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Fotos: La Jiribilla |
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Recuerdo que por motivo de la actuación
del pianista concertista Frank Fernández
en el salón de actos de la Real Academia
de Bellas Artes de San Fernando en
Madrid el 5 de febrero de 2004, escribí
para estas mismas páginas, en un texto
titulado
Frank Fernández: con la firmeza del
cariño, que “a su
regreso de España, nos enteramos como al
final de su interpretación de la Gran
Polonesa de Federico Chopin, el público
se puso de pie en más de seis ocasiones
para tributarle prolongadas ovaciones
además que la paradigmática “Zapateo por
derecho”, tuvo que repetirla.
Obviamente, si en este regio Salón de
Actos, el concierto de Frank provocó que
se rompieran las exigentes reglas del
protocolo como la de permitir que el
público emocionado, incluso varios con
los ojos humedecidos, fueran al camerino
para saludar al impresionante músico
cubano, es porque se enfrentaron a una
inusual interpretación en esa augusta
sala, que los dejó pletóricos de
sensaciones.
En tal sentido, no creo que mi intuición
de lo que iba a sucederle en esta gira
fuera premonitoria. Sencillamente, como
todos los cubanos que hemos sido
atrapados por el magnetismo del arte en
sus conciertos, era de esperar que
maravillara por igual a los españoles
como a cualquier otro ciudadano
sensible, independientemente del país
que sea. Desde entonces, muchas han sido
las experiencias similares en tal
sentido, como esta que tiene lugar a
principios del pasado mes de junio
durante su primera gira por Canadá,
específicamente en el Teatro
Universitario del Centro Riddell en
Regina, en Saskatchewan o la antigua
Capilla del Colegio Shawnigan Lake en
Victoria, Vancouver.
Antecedido por su hija, la también
pianista Liana Fernández, quien le
preparó la escena con exquisito gusto en
la interpretación de obras de
compositores cubanos y argentinos muy
bien recibidas, la actuación del maestro
provocó los entusiasmados aplausos de un
público conmovido por la autenticidad
del derroche de virtuosismo y emotividad
que ineludiblemente entrega Frank en su
versión al piano del “Ave María”, de
Bach_Gounod seguida por la de Schubert
así como sucede con piezas del
repertorio de Cervantes y de Chopin.
Pero de acuerdo con las reseñas de la
prensa local, donde se llega a reconocer
que después de un concierto de Frank
Fernández, quienes tuvieron el
privilegio de asistir, nunca serán los
mismos, el punto culminante en ambas
presentaciones es la “Suite para dos
pianos”, trabajo que le tomó 40 años
culminarlo, pero nos deja extasiados por
la comunión entre el artista y su obra,
conformada esta por elementos de la
música sinfónica fusionados con ritmos
cubanos y latinoamericanos. Aquí aparece
incluida la mencionada “Zapateo por
derecho” donde Frank en vivo alterna con
un Frank grabado, para convertirse en
una genuina propuesta pianística,
realmente única en su intención de
dejarnos sin aliento, sencillamente
estupefactos.
Dialogar con esta personalidad desde la
franqueza que permite una añejada
amistad, consolida la opinión en torno a
ese don implícito en los elegidos de las
deidades, ya que no se le concede un
momento de reposo al desdoblarse en
talento puro donde quiera que ponga sus
manos. Por ejemplo, este año que culmina
nos muestra la huella de un ser humano a
quien en su profesión como músico, le
resulta inconcebible la no realización
de los más disímiles proyectos por
complicado que pueda encontrarse en
determinado momento.
Por ejemplo, para la clausura del
Cubadisco 2009, evento dedicado a la
música de Puerto Rico, Frank junto con
la orquesta Sinfónica Nacional dirigida
por el maestro Enrique Pérez Mesa,
acompaña a los cantantes Danny Rivera y
a Omara Portuondo en memorables
interpretaciones de clásicos
patrimoniales de ambos pueblos.
Tiene a su cargo la conmemoración del X
Aniversario de la Restauración del
Teatro Amadeo Roldan, en cuyo teatro
ostenta el honroso galardón de ser el
solista que más veces ha actuado en el
mismo. En cuanto a su proyección en el
exterior, además del recorrido por los
escenarios canadienses, el 22 de mayo
interpreta en Caracas el Concierto No. 2
de Rachmaninov con la Orquesta Sinfónica
Juvenil Simón Bolívar dirigida por
Christian Vázquez, oportunidad que
aprovecha para ratificar que en el arte
no hay edad: “Ser mayor no significa que
necesariamente hay más talento como
tampoco ser joven hay que relacionarlo
con la inmadurez”, afirma el maestro
satisfecho por la unión de generaciones
que ha permitido una velada inolvidable
para un público que lo obliga salir
varias veces a escena.
En lo relativo a las propuestas
discográficas, Frank ha tenido el
acierto de grabar lo que sucede casi
siempre cuando él está en una fiesta,
que si hay un piano, acaba tocando esos
monumentos musicales de César Portillo
de la Luz, de Pablo Milanés o de José
Antonio Méndez como “Novia mía”, canción
que da título a este refrescante disco
de Bis Music.
Semejante colección de canciones
preferidas suyas como también de todos
nosotros, para nada puede ser
considerada como una obra menor porque
el pianista al capturar la esencia misma
de cada composición, le añade su
imaginativa recreación que transforma a
cada pieza en un precioso instante de
honrar nuestra identidad desde lo más
profundo del alma cubana.
Otro tanto ocurre con el disco Canto
de mis abuelos, fonograma donde
Frank venera las raíces españolas y
africanas con un sello que identificamos
de inmediato por el aliento de su
personal estilo. Este singular trabajo
en la discográfica del maestro abre con
una inspirada bulería llamada “Dolores”,
nos sorprende a mitad del recorrido con
la memorable “Suite para dos pianos” y
entonces termina con “Guaguan piano”,
extraordinaria muestra de la dinámica
búsqueda de Frank Fernández en el
entorno de la cubanidad, en un
compromiso de continuidad y ruptura
compartido con otra institución de altos
quilates como Los Muñequitos de
Matanzas.
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Precisamente, es durante la filmación
del video clip de esta pieza, dirigido
por Eduardo Moltó, que Frank sufre un
accidente que le provoca una fractura
triple del hombro izquierdo que lo
obliga a someterse a una intervención
quirúrgica el primero de julio además de
otras tres operaciones en el abdomen que
tenía pendientes. Sin embargo, ya para
el 30 de septiembre, el maestro
plenamente recuperado, es invitado para
los actos del Aniversario 213 por la
Fundación de Las Tunas, en el Día de la
Décima Hispanoamericana.
El colofón de este recuento del quehacer
de Frank Fernández en este movido año
que se va, nos lo ofrece el propio
músico desde un análisis que proveniente
de alguien con una trayectoria tan
extensa como exitosa, nos invita a
meditar: “El que crea que sabe mucho de
la vida, es un tonto. Nunca se acaba de
aprender. Incluso hasta en el día de la
muerte, porque aunque nadie ha regresado
para contarlo, a lo mejor después de ese
día, seguimos aprendiendo.”
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