Año VIII
La Habana
19 al 25
de DICIEMBRE
de 2009

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Entrevista con Diego Aramburo

Hacer arte en Bolivia es un postulado

Yinett Polanco • La Habana

 Fotos: La Jiribilla

 

Ha recibido en ocho ocasiones el Premio Nacional de Teatro de Bolivia, pero el dramaturgo y director Diego Aramburo reniega de ser considerado un consagrado. Fundador y director del grupo KIKINTEATRO. Obras suyas, como Feroz, Ese cuento del amor y Fragmentos líquidos, han sido montadas en diferentes países como EE.UU., Brasil, Argentina, Francia y Canadá. En 2005 fue nombrado Director Adjunto del Centro de Documentación e Investigación Escénica DOCUMENTA/ESCÉNICAS de Argentina. Este año su espectáculo Macbeth fue presentado en el Teatro Nacional de Quebec, Théatre du Trident, con lo cual se convirtió en el primer director que desarrolla y ejerce su carrera en Bolivia, en realizar un montaje en un teatro oficial de primer nivel internacional. A Cuba regresa para participar en el II Encuentro de Creadores y Artistas de América Latina Casa Tomada donde no solo formó parte de los paneles de discusión, sino también impartió un taller de teatro que culminó con un montaje de una de sus obras.

En su intervención en Casa Tomada decía que el solo hecho de estar haciendo hoy arte en América Latina ya es de algún modo un postulado político, aunque algunos plantean que la generación de creadores más jóvenes de América Latina tiene en su mayoría posturas apolíticas.

El debate viene dado tal vez por una definición de términos que se podría ajustar. Más que apolítico se debería decir apartidista, una posición compartida por mí hasta determinado punto. Aunque soy simpatizante de todos los cambios políticos producidos en Bolivia no quiero adherir mi obra a ningún partido político, y como mi obra no está desligada de mí, no quiero adherirme a una línea política, por muy simpática o empática que me resulte. Pero el arte es un discurso público en Latinoamérica y en todo el mundo, siendo discurso público es un espacio para la polis y por lo tanto es política.

En América Latina el arte se produce en condiciones extremas y eso ya te pone en juego, por lo tanto, terminas utilizando el espacio y la sensibilidad que hasta cierto punto caracteriza a los artistas para devolver algo a tu sociedad; no porque creas que debas devolverle desde el arte, no porque el hecho de hacer arte te demande devolver algo, sino porque está implícito. Entonces terminas haciendo una toma de posición inminentemente política aun mayor que en Europa. Si empezamos a contextualizar puedo decir que hacer arte en Bolivia es un postulado, una posición política muy fuerte porque el espacio de las artes es un espacio negado en Bolivia, no de las culturas, sino de las bellas artes, más aún el arte contemporáneo. Por ejemplo, cuando voy a renovar mis documentos y me preguntan por la profesión no puedo decir dramaturgo, actor o director de teatro porque no existe, tengo que poner empleado, con lo cual te están negando el espacio de tu profesión; entonces el discurso se vuelve más fuerte, la posición se torna más política.

En su intervención hablaba de una esencia marginal del arte en Bolivia que no era posible desconocer para los creadores de ese país por lo cual en lugar de renegar de esta realidad se debe partir creativamente de ella…

Sí, en vista de que es un espacio negado debes comenzar a construir de afuera hacia adentro porque también ha habido otra experiencia en Bolivia: la de muchos que tenían una actividad artística y empezaron a tratar de abrir ese espacio pero quedaron absorbidos por el estado, quedaron de funcionarios del estado y dejando de lado no solo su actividad previa, sino también la defensa de esa actividad. Eso se hizo muy visible en una sociedad tan politizada como la boliviana, y nos ha servido a muchos para trabajar en el margen y pensar la construcción de un espacio para las artes de afuera hacia adentro. Por ese ángulo hay una decisión de mantenerse al margen, usar espacios, los oficiales, de una manera marginal, desde una protesta por el hecho de cómo se administra, es un conflicto que se hace presente al acceder a un espacio oficial y terminar devolviéndole el estatuto de marginal. Cuando lo concientizas, lo procesas, reelaboras y asumes conscientemente no es conflicto. Me es útil saberme marginal en Bolivia y trabajar desde ahí pero debes asumirlo hasta las últimas consecuencias; eso quiere decir que por ejemplo en la situación actual de Bolivia hay una preocupación por la recuperación de lo tradicional, lo cual vendría a ser el oficialismo de la cultura, pero sigo siendo marginal a ello. Trabajo también rescatando ciertas cosas de lo tradicional, pero no en el modo como ellos lo están pensando, esa marginalidad permite un diálogo constante de contraponer, aportar desde la forma de pensamiento alternativo a la situación en Bolivia. Ese es un rol que estamos jugando los artistas y lo vamos a seguir haciendo por un buen rato. No creo que las condiciones en las cuales producimos sea un conflicto, aunque no puedo hablar por todos, pero grosso modo en Bolivia hace un tiempo los artistas hemos dejado de mandarle al estado el listado de nuestras necesidades; los debates, los encuentros de artistas dejaron de ser encuentros para la queja y la demanda de oportunidades y simplemente se convirtieron en una reflexión de los modos de producción independiente, marginales, una comparación y optimización de los recursos.

A pesar de esta conciencia marginal tu propio trabajo te ha hecho ganar en ocho ocasiones el Premio Nacional de Teatro de Bolivia, que de algún modo te legitima.

Ha habido un punto en el cual he decidido no aceptar ningún tipo de participación en los premios nacionales. Porque forma parte de este diálogo, uno se sabe marginal, accede a algunas opciones y cuando se da cuenta de que está empezando a ser absorbido, retoma la posición anterior, se cuestiona uno mismo. Eso es lo que ha pasado conmigo, estábamos accediendo a un lugar que podía ser interesante para ciertos objetivos, fue útil; pero luego uno se margina de esa posibilidad porque ya seguir en aquello sería caer en el sistema.

Hice una carrera anclado en mi ciudad, Cochabamba; pero en determinado momento necesitaba cuestionarme y marginarme de lo que había hecho y creado allí. Entonces seguíamos creando ahí pero estrenábamos las obras en otros lugares, para que el encuentro con el público no fuera el que ya nosotros mismos habíamos generado. Confrontar la creación frente a públicos nuevos nos iba a enriquecer, llegar desde lo externo, extranjerizarse a uno mismo nos iba a enriquecer. Una vez que se ha logrado eso, un diálogo con todo el país, empiezas a dirigirte a otros lugares a ver lo que sucede, es un proceso constante el de ponerse en cuestión, no dejarse convertir en parte del establishment. A mí me espantó cuando hace unos tres años me situaron entre las “vacas sagradas” de Bolivia, entonces fue cuando me desplacé de Cochabamba. La figura del maestro me es muy incómoda, a pesar de que uno siempre está transmitiendo conocimiento y eso en cierta forma se puede tomar como magisterio, institucionalizarlo hasta situarlo en un lugar rígido me causa desagrado.

¿Cómo dialogar desde tu arte con las 34 culturas vivas que existen en Bolivia, desde las esencias y modernidad de estas culturas, sin formar parte de la política oficial a la cual te referías?

Para mí el diálogo está dado por el hecho de no usurpar identidades, algo que no haría es un teatro que usurpe identidades y estéticas para generar una visibilidad mayor. Este tipo de arte hecho desde el pensamiento de ONG (Organización No Gubernamental) no lo haría. Lo que a mí me parece súper interesante es el crear desde donde uno está. A mí me toca la parte urbana andina, porque estoy en el centro del país pero bien tocada por los Andes y la cultura quechua, en esa mezcla entre lo quechua y lo occidental urbano es donde me puedo situar y donde interactúo. Desde ahí creo y dialogo con las otras culturas. Muestro lo que produzco y veo qué sucede, no llevo mi creación para imponer, sino a la espera de algo con lo cual encontrarse y enriquecerse de distintas formas. A mí me interesa mucho lo conceptual, y cuando genero un diálogo trato de entender las formas de comprender el mundo mismo desde donde se puede generar una obra estética o reflexión artística. Eso es lo que de alguna forma me permito atender en las distintas culturas bolivianas, obviamente no voy a poder hacerlo con todas porque hay algunas muy cerradas, y gracias a ello sobreviven. Tampoco me preocupa llegar hasta todos los rinconcitos de Bolivia para provocar o empujar un diálogo, en mi opinión las cosas se dan cuando deben darse.

 Las veces que he salido de Bolivia o de mi lugar de Bolivia, para entrar a otro lugar dentro del mismo país, han sido porque las cosas se han ido dando de manera natural, no me gusta violentar. Hay comunidades en Bolivia en las que no entras si no eres invitado, eso es algo que se debe respetar, esas son las comunidades que se han mantenido mejor y más dignamente a pesar del ingreso en algún momento de las ONG, las cuales han tergiversado mucho la forma de proceder de muchas comunidades y eso es algo que a mí no me gustaría hacer.

En Casa Tomada impartes un taller de teatro, ¿qué metas te proponías alcanzar con él?

La excusa es montar un texto mío. El punto de partida es, sin duda, el trabajo relativamente tradicional de leerlo y ver cómo se puede decir para que sea más o menos comprensible. Ese es el punto de partida pero los últimos trabajos que vengo haciendo y me interesan de forma personal, están relacionados con un cruce de experiencias, de visiones, entablar diálogos para producir y crear algo porque allí es donde todos nos podemos enriquecer, donde es más útil al encuentro generado en torno a mí o a otros artistas. Eso es lo que me ha terminado sucediendo en mi relación tanto con Bolivia, como con las otras artes: para lo último que he estado haciendo en teatro me he nutrido mucho de las artes plásticas. Los procesos creativos, la forma de pensar para crear de las artes plásticas actualmente me parece muy dinámica, pues se borran las fronteras dentro de las artes visuales, se hacen performances… Para mí el performance y el teatro no tienen mayores diferencias, y la frontera entre el teatro y la danza está cayendo cada vez más y mejor.

Si bien uno va a seguir distinguiendo el teatro por una presencia de la palabra como vehículo principal en medio de este arte vivo, igual en la danza se está usando la palabra, quizá no como vehículo principal, pero cada vez estas cosas se están mezclando pero más que combinar herramientas, lenguajes o tecnologías, que también son parte de la creación artística, a mí me interesa mezclar las formas de pensar. Por ejemplo, actualmente estoy en una investigación sobre el actor conceptual. Qué es, aún no lo sé. Viene de una forma de pensar las artes plásticas, pero no sería ni el performer de Grotowski ni quien ejecuta los performances en las artes visuales contemporáneas, es algo distinto y viene precisamente de todos estos nutrientes. Entonces, mientras más participativo se consiga que sea un espectáculo, será más interesante.

¿Concibes entonces Casa Tomada precisamente como un espacio de diálogo?

Eso es lo que me interesa acá. Si bien los paneles son muy enriquecedores, hay una instancia donde uno puede dialogar sobre los diferentes temas centrales establecidos para cada mesa, pero creo que en lo que sucede alrededor y atrás es donde más se puede empezar a tomar la Casa. Mientras mayor sea la presencia de jóvenes apropiándose de este espacio, más interesante y aportador va a ser para esta institución y para nosotros. Creo que los invitados especiales somos una excusa de la cual se deben servir los actores de las artes locales, esto para mí sería lo más interesante. Nosotros estamos aquí por una semana y queremos que se acerquen, y aprovechen esta presencia para ellos acceder a este espacio con mayor fuerza, apropiárselo y darle una nueva vida.

¿Qué podría aportarle a Diego Aramburo este encuentro con Cuba?

Para mí es fantástico. Me sucede lo que me sucedió cuando estuve aquí hace nueve años. Uno siempre se piensa en sí mismo cuando se encuentra con otro. La presencia del otro es fundamental para conocerse uno mismo, para dar un siguiente paso. Cuba para mí es un lugar muy interesante porque me permite reflexionar, hay muchas cosas similares a las que suceden en Bolivia, por las condiciones extremas de alguna forma, pero son muy distintas al mismo tiempo. Entonces eso me permite recuperar preguntas sobre mí mismo, sobre mi quehacer artístico desde otro ángulo, y es riquísimo, fundamental.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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