Año VIII
La Habana
19 al 25
de DICIEMBRE
de 2009

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Ambrosio Fornet, Premio Nacional de Literatura 2009

La literatura solo puede ser la posibilidad de ver el mundo desde múltiples y diferentes perspectivas

Yinett Polanco • La Habana

Fotos: La Jiribilla

 

Su comienzo de la historia de El libro en Cuba o haber estado en los primeros tiempos de la Imprenta Nacional junto con Alejo Carpentier, bastaría para colocar a Ambrosio Fornet entre los nombres intrínsecamente ligados a la historia de la literatura cubana. Sin embargo, no han sido esos sus únicos aportes a la tradición escrita de la Isla. Textos como las compilaciones de crítica literaria En tres y dos, En blanco y negro, Las máscaras del tiempo y Signos así como algunos conceptos esenciales para el posterior devenir de la cultura en nuestro país, han salido del constante quehacer de este hombre relacionado también con instituciones insignes en Cuba como la Casa de las Américas y el Instituto Cubano del Libro. Su más reciente nominación como Premio Nacional de Literatura vino a sumarse al Premio Nacional de Edición que recibiera en el 2009, así como a las distinciones Por la Cultura Nacional, Raúl Gómez García y Alejo Carpentier que desde hace muchos años le han sido conferidas.

Aunque en 1958 publicó su libro de cuentos A un paso del diluvio, la mayoría de sus textos aparecidos posteriormente han sido de ensayos y crítica literaria. “Hasta donde recuerdo, siempre preferí el mundo de las ideas y la reflexión al de los cuentos y las novelas —la poesía la pongo aparte porque es un caso aparte—. Pero en el camino descubrí que hay innumerables narraciones que no se limitan a “narrar” —una acción, por ejemplo—, sino que introducen en la narración un “sentido” que va más allá… Así que no conviene simplificar las cosas —acción o diégesis de un lado, reflexión del otro— porque toda acción bien narrada es una invitación a darle vueltas al asunto: ¿qué “sentido” tiene eso? Hasta una historia sencillita o juguetona —un cuentecito de Chéjov, de Arreola o de Onelio…— invita a preguntarte: ¿qué se esconde “detrás”? A veces, claro, todo parece ser pura superficie —yo tuve esa impresión cuando terminé de leer La cartuja de Parma, por ejemplo—, pero era una superficie tan trabada —una trama tan bien entretejida— que tuve que decirme: ¡Ah, esto es distinto, aquí el sentido no está oculto, sino a la vista! ¡Está ‘delante’, no detrás!”

Luego de haber publicado en 1994 El libro en Cuba; siglos XVIII y XIX, Ambrosio no ha abandonado la idea de concluir la segunda parte que abarcaría la primera mitad del siglo veinte. “Espero hallar el tiempo para acometer esa empresa, aunque sospecho que no podré darle el mismo desarrollo que a la anterior. Entretanto, he vuelto a los siglos XVIII y XIX, pero esta vez desde la perspectiva de la circulación y la recepción de los libros europeos en Cuba… los impresos en España, sobre todo, como es natural. El tema podría resumirse en la pregunta: ¿Qué libros europeos llegaban a Cuba, ya fuera por conducto de las librerías o gracias a gestiones personales? Publiqué el primer resultado de la investigación en un número reciente de la Revista Bimestre Cubana.

En el 2007 mientras participaba en el foro Caliban ante la globalización organizado por La Jiribilla y la Casa de las Américas, Ambrosio afirmaba: “La literatura cubana está haciendo hoy lo que debe y puede hacer toda literatura, y es dar una imagen que ofrezca diversidad de perspectivas, la convicción de que el universo individual y social que está expresando es inapresable desde un solo punto de vista”. Luego de conocer la noticia de su más reciente nominación y comentando esta definición suya de hace dos años expresó: “Mi flamante condición de Premio Nacional —de la que, por cierto, todavía no he tomado posesión— no altera en lo más mínimo mi visión de la literatura. Y de ahí que, a mi juicio, no haya nada que “redefinir”. Tal como yo la entiendo, la literatura solo puede ser eso, la posibilidad de ver el mundo desde múltiples y diferentes perspectivas. Sería interesante pasar de la teoría a la práctica para comprobar —o no— si esa conjetura se verifica dentro del panorama actual de nuestras letras”.

Cuando recibió el Premio Nacional de Edición hace nueve años, se reconocía a sí mismo en su multiplicidad de oficios: periodista, crítico literario, investigador, editor. Hoy, ante la pregunta de si pudiera concebir el mundo sin pasar por una relación intrínseca con las letras, afirma sin titubear: “A estas alturas del partido puedo responder categóricamente que no. Uno es —como suele decirse— hijo de sus actos, y yo —primero sin proponérmelo y después muy conscientemente— no he hecho otra cosa en mi vida que relacionarme de un modo u otro con las palabras, con los textos. Espero haber logrado articular con ellas/ellos alguna idea o imagen que haya obligado a otros a levantar la vista y quedarse un minuto en suspenso porque ha encontrado de pronto una respuesta que darse, o mejor, una pregunta que hacerse. Quevedo decía que leer era dialogar con los difuntos, pero confieso que, en el caso de mis lectores, yo preferiría que el diálogo empezara un poco antes”.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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