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La Historia me absolverá
llegó a Bayamo en un transporte
de Servicio por Carretera,
consignados a Ambrosio Fornet
Frutos (Pocho), ex secretario
organizador de la Juventud
Ortodoxa en la Ciudad Monumento.
Los paquetes que contenían los
folletos quedaron depositados en
un almacén situado cerca del
Banco Núñez, donde trabajaba y
al poco rato fueron recogidos en
un automóvil marca Buick de
color gris, propiedad de José
Gil Peiro, padre de Silvia Gil,
la novia de Pocho Fornet,
manejado por un chofer de
confianza. Esa misma tarde los
cinco mil folletos consignados a
Pocho pasaron a manos de Ofelia
Frutos.
Bayamo era un hervidero. Los
jóvenes oposicionistas ya
estaban enterados de la llegada
de La Historia me absolverá
y algunos habían leído los
primeros ejemplares
distribuidos. Ofelia estaba muy
inquieta. Después de distribuir
folletos entre sus vecinos
decidió irse al centro de la
ciudad para repartir algunos más
y allí constató que se había
corrido la voz, por la ciudad de
Bayamo, de la existencia de ese
material “subversivo”. Fue
entonces cuanto aceptó el
ofrecimiento de una amiga suya,
Doña Lola, de guardarle los
folletos. Ofelia Frutos regresó
al reparto Nuevo Bayamo y junto
con su hijo Cesarín que tenía
una motocicleta y Argelia
Hernández, una empleada del
servicio doméstico que viajaba
en guagua, trasladaron gran
parte de los folletos para la
casa de Lola Reyes, en la jaba
para los mandados. Por su parte,
Robert Paneque, el barbero de
Zenea 29 colocaba La Historia
me absolverá entre otros
sectores y municipios.
Robert Paneque, alto, delgado,
muy trigueño, era un barbero muy
conocido en la ciudad y como
todo joven de aquella época
gustaba de pasearse por el
parque todas las noches. Fue en
el parque donde se enteró que
los Ameijeiras y Miguelito
Fernández Roa buscaban a
Ambrosio Fornet. Él, que conocía
a todo Bayamo, les dijo a los
jóvenes de La Habana cómo
encontrarlo. El barbero de Zenea
29 también era ortodoxo.
Paneque añade en el testimonio
que me hizo en su casa, que los
Fornet mandaron un poco de
paquetes para la Sierra Maestra
y otros los depositaron —como
había dicho Ofelia— en la casa
de Doña Lola, para su
redistribución. Él conocía
perfectamente a Lola, vivía en
la esquina de José Manuel Capote
y Martí.
Los ejemplares de La Historia
me absolverá entregados a
Roberto Paneque por Doña Lola,
fueron vendidos en un carro de
reparto de helados Guarina,
manejado por Esteban Fonseca
Maceo, un cuñado de Roberto,
quien recuerda que el carrito
era muy pintoresco y tenía un
fotuto que emitía un sonido
singular reconocido en cualquier
lugar, sobre todo en las zonas
rurales donde había caminos y
podía transitar vendiendo
helados. Así se distribuyó La
Historia me absolverá por
Cauto del Paso, Aguas Verdes,
Cayamas, Cauto Embarcadero,
Babiney y otros barrios de las
estribaciones de la Sierra
Maestra. También se introdujo en
la fábrica de leche condensada
Nestlé, de Bayamo, por conducto
de Rigoberto Guevara y Antonio
Barredo Morell.
Otra de las cosas interesantes
es que en la barbería de Paneque,
situada en Juan Clemente Zenea
2, (antes número 29) —donde
vivió muchos años durante la
revolución triunfante— se abrió,
de hecho en aquellos tiempos, en
plena clandestinidad, un círculo
de estudios políticos entre los
clientes, tomando como material
de base el alegato de Fidel
La Historia me absolverá.
Por si fuera poco, el folleto
subió a un lugar llamado
Pinalito, donde jóvenes de la
región fundaron una escuela para
enseñar a leer y escribir a los
campesinos, y darles alguna
cultura literaria y política.
Aunque efímera, la escuela
recibió algunos libros valiosos:
La Edad de Oro, de José
Martí; el Mensaje Lírico,
de Rubén Martínez Villena y
La Historia me absolverá.
Paneque había promovido también,
años antes el folleto de la
Juventud Ortodoxa El
pensamiento ideológico y
político de la juventud cubana,
tesis de la Comisión Nacional
Organizadora de la Sección
Juvenil del Partido del Pueblo
Cubano (Ortodoxo), editado
en 1948, donde también se
planteaban los problemas de la
tierra y otros, coincidentes con
los pronunciamientos de Fidel en
su alegato.
También les había llegado el
folleto a los pocos moncadistas
que lograron salir del país
hacia el exilio, entre ellos
Antonio Ñico López, vendedor del
mercado, combatiente del asalto
al cuartel de Bayamo y una de
las figuras que despuntara con
más madera de líder en pocos
años, fatalmente asesinado días
después del desembarco del
Granma.
La consigna para los que
lograron evadir la persecución
en el país fue dirigirse a
Guatemala para apoyar las
medidas populares de Jacobo
Arbenz, amenazado por las
bananeras norteamericanas y el
gobierno de los EE.UU. Entre los
primeros en llegar a Guatemala
estuvo Ñico. Fue allí donde el
joven cubano se encontraría con
otro revolucionario de ideas muy
afines y tal vez teóricamente
más avanzadas que las de algunos
de los combatientes del
Movimiento de la Generación del
Centenario: era el joven médico
argentino Ernesto Guevara de la
Serna, el Che.
El Che irrumpió en el escenario
histórico cubano por conducto de
Ñico López. Por Ñico se enteró
pormenorizadamente de los hechos
del Moncada, el programa y
obtuvo los primeros elementos
sobre la proyección y
personalidad del máximo líder de
la oposición a Batista, el joven
abogado Fidel Castro Ruz.
Después de la caída de Arbenz
preparada y protagonizada por el
gobierno imperialista de los
EE.UU., ambos jóvenes se
refugiaron en México donde el
Che conocería a Raúl y luego a
Fidel. Bastó una noche de
diálogo franco para que el
médico argentino se
comprometiera hasta las últimas
consecuencias con la revolución
que se gestaba en Cuba
respondiendo al programa del
Moncada contenido en La
Historia me absolverá.
El programa del Moncada abarcaba
cuestiones tan sensibles como el
problema de la tierra, el
problema de la
industrialización, el problema
de la vivienda, el problema del
desempleo, el problema de la
educación y el problema de la
salud del pueblo. Reconocía la
Constitución de 1940, pisoteada
por la dictadura, la cual en uno
de sus postulados proscribía
drásticamente el latifundio,
problema tan agudo en Cuba como
en otros países de América; en
el caso cubano, las mejores
tierras y en astronómicas
extensiones eran propiedad de
compañías norteamericanas y de
algunos terratenientes
nacionales.
En su alegato, Fidel recordaba
que una de las leyes
revolucionarias que hubiera
puesto en práctica
inmediatamente la Revolución, de
haber tenido éxito el asalto por
sorpresa del Moncada, habría
sido la que ordenaba “la
confiscación de todos los bienes
a todos los malversadores de
todos los gobiernos y a sus
causahabientes y herederos de
procedencia mal habida, mediante
tribunales especiales con
facultades plenas de acceso a
todas las fuentes de
investigación, de intervenir a
tales efectos las compañías
anónimas inscriptas en el país o
que operaran en él, donde puedan
ocultarse bienes malversados y
de solicitar de los gobiernos
extranjeros extradición de
personas y embargo de bienes. La
mitad de los bienes recobrados
pasarían a engrosar las cajas de
retiros obreros y la otra mitad
a los hospitales y casas de
beneficencia”.
El programa declaraba, además,
que “la política cubana en
América sería de estrecha
solidaridad con los pueblos
democráticos del continente y
que los perseguidos políticos
por sangrientas tiranías que
oprimen a naciones hermanas,
encontrarían en la Patria de
Martí, no como hoy, persecución,
hambre y traición, sino asilo
generoso, hermandad y pan. Cuba
debía ser baluarte de libertad y
no eslabón vergonzoso de
despotismo”.
Del mismo modo anunciaba La
Historia me absolverá, de
forma muy concreta, otras
medidas fundamentales que
tomaría la Revolución en el
poder: Reforma Agraria, Reforma
Integral de la Enseñanza,
Nacionalización del Trust
Eléctrico y el Trust Telefónico.
De nuevo sobre el latifundio
explicaba que más de la mitad de
las mejores tierras de
producción cultivadas, estaba en
manos extranjeras.
Ejemplificaba: En Oriente, que
es la provincia más ancha, las
tierras de la United Fruit
Company y la West Indian unen la
costa norte con la costa sur.
Hacía también un llamado a la
conciencia de la sociedad en su
conjunto: “La sociedad se
conmueve ante la noticia del
secuestro o el asesinato de una
criatura, pero permanece
criminalmente indiferente ante
el asesinato en masa que se
comete con tantos miles y miles
de niños que mueren todos los
años por falta de recursos,
agonizando entre estertores de
dolor y cuyos ojos inocentes, ya
en ellos el brillo de la muerte,
parecen mirar hacia lo infinito
como pidiendo perdón para el
egoísmo humano y que no caiga
sobre los hombres la maldición
de Dios”.
Al Che le fue fácil hacer suyo
el programa contenido en La
Historia me absolverá, desde
la primera información que
recibiera por conducto de Ñico
López.
Curiosamente en julio de 1953,
en los días del Moncada el joven
médico Ernesto Guevara de la
Serna se encontraba visitando
Bolivia donde acababa de
triunfar un movimiento popular
revolucionario que Fidel
menciona en La Historia me
absolverá.
Fuente: La Pequeña Gigante.
Historia de La Historia me
absolverá. |