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Los coloridos libros de la
editorial argentina Eloísa
Cartonera son únicos. No hay
marcas iguales entre uno y otro
texto de los que producen
artistas y cartoneros de bajos
recursos, que además de
encontrar empleo en medio de la
crisis económica, han impulsado
el conocimiento de la literatura
latinoamericana.
Estos trabajadores del libro,
convocados como mano de obra que
se sustenta en la venta de
ejemplares literarios, diseñan
sus productos con temperas de
muchos colores y ponen, bajo las
tapas de cartón, fotocopias que
contienen textos firmados por
César Aira y Ricardo Piglia, y
por autores más jóvenes como
Dani Umpi y Gabriela Bejerman,
que suman entre todos ya más de
un centenar.
Washington Cucurto, otro de “los
nuevos”, junto con varios
escritores contemporáneos con
él, fue uno de los arquitectos
de este proyecto nacido en 2002.
Es narrador y poeta y ha
publicado, entre otros, los
libros La máquina de hacer
paraguayitos y Cosa de
negros. En los días de Casa
Tomada, a Cucurto se le han
escuchado lo mismo poemas sobre
mujeres y bicicletas, que alguno
dedicado a su hijo.
También, el Director de Eloísa
ha venido a mostrar los libros
salidos de esta “fábrica”, los
cuales, según él,
“tienen que ver con
nuestra forma de interpretar la
literatura, el arte, la
política, el trabajo”. Son
libros que se imprimen en la
mañana y salen publicados en la
tarde, y ese sentido de la
rapidez, para Washington,
demuestra que “uno puede hacer
muchas cosas valiosas de manera
fugaz, sacándole seriedad al
proceso de creación”.
¿Cómo funciona esta
editorial que socializa la
literatura de una manera
bastante particular?
Comenzamos en marzo de 2002 con
esta editorial, que adquirió su
nombre porque uno de los chicos
que integraban en equipo
inicial, estaba enamorado de una
muchacha que se llamaba Eloísa.
Al principio hacíamos pequeños
libros para dárselos a esta
chica.
Después, con la crisis, no
podíamos seguir fabricando esos
textos, que se confeccionaban
con una cartulina cara; el papel
se dejó de fabricar en
Argentina, había que importarlo
de Brasil y ya no se podía
continuar haciendo aquellos
libros. Entonces decidimos
cambiar el sistema, pues nuestra
otra alternativa era
desaparecer. De esta forma, se
nos ocurrió hacerlos
fotocopiados y con cartón, el
material que más abundaba en la
calle.
Eloísa Latinoamericana comenzó
así una nueva etapa como Eloísa
Cartonera. En esa época de
crisis había mucha gente en la
calle, revolviendo la basura,
juntando cartón para después
venderlo por pocos pesos en las
acopiadoras, y nosotros
empezamos a conversar con los
cartoneros y les pedimos que en
vez de regalar ese cartón a unos
tipos que después lo revendían
mucho más caro, podía
convertirse en otra cosa con
nuestro proyecto. Les contamos
sobre el modo de hacer los
libros: primero comprábamos el
cartón, fabricábamos los libros,
se vendían y luego gustaron
tanto, que los propios
cartoneros se sumaron a
confeccionarlos.
Este se ha convertido en
un proyecto que implica a varias
familias en un trabajo
cooperativo…
Es una cooperativa compuesta por
varias familias que trabajamos
todas las tardes en la
fabricación de los libros, los
diseñamos, tratamos de aprender
lo concerniente a las distintas
etapas para confeccionar un
texto, y todo, en medio de esa
dinámica cotidiana.
El haber atravesado este
momento de crisis, que implicó
un cambio en la manera de
producir los libros, tal vez
haya sido decisivo para entender
aún más el valor de la labor
editorial, la importancia de un
texto que perdura como un
tesoro.
Nosotros no hacemos obras de
arte. Somos trabajadores del
libro, fabricamos volúmenes
específicos de manera rápida,
simple, sencilla. El libro le da
de comer a nuestras familias,
por lo que no nos detenemos
horas en uno solo, buscando la
gran tapa o tratando de hacer
arte. Nuestro proyecto no es
artístico, aunque a algunas
personas les parezca que tiene
ese valor. Se trata de
producción y de ver cómo uno se
puede autogestionar, interpretar
el trabajo de otra forma y
demostrar que si uno se
organiza, logra hacer muchas
cosas.
¿Cómo es el proceso de
distribución de estos libros de
Eloísa Cartonera?
Nosotros mismos nos encargamos
de la distribución: los vendemos
en la calle, en
manifestaciones, en recitales de
poesía, en el taller.
¿Qué les llega acerca de
la recepción que han tenido
estos textos por parte de los
lectores?
Ha sido muy lindo, nos conocen
en el continente, pero también
en Europa y EE.UU. Ahora se hizo
en ese país un congreso sobre
nuestro proyecto, que además se
estudia en Harvard, Princeton,
en universidades alemanas, en
España, y otros sitios. Hay más
de 30 editoriales cartoneras en
América Latina, que comenzaron a
partir de nuestra experiencia.
Tu experiencia como
narrador y poeta quizá te haya
permitido encaminar el trabajo
de la editorial hacia
determinadas temáticas y
autores. Cuéntanos de qué forma
se escoge la literatura que
publica Eloísa.
El catálogo en realidad se ha
conformado de un modo diferente.
No soy un especialista en
literatura, ni estudié Letras,
no sé tanto, digamos, aunque he
leído algunas cosas. Nuestra
selección ha sido conformada por
mucha gente, amigos, profesores,
críticos, escritores,
periodistas. No es
exclusivamente nuestro, ha
surgido de ideas y proposiciones
de otras personas.
Publicamos autores
latinoamericanos; de Cuba hemos
editado a Reinaldo Arenas.
¿Tiene en sus planes la
editorial acercarse más a la
literatura de Cuba?
Nos gustaría editar un montón de
autores, jóvenes sobre todo.
Ahora estoy acá y seguramente
conoceré a algunos de ellos. Ese
fue uno de los móviles que me
trajeron a la Isla: saber qué
pasa, qué se escribe.
¿Qué proyecta Eloísa
Cartonera para el futuro
inmediato?
Queremos comprar un terreno,
trabajar la tierra y construir
una casa para que la editorial
pueda hacer sus actividades. Nos
interesa aprender trabajos
agrícolas para poder producir
nuestro alimento. Así podremos
enseñarle también a la gente que
es importante volver a la
tierra, que no podemos perder de
vista que tenemos una relación
indisoluble con ella. |