Año VIII
La Habana
19 al 25
de DICIEMBRE
de 2009

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 sin mapa de Calle 13

Un viaje hacia la realidad

Malena Oliveira • La Habana

 

Durante el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana se corrió la voz de que Calle 13 clausuraría el evento con un gran concierto en la Tribuna. Tremenda expectativa, luego desilusión. También estaban invitados a Casa Tomada junto con otros músicos de Latinoamérica y el Caribe. Pero igualmente nos quedamos esperándolos. EE.UU. no le concedió la visa para poder venir a Cuba. ¿No habían terminado ya las restricciones para visitar la Isla? Entérense todos: una vez más, todo forma parte de un sucio juego.

Los músicos vivían en la Calle 13, en una urbanización de Puerto Rico ubicada en Trujillo Alto, y en menos de un año caminaban por la alfombra roja para recoger tres Grammy Latinos. Comenzaron a cantar sus orígenes y sus tradiciones, por muy marginales que les parezcan a algunos, y lo hicieron en su lengua; no en el español de academia, sino en el idioma en que pueden comunicarse con sus hermanos de patria y de barrio, por muy vulgar que muchos lo consideren.

Irreverencia absoluta, amor a la familia —su madre en un altar intocable—, despojado de toda máscara, desafiante ante cualquier norma de cortesía que huela a aristocracia: así se proyectó René Pérez, a la cabeza de la agrupación, al resto de América y del mundo en el documental Sin mapa de Calle 13 realizado por Marc de Beaufort.  

En este material narra su propia historia de camino a la fama y el viaje de reconocimiento de las raíces comunes de los pueblos latinoamericanos. Entre las travesías del viaje, en el que interioriza la cruel realidad de los pobres habitantes de una tierra rica, se encuentra el ascenso a una mina de oro peruana —un infierno al que no llegan las trasnacionales, sin agua ni oxígeno, pero con mucho oro— la más alta del mundo y, según René, el comienzo sangriento de la deformación en la historia americana.

También visitó las ruinas de la ciudad de los incas, Machu Picchu. Allí subió hasta el mirador desde donde la antigua civilización estudió los astros, se cansó, tuvo miedo de la altura, de la bajada...y llegó a la cima, esa que los turistas no pueden conocer, porque “a veces para ver de cerca hay que pararse lejos”.

En cada lugar se hospedó en las casas que quisieron acogerlo, observó rituales, durmió en hamacas, pescó de noche para poder comer y pasó frío. Llegó, como él mismo expresara en el documental, consciente del poder que tenía con su música y con un manojo de canciones en la cabeza.

En particular, me gusta lo que hace Calle 13. Sin embargo, creo que no se pueden contemplar los hechos desde un solo ángulo, menos en estos tiempos en los que todo, incluso —o preferiblemente— las causas más humanas, resultan vendibles y comerciables; y en los que no nos podemos permitir pecar de ingenuos. Muy pocas pasiones conservan su pureza.

Hablo del beneficio de la duda. Como joven cubana sé que el sello de lo latinoamericano, lo autóctono y la filiación a una identidad milenaria y rústica al mismo tiempo tienen un mercado asegurado en regiones donde nuestras tradiciones son exóticas y atractivas, fundamentalmente en Europa. Tampoco puedo afirmar que una buena parte de los beneficios de sus premios, de sus ventas, de la publicidad a la que perfectamente pudiera tributar un documental como este, o hasta de la imagen pública que pudo haber sido construida para tales fines, tengan un destino tan justo como las denuncias que dispara, una tras otra, en muchas de sus canciones.

Hago una pausa en este punto. No juzgo a nadie. Creo que trabajar y ganar por ello es legítimo. Lo que no lo es sería olvidar la gran responsabilidad que adquiere un artista cuando millares de personas se identifican con su discurso; no lo sería si ese discurso fuera falso.

Apelar a las viejas heridas de un continente y a la sensibilidad que estas despiertan en sus habitantes sería la más grande traición. El documental me emocionó, tiene que ver conmigo y con los míos, y conectó un montón de historias que todavía pueden ser salvadas y legitimadas.

Si en algo concuerdo completamente con René es en que “a América Latina hay que verla de cerca, para verla hay que entrar, y para entrar hay que estar cerca de las personas, del pueblo”.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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