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Con una presentación de
la trovadora Yamira
Díaz, se celebró en el
trovero patio del Centro
Cultural Pablo de la
Torriente Brau el XI
aniversario del espacio
de conciertos A guitarra
limpia. Una tarde de
buena música, de
homenajes y premios, de
presentaciones de libros
y de otros varios
materiales de la
institución, fueron los
aderezos al plato fuerte
de la trovadora pinareña.
A primera hora le fue
otorgado a esa grande de
la creación filinera
cubana que es Marta
Valdés el Premio Pablo,
que otorga el Centro
Cultural por una sola
vez a figuras o
instituciones con
destaque en la defensa
de los valores de la
identidad cultural y la
solidaridad. Y qué mejor
ejemplo de enarbolar
nuestra identidad
cultural y nuestros más
raigales valores que
Marta Valdés,
compositora en
mayúsculas, ajena a las
concesiones y a las
modas, incluida ya en la
historia de la canción
trovera cubana y de
seguro en uno de sus más
altos escalones.
Asimismo, fue presentado
por Víctor Casaus, poeta
y cineasta que dirige la
institución, el libro
La luz, bróder, la luz,
del periodista e
investigador Joaquín
Borges Triana, editado
por el sello La Memoria,
del Centro Pablo. Sin
dudas, se trata este de
un texto muy valioso
para todos lo que siguen
los avatares de la
canción y la música
alternativa cubana en
las últimas tres
décadas. Como siempre
ocurre con lo nacido
bajo la pluma de Borges
Triana, resulta ser un
material profundo, de
bien informados y
enfocados análisis y que
es un importante paso en
esa historia reciente de
nuestra canción
contemporánea, todavía
por hacer, por debatir,
por desbrozar en todas
sus sendas y matices.
Felicitamos al maestro y
amigo Borges Triana y le
deseamos, con la certeza
de que ya los lleva
consigo, los mejores
parabienes a su nuevo
libro.
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Entonces la tarde cedió
paso a la música, a esa
trovadora enorme que es
Yamira Díaz, cuyo
talento no le cabe bajo
los límites de su
pequeña estatura y que
por eso nos los regala a
todos en canciones.
Acompañada de su banda y
de su guitarra, Yamira
hilvanó el concierto
Contracorriente,
nombre además de uno de
sus fonogramas y texto
que acompaña a una
suerte de logo que usó
para esta presentación.
Como nos tiene
acostumbrados, la
cantora ofreció una
muestra variopinta y
rica de su trabajo como
compositora, y esta vez
agregó el acápite de
interpretar varios temas
de otros autores. Vale
decir al respecto que el
hábito de versionar,
fuera a sus colegas o a
otros compositores de
cualquier vertiente,
está casi ausente del
panorama trovero actual.
Apelando a la memoria
reciente, y me perdona
alguien si le olvido,
salvo un Yolo Bonilla o
un Eduardo Sosa, el uno
hacia temas brasileños y
el otro en la cuerda
tradicional, entre otros
rumbos de ambos y que
hemos constatado en
concierto, son en verdad
pocos quienes ahora
encaran versiones de
otras canciones. Y no
digo algún tema
ocasional, digo, tal
como ahora hizo Yamira
incorporarlo al
repertorio, hacerlo casi
propio, defenderlo de
modo habitual.
Por eso, al escuchar a
esta embrióloga devenida
artista, regalar otras
obras, asumidas y
sentidas como suyas, el
resultado no puede ser
otro que un lujo de gran
calidad. Anótese además
la soltura de esta
muchacha para moverse en
diversos géneros
musicales, como
intérprete y como
compositora. Valgan como
ejemplos ese clásico que
es “Moliendo café”,
de Mario Suárez;
un “Solo le pido a
Dios”, de León Gieco, en
atrevido arreglo al
mejor aire de la rumba
de cajón de un solar
cubano; o la incursión
por un temazo como
“Parece un aguacero, de
Levis Aleaga, entre
otros. Pero además, en
sus propios temas, la
compositora igualmente
puede hacer guiños a
referencias de la música
árabe, como esa “Nana
árabe” que tiene además
importante apuntes
textuales bíblicos; o su
“Nana Guajira”, al rico
modo de un guateque
campesino, o sus
apelaciones al rock, al
blues, al sucu-sucu o al
más tradicional de lo
sones, por solo
mencionar géneros de
algunas de sus
canciones.
Otro renglón está en que
su banda funciona como
bien engrasado mecanismo
para apoyar la voz y las
obras de Yamira.
Destaque igualmente para
el detalle de usar dos
cajones, además de otros
instrumentos, en su set
de percusión: muy bueno
el efecto y muy
conectados y
complementados Boris
Miguel y Rasiel García
en la percusión hecha
más de una vez a cuatro
manos y a un solo
platillo. En este
renglón de los apuntes
sobre el grupo
acompañante no puedo
dejar de mencionar el
carisma y la
extraordinaria fuente de
buena energía que
desborda en la escena
Beatriz Ordaz. No solo
en la flauta o la
zampoña, o en las
misceláneas percutidas y
coros que realiza, sino
en su inagotable y
contagiosa sonrisa,
perenne y afinada con
cada nota que suena en
el concierto. Esta
muchacha es un bálsamo
que llega al público y
se suma para redondear
en validez y disfrute el
regalo que resultan la
música y los versos que
se sienten.
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Muy grato el escuchar a
Yamira Díaz. A no
dudarlo, Yamira es una
de las más importantes
cultivadoras de la trova
actual en Cuba y está
entre los nombres a la
vanguardia, no solo
entre las compositoras
sino en general en toda
la trova. Muchas y más
canciones, de tanta
belleza y buen hacer
como las que exhibió en
esta tarde, le deseamos
a esta pequeña gigante
del arte de hacer vida
desde una guitarra. Y
que el fatalismo
geográfico de navegar
por predios no
capitalinos, como lo es
su Pinar del Río, no
impida que se propague
la cálida llama de sus
obras.
Felicitamos también al
colectivo del Centro
Cultural Pablo de la
Torriente Brau por estos
11 años de mucho hacer.
La memoria de la canción
trovera cubana de los
últimos años tiene una
gran deuda con el
trabajo del equipo de
esta institución. A
saber cuántas canciones,
y hasta artistas, se
hubieran quizá malogrado
en estos años cercanos
de carencias y durezas
de no haber quedado
registradas sus obras y
labores en los
conciertos A guitarra
limpia, en sus fotos
y videos, en sus
catálogos. Queda solo
desearles entonces un
buen viento para sus
guitarras, y que sigan
sonando, como pedía Noel
Nicola en uno de sus
versos, limpia y sin
amarras, bien. |