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Los muchachos de diseño que iban
a participar en la intervención
gráfica en la Casa de las
Américas llegaron temprano esa
mañana. Vinieron invitados a
tomar la Casa junto con otros
jóvenes de diferentes
manifestaciones de arte
contemporáneo. Si hablo de Raúl
Valdés quizá muchos se queden
desorientados. Sus amigos lo
llaman Raupa.
Lo primero que advirtió antes de
prender la grabadora para
registrar la pequeña entrevista,
a la que accedió con gusto, fue
que no esperara un lenguaje
teórico o “metatrancoso” que no
acostumbraba a utilizar. Todas
sus experiencias como artista
plástico pueden expresarse de
forma tan sencilla como su
overol azul y su pelo embarrado
de pintura.
Se considera un artista, en el
más amplio sentido de la
palabra, que tampoco olvida su
responsabilidad como
comunicador. No existe un solo
artificio en sus gestos. Raupa
es amigo de sus amigos, los
cuales consideran que la esencia
de su talento es mantenerse en
constantemente búsqueda.
¿Cuáles son los espacios en los
que sueles manifestarte
artísticamente?
Al ser diseñador gráfico, hay
diferentes lenguajes de los que
puedo valerme. A los diseñadores
nos entrenan para hacer
publicidad, y a su vez, esta se
expresa de diversas formas: en
soportes impresos, televisión,
exposiciones, etcétera.
Aunque creo que una exposición
no es el mejor lugar para un
diseñador. Con esto me refiero
específicamente al diseñador
cubano, porque sí estoy seguro
de que un diseñador puede hacer
arte. Eso lo doy por sentado.
Algunas personas me dividen
entre el diseñador y el artista,
y personalmente no quiero caer
nunca en esa dualidad de
características. Considero que
lo que hago y lo que trato de
hacer es siempre arte.
Los principales espacios en los
que trabajo ahora mismo son el
ICAIC y la Muestra de Nuevos
Realizadores, que incluye
carteles, campañas y spots
publicitarios. El spot de este
año para la muestra ya lo
terminé, de una manera que nunca
había trabajado.
Por otro lado, también se hacen
varias actividades al año donde
suelo participar, no de forma
individual, sino que casi
siempre son proyectos
colectivos. Además de los
trabajos para el cine.
Está el encuentro del Club de
Amigos del Cartel, y otras
exposiciones colectivas en las
que se nos da la oportunidad de
participar. Una de estas
exposiciones será el sábado que
viene. Se celebrará el
aniversario 20 del Centro de
Desarrollo de las Artes
Visuales, en la Habana Vieja.
Invito a todos los interesados a
que vayan porque va a ser una
actividad estelar y vamos a
estar participando en el evento.
Hicimos unas postales para
regalar que contienen obras de
cada uno y, por tanto, están
enfocadas desde distintos puntos
de vista.
Todos los trabajos que hago,
aunque sean por encargo, siempre
trato de enfocarlos hacia
imágenes innovadoras, de modo
que el resultado final sea
sencillamente artístico. Por
supuesto, existen los
mercenarios, no soy ningún
ingenuo, que prostituyen su
trabajo en función de la venta.
Creo que hay que saber
diferenciar entre lo que te dan
a hacer por encargo, aquello a
lo que uno trata de darle un
vuelo artístico diferente, y los
proyectos que de verdad nacen
solos, que surgen como
necesidades que están por encima
de un producto para el mercado,
lo que tampoco quiere decir que
estas condiciones sean
incompatibles.
¿Dónde pones el límite entre lo
que consideras arte y lo que no?
Mi preparación académica y
universitaria fue en diseño.
Aunque trate de expresarme como
artista, siempre tengo que dejar
un espacio para la comunicación,
porque además de artista soy
comunicador.
El día que haga arte sin pensar
en la comunicación, será una
entrevista diferente. En el
punto en que estoy, donde me
pregunto todos los días qué soy
y a dónde voy, y me respondo
además, es en el de querer
expresarme y utilizar todos los
soportes y espacios posibles
para hacerlo, pero sin dejar de
comunicar: televisión, prensa
masiva, revistas especializadas,
exposiciones. Un cartel puede
ser arte, pero también es un
producto comunicativo, tiene
muchísimas dimensiones.
¿Hasta qué punto pueden influir
los aspectos materiales en lo
que decides producir?
A mí lo material, hasta cierto
punto, no me limita en nada.
Afortunadamente a los
diseñadores en Cuba se les
remunera su trabajo mejor que a
otros sectores profesionales, no
todo lo que debiera ser, pero sí
lo suficiente.
Los medios que utilizo los
tengo, como por ejemplo una
computadora. Todo mi trabajo
audiovisual lo hago ahí, sin
pensar en lienzos ni pinturas.
Estos últimos también los
utilizo, y dibujo mucho a mano
en cartulina, pero son cosas que
están realmente a mi alcance.
Con esos materiales me resulta
suficiente.
En el caso específico de Casa
Tomada, por ejemplo, me
invitaron para una exposición el
viernes 18, donde se van a
cruzar los trabajos de todos los
invitados. Si lo que dispongo es
de un proyector y un video beam,
entonces hago un audiovisual.
Voy a presentar una especie de
making off sobre cómo se hizo el
spot de la próxima Muestra de
Nuevos Realizadores, que no es
animado, como la gente espera
que yo trabaje.
Este año quise hacer algo
diferente y para eso necesitaba
salirme de lo que habitualmente
había hecho en al área
audiovisual, que es la
animación, la cual tampoco voy a
dejar de hacer puesto que me
gusta mucho. En este caso algo
totalmente diferente es hacerlo
filmado, con maquillaje,
vestuario y todo lo demás.
También cuando necesito algún
material me valgo de los amigos
que tengo alrededor, que son
pocos pero son los que tenía que
tener. Por eso, ningún elemento
material puede limitar mi
expresión, siempre se encuentran
soluciones, pero no puedo dejar
que sea un obstáculo material lo
que me limite.
En cuanto a los clientes, los he
tenido difíciles. Recuerda que
soy diseñador y trabajo por
encargo, para clientes. Por eso
me gusta trabajar para la
cultura, porque no es lo mismo
que trabaje para Casa de las
Américas a que trabaje para el
Meliá Cohíba. Puede que en esta
última opción haya más dinero de
por medio, pero no me da la
misma oportunidad o libertad
para expresarme y decir lo que
quiero a mi manera. Aunque
también me ha pasado que he
trabajado con clientes muy
exigentes, pero que respetan
mucho el despliegue artístico y
en eso no se entrometen.
¿Cuáles consideras que sean tus
espacios de legitimación?
Son precisamente estos, como hoy
en la Casa de las Américas con
este submarino. Son aquellos en
los que cuelgas una obra que
tiene posibilidades de
trascender. Por ejemplo, trabajo
mucho los spots para la
televisión, pero el hecho de que
yo, y muchas otras personas, lo
consideren arte no quita el que
se pasen por la televisión y
que, de cierta forma, sean
efímeros y fugaces. Aunque te
los repitan toda una semana,
luego de un mes, en la mayoría
de los casos, está olvidado.
En este caso, la televisión no
es un espacio de legitimación.
Pero también existe la
posibilidad de buscar mecanismos
para que las personas vuelvan a
verlos, como son las
exposiciones. Hice una en el
Centro de Desarrollo de las
Artes Visuales que se llamó
Spotsición, y ahí proyecté
todos los spots que había hecho
del 2005 al 2007, que fueron
como 30 trabajos, y las personas
fueron a verlos en otro espacio.
Ir a ver la exposición se
convirtió en un acto social.
Este mural en Casa de las
Américas va a quedar, el de la
Facultad de Comunicación, aunque
ya tiene unos cuantos años, va a
quedar también. Esos son
auténticos espacios de
legitimación.
¿Crees que el graffiti en la
capital ha tomado fuerza en los
últimos años, sobre todo desde
el punto de vista de los
contenidos?
El graffiti es la expresión de
algún movimiento o inquietudes
sociales que la gente quiere
dejar en espacios donde puedan
convertirse en parte del
ambiente cotidiano, y donde
todos puedan apreciarlo. En
otras ciudades del mundo eso es
un fenómeno natural y con mucha
fuerza.
Pienso que esa manifestación en
Cuba es muy pobre todavía. Los
graffitis que se ven ahora mismo
están relacionados con el
impulso que les ha dado las dos
últimas ediciones de la Bienal
de La Habana. En este espacio
llevaron a graffiteros cubanos y
extranjeros a las calles para
que dejaran su huella y su
mensaje. Pero nosotros estamos
medio nuevos en ese sentido,
sobre todo por el tema de los
materiales, los sprays
que se utilizan para eso son
muy costosos y difíciles de
conseguir.
Quizá sería muy beneficioso que
el gobierno permitiera lugares
en los que se puedan realizar
graffitis con toda libertad. No
se trata tampoco de pintar por
pintar todas las calles, con la
excepción de las personas que
quieran hacerlo en sus casas. Es
un caso parecido a los lugares
que se han permitido utilizar
para saltar en patinetas y cosas
de ese tipo. Estaría bien que se
permitan espacios para que la
gente pinte. Se sobran los muros
que saldrían ganando con buenos
graffitis como decorado. Estoy
seguro de que un montón de gente
acudiría a una convocatoria como
esa. |