Año VIII
La Habana
2009

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN 
CAMILO Y CHE (XL)
William Gálvez • La Habana
 

CHE: “Septiembre 24.- Entramos en la finca El Colorado. En el término de Florida y acampamos en un monte.”
 

Serían las 03.00 horas de ese miércoles, cuando contactaron con José Miguel. Alrededor de su humilde vivienda permanecieron hasta que al amanecer se trasladaron para un cayo de monte a unos mil metros, nombrado Los Güines, barrio de San Gerónimo. Che continuaba con asma. Se le pidió al práctico que fuera a comprar mercancía a la bodega de la región, lo que hizo llevando tres bestias. A José Miguel le solicitaron conseguir dos reses y agua, ambas cosas se resolvieron, por lo que el hambre y la sed se calmaron. Por la noche el guía Valdera regresó a su casa.
 

A la hora de partir no se pudo pues José Miguel, quién se había brindado para guiarlos, pidió autorización para recoger unas vacas y se largó con la familia. Esto más que una demora, ocasionaba una gran preocupación, pues no se podía predecir cuáles eran sus intenciones. De esta manera se ven obligados a seguir acampados, por supuesto redoblando las medidas de seguridad. Es posible que el jefe invasor considerara que aquel largo descanso era necesario para todos.

 

SEPTIEMBRE 25: Ante esta situación, sin práctico y con el lío de la brújula, Camilo dio la orden de acampar, alrededor de las cuatro de la madrugada. Como vemos la situación de ambas columnas es similar en aquella zona. La Antonio Maceo estaba en un monte, no muy extenso, rodeado de palma cana y guano, con mucha plaga y sin comida ni agua. La perdida de Senén preocupaba a todos. Cuatro días después, cuando se capturaron dos soldados enemigos, se supo lo ocurrido.
 

LA MUERTE DE SENEN MARIÑO: Senén fue entregado a los esbirros por el práctico Eutimio Hernández, cuando fueron a comprar en la bodega del batey de Cayo Ciego. No tuvo oportunidad de escapar ni de defenderse. Trasladado para los calabozos del cuartel del central Baraguá, donde lo torturaron brutalmente para que delatara dnde se encontraba la columna. Al día siguiente fue conducido hacia la colonia El Palenque. Allí, no obstante ser nuevamente torturado, no lograron la delación y lo asesinaron. Su cadáver fue arrastrado por un jeep, para indicar la suerte que esperaba a quienes combatían la el tiranía.
 

El teniente Senén Mariño era uno de los compañeros que más tiempo llevaba junto a Camilo. Fue jefe de escuadra y guerrilla independiente, en los días en que el comandante Cienfuegos operaba en los llanos del Cauto. Era obrero agrícola cuando acudió al llamado de la patria. El valeroso combatiente entregó la vida, antes que delatar a sus compañeros de armas. De Senén Mariño, Camilo escribió: "Quedó demostrado que nuestro compañero supo comportarse a la altura de un valiente revolucionario, no denunciando el lugar donde nos encontrábamos."


Con el fin de dar a conocer el asesinato de Senén, emitieron el siguiente documento:

         

“Ctel. A. Castillo C. De Ávila

          26 de sept. 1958

Nro. 132.
 

ASUNTO: Informe encuentro con forajidos.

Al   : Jefes Opnes. Prov. Cguey.

Camp. Agrte. / CGUEY.-
 

1- Tengo el honor de informarles que según informe remitido por él... 1er Tte (GT) Ramón Betancourt Osorio MM Jefe Pto GR Stewart, tuvo encuentro con forajidos en los Monte de la Fca. Palenque, zona de esta Unidad, donde resultó muerto un individuo no identificado. Para su conocimiento y efectos procedentes.

        
         De usted respetuosamente

         POR LA LIBERTAD DE CUBA

           (f) P.S. Chaviano MM            

          Cmte. Jefe Esc 23 Rural”

 

Por otra parte, los bombardeos de la aviación se repitieron. De nuevo sin rumbo seguro, como venían haciendo cada día, se inició la dura marcha. La brújula pasó a las manos de Pinares y luego a las de Camilo y sucedió lo mismo. La columna No. 2 avanzaba con inseguridad, entrando y saliendo de la costa por los manglares, sin saber exactamente dónde se encontraban.
 

LA YEGUA CRUDA: El comandante dio la orden de acampar y esperar el amanecer. Quería buscar a alguien que los orientara. Al pasar cerca de un terraplén, el Jefe Guerrillero dispuso que el teniente Delfín Moreno con hombres de su escuadra explorara el terreno, con el propósito de localizar algún práctico. Al oficial le indicó que si la tropa no estaba en ese sitio cuando regresaran —y señaló hacia un monte—, debían continuar hasta encontrarla más adelante. La columna, avanzó hasta otro monte, situado a dos kilómetros más o menos del anterior hacia el oeste.
 

El hambre era tanta que Camilo autorizó el sacrificio de la bestia más gorda y saludable. Le tocó a una yegua. Después de repartir la carne por pelotones —hasta la sangre bebieron algunos— se preparaban los fogones para el asado, cuando se escucharon tiros de fusilería y morteros no muy lejos y volvieron los odiosos ruidos de la aviación. Inmediatamente se suspendió la tarea culinaria, en espera de que todo pasara. En ese momento las maldiciones contra la aviación no eran a causa del peligro que corrían, sino porque no les permitía cocinar, pues de inmediato hubo que apagar los fogones, para que el humo no delatara su campamento.
 

La situación no era nada agradable. Se pensaba en Delfín y en los demás. Ya era más de las 13:00 horas y ellos no aparecían. El tiroteo iba en aumento y todos se aprestaban para el combate. Los observadores que estaban en los árboles, avisaron que los exploradores se acercaban a toda carrera y que se veían camiones de guardias frente al monte anterior. Al poco rato, llegaron los rebeldes, bastante extenuados por la apresurada carrera. Con ellos venían dos obreros agrícolas: Santiago Ortiz y Manolo Yero.
 

— ¿Qué pasó?—preguntó Camilo.
 

Delfín informó que avanzaron por el terraplén y en una turbina encontraron a tres campesinos. Los detuvieron y le pidieron informes de la zona y la ubicación de los guardias. Delfín les planteó que estaban perdidos y necesitaban salir de aquel lugar. Entonces uno de ellos —negro, alto, de fuerte complexión física con “cara de luna”, según palabras del propio Delfín— les dijo que ellos no eran de esa zona, que venían a trabajar en cosecha del arroz, pero se ofreció para buscar a un señor que sí conocía bien todos aquellos montes. El oficial rebelde aceptó la proposición de “cara de luna” —Edilio Sanabria— además, le entregó dinero para que comprara cigarros, tabacos y fósforos. Pero, “cara de luna” avisó al mayoral de la finca y juntos informaron al Ejército.

Aquí es necesario destacar dos cosas: una muy negativa y otra positiva. La primera es que fue un error dejar ir solo a “cara de luna”. En esos casos, si el emisario no es de absoluta confianza, hay que averiguar dónde vive la persona que él plantea puede servir de guía y, entonces, si es posible, salir a buscarla. También, excepcionalmente, puede dejársele marchar solo, pero si junto a los guerrilleros permanece algún familiar cercano que garantice que el mensajero no pueda cometer una delación.

La positiva, es que el olfato guerrillero de Camilo en estos casos, previendo cualquier contratiempo, pensó que el lugar que atacarían sería el primer monte, por lo cual lo abandonó. Así sucedió, ya que aunque el delator no conocía dónde estaban los rebeldes, los militares siguieron el rastro de los exploradores, que al percatarse que venían los camiones cargados de militares, corrieron hacia ese lugar. La reprimenda por el error cometido no se hizo esperar.


CONTINUARÁ
 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600