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Próximo a
cumplirse el primer aniversario
del hermoso esfuerzo de un
puñado de jóvenes que, sin más
armas apenas que su dignidad y
sus ideales, se lanzaron a un
combate a muerte contra la
tiranía, un grupo de
intelectuales cubanos, unidos
por comunes simpatías y
admiración, nos propusimos
publicar íntegro el discurso
pronunciado por el doctor Fidel
Castro ante el tribunal de
urgencia de Santiago de Cuba, el
16 de octubre de 1953. Ello ha
sido posible gracias a la
versión taquigráfica completa
que generosamente nos facilitó
uno de los periodistas que
asistió a aquella memorable
sesión. Fue necesario, después,
un trabajo un poco arduo para
buscar y comprobar en textos
originales todas las citas
expuestas en el discurso.
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El doctor Fidel
Castro no fue juzgado en unión
de los demás acusados: apenas
comenzado el juicio, donde se
hizo cargo de su propia defensa,
lo sustrajeron ilegalmente, no
lo presentaron más ante los
tribunales hasta que aquel hubo
concluido. Fue juzgado entonces
más tarde en un cuarto del
Hospital Civil, donde se
prohibió el acceso al público,
con excepción de varios
periodistas, que estaban
amordazados enteramente por la
censura previa y la ley de orden
público. Era evidente que
existía extraordinario interés
por parte del gobierno en ahogar
sus pronunciamientos. El
discurso que pronunció, no
obstante estas circunstancias,
se considera el más formidable y
valiente alegato que se haya
esgrimido ante un tribunal de
justicia cubano y el más
demoledor enjuiciamiento que
haya hecho alguien del actual
régimen de fuerza. La forma en
que ocurrieron los hechos, el
programa revolucionario del
movimiento, los crímenes
repugnantes que se cometieron
con los prisioneros después del
combate, el vergonzoso e inmoral
contubernio del poder judicial
con la dictadura, y los
principios de derecho y justicia
que asistían a los
revolucionarios en la lucha,
todo está expuesto con lenguaje
claro, implacable y elocuente,
que no transige un solo instante
con los convencionalismos e
hipocresías de la época
presente. El discurso ofrece el
espectáculo incomparable de un
hombre solo, entregado en cuerpo
y alma a la defensa de una
verdad; va despertando, de
párrafo en párrafo, un interés
subyugante y no es posible
dejarlo hasta haber leído el
último, bajo la profunda
impresión de estar en presencia
de un idioma nuevo por completo
en el enjuiciamiento de nuestras
cuestiones públicas, de lógica
implacable en la crítica y en el
ataque y que, con hechos y
argumentos irrebatibles, va
probando todas sus afirmaciones
desde el principio hasta el
final. Entendemos que su
publicación es la más formidable
réplica que puede darse a la
pluma del mercenario y mediocre
escritor yanqui
que acaba de escribir una
biografía, pagada con el dinero
de la república y repleta de
mentiras y falsedades
históricas, endiosando al
millonario del Waldorf Astoria;
un traidor a la patria de
Lincoln que hace el panegírico
al verdugo de la patria de
Martí. La verdadera biografía de
Batista y su papel en el destino
de Cuba, está escrita para
siempre en el discurso que
pronunció más que para un
tribunal civil y coaccionado,
para el tribunal de la historia,
un joven cubano de veintisiete
años que hoy está sepultado vivo
en una celda miserable de la
Isla de Pinos, sin poder hablar
siquiera con otro ser humano,
incomunicado de su patria y de
su familia y sufriendo la más
cruel prisión política que haya
visto nadie, por el solo temor
que irradia su verdad escrita
con sacrificio y martirio.
Este discurso de
elevado valor moral e
ideológico, será editado además
en el extranjero con mejor
material y distribuido por todos
los países democráticos de
América, para que se conozca el
heroísmo y los altos ideales de
la juventud cubana queriendo
hacer a la nación digna del
tributo y el cariño con que
América entera recordó al
Apóstol de nuestras libertades
el Año del Centenario, supo
rendirle en la patria oprimida,
el homenaje de sus vidas.
Hasta el derecho
a ser hombres lo niega el
dictador a los cubanos, de ahí
su odio y su ira enferma contra
los valientes que desafiaron
cara a cara su poder. Sesenta
jóvenes cubanos cruelmente
asesinados después de la lucha
levantaban desde sus tumbas los
brazos heroicos para acusarlo y
la voz de veinte y nueve
mártires vivos, enterrados en
las galeras sombrías de Isla de
Pinos, empieza a escucharse en
los cielos de Cuba pidiendo el
castigo de los asesinos; esa voz
es la esperanza de la patria en
medio del ambiente cobarde y
pútrido de hoy; más fuerte será
y más alta cuantos menos sean en
esta hora de vergüenza los que
digan la verdad. Por cuanto,
tantos han callado llenos de
miedo y faltos de civismo y de
lealtad a la nación, creemos
prestarle un servicio a la
patria publicando las palabras
inolvidables de un cubano digno.
Llegue hasta
ellos, en las lúgubres prisiones
donde pagan su amor a Cuba, el
aliento cariñoso de todo un
pueblo.
Fuente: Viaje a los frutos.
Selección de Ana Cairo. La
Habana
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