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Si uno se da una vuelta por varios de
los establecimientos que en Ciudad de La
Habana se dedican a la venta de discos
o, mucho mejor, visita la pequeña tienda
que la EGREM posee en su sede de la
calle San Miguel 410 entre Campanario y
Lealtad, Centro Habana, puede descubrir
numerosas producciones editadas ya hace
algún tiempo por nuestras casas
discográficas, pero de las que aún es
posible adquirir ejemplares. Le aseguro
que no pocas maravillas encontrará por
esta vía, aunque siéndole absolutamente
sincero, también tengo que decirle que
hallará una respetable cantidad de
bodrios o cuando menos, fonogramas no
indispensables.
Entre los álbumes que a lo mejor captan
su atención en esta clase de sitio,
están los dedicados al pop, un género
por el que decididamente la EGREM ha
apostado desde hace ya unos cuantos
años. Cualquier estudioso de la música
en nuestro tiempo sabe que, a escala
internacional, como género el pop
resulta una de las corrientes sonoras
contemporáneas que más se comercializa
en todo el orbe.
Incluso, un evento como el Grammy
Latino, que supuestamente debería
funcionar como un certamen destinado a
galardonar la amplia gama de corrientes
y estilos englobados en la definición de
lo “latino”, en sus más recientes
emisiones pareciera haberse convertido
tan solo en un concurso para resaltar
las producciones que se enmarquen en los
límites del pop.
Siguiendo semejante tendencia, en uno
que otro establecimiento comercial de la
capital cubana, todavía nos encontramos
con el primer disco publicado hace unos
cinco años por una vocalista que se hace
llamar Leticia. Dame una señal es
un álbum contentivo de diez temas, la
música de los cuales en su mayoría está
hecha por Amed Medina, un guitarrista
que debutase a inicios de los 90 con
Zeus (grupo pionero entre nosotros del
power metal), que después tuviese
su propia banda denominada A19 y que más
cercano en el tiempo se le conoció por
su vínculo como figura fundamental en el
grupo de respaldo de Carlos Varela o por
las producciones que llevase a cabo para
los discos del dúo Buena Fe.
Para la confección de las letras de las
melodías que aparecen en la opera
prima de Leticia, Medina (quien
funciona además como productor musical
de la grabación) se auxilia de los
servicios de Oscar Leyva (vocalista de
Luna Negra) y de Carlos Trova, este
último un otrora cantautor que se
iniciara en las lides musicales en Santa
Clara a fines de los 80.
En mi opinión, los mejores momentos de
Leticia como protagonista de la
grabación aquí reseñada están en “Sin
salida” (original de Oscar Leyva) y
“Cuando venga la soledad”, dos cortes en
los que su desempeño como vocalista
resulta digno y a tono con las demandas
interpretativas del género por ella
abrazado en su primer trabajo
discográfico.
En esencia, estamos ante un álbum que se
ajusta al pop más ligero y sin
pretensiones de carácter conceptual. Son
piezas que buscan captar la atención de
un público joven y para ello se apela a
la programación de teclados, a sencillos
loops de batería y a
guitarras con timbres de distorsiones y
que ejecutan agradables solos, en fin,
sonoridades de las que proliferan en la
FM para el disfrute de multitudes. |