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Se habla poco de lo
importante que resulta grabar en vivo
todo recital o concierto. Ello
posibilita, además de que el artista
pueda estudiar lo hecho durante la
presentación, en ocasiones salvar para
la posteridad momentos de lujo, que así
se quedan como testimonio y memoria de
algo irrepetible.
Gracias a ese sentido de la previsión,
hoy podemos disfrutar de un homenaje que
en 1995 Sara González le realizó a Marta
Valdés a propósito de las por entonces
cuatro décadas de vida como compositora
de esta habanera, cuya relevancia en la
música cubana ha ido creciendo con el
transcurrir del tiempo. No se trata de
que en épocas anteriores no se valorase
en la justa medida el quehacer de Marta,
pero de hace unos años a acá el interés
por su obra autoral e interpretativa ha
aumentado, en particular en el ámbito
internacional. Por ende, produce
satisfacción que en el mercado cubano
también se editase un fonograma como el
que nos propone Sara, el cual contiene
12 de las mejores piezas que la Valdés
ha legado a nuestro cancionero.
En una nota incluida en el libreto
portada del fonograma, en relación con
los principales rasgos que caracterizan
la obra creativa de la compositora aquí
homenajeada, Sara González escribe: "Las
canciones de Marta (sin que sea
propósito premeditado) crean un vínculo
de comunicación especial que recorre
sentimientos diversos, como alivio,
complicidad, nostalgia y hasta una
ironía de sonrisa leve, que también está
en nuestra existencia. La música hecha
toda con un sentido de funcionamiento
armónico y melódico, nos hace asumir una
responsabilidad fuerte si se es
intérprete y si se es oyente, un gusto
de sentirla bella, importante y
necesaria. La persona de ella tan acorde
con sus canciones no deja nunca de
aportar sorpresas, emociones, y brindar
con algo de timidez su amor sincero
siempre".
Entre otros ya clásicos, en este disco,
producido por el sello Bis Music, están
"Palabras", "En la imaginación", "Tú no
sospechas", "José Jacinto" y "Sin ir más
lejos", que da nombre al CD. Acerca de
la manera en que surgieron sus primeras
canciones, Marta ha expresado: "Recién
salida de la adolescencia, sin dinero
para otro entretenimiento dominguero que
no fuera recorrer las salas del Museo de
Bellas Artes —por aquel entonces
nuevecito—, impresionada por tanta
lectura de los clásicos y deslumbrada
ante los contemporáneos que me tocó en
suerte conocer de cerca, no tuve valor
para lanzarme a hacer literatura y un
buen día apenas entrando en la mayoría
de edad empecé a ponerle música a lo que
pensaba de la vida y el amor. Nacieron
así mis boleros y canciones, de todos
modos portadores de algunas osadías que
todavía alguna gente no consigue
perdonarme".
Con dirección musical de Pepe Ordás,
quien además se ocupa de la batería e
interviene como vocalista en uno de los
cortes, y la participación como músicos
acompañantes de Roberto Varona en la
flauta y el saxo, Eduardo Pineda a cargo
del piano y los teclados, el bajista
Gastón Joya y Rolando Verde en la
percusión cubana, el álbum que hoy tengo
la fortuna de reseñar, pone de
manifiesto las enormes posibilidades
como intérprete de la otrora voz
femenina del Grupo de Experimentación
Sonora del ICAIC. Sara logra sortear con
maestría las complejidades armónicas y
melódicas del repertorio aquí compilado
y consigue plena identificación con el
singular modo de comunicar que ha
desarrollado Marta, en el que la
sorpresa y la emoción que siempre
deparan sus boleros y canciones nos
dejan estupefactos ante las audacias que
registran desde el prisma musical, sobre
todo al pensar que algunos de esos temas
fueron compuestos en la segunda mitad de
los 50.
Una de las cosas que llama la atención
en el material resulta la eficacia de
los arreglos, los cuales destacan por su
funcionalidad, así como por el respeto
a la estructura morfológica de cada tema
e incluso, a orquestaciones llevadas a
cabo en épocas anteriores. Dicha eficaz
labor ha sido realizada por Marta
Valdés, René Hernández, Eduardo Pineda,
Eduardo Ramos, Pepe Ordás y Lucía Huergo.
Otro aspecto imposible de soslayar es
que en el álbum hay un momento especial
con la intervención de la propia Marta,
que acompañada por su inseparable
guitarra, nos entrega sus canciones en
esa muy particular manera de interpretar
que ella posee, como ocurre en "Llora,
llora, llora", creo que uno de los
instantes de mayor emoción entre las
distintas piezas registradas en la
producción. Disco de los que nos motivan
a dar gracias a la vida por la
existencia del arte de los sonidos
ordenados, corrobora que, aunque muchos
nos quieran pasar gato por liebre, "hay
todavía una canción, precipitando
acciones, reclamando tiempo". |