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Comenzaba la década de los 90 y
con ella la carrera periodística
de Gloria Muñoz. Después de
haber escrito para importantes
medios de prensa como el
periódico mexicano Punto,
la agencia de noticias alemana
DPA, el periódico norteamericano
La Opinión y el diario
mexicano La Jornada, esta
joven periodista se aventuró a
lo que sería uno de sus mayores
desafíos: cruzar, como dijera el
subcomandante Marcos “el
complicado y espeso muro del
escepticismo zapatista” para
quedarse a vivir, por casi siete
años, en las comunidades
indígenas rebeldes.
Gloria Muñoz entró a convivir
con los zapatistas de las
montañas del sudeste mexicano
para “vivir una experiencia, y
tratar de aprender de ella,
tratar de conocerla”. Se acercó
cada día que pasó allí a su
gente, sus costumbres y
creencias, a sus maneras
de pensar, elementos que le
sirvieron para formarse otra
mirada.
Hoy se habla de lo que ya ha
transcurrido con exaltación. Se
trata de conocer detrás de cada
palabra, a una mujer, que más
que mudarse a un terreno poco
conocido, traspasó las fronteras
del espacio y el tiempo para
ser, una vez más, aunque en
silencio, periodista. Tal vez se
entienda, entonces, la voz
entrecortada y nerviosa, para
quien detrás de una grabadora
trata de ejercer la profesión
que su entrevistada tiene más
que sabida.
¿Porqué escribe Gloria Muñoz?
Por una necesidad de describir a
través del periodismo lo que
está sucediendo en México y en
muchas partes del mundo. Escribo
porque me siento parte de la
transformación de la vida, de
las cosas, desde una postura muy
clara, de abajo y a la
izquierda. Escribo por
compromiso, escribo además,
porque le encuentro un sentido,
no a la escritura en sí misma,
porque no hago literatura, sino
a la función social del
periodista. Pero más que todo,
escribo porque me encanta,
porque me encanta ver, y si lo
puedo traducir en uno o dos
párrafos, pues está bien.
En el año 2003, Gloria publicó
el libro El fuego y la
palabra, resultado del
período en que vivió en estas
comunidades. Sin embargo, ese no
fue el propósito de su inserción
en el movimiento zapatista,
explica la autora. “Entro a
vivir a las comunidades sin el
ánimo de escribir un libro, no
es eso lo que me planteo, ni fue
ese mi ofrecimiento a los
zapatistas”.
La atrapaba la necesidad de
conocer, de ver, de comprender
un movimiento que durante toda
su existencia ha tratado de
mostrar la existencia de una
lógica organizativa de toma de
decisiones, de democracia
comunitaria, formada en una
ética de la participación y el
compromiso,
y desde entonces, según el
subcomandante Marcos, “compartió
con los compañeros el sueño y el
desvelo, las alegrías y las
tristezas, los alimentos y sus
ausencias, las persecuciones y
los reposos, las muertes y las
vidas”.
¿Cuáles fueron los principales
retos, como profesional, como
periodista, como mujer, que
enfrentó para escribir este
libro?
Para mí la profesional, la
periodista y la mujer son
exactamente la misma persona.
Creo que es absolutamente
imposible dividirnos entre la
mujer, la periodista, la
profesional, la mamá, la novia,
todo es uno solo. Entonces desde
ahí te respondo también.
Dejar de escribir, eso es
importante, de grabar de tomar
nota durante muchos años. El
libro forma parte de talleres
que hacíamos de historia, de
comunicación, periódicos
murales. Se va armando poco a
poco, pero como parte de la
misma vida comunitaria.
Después vienen los festejos del
XX aniversario del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional
(EZLN) y el X aniversario de la
insurrección, y surge la idea de
hacer un material, un poco más
organizado, pero siempre en
colectivo. Por lo cual uno de
los grandes retos era poder
reflejar lo que los zapatistas
querían que se reflejara en ese
momento, es decir, era un libro
que ellos iban a sentir como
propio, y el gran reto era ese,
que realmente hiciéramos algo
que fuera un espejo.
Por eso, en la misma
contraportada del libro la
comandancia dice: “los
compañeros lo vieron y se
vieron”. Este, además de ser el
principal reto, es, me atrevería
a decirlo, la posible virtud que
tiene el texto. Es un texto muy
sencillo, muy descriptivo, no es
teórico y la idea era que
pudiera reflejar realmente lo
que había ocurrido en diez años,
pero sobre todo, la parte que
más me gusta, lo que había
ocurrido en los diez primeros
años de clandestinidad del EZLN.
¿Cuál es su conexión actual con
este movimiento?
Para mí el zapatismo es un
horizonte político, no tengo
otra referencia política en
México con la que me sienta
identificada. Tengo un trabajo
permanente en las comunidades,
me interesa mucho el seguir
descubriendo el trabajo de la
construcción de la autonomía que
es el proceso actual en que se
encuentra, a nivel interno y
local con la conformación de
escuelas, centros de salud,
cooperativas de comercio, medios
de comunicación y más. Si voy
hoy, hay una cosa, si voy dentro
de tres meses hay otra, y otra
dentro de un año. Es algo que se
está construyendo, y si se puede
escribir de eso, también, pero
si lo puedo compartir mucho
mejor.
¿Qué papel cree usted que
jueguen los medios de
comunicación en el desarrollo y
difusión del arte de manera
general?
Los grandes medios de
comunicación, en México por
ejemplo, están vinculados al
sector económico, al sector
empresarial, a las políticas de
gobierno, y en ese sentido
reportan únicamente lo que se
hace desde la institución, a
nivel cultural y a nivel social.
Entonces, mientras las
manifestaciones culturales estén
acorde con estos intereses, hay
una difusión. Pero, hablando de
México, hay muchísimas
manifestaciones culturales, no
hablemos de las sociales, que se
producen y que no tienen cabida
en los grandes medios. Por eso,
hay una relativa explosión o
construcción de medios
alternativos. ¿Por qué? Porque
justamente esas manifestaciones
culturales no están encontrando
un espacio en los grandes medios
de comunicación. Lo que provoca
que solamente escuchen lo
políticamente correcto, lo que
no es una amenaza para ellos, y
me refiero culturalmente. En la
plástica, la danza, todo lo que
no remueva conciencias, está
bien y tiene un espacio, lo que
no, pues no. Y para eso se está
haciendo mucha radio,
principalmente radios que son
ilegales, porque tampoco son
reconocidas, pequeños espacios
que no son bien vistos por los
monopolios de la comunicación,
pero que, cada vez más, están
creciendo, siempre en manos de
los jóvenes.
¿Considera que Internet y las
nuevas tecnologías de la
información y comunicación
constituyen nuevas plataformas
para el desarrollo del arte?
Por supuesto que sí, Internet es
una herramienta importantísima
en este momento, pero en México,
me imagino que también en Cuba y
en el resto de Latinoamérica,
Internet sigue siendo una cosa
de elite. Las comunidades
indígenas no tienen luz, imagina
Internet. En los barrios urbanos
de México no hay capacidad
económica para suscribirse a
Internet, por lo cual insisto,
en México, y me atrevo a decir
que en muchos países de
Latinoamérica, el Internet sigue
siendo limitado, con un gran
potencial que en Europa y EE.UU.
es prácticamente generalizado,
pero que en nuestros países no.
Tiene esa gran limitante
todavía, que creo que estos
momentos la suple mejor hoy la
radio y el periodismo
comunitario.
¿En qué medida cree que los
jóvenes creadores de
Latinoamérica aprovechen las
nuevas herramientas
comunicativas para brindar un
arte renovador, que refleje la
realidad de nuestros pueblos?
Lo principal es que los medios
en Latinoamérica no dependen de
los jóvenes, no está en sus
manos. Insisto en que desde la
estructura social, desde donde
se abren estos espacios, las
manifestaciones artísticas,
sociales y culturales de los
jóvenes no dependen de ello. El
espacio no depende de ellos.
Si son bien utilizadas o no, no
sabría, porque la decisión de su
participación y de su espacio no
depende en buena medida de ellos
y de su quehacer artístico. Pero
hay una cantidad impresionante
de manifestaciones artísticas,
culturales y sociales, al menos
de lo que conozco en México,
universitarias y no
universitarias, que se esfuerzan
por crear espacios de
participación cultural,
artística, callejera, barrial y
comunitaria.
¿Qué importancia considera
entonces que tenga Casa Tomada
en el contexto cultural y social
que vive hoy Latinoamérica?
Para mí ha sido una escuela
intensiva durante estos cuatro
días. Yo venía un poco nerviosa
por la pluralidad de los
invitados, y decía “bueno qué
voy a hablar frente a un artista
plástico, frente a un
musicólogo, frente a un crítico
social o un crítico cultural”.
Traigo una experiencia además
periodística, de un movimiento
social en México. No encontraba
antes del encuentro dónde iban a
estar los cruces, dónde iban a
estar los puntos de encuentro, y
me he quedado maravillada por el
descubrimiento, por la riqueza
que generan estos múltiples
oficios y profesiones de las que
provenimos los invitados.
Creo que esa ha sido para mí la
parte más rica, el convivir con
la plástica, el diseño, la
música, y aprender de ellos
durante el encuentro y, por
supuesto, se aprende mucho del
auditorio, y en este caso el
auditorio cubano es muy
preguntón. De todo eso aprendes,
porque aprendes de las
inquietudes, por dónde se está
generando pensamiento desde el
auditorio, y eso a mí se me hace
una experiencia riquísima. El
espacio que están ocupando los
jóvenes en esta Casa también me
parece primordial, y de un
aprendizaje tremendo.
Después de este intercambio
entre jóvenes artistas de tantos
países, sobre las problemáticas
que han afectado y afectan a la
sociedad latinoamericana, ¿de
qué manera cree que se proyecte
la creación y la cultura desde
el punto de vista de las nuevas
generaciones?
Creo que en sí mismo este
encuentro potencia la creación
desde los jóvenes.
Desafortunadamente, en muchos
países de América Latina, los
espacios siguen siendo
limitados. A este tipo de
encuentros en otros países solo
asiste un sector de la población
que tiene acceso o invitación o
convocatoria, y en este sentido
sí potencia, motiva y provoca
pensamiento y manifestación
cultural. Pero sí faltaría, me
imagino que aquí y en cualquier
lugar de Latinoamérica, la
expansión de este tipo de
espacio de discusiones y de
intercambio, es decir, ¿cómo
hacemos?, el gran reto sería
ese. ¿Cómo hacemos para que lo
que se dijo aquí, se pueda
expandir a otros lugares en el
exterior, en las escuelas, en
los espacios como en México,
donde los jóvenes no tienen
acceso a los espacios oficiales
de la cultura?
¿Por qué está Gloria Muñoz hoy
en Cuba?
Primeramente por la invitación
que recibí de Casa Tomada.
También por una conexión
permanente con Cuba desde hace
19 años, cuando en 1990 vine por
primera vez, y por el honor y el
placer enorme de ser invitada
por un espacio que tiene un
prestigio en Latinoamérica
inmenso como lo es Casa de las
Américas.
Por la posibilidad de compartir
con los panelistas, la
posibilidad de compartir con un
público a nivel de auditorio. Es
la primera vez que vengo a
hablar detrás de un micrófono, y
he venido muchísimas veces. Era
inquietante para mí, muy
inquietante estar detrás de un
micrófono en Cuba.
Es una experiencia totalmente
distinta a las que he tenido en
otros paneles. ¿Por qué? Por el
tema en el que me tocó
participar, porque no sabía el
grado de información que se
tenía aquí sobre él. Me dijeron
desde el principio que aquí se
conoce muy poco de los
zapatistas, se habla muy poco de
ellos, y ese era el tema que
traía porque es el que manejo
desde los últimos 15 años.
Entonces para mí era todo un
reto, plantear lo que está
sucediendo con este movimiento
social.
Notas:
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