
veces cedía a sus colegas, sin
la pretensión de firmarlas,
cuando éstos deseaban ofrecerlas
por cuenta propia. Gracias a él,
se obtuvieron algunas de las
mejores adhesiones que aparecen
al final del folleto La
Terreur à Cuba, publicado en
París por los miembros del A B C
(folleto cuya versión española
apareció en Madrid hace algunos
meses, con la misma portada
dibujada por Carlos Enríquez).
Cuando estalló la revolución,
las informaciones más certeras,
publicadas en Marianne,
en Vu, en el
lntransigeant, ostentaban la
firma de Desnos. El poeta de
Cuerpo y Bienes alienta un
odio a Machado y a sus secuaces,
que nos ha admirado siempre,
cuando pensábamos que ningún
vínculo de nacionalidad podía
unirlo a nosotros... En los
últimos tiempos del Machadato,
la mesa de trabajo de Desnos se
había vuelto nuestra mesa
de trabajo. Los documentos y
comunicados se amontonaban
alrededor de su máquina de
escribir, que estaba en continua
actividad. Teníamos la llave de
su casa, y no era raro, que al
regresar a las dos de la
madrugada, el escritor hallara
su estudio invadido por unos
cuantos personajes despeinados,
saturados de tabaco —nosotros—,
entregados a la labor de
traducir textos y adhesiones,
para activar la publicación del
folleto de propaganda, (folleto
en que puede reconocerse la
fotografía del cadáver del joven
Velasco, publicada en
Carteles).
Pero ahí no se
detenían los trabajos de Desnos.
Opinando que llegaba el momento
de acometer la acción directa,
el poeta había fraguado un plan
diabólico de mixtificaciones a
Ferrara, encaminadas a
ridiculizarlo ante todos los
periódicos de París. El escritor
no retrocedió, siquiera, ante la
idea de desarrollar una acción
que debía terminarse ante los
tribunales, para poder "citar
trescientos testigos —decía—, y
obligar a todos los escritores
franceses a pronunciarse en el
asunto, de manera definitiva".
Ferrara había
llegado a París el 29 de julio.
No nos había sido difícil saber
que se hospedaba en el Hôtel
Meurice (dato que uno de los
nuestros, "haciéndose el bobo",
había obtenido en la misma
Legación). Desnos había decidido
emprender la campaña el día 2 de
agosto. Y la emprendió,
efectivamente, por medio de una
ingeniosa maquinación que
contaré en otra oportunidad. Tal
vez por ello el embajador
napolitano varió sus planes
inexplicablemente, abandonando a
toda prisa las orillas del
Sena... Tres días después, la
situación había variado
diametralmente, y ya se
presentía la caída de Machado.
¡Honor a Robert
Desnos, que tanto nos ha
ayudado, en París, a denunciar
los crímenes del tirano!2.
No quiero
terminar este homenaje a
nuestros amigos de París, sin
dar las gracias al compositor.
Edgar Varèse, presidente de la
Liga Internacional de
Compositores Modernos, autor de
“Ameriques”, “Arcana”,
“Offrandes”, “Ionización”,
partituras titánicas, que ha
contribuido con dinero al
sostenimiento de nuestra causa,
pagando parte de la publicación
del folleto del A B C en París.
Sin que le hubiésemos pedido
jamás la menor ayuda de esta
índole, el músico, opinando que
"derribar a Machado era labor de
construcción", nos ofreció
generosamente un apoyo monetario
que debemos agradecerle, tanto
más teniendo en cuenta que no es
hombre rico.
Para concluir,
debo dejar consignado nuestro
profundo agradecimiento a los
intelectuales franceses que nos
enviaron su vibrante adhesión al
folleto: Henri Barbusse (autor
del prólogo del mismo), Romain
Rolland, el profesor Langevin,
André Gide, Felicien Challaye,
Francis de Miomandre, J. Lahy,
Vaillant-Couturier, Louis
Aragon, Jean Richard Bloch,
André Breton, Crevel, Paul
Eluard, André Lurcat, Benjamín
Peret, Léon Moussinac, Bernard
Lecache, así como a los
presidentes y representantes de
ligas y agrupaciones
revolucionarias, culturales
universitarias, cuyas firmas
aparecen en el mismo.
Es para mí un
hondo motivo de satisfacción
poder, en estos días, citar los
nombres de estos aliados
nuestros, en las páginas de un
periódico cubano. Alcanzando
nuestro anhelo común de
reliberación, no olvidamos cuán
preciado fue su apoyo, en días
de angustia y de ira. Fueron
nuestros amigos, en instantes en
que toda ayuda moral era un
bálsamo inestimable. Supieron
odiar con nosotros, y en su
recuerdo, como en el nuestro, el
nombre de la Bestia quedará
indeleblemente grabado, como
sinónimo de barbarie, de
imbecilidad y de sadismo
político.
El tirano que
tuvo la audacia de creerse —
¡pobre tipo!— una gran figura
mundial, solo ha logrado ser
—los hechos lo demuestran— uno
de los individuos más
universalmente odiados y
despreciados que vivan en
nuestro planeta. ¡Alma blanca, a
su lado, la de los simples
asesinos!...
París, 1933.
Notas:
1 En el primero de estos
artículos, por exceso de
diligencia, los directores de
Voilà publicaron, sin
consultarnos, una foto alusiva
al asesinato de Mella, que no
era auténtica. Cuando la vimos
era demasiado tarde para
protestar.
2 Interesante también es
recordar que, hace algunos
meses, Desnos presidió el mitin
antimachadista dado por la U. L.
A .E., en el "Palais de la
Mutualtté".
Publicado en Carteles, La
Habana, 24 de diciembre de 1933 |