Año VIII
La Habana
2009

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Días de frío
Amado del Pino • España

Se demoró bastante, pero ha llegado el frío a España. Los comerciantes estaban asustados (“eriza’os” dirían en mi tierra) porque con la prolongación de un otoño casi primaveral la gente se estaba demorando en comprar abrigos y —animados por la crisis económica— han estado sacando cuentas para no meterse la mano en el bolsillo hasta las rebajas de enero.

Ya hay frío y casi otra temporada climática —siempre rara para un cubano de mi generación—, se instala la cercanía de la Navidad como algo tan imprescindible, para la mayoría, como el sol del verano o las temperaturas bajas de diciembre. Este año la novedad parece estar en la reducción de las cenas de las empresas o las fórmulas de austeridad a la hora de encargar las también clásicas cestas de navidad o simplemente prescindiendo de ellas.

Hace poco —en la muestra de Autores Contemporáneos que afortunadamente se organiza en Alicante todos los años— vimos una obra precisamente sobre las diversas situaciones que pueden darse en esas fiestas de los centros de trabajo. Es la única ocasión en 12 meses en que las relaciones estrictamente laborales se cambian por el jolgorio alrededor de una mesa y las copas alzadas. Hasta en los espacios radiales dan consejos para ese día que para algunos significa un compromiso engorroso y para otros hasta un trago amargo. Se aconseja no ligar (empatarse, en La Habana de mi época) porque luego habrá que seguir viéndole la cara a ese romance súbito y salpicado de alcohol.

No tenía nada que ver con celebraciones navideñas ni estaban pautadas por fechas exactas, pero en la Cuba de los 80 (por allá por el siglo pasado) abundaban las fiestas en el trabajo. Alguna vez he contado de mi relación con una actriz del grupo en el que hacía el Servicio Social. En la vida cotidiana de la compañía nos caímos bastante mal, sin saber a derechas por qué. Eso sí, al primer ron de los días de júbilo, nos dábamos a los más diversos temas, entre risas, palmadas, concordancias y entusiasmos. Lo nuestro no tenía que ver con el sexo, sino con una empatía de los ratos festivos, que al ensayo o la reunión del día siguiente solía desvanecerse con la misma prisa con que había estallado.

Menos mal que en Murcia hay menos frío, que mi teatro se ensaya por estos días, que hay razones; familia, esperanza para abrigarse y no perder el paso.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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