|

"Julieta", 1973 |
Habanera fue durante muchos años
un enunciado asociado a la
música y a un compositor.
Inclusive, habaneras son piezas
musicales bailables ampliamente
difundidas en la Isla y en
España. Pero es posible que
después de la exposición de
Servando Cabrera en la Galería
de La Habana, titulada
Habanera tú, en 1975, el
vocablo se haya deslizado como
formulación vinculada a la
plástica, a la visualidad,
reforzado por el cine con un
filme de igual nombre facturado
en 1984.
¿Habanera tú es la
respuesta de un creador que se
niega a dejar de producir en un
contexto marcado por las
turbulencias ideológicas?
¿Evasión ante la incomprensión?
A la sazón, una parte del
público encontró el conjunto
relamido, sin la fuerza de lo
realizado anteriormente. Hasta
se le reprochó cierto facilismo.
Treinta y cuatro años después,
¿qué lugar le ha concedido el
tiempo? Exhibir estas piezas hoy
en este Museo Biblioteca
Servando Cabrera Moreno nos
enfrenta con una etapa de
abordaje diferente: la mujer
como núcleo duro, y a la vez nos
conecta, queramos o no, con los
criterios de quienes no la
recibieron positivamente. Unamos
nuestras conciencias actuales al
público de entonces y con el
sosiego que procura la distancia
valoremos, o al menos juzguemos,
sin prejuicios esa franja de la
producción de Servando.
Más allá del título, Cabrera
Moreno reposiciona la figura
femenina, indaga en su propia
obra y extrae una tematización
que con registros diferenciados
acumulaba una tradición y una
experiencia. Retoma el icono que
desde antes de graduarse en San
Alejandro se había asomado en
los retratos de amigas y
familiares. Recicla y recrea una
imagen que, a través de formas
amorfas envueltas en volúmenes
movedizos, vamos descubriendo en
las Señoritas de Buenavista,
o La mesa, conducidos por
esos títulos vernáculos,
citadinos o convencionales.
Representación que no desaparece
en los conjuntos de campesinos y
milicianos, sino que se escurre
y confunde sus perfiles con los
grupos, y emerge en la escena de
una sagrada familia rural.
Tampoco se extingue en la etapa
erótica; tal vez se fragmenta,
nos muestra otras aristas de la
representación, enfatiza el
cuerpo y esconde el rostro.
Habaneras reconstruye una nueva
imagen heredera de un pasado,
pero reconvertida ahora en
emblema. Emblema explícito en
cierta ambigüedad de los
rostros; en el amasijo de
ondulantes líneas que enmarcan
rostros, ofrecen volúmenes y un
ornamento suave, lánguido, pero
firme.
Figuras de perfil y de frente,
que parecen mudarse de un cuadro
al otro. Cuellos largos,
estilizados, inclinados,
coronados de cabezas, no a la
manera de Modigliani, sino al
estilo de Servando. Son como
saetas, diagonales que apuntan a
un doble drama: el de la mujer y
el del artista.
|

"Rosario", 1980 |
El tema de la mujer implica una
lectura desde el contexto y en
ese sentido es útil recordar la
realización de cintas cubanas
sobre el asunto en la década del
70. Entre otras, Retrato de
Teresa (1979), por ejemplo,
cuyo cartel lo realizara
Servando con el tema de las
Habaneras. ¿Qué pasó con aquella
miliciana? Después de las
primeras urgencias, se tuvo que
enfrentar a una realidad y la
aparente realidad terminó en
drama. Entonces, el tinte de
masculinidad en la
representación de las Habaneras,
tal vez, le otorga la dureza. Es
una mujer que entra en el ámbito
de lo masculino.
Por otra parte, en términos
discursivos hay un gusto del
artista por la utilización de la
diagonal que puede considerarse
otro emblema. La diagonal es
símbolo de desequilibrio; turba
la quietud que suelen ofrecer la
horizontal y la vertical; es la
desviación del equilibrio, la
quiebra de lo estático. La
diagonal personifica lo
inestable; contradice el
contorno de un cuadro, el límite
de la pared; fractura el cuadro
y apunta al triángulo, el
símbolo de la laceración y del
fragmento.
Óvalos, líneas, colores suaves,
figuras lánguidas. Sin perder
vigor se encuentran en ese
momento acumulativo de la fuerza
que prepara para el
enfrentamiento. ¿A dónde miran
esas mujeres? ¿Al infinito? ¿O
la mirada aparentemente vacía no
es más que el confluir de ideas,
reflexiones, autorreconocimiento?
Estas mujeres, al igual que su
creador, no son inocentes. En
ellas lo aparencial enmascara
una realidad otra, un momento de
silencio donde bulle un futuro.
Es posible que no concuerden con
mi interpretación. Puede haber
otras, lo cual significa que no
hay facilismo. Entonces, los
invito a repensar estas obras,
pero ahora desde el siglo XXI.
Muchas gracias.
Palabras en la inauguración de
la muestra Habanera: diosa
indiana. Museo Biblioteca
Servando Cabrera Moreno,
noviembre de 2009.
|