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Recientemente se realizó
la primera presentación
del libro del periodista
y crítico Joaquín Borges
Triana titulado La
luz, bróder, la luz
que ha sido editado por
Ediciones La Memoria, el
sello editorial del
Centro Cultural Pablo de
la Torriente Brau.
Esta será una de las
novedades que llevará la
institución a la Feria
Internacional del Libro
de La Habana, FILH 2010.
A modo de adelanto
—y
también como celebración
por los 11 años de
existencia del espacio
A guitarra limpia—,
quisimos conversar con
Joaquín sobre varios
aspectos puntuales
reflejados en su libro y
que mucho tienen que ver
con la trova o la
Canción Cubana
Contemporánea, tesis que
Borges Triana defiende
por ser
—a su juicio— más abarcadora. La luz, bróder, la luz nace así:
“Es el resultado de lo que he venido
haciendo durante años. A
fines de los 80 escribí
un artículo nombrado ‘La
generación de los
topos’; luego, en 1994
hubo otro texto
denominado ‘Te doy otra
canción’, también
antecedente del libro.
Después, entrado el
presente siglo, publiqué
un ensayo en Temas
que llevó el mismo
título de este material
editado ahora por el
Centro Pablo.
“Cuando se convocó el Concurso de
ensayo Noel Nicola había
concluido por esa fecha
un texto que será un
capítulo de un libro a
publicarse próximamente
y que es una especie de
historia de la canción
trovadoresca en Cuba.
Aquello lo amplié y lo
presenté al aludido
concurso, en el que mi
trabajo resultó
finalista.
“El jurado pensó que sería oportuno
que
—además
de la obra galardonada
en el certamen—
también se publicaran en
algún momento los
restantes libros
finalistas. Cuando del
Centro Pablo me
propusieron la idea,
hice una revisión
general de la obra, la
amplié en algunos
aspectos y así salió
La luz, bróder, la luz.
¿Cuánto tiempo te llevó
la investigación?
Puedo darte varias
respuestas. Una podría
ser que más de 25 años,
es decir, desde el
momento en la década de
los 80 en que me vinculo
como fan y luego como
periodista a este
movimiento de creadores.
Otra respuesta sería que
de dos a tres años, el
período que me tomó
hacer mi doctorado en
arte en el Instituto
Superior de Arte (ISA)
una investigación en el
ámbito de los estudios
de música popular urbana
y recogida en un libro
publicado en Barcelona
por Linkgua Ediciones
S.L., bajo el título
Concierto cubano. La
vida es un divino guión.
En esa investigación
fiché y procesé
muchísimo material sobre
el tema de lo que gusto
llamar Canción Cubana
Contemporánea, que se
salía de los límites
trazados para el
doctorado y el libro que
del mismo se desprendió,
pero que me era útil
para armar otro texto y
que es este editado
ahora por Ediciones La
Memoria.
¿Cuáles son las tres
conclusiones más
importantes que has
extraído luego de
haberte sumergido en el
tema?
Son varias las
conclusiones que he
sacado, pero dado que me
pides tres, te daré tal
cantidad. En primer
lugar, dentro del
discurso letrístico de
la Canción Cubana
Contemporánea
encontramos
diversos modos de
situarse ante la
realidad, ora haciendo
preguntas, ora dudando
de todo y de todos.
Una segunda conclusión
es que en la
manifestación se da un
proceso de
apropiación y síntesis
de la música popular
bailable, por lo que las
fuentes de inspiración
para muchos de los
creadores afiliados a la
corriente son en
idéntica medida la Nueva
Trova, Los Van Van,
Nirvana o Lenine.
La tercera conclusión se deriva de
la anterior, y apunta a
que la hibridez sonora
sería la señal
distintiva de los
protagonistas del
movimiento, por lo cual
en su actitud ante la
música, obvian los
esquemas dicotómicos,
como el de lo culto
versus lo popular o el
de lo nacional versus lo
extranjero.
¿Puede decirse que hay
un movimiento de
trovadores fuera de las
fronteras cubanas?, ¿qué
lo distingue o lo
caracteriza?, ¿puede
hablarse de aportes a la
canción cubana
contemporánea?
Sí, como en ningún otro
momento de nuestra
historia musical, en la
actualidad hay un muy
fuerte movimiento de
trovadores y/o
cantautores cubanos
fuera de nuestras
fronteras. Ellos se
enfrentan al reto
de hacer algo nuevo y no
solo recrear
lo que una vez hicieron
en Cuba.
Es significativo comprobar cómo
—desde
la distancia y a pesar
de vivir en realidades
muy diferentes—
estos creadores hoy
residentes en diversos
puntos del planeta y
partidarios de múltiples
criterios políticos e
ideoestéticos a la hora
de asumir la creación
artística, persisten en
mantener un compromiso
ético con lo auténtico y
genuino de la vida, así
como con nuestra
cultura.
Entre los rasgos que distingue la
obra de este grupo de
artistas, puedo
mencionar que en su
manera de componer han
aflorado, con mayor
fuerza que antaño a su
salida del territorio
nacional, los elementos
de la música cubana.
Ello se relaciona con el
hecho real de que cuando
un artista entra a un
mercado en el que hay
que competir con todo lo
producido en el resto
del mundo, se requiere
que le distingan a
través de sus propias y
personales marcas
identitarias, que son
las que le ayudarán a
encontrar un determinado
nicho.
En el caso específico de los
representantes de la
Nueva Trova y de la
Canción Cubana
Contemporánea residentes
en Cuba y fuera del
país, para mí no cabe
hablar de la existencia
de dos comunidades que
se desobran la una a la
otra. Todo lo contrario,
pues la motivación
creacional, el
fundamento y desarrollo
de la propuesta
artística no es la
exclusión del otro por
ninguna de las dos
partes. Por tanto, creo
que son más los puntos
en común que las
diferencias entre ambos
grupos y así, los
aportes a la Canción
Cubana Contemporánea son
iguales entre unos y
otros, pues como
hacedores de canciones,
todos apuestan por la
calidad y lo artístico,
en vez de lo banal y
puramente comercial.
¿Cuál fue el mayor
escollo a la hora de
hacer esta
investigación?
En primer lugar, la
falta de bibliografía al
respecto. Los trabajos
que hay, por lo general
de corte periodístico,
están dispersos en
diferentes
publicaciones, lo cual
me hizo invertir mucho
tiempo en la revisión de
periódicos y revistas de
la época. Los libros,
que de algún modo se
relacionen con el tema,
son muy pero que muy
escasos y en no pocos
casos, han sido editados
fuera de Cuba y no se
encuentran disponibles
en la red de bibliotecas
del país, por lo que
para consultarlos hay
que pedírselos a las
personas que los poseen
y ver si uno tiene la
dicha de que te
faciliten el acceso a
tales materiales.
Lo mismo o peor aún
cabría decirse de la
discografía, aún mucho
más dispersa que los
textos impresos. Por
suerte, yo poseo una
abundante fonoteca y
tengo la dicha de contar
con amigos como Humberto
Manduley y Darsi
Fernández, que también
me han facilitado
muchísimos CD. Estos
escollos se
multiplicaron varias
veces a la hora de hacer
la investigación en
relación con los
creadores pertenecientes
a la diáspora.
¿Qué utilidad crees que
tenga La
luz, bróder,
la luz?
Pienso que es un punto
de partida para otras
investigaciones que se
acometan en adelante. No
se trata de que se esté
o no de acuerdo con mis
ideas, que por supuesto
son muy discutibles. Lo
útil es que aquí se
recoge una historia
antes no contada o al
menos, no sistematizada
de un modo así. Si no
toda, porque decir ello
sería muy pretencioso de
mi parte, sí aparece la
referencia a la mayoría
de los materiales
bibliográficos
publicados en relación
con el tema.
Igualmente, se incluyen
nombres de creadores
que, por muy diversas
razones, son
prácticamente
desconocidos en nuestro
contexto. En fin, la
respuesta exacta a tu
pregunta, la doy en un
fragmento del libro y
que, si me lo permites,
reproduzco a
continuación:
“El estudio de la historia y del
legado de la reciente
obra de un nutrido grupo
de hacedores de
canciones es una forma
de oposición a la
tendenciosa exclusión de
la creación más
periférica del
hipotético corpus
cultural de nuestro
país, excomunión de la
que no se salva la faena
musical, no obstante
resultar esta (a su
manera) otro testimonio
del quehacer integral de
un contexto, con rasgos
propios que lo
identifica y que lo
convierte en algo
distintivo del modelo
predominante. Para un
caso como este, y como
en otros contextos,
serviría la propuesta
interpretativa de Greil
Marcus a la hora de
aproximarse a los
llamados fenómenos
culturales de ‘baja
intensidad’, esos que
existen y hasta llegan a
configurarse como todo
un movimiento, pero en
franca lejanía del
modelo dominante, y por
supuesto, ajenos a los
resortes promocionales
más convencionales.”
Como autor-investigador,
¿qué tramas, es decir,
en qué proyecto te estás
moviendo?
A partir de la investigación de mi
tesis doctoral, me
propuse escribir cinco
libros, de los cuales ya
se han editado los dos
de los que he hablado
aquí. Los otros tres
(siempre en el ámbito de
la música popular urbana
hecha por cubanos) y en
los que ya estoy
trabajando serán uno
dedicado al rock y el
metal, otro al rap, sus
derivaciones y la música
electrónica, así como un
tercero que
probablemente sea el
primero en salir y que
aborda el tema de la
diáspora de músicos
cubanos en los últimos
20 años y lo que han
hecho en los puntos
geográficos donde se han
radicado.
Igualmente, hace algún tiempo estoy
escribiendo una
monografía sobre el
artista
multidisciplinario
Adrián Morales, un gran
amigo y creador
residente en Barcelona.
Esta es una obra muy
compleja, pues se está
armando a partir del
intercambio de opiniones
entre él y yo acerca de
lo sucedido en el plano
artístico con nuestra
generación, con
opiniones en no pocos
casos divergentes, pero
a la vez complementarias
y siempre expresadas
desde el respeto y el
cariño mutuos.
Todo este trabajo de investigación
lo hago en el tiempo que
me queda después de
realizar mi quehacer
como periodista, así que
no tengo idea exacta de
para cuándo estarán
listos los proyectos de
libros de los que te
hablo, porque los hago
en horas extras a las
que dedico para ganarme
el pan nuestro de cada
día. |