Año VIII
La Habana

19 al 25
de DICIEMBRE
de 2009

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Presentación de la Revista Amnios

Para proteger la vida del poema

Guillermo Rodríguez Rivera • Habana

 Fotos: La Jiribilla

 

Hace unos días pronuncié unas palabras en el homenaje que la Facultad de Artes y Letras ofreció a Roberto Fernández Retamar, quien fuera mi profesor y además maestro, que no es lo mismo, hace ya muchos años. Y ahora que él está presente en la entrada a la vida de esta revista, recuerdo haberle escuchado decir en una clase impartida por los años 60 —recuerdo mucho las clases de Roberto que me siguen sirviendo para hacer las mías— que uno de los libros de más obligada consulta para un poeta era el diccionario. 

Después supe lo que Jean Baptiste llamaba la pobreza de los hablares, el hecho de que siempre existen más objetos y relaciones entre ellos que las palabras que tenemos para nombrarlos, y que además, es mínimo el número de palabras que usamos con frecuencia. Todavía después tropecé con la Oda al diccionario, de Pablo Neruda. Lo cierto es que me fui al diccionario cuando encontré el nombre de esta revista de poesía. El amnios, dice el diccionario de la Academia de la Lengua, es ese saco cerrado que protege el embrión de los mamíferos, los reptiles y las aves; repleto de ese líquido amniótico —se llama— que yo, con padre y tres hermanos médicos, debía al menos haber oído mencionar alguna vez en mi vida.  

El amnios, me dijo luego Alpidio Alonso —cuando me pidió que presentara esta revista— era un término muy presente en el lenguaje de Raúl Hernández Novás, acaso porque Raúl ansiaba esa entidad protectora de la vida que, digámoslo, él no supo encontrar sino en la poesía. Acaso esta revista quiera proteger la vida del poema. 

Tal vez por ello, aparece el dossier dedicado a Saint-John Pèrse, a quien el presentador de los textos tuvo la infame y terrible fortuna de conocer en nuestros años 70. Los que somos apenas un poquito más viejos, y lo conocimos en los irrepetibles 60, tuvimos el gusto no solo de disfrutar las traducciones y ediciones de Lezama y de Fayad Jamís, sino de sus obras completas, que entraron y se vendieron en La Habana entre la colección de Premios Nobel de la Editorial Aguilar, porque el poeta franco-guadalupense lo recibió en 1960. 

No se pierda el lector de la revista, la hermosísima crónica que sobre su paisano guadalupense escribe el caribeño Alejo Carpentier, respaldando implícitamente la tesis de lo mucho que la gran novela latinoamericana del siglo XX le debe a la poesía. Ni deje de leer el poema que Roberto Fernández Retamar dedica a la inesperada novia cubana de Pèrse.  

Amnios publica así mismo otro dossier, centrado en otra grande de la poesía universal, creo que la mayor escritora que ha dado el siglo XX cubano, Fina García Marruz. Léase la rica entrevista que Fina, que es mujer de pocas palabras, como no sean las de sus poemas, se deja hacer por Rosa Miriam Elizalde, para revelarnos algunos preciosos secretos, propios y familiares. 

El poeta Roberto Méndez insiste en la presencia de la danza en Fina, y evoca una coreografía de su casi homónimo Alberto, a partir de un poema que aparece en las siempre encontradas miradas perdidas, que no se acaban de perder nunca.  Yo sé que es cierto ese fervor de Fina, no solo por Alicia, que hizo en la escena el espíritu danzario de su poema, sino en la admiración que ella tiene por un ángel de la danza como es Fred Astaire. 

Quisiera destacar los antológicos sonetos de Francisco de Oraá, que Amnios nos ofrece bajo el título de “Sol mediante”, magníficos sonetos quevedescos y borgianos, qué decir, doblemente conceptistas. El soneto es la joya italiana que nos legaron Boscán y Garcilaso, puntualmente acusados de extranjerizantes como lo sería después Rubén Darío, y cuya bella construcción y su misterio no puedo, ni quiero prohibirme disfrutar. 

Voy a leerles uno de los perfectos y heterodoxos de Francisco, que lleva el título de “Esa oscura persona”, en la serie de poemas que publica: 

Siento vergüenza yo de lo que escribo

y no soy quien escribe, es un extraño.

No hago mi vida —¿a quién culpar del daño? —

Habrán de perdonarme lo que vivo. 

El verso se hace solo, y lo recibo;

Él dice lo que quiere y yo me engaño.

Mi palabra seré y estaré vivo

Cuando yo llegue a ser de mi tamaño. 

Subo del fondo, estoy yendo a mi encuentro;

desconozco mi imagen, voy a tientas,

mucho más cerca, mientras más distante 

¿Sabré quién es el que se esconde al centro,

esa oscura persona que me inventa

para hacer a mí mismo semejante? 

En Amnios está el chileno Raúl Zurita, del mismo modo que todas las ilustraciones de la revista provienen del catálogo Obras públicas, del ya nonagenario Nicanor Parra, publicado en Santiago por el Centro Cultural del Palacio de la Moneda, en el año 2006. 

Cuando me pedía que presentara este número inaugural de Amnios, Alpidio Alonso recordaba que diversos avatares habían impedido hasta hoy la aparición de Amnios, que intentó presentarse en la Feria del Libro que nuestro país dedicara recientemente a Chile. Nos quedan los trabajos de Nicanor y de Zurita como testimonios de ese vínculo y de aquel propósito. 

Está en este número de la revista algo que ella quiere tener siempre presente: el trabajo de los poetas jóvenes y no tan jóvenes de Cuba, porque Amnios, no quiere dejar de tener echadas sus raíces en el suelo en que se afinca. Ahí están: Aramís Quintero, Marilyn Bobes, Edel Morales, Ismael González Castañer, Jesús Barquet, Legna Rodríguez, Alfredo Saldívar, José Luis Serrano, como muestras del caudal inagotable de la poesía cubana.  

Sé que no lo he dicho todo sobre esta atípica revista sin secciones, donde las reseñas de libros aparecen cuando y donde quieren. Voy a destacar una: “Los bueyes de un tiempo enorme, enorme, enorme…” que con un título que rememora un verso de Nicolás Guillén alude, sin embargo, al libro Los bueyes de un tiempo ocre, publicado en segunda edición por la Editorial Capiro, de Santa Clara, dedicado a esa importante y casi olvidada figura de la cultura cubana que es Samuel Feijóo. 

Qué más amigas y amigos, lo demás es todo, enfrentarse a Amnios, a lo que he comentado y a lo que no he comentado. Darle la bienvenida, y lo que es más importante, desearle larga vida a esta revista que obviamente quiere ser protectora de la segura e imprescindible vida de la poesía. 

Muchas gracias.
 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600