Año VIII
La Habana
19 al 25
de DICIEMBRE
de 2009

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Editorial Eloísa Cartonera

Manos a la literatura

M. M. López • La Habana

 Fotos: La Jiribilla

 

Los coloridos libros de la editorial argentina Eloísa Cartonera son únicos. No hay marcas iguales entre uno y otro texto de los que producen artistas y cartoneros de bajos recursos, que además de encontrar empleo en medio de la crisis económica, han impulsado el conocimiento de la literatura latinoamericana.

Estos trabajadores del libro, convocados como mano de obra que se sustenta en la venta de ejemplares literarios, diseñan sus productos con temperas de muchos colores y ponen, bajo las tapas de cartón, fotocopias que contienen textos firmados por César Aira y Ricardo Piglia, y por autores más jóvenes como Dani Umpi y Gabriela Bejerman, que suman entre todos ya más de un centenar.

Washington Cucurto, otro de “los nuevos”, junto con varios escritores contemporáneos con él, fue uno de los arquitectos de este proyecto nacido en 2002. Es narrador y poeta y ha publicado, entre otros, los libros La máquina de hacer paraguayitos y Cosa de negros. En los días de Casa Tomada, a Cucurto se le han escuchado lo mismo poemas sobre mujeres y bicicletas, que alguno dedicado a su hijo.

También, el Director de Eloísa ha venido a mostrar los libros salidos de esta “fábrica”, los cuales, según él, “tienen que ver con nuestra forma de interpretar la literatura, el arte, la política, el trabajo”. Son libros que se imprimen en la mañana y salen publicados en la tarde, y ese sentido de la rapidez, para Washington, demuestra que “uno puede hacer muchas cosas valiosas de manera fugaz, sacándole seriedad al proceso de creación”.  

¿Cómo funciona esta editorial que socializa la literatura de una manera bastante particular?

Comenzamos en marzo de 2002 con esta editorial, que adquirió su nombre porque uno de los chicos que integraban en equipo inicial, estaba enamorado de una muchacha que se llamaba Eloísa. Al principio hacíamos pequeños libros para dárselos a esta chica.

Después, con la crisis, no podíamos seguir fabricando esos textos, que se confeccionaban con una cartulina cara; el papel se dejó de fabricar en Argentina, había que importarlo de Brasil y ya no se podía continuar haciendo aquellos libros. Entonces decidimos cambiar el sistema, pues nuestra otra alternativa era desaparecer. De esta forma, se nos ocurrió hacerlos fotocopiados y  con cartón, el material que más abundaba en la calle.

Eloísa Latinoamericana comenzó así una nueva etapa como Eloísa Cartonera. En esa época de crisis había mucha gente en la calle, revolviendo la basura, juntando cartón para después venderlo por pocos pesos en las acopiadoras, y nosotros empezamos a conversar con los cartoneros y les pedimos que en vez de regalar ese cartón a unos tipos que después lo revendían mucho más caro, podía convertirse en otra cosa con nuestro proyecto. Les contamos sobre el modo de hacer los libros: primero comprábamos el cartón, fabricábamos los libros, se vendían y luego gustaron tanto, que los propios cartoneros se sumaron a confeccionarlos.

Este se ha convertido en un proyecto que implica a varias familias en un trabajo cooperativo…

Es una cooperativa compuesta por varias familias que trabajamos todas las tardes en la fabricación de los libros, los diseñamos, tratamos de aprender lo concerniente a las distintas etapas para confeccionar un texto, y todo, en medio de esa dinámica cotidiana.

El haber atravesado este momento de crisis, que implicó un cambio en la manera de producir los libros, tal vez haya sido decisivo para entender aún más el valor de la labor editorial,  la importancia de un texto que perdura como un tesoro.

Nosotros no hacemos obras de arte. Somos trabajadores del libro, fabricamos volúmenes específicos de manera rápida, simple, sencilla. El libro le da de comer a nuestras familias, por lo que no nos detenemos horas en uno solo, buscando la gran tapa o tratando de hacer arte. Nuestro proyecto no es artístico, aunque a algunas personas les parezca  que tiene ese valor. Se trata de producción y de ver cómo uno se puede autogestionar, interpretar el trabajo de otra forma y demostrar que si uno se organiza, logra hacer muchas cosas.

¿Cómo es el proceso de distribución de estos libros de Eloísa Cartonera?

Nosotros mismos nos encargamos de la distribución: los vendemos en la calle,  en manifestaciones, en recitales de poesía, en el taller.

¿Qué les llega acerca de la recepción que han tenido estos textos por parte de los lectores?

Ha sido muy lindo, nos conocen en el continente, pero también en Europa y EE.UU. Ahora se hizo en ese país un congreso sobre nuestro proyecto, que además se estudia en Harvard, Princeton, en universidades alemanas, en España, y otros sitios. Hay más de 30 editoriales cartoneras en América Latina, que comenzaron a partir de nuestra experiencia.

Tu experiencia como narrador y poeta quizá te haya permitido encaminar el trabajo de la editorial hacia determinadas temáticas y autores. Cuéntanos de qué forma se escoge la literatura que publica Eloísa.

El catálogo en realidad se ha conformado de un modo diferente. No soy un especialista en literatura, ni estudié Letras, no sé tanto, digamos, aunque he leído algunas cosas. Nuestra selección ha sido conformada por mucha gente, amigos, profesores, críticos, escritores, periodistas. No es exclusivamente nuestro, ha surgido de ideas y proposiciones de otras personas.

Publicamos autores latinoamericanos; de Cuba hemos editado a Reinaldo Arenas.

¿Tiene en sus planes la editorial acercarse más a la literatura de Cuba?

Nos gustaría editar un montón de autores, jóvenes sobre todo. Ahora estoy acá y seguramente conoceré a algunos de ellos. Ese fue uno de los móviles que me trajeron a la Isla: saber qué pasa, qué se escribe.

¿Qué proyecta Eloísa Cartonera para el futuro inmediato?

Queremos comprar un terreno, trabajar la tierra y construir una casa para que la editorial pueda hacer sus actividades. Nos interesa aprender trabajos agrícolas para poder producir nuestro alimento. Así podremos enseñarle también a la gente que es importante volver a la tierra, que no podemos perder de vista que tenemos una relación indisoluble con ella.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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