Año VIII
La Habana
2009

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 
 

En el difícil arte de aprender cada día

Guille Vilar • La Habana

Fotos: La Jiribilla


Recuerdo que por motivo de la actuación del pianista concertista Frank Fernández en el salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid el 5 de febrero de 2004, escribí para estas mismas páginas, en un texto titulado Frank Fernández: con la firmeza del cariño, que “a su regreso de España, nos enteramos como al final de su interpretación de la Gran Polonesa de Federico Chopin, el público se puso de pie en más de seis ocasiones para tributarle prolongadas ovaciones además que la paradigmática “Zapateo por derecho”, tuvo que repetirla. Obviamente, si en este regio Salón de Actos, el concierto de Frank provocó que se rompieran las exigentes reglas del protocolo como la de permitir que el público emocionado, incluso varios con los ojos humedecidos, fueran al camerino para saludar al impresionante músico cubano, es porque se enfrentaron a una inusual interpretación en esa augusta sala, que los dejó pletóricos de sensaciones.

En tal sentido, no creo que mi intuición de lo que iba a sucederle en esta gira fuera premonitoria. Sencillamente, como todos los cubanos que hemos sido atrapados por el magnetismo del arte en sus conciertos, era de esperar que maravillara por igual a los españoles como a cualquier otro ciudadano sensible, independientemente del país que sea. Desde entonces, muchas han sido las experiencias similares en tal sentido, como esta que tiene lugar a principios del pasado mes de junio durante su primera gira por Canadá, específicamente en el Teatro Universitario del Centro Riddell en Regina, en Saskatchewan o la antigua Capilla del Colegio Shawnigan Lake en Victoria, Vancouver.

Antecedido por su hija, la también pianista Liana Fernández, quien le preparó la escena con exquisito gusto en la interpretación de obras de compositores cubanos y argentinos muy bien recibidas, la actuación del maestro provocó los entusiasmados aplausos de un público conmovido por la autenticidad del derroche de virtuosismo y emotividad que ineludiblemente entrega Frank en su versión al piano del “Ave María”, de Bach_Gounod seguida por la de Schubert así como sucede con piezas del repertorio de Cervantes y de Chopin. Pero de acuerdo con las reseñas de la prensa local, donde se llega a reconocer que después de un concierto de Frank Fernández, quienes tuvieron el privilegio de asistir, nunca serán los mismos, el punto culminante en ambas presentaciones es la “Suite para dos pianos”, trabajo que le tomó 40 años culminarlo, pero nos deja extasiados por la comunión entre el artista y su obra, conformada esta por elementos de la música sinfónica fusionados con ritmos cubanos y latinoamericanos. Aquí aparece incluida la mencionada “Zapateo por derecho” donde Frank en vivo alterna con un Frank grabado, para convertirse en una genuina propuesta pianística, realmente única en su intención de dejarnos sin aliento, sencillamente estupefactos.

Dialogar con esta personalidad desde la franqueza que permite una añejada amistad, consolida la opinión en torno a ese don implícito en los elegidos de las deidades, ya que no se le concede un momento de reposo al desdoblarse en talento puro donde quiera que ponga sus manos. Por ejemplo, este año que culmina nos muestra la huella de un ser humano a quien en su profesión como músico, le resulta inconcebible la no realización de los más disímiles proyectos por complicado que pueda encontrarse en determinado momento.

Por ejemplo, para la clausura del Cubadisco 2009, evento dedicado a la música de Puerto Rico, Frank junto con la orquesta Sinfónica Nacional dirigida por el maestro Enrique Pérez Mesa, acompaña a los cantantes Danny Rivera y a Omara Portuondo en memorables interpretaciones de clásicos patrimoniales de ambos pueblos.

Tiene a su cargo la conmemoración del X Aniversario de la Restauración del Teatro Amadeo Roldan, en cuyo teatro ostenta el honroso galardón de ser el solista que más veces ha actuado en el mismo. En cuanto a su proyección en el exterior, además del recorrido por los escenarios canadienses, el 22 de mayo interpreta en Caracas el Concierto No. 2 de Rachmaninov con la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar dirigida por  Christian Vázquez,  oportunidad que aprovecha para ratificar que en el arte no hay edad: “Ser mayor no significa que necesariamente hay más talento como tampoco ser joven hay que relacionarlo con la inmadurez”, afirma el maestro satisfecho por la unión de generaciones que ha permitido una velada inolvidable para un público que lo obliga salir varias veces a escena.

En lo relativo a las propuestas discográficas, Frank ha tenido el acierto de grabar lo que sucede casi siempre cuando él está en una fiesta, que si hay un piano, acaba tocando esos monumentos musicales de César Portillo de la Luz, de Pablo Milanés o de José Antonio Méndez como “Novia mía”, canción que da título a este refrescante disco de Bis Music.

Semejante colección de canciones preferidas suyas como también de todos nosotros, para nada puede ser considerada como una obra menor porque el pianista al capturar la esencia misma de cada composición, le añade su imaginativa recreación que transforma a cada pieza en un precioso instante de honrar nuestra identidad desde lo más profundo del alma cubana.

Otro tanto ocurre con el disco Canto de mis abuelos, fonograma donde Frank venera las raíces españolas y africanas con un sello que identificamos de inmediato por el aliento de su personal estilo. Este singular trabajo en la discográfica del maestro abre con una inspirada bulería llamada “Dolores”, nos sorprende a mitad del recorrido con la memorable “Suite para dos pianos” y entonces termina con “Guaguan piano”, extraordinaria muestra de la dinámica búsqueda de Frank Fernández en el entorno de la cubanidad, en un compromiso de continuidad  y ruptura compartido con otra institución de altos quilates como Los Muñequitos de Matanzas.

Precisamente, es durante la filmación del video clip de esta pieza, dirigido por Eduardo Moltó, que Frank sufre un accidente que le provoca una fractura triple del hombro izquierdo que lo obliga a someterse a una intervención quirúrgica el primero de julio además de otras tres operaciones en el abdomen que tenía pendientes. Sin embargo, ya para el 30 de septiembre, el maestro plenamente recuperado, es invitado para los actos del Aniversario 213 por la Fundación de Las Tunas, en el Día de la Décima Hispanoamericana.

El colofón de este recuento del quehacer de Frank Fernández en este movido año que se va, nos lo ofrece el propio músico desde un análisis que proveniente de alguien con una trayectoria tan extensa como exitosa, nos invita a meditar: “El que crea que sabe mucho de la vida, es un tonto. Nunca se acaba de aprender. Incluso hasta en el día de la muerte, porque aunque nadie ha regresado para contarlo, a lo mejor después de ese día, seguimos aprendiendo.”

 

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600