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Casi todos los días reviso los
resultados de la pelota cubana. Son
juegos que no podré ver pero voy
llevando el ritmo del campeonato y
sacando mis cuentas de aficionado. Por
suerte en el verano se dio un campeonato
—mitad entrenamiento, mitad torneo— en
el que pude ponerles rostro a muchos
jóvenes peloteros que hasta ahí solo
eran nombres en las informaciones.
Este año se está produciendo una
deseable sorpresa. El equipo de
Guantánamo ha arrancado delante en la
tabla. El nombre de esta provincia
cubana, la más oriental, es muy conocido
en el mundo por la terrible cárcel que
aloja la Base Naval de EE.UU. y por los
clamores y plazos acerca de su cierre.
Guantánamo es mucho más que esa
referencia, pero de las bellezas de esa
región cubana, el acento fuerte y un
poco cantado de sus habitantes se sabe
bien poco en Europa u otros confines del
mundo.
En Guantánamo he pasado muy buenos ratos
en mis tiempos de intenso periodismo.
Recuerdo conciertos, temporadas
teatrales, viejos amigos y rones largos.
Ahora que escribo con bastante frío,
bien me vendría ese sol despiadado y el
calor —muchas veces excesivo— que se
gastan casi todo el año los
guantanameros.
El equipo de béisbol ha sido casi
siempre sotanero, usufructuario de los
últimos lugares. Tuvo buenos peloteros y
técnicos. Alguna vez he contado mi
encuentro —durante un Festival de Tríos—
con Peña, un hombre alto y bueno que fue
el artífice del entrenamiento de los
lanzadores en toda la región oriental.
Para los que tienen la carencia de no
saber nada del deporte nacional de los
cubanos les aclaro que los de esta
región tenían excelentes bateadores,
esos que se ven en las películas
americanas dándole muy duro a la bola y
recorriendo eufóricos las bases; pero
solía faltarles un buen cuerpo de
pitchers o lanzadores; esos que tiran la
bola de forma inteligente para que el
señor del bate, el madero, el garrote en
la mano no adivine la blanca pelota.
Leo un trabajo de Sigfredo Barros —sabio
en béisbol y poseedor de una excelente
prosa periodística— en el que me muestra
un rostro nuevo del pitcheo en
Guantánamo. El muchacho es de Imías, uno
de los municipios más lejanos y humildes
de Cuba. Ahí está en la foto, haciendo
los movimientos clásicos de su posición,
dispuesto para abrir el próximo juego y
derrotar a los vanidosos Industriales,
el equipo de la capital del país. Me
tapo bien para que el frío no me
inmovilice y poder aplaudir al
sorprendente equipo de Guantánamo.
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