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Ha recibido en ocho ocasiones el
Premio Nacional de Teatro de
Bolivia, pero el dramaturgo y
director Diego Aramburo reniega
de ser considerado un
consagrado. Fundador y director
del grupo KIKINTEATRO. Obras
suyas, como Feroz, Ese
cuento del amor y
Fragmentos líquidos, han
sido montadas en diferentes
países como EE.UU., Brasil,
Argentina, Francia y Canadá. En
2005 fue nombrado Director
Adjunto del Centro de
Documentación e Investigación
Escénica DOCUMENTA/ESCÉNICAS de
Argentina. Este año su
espectáculo Macbeth fue
presentado en el Teatro Nacional
de Quebec, Théatre du Trident,
con lo cual se convirtió en el
primer director que desarrolla y
ejerce su carrera en Bolivia, en
realizar un montaje en un teatro
oficial de primer nivel
internacional. A Cuba regresa
para participar en el II
Encuentro de Creadores y
Artistas de América Latina Casa
Tomada donde no solo formó parte
de los paneles de discusión,
sino también impartió un taller
de teatro que culminó con un
montaje de una de sus obras.
En su intervención en Casa Tomada
decía que el solo hecho de estar
haciendo hoy arte en América
Latina ya es de algún modo un
postulado político, aunque
algunos plantean que la
generación de creadores más
jóvenes de América Latina tiene
en su mayoría posturas
apolíticas.
El debate viene dado tal vez por
una definición de términos que
se podría ajustar. Más que
apolítico se debería decir
apartidista, una posición
compartida por mí hasta
determinado punto. Aunque soy
simpatizante de todos los
cambios políticos producidos en
Bolivia no quiero adherir mi
obra a ningún partido político,
y como mi obra no está desligada
de mí, no quiero adherirme a una
línea política, por muy
simpática o empática que me
resulte. Pero el arte es un
discurso público en
Latinoamérica y en todo el
mundo, siendo discurso público
es un espacio para la polis y
por lo tanto es política.
En América Latina el arte se
produce en condiciones extremas
y eso ya te pone en juego, por
lo tanto, terminas utilizando el
espacio y la sensibilidad que
hasta cierto punto caracteriza a
los artistas para devolver algo
a tu sociedad; no porque creas
que debas devolverle desde el
arte, no porque el hecho de
hacer arte te demande devolver
algo, sino porque está
implícito. Entonces terminas
haciendo una toma de posición
inminentemente política aun
mayor que en Europa. Si
empezamos a contextualizar puedo
decir que hacer arte en Bolivia
es un postulado, una posición
política muy fuerte porque el
espacio de las artes es un
espacio negado en Bolivia, no de
las culturas, sino de las bellas
artes, más aún el arte
contemporáneo. Por ejemplo,
cuando voy a renovar mis
documentos y me preguntan por la
profesión no puedo decir
dramaturgo, actor o director de
teatro porque no existe, tengo
que poner empleado, con lo cual
te están negando el espacio de
tu profesión; entonces el
discurso se vuelve más fuerte,
la posición se torna más
política.
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En su intervención hablaba de una
esencia marginal del arte en
Bolivia que no era posible
desconocer para los creadores de
ese país por lo cual en lugar de
renegar de esta realidad se debe
partir creativamente de ella…
Sí, en vista de que es un
espacio negado debes comenzar a
construir de afuera hacia
adentro porque también ha habido
otra experiencia en Bolivia: la
de muchos que tenían una
actividad artística y empezaron
a tratar de abrir ese espacio
pero quedaron absorbidos por el
estado, quedaron de funcionarios
del estado y dejando de lado no
solo su actividad previa, sino
también la defensa de esa
actividad. Eso se hizo muy
visible en una sociedad tan
politizada como la boliviana, y
nos ha servido a muchos para
trabajar en el margen y pensar
la construcción de un espacio
para las artes de afuera hacia
adentro. Por ese ángulo hay una
decisión de mantenerse al
margen, usar espacios, los
oficiales, de una manera
marginal, desde una protesta por
el hecho de cómo se administra,
es un conflicto que se hace
presente al acceder a un espacio
oficial y terminar devolviéndole
el estatuto de marginal. Cuando
lo concientizas, lo procesas,
reelaboras y asumes
conscientemente no es conflicto.
Me es útil saberme marginal en
Bolivia y trabajar desde ahí
pero debes asumirlo hasta las
últimas consecuencias; eso
quiere decir que por ejemplo en
la situación actual de Bolivia
hay una preocupación por la
recuperación de lo tradicional,
lo cual vendría a ser el
oficialismo de la cultura, pero
sigo siendo marginal a ello.
Trabajo también rescatando
ciertas cosas de lo tradicional,
pero no en el modo como ellos lo
están pensando, esa marginalidad
permite un diálogo constante de
contraponer, aportar desde la
forma de pensamiento alternativo
a la situación en Bolivia. Ese
es un rol que estamos jugando
los artistas y lo vamos a seguir
haciendo por un buen rato. No
creo que las condiciones en las
cuales producimos sea un
conflicto, aunque no puedo
hablar por todos, pero grosso
modo en Bolivia hace un
tiempo los artistas hemos dejado
de mandarle al estado el listado
de nuestras necesidades; los
debates, los encuentros de
artistas dejaron de ser
encuentros para la queja y la
demanda de oportunidades y
simplemente se convirtieron en
una reflexión de los modos de
producción independiente,
marginales, una comparación y
optimización de los recursos.
A pesar de esta conciencia marginal
tu propio trabajo te ha hecho
ganar en ocho ocasiones el
Premio Nacional de Teatro de
Bolivia, que de algún modo te
legitima.
Ha habido un punto en el cual he
decidido no aceptar ningún tipo
de participación en los premios
nacionales. Porque forma parte
de este diálogo, uno se sabe
marginal, accede a algunas
opciones y cuando se da cuenta
de que está empezando a ser
absorbido, retoma la posición
anterior, se cuestiona uno
mismo. Eso es lo que ha pasado
conmigo, estábamos accediendo a
un lugar que podía ser
interesante para ciertos
objetivos, fue útil; pero luego
uno se margina de esa
posibilidad porque ya seguir en
aquello sería caer en el
sistema.
Hice una carrera anclado en mi
ciudad, Cochabamba; pero en
determinado momento necesitaba
cuestionarme y marginarme de lo
que había hecho y creado allí.
Entonces seguíamos creando ahí
pero estrenábamos las obras en
otros lugares, para que el
encuentro con el público no
fuera el que ya nosotros mismos
habíamos generado. Confrontar la
creación frente a públicos
nuevos nos iba a enriquecer,
llegar desde lo externo,
extranjerizarse a uno mismo nos
iba a enriquecer. Una vez que se
ha logrado eso, un diálogo con
todo el país, empiezas a
dirigirte a otros lugares a ver
lo que sucede, es un proceso
constante el de ponerse en
cuestión, no dejarse convertir
en parte del establishment. A mí
me espantó cuando hace unos tres
años me situaron entre las
“vacas sagradas” de Bolivia,
entonces fue cuando me desplacé
de Cochabamba. La figura del
maestro me es muy incómoda, a
pesar de que uno siempre está
transmitiendo conocimiento y eso
en cierta forma se puede tomar
como magisterio,
institucionalizarlo hasta
situarlo en un lugar rígido me
causa desagrado.
¿Cómo dialogar desde tu arte con las
34 culturas vivas que existen en
Bolivia, desde las esencias y
modernidad de estas culturas,
sin formar parte de la política
oficial a la cual te referías?
Para mí el diálogo está dado por
el hecho de no usurpar
identidades, algo que no haría
es un teatro que usurpe
identidades y estéticas para
generar una visibilidad mayor.
Este tipo de arte hecho desde el
pensamiento de ONG (Organización
No Gubernamental) no lo haría.
Lo que a mí me parece súper
interesante es el crear desde
donde uno está. A mí me toca la
parte urbana andina, porque
estoy en el centro del país pero
bien tocada por los Andes y la
cultura quechua, en esa mezcla
entre lo quechua y lo occidental
urbano es donde me puedo situar
y donde interactúo. Desde ahí
creo y dialogo con las otras
culturas. Muestro lo que
produzco y veo qué sucede, no
llevo mi creación para imponer,
sino a la espera de algo con lo
cual encontrarse y enriquecerse
de distintas formas. A mí me
interesa mucho lo conceptual, y
cuando genero un diálogo trato
de entender las formas de
comprender el mundo mismo desde
donde se puede generar una obra
estética o reflexión artística.
Eso es lo que de alguna forma me
permito atender en las distintas
culturas bolivianas, obviamente
no voy a poder hacerlo con todas
porque hay algunas muy cerradas,
y gracias a ello sobreviven.
Tampoco me preocupa llegar hasta
todos los rinconcitos de Bolivia
para provocar o empujar un
diálogo, en mi opinión las cosas
se dan cuando deben darse.
Las veces que he salido de
Bolivia o de mi lugar de
Bolivia, para entrar a otro
lugar dentro del mismo país, han
sido porque las cosas se han ido
dando de manera natural, no me
gusta violentar. Hay comunidades
en Bolivia en las que no entras
si no eres invitado, eso es algo
que se debe respetar, esas son
las comunidades que se han
mantenido mejor y más dignamente
a pesar del ingreso en algún
momento de las ONG, las cuales
han tergiversado mucho la forma
de proceder de muchas
comunidades y eso es algo que a
mí no me gustaría hacer.
En Casa Tomada impartes un taller de
teatro, ¿qué metas te proponías
alcanzar con él?
La excusa es montar un texto
mío. El punto de partida es, sin
duda, el trabajo relativamente
tradicional de leerlo y ver cómo
se puede decir para que sea más
o menos comprensible. Ese es el
punto de partida pero los
últimos trabajos que vengo
haciendo y me interesan de forma
personal, están relacionados con
un cruce de experiencias, de
visiones, entablar diálogos para
producir y crear algo porque
allí es donde todos nos podemos
enriquecer, donde es más útil al
encuentro generado en torno a mí
o a otros artistas. Eso es lo
que me ha terminado sucediendo
en mi relación tanto con
Bolivia, como con las otras
artes: para lo último que he
estado haciendo en teatro me he
nutrido mucho de las artes
plásticas. Los procesos
creativos, la forma de pensar
para crear de las artes
plásticas actualmente me parece
muy dinámica, pues se borran las
fronteras dentro de las artes
visuales, se hacen performances…
Para mí el performance y el
teatro no tienen mayores
diferencias, y la frontera entre
el teatro y la danza está
cayendo cada vez más y mejor.
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Si bien uno va a seguir
distinguiendo el teatro por una
presencia de la palabra como
vehículo principal en medio de
este arte vivo, igual en la
danza se está usando la palabra,
quizá no como vehículo
principal, pero cada vez estas
cosas se están mezclando pero
más que combinar herramientas,
lenguajes o tecnologías, que
también son parte de la creación
artística, a mí me interesa
mezclar las formas de pensar.
Por ejemplo, actualmente estoy
en una investigación sobre el
actor conceptual. Qué es, aún no
lo sé. Viene de una forma de
pensar las artes plásticas, pero
no sería ni el performer de
Grotowski ni quien ejecuta los
performances en las artes
visuales contemporáneas, es algo
distinto y viene precisamente de
todos estos nutrientes.
Entonces, mientras más
participativo se consiga que sea
un espectáculo, será más
interesante.
¿Concibes entonces Casa Tomada
precisamente como un espacio de
diálogo?
Eso es lo que me interesa acá.
Si bien los paneles son muy
enriquecedores, hay una
instancia donde uno puede
dialogar sobre los diferentes
temas centrales establecidos
para cada mesa, pero creo que en
lo que sucede alrededor y atrás
es donde más se puede empezar a
tomar la Casa. Mientras mayor
sea la presencia de jóvenes
apropiándose de este espacio,
más interesante y aportador va a
ser para esta institución y para
nosotros. Creo que los invitados
especiales somos una excusa de
la cual se deben servir los
actores de las artes locales,
esto para mí sería lo más
interesante. Nosotros estamos
aquí por una semana y queremos
que se acerquen, y aprovechen
esta presencia para ellos
acceder a este espacio con mayor
fuerza, apropiárselo y darle una
nueva vida.
¿Qué podría aportarle a Diego
Aramburo este encuentro con
Cuba?
Para mí es fantástico. Me sucede
lo que me sucedió cuando estuve
aquí hace nueve años. Uno
siempre se piensa en sí mismo
cuando se encuentra con otro. La
presencia del otro es
fundamental para conocerse uno
mismo, para dar un siguiente
paso. Cuba para mí es un lugar
muy interesante porque me
permite reflexionar, hay muchas
cosas similares a las que
suceden en Bolivia, por las
condiciones extremas de alguna
forma, pero son muy distintas al
mismo tiempo. Entonces eso me
permite recuperar preguntas
sobre mí mismo, sobre mi quehacer
artístico desde otro ángulo, y
es riquísimo, fundamental. |