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Me siento muy bien
cuando estoy cantando
donde hay corazones, por
eso canto para los
niños, porque ellos no
los han perdido todavía.
En el Centro Pablo me
sentí muy cómoda cuando
hice mi concierto porque
la gente fue muy amable,
muy cariñosa conmigo
desde Víctor —al que
conozco desde los
comienzos—. Pienso que
el trovador, empezando
por mi maestro y por las
cosas que aprendí en mi
casa, siempre ha sido
como los antiguos
juglares: pobre, nómada
y libre.
Gracias a la Revolución
hoy tenemos un sueldo,
pero realmente el
espíritu del trovador es
el de los antiguos
juglares, que dicen lo
que sienten, porque si
no explotan. Se dice lo
que se siente y se dice
para la gente que
escucha: eso es lo que
es A guitarra limpia.
A guitarra limpia
es un espacio para los
jóvenes trovadores. Me
sentí muy orgullosa de
que me hayan tenido en
cuenta entre los jóvenes
porque realmente estoy
vieja por fuera pero por
dentro estoy muy joven,
soy casi una niña. Me
sentí muy bien en el
concierto, inclusive, en
el medio ambiente, entre
las hojas de yagrumas,
los niños, la gente de
todas las edades.
No quiero que esto sea
una crítica para otros
modos de cantar, porque
son otros modos, otros
estilos... pero es todo
eso del proyecto, del
disco, y en eso he
tenido mucha culpa, pues
he sido un poco vaga y
me he rezagado en ese
aspecto. Primero porque
soy maestra, y al estilo
de los maestros
ambulantes... me gusta
coger la guitarra y
decir un montón de cosas
que quizá en la escuela
no hubiera tenido tiempo
ni oportunidad de decir.
Por eso me considero una
maestra que canta, pero
en A guitarra limpia,
encontré un modo cómodo,
un estilo muy mío, y un
público atento, amoroso,
receptivo, crítico.
Pienso que A guitarra
limpia es un gran
espacio. Estoy muy
agradecida del amor y el
calor que recibí, y
pienso que los jóvenes
también se sienten bien
allí. Ese espacio va a
seguir porque siempre
habrá cosas que decir,
cada vez hay más cosas
que decir y me gusta
mucho porque A
guitarra limpia y
los trovadores de ese
espacio se empatan con
los pájaros campanas de
Centroamérica, con los
payadores argentinos,
con todos los que en el
mundo entero no tienen
un sueldo como nosotros,
y se suben en las
guaguas a cantar cosas
bellísimas que están en
las plazas, como estaban
los viejos trovadores.
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Así que mi mayor respeto
para los viejos
trovadores y mi mayor
amor para todos los que
vayan surgiendo, que
cada vez serán más...
Gracias al Centro Pablo,
gracias a Víctor, a Mari
Hué, a María, a todos
los que han tenido que
ver con este espacio, y
muy buena suerte. Ah, el
espacio es pequeño, es
muy hermoso, pero es
pequeño porque cada vez
vendrán más, no
solamente los trovadores
sino otros espectáculos
y hará falta ampliarlo.
No es lo mismo Teresita
Fernández cantando "El
gatico Vinagrito", que
cantando una canción de
amor, que cantando "El
Ismaelillo", de José
Martí. |