Año VIII
La Habana
28 de NOVIEMBRE
al 4 de DICIEMBRE
de 2009

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Habanera: diosa indiana

Luz Merino Acosta • La Habana

Fotos: Cortesía de la Casa-Museo Servando Cabrera

 


"Julieta", 1973

Habanera fue durante muchos años un enunciado asociado a la música y a un compositor. Inclusive, habaneras son piezas musicales bailables ampliamente difundidas en la Isla y en España. Pero es posible que después de la exposición de Servando Cabrera en la Galería de La Habana, titulada Habanera tú, en 1975, el vocablo se haya deslizado como formulación vinculada a la plástica, a la visualidad, reforzado por el cine con un filme de igual nombre facturado en 1984.

¿Habanera tú es la respuesta de un creador que se niega a dejar de producir en un contexto marcado por las turbulencias ideológicas? ¿Evasión ante la incomprensión? A la sazón, una parte del público encontró el conjunto relamido, sin la fuerza de lo realizado anteriormente. Hasta se le reprochó cierto facilismo.

Treinta y cuatro años después, ¿qué lugar le ha concedido el tiempo? Exhibir estas piezas hoy en este Museo Biblioteca Servando Cabrera Moreno nos enfrenta con una etapa de abordaje diferente: la mujer como núcleo duro, y a la vez nos conecta, queramos o no, con los criterios de quienes no la recibieron positivamente. Unamos nuestras conciencias actuales al público de entonces y con el sosiego que procura la distancia valoremos, o al menos juzguemos, sin prejuicios esa franja de la producción de Servando.

Más allá del título, Cabrera Moreno reposiciona la figura femenina, indaga en su propia obra y extrae una tematización que con registros diferenciados acumulaba una tradición y una experiencia. Retoma el icono que desde antes de graduarse en San Alejandro se había asomado en los retratos de amigas y familiares. Recicla y recrea una imagen que, a través de formas amorfas envueltas en volúmenes movedizos, vamos descubriendo en las Señoritas de Buenavista, o La mesa, conducidos por esos títulos vernáculos, citadinos o convencionales.

Representación que no desaparece en los conjuntos de campesinos y milicianos, sino que se escurre y confunde sus perfiles con los grupos, y emerge en la escena de una sagrada familia rural. Tampoco se extingue en la etapa erótica; tal vez se fragmenta, nos muestra otras aristas de la representación, enfatiza el cuerpo y esconde el rostro.

Habaneras reconstruye una nueva imagen heredera de un pasado, pero reconvertida ahora en emblema. Emblema explícito en cierta ambigüedad de los rostros; en el amasijo de ondulantes líneas que enmarcan rostros, ofrecen volúmenes y un ornamento suave, lánguido, pero firme.

Figuras de perfil y de frente, que parecen mudarse de un cuadro al otro. Cuellos largos, estilizados, inclinados, coronados de cabezas, no a la manera de Modigliani, sino al estilo de Servando. Son como saetas, diagonales que apuntan a un doble drama: el de la mujer y el del artista.


"Rosario", 1980

El tema de la mujer implica una lectura desde el contexto y en ese sentido es útil recordar la realización de cintas cubanas sobre el asunto en la década del 70. Entre otras, Retrato de Teresa (1979), por ejemplo, cuyo cartel lo realizara Servando con el tema de las Habaneras. ¿Qué pasó con aquella miliciana? Después de las primeras urgencias, se tuvo que enfrentar a una realidad y la aparente realidad terminó en drama. Entonces, el tinte de masculinidad en la representación de las Habaneras, tal vez, le otorga la dureza. Es una mujer que entra en el ámbito de lo masculino.

Por otra parte, en términos discursivos hay un gusto del artista por la utilización de la diagonal que puede considerarse otro emblema. La diagonal es símbolo de desequilibrio; turba la quietud que suelen ofrecer la horizontal y la vertical; es la desviación del equilibrio, la quiebra de lo estático. La diagonal personifica lo inestable; contradice el contorno de un cuadro, el límite de la pared; fractura el cuadro y apunta al triángulo, el símbolo de la laceración y del fragmento.

Óvalos, líneas, colores suaves, figuras lánguidas. Sin perder vigor se encuentran en ese momento acumulativo de la fuerza que prepara para el enfrentamiento. ¿A dónde miran esas mujeres? ¿Al infinito? ¿O la mirada aparentemente vacía no es más que el confluir de ideas, reflexiones, autorreconocimiento? Estas mujeres, al igual que su creador, no son inocentes. En ellas lo aparencial enmascara una realidad otra, un momento de silencio donde bulle un futuro.

Es posible que no concuerden con mi interpretación. Puede haber otras, lo cual significa que no hay facilismo. Entonces, los invito a repensar estas obras, pero ahora desde el siglo XXI.

Muchas gracias.

Palabras en la inauguración de la muestra Habanera: diosa indiana. Museo Biblioteca Servando Cabrera Moreno, noviembre de 2009.

 
             Galería de obras de la exposición: Habanera. Diosa indiana

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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