Año VIII
La Habana
2009

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN 
CAMILO Y CHE (XXXIX)
William Gálvez • La Habana
 

CHE: “Septiembre 23.- Al anochecer el práctico nos guía y cruzamos la línea sin novedad. Dejamos al Ejército muy atrás y acampamos en las márgenes del río Las Yeguas, en terreno de la finca Cimarrones.
 

Es evidente que llevar un Diario de Campaña en semejantes condiciones implicaba la confusión de las fechas. Vemos que para Guevara la estancia en los terrenos de la finca Cimarrones fue este día y no el anterior, lo que no concuerda con lo escrito por Joel, pero seguimos manteniendo el mismo principio: lo que interesa es el hecho.
 

Luego de sufrir los caminos, ahora más difíciles: ...Fue en extremo molesta, pues el terreno estaba reseco y lleno de profundas grietas. Nos tuvimos que mover con lentitud, pues cualquier pisada en falso podría traer por consecuencia la fractura de una pierna. A mí, particularmente, me resultaba muy difícil, pues no podía apoyar bien la pierna izquierda por las heridas todavía recientes.” (Joel Iglesias, Ob. Cit, p. 275).
 

Dejaron atrás Santanica, Sao Guanana, Rincón Grande y pasaron un arroyito; hicieron campamento en las orillas del río Muñoz, ya en el municipio de Florida, del martes 23 de septiembre, a las 04:00 horas. Como siempre, aunque se caminaran lo que caminaran, el cansancio estaba presente, pero a más tiempo, más agotamiento. Esto provocaba que muchos de los columnistas se tiraran a dormir en el suelo, como hizo Che esa mañana.
 

Allí recibieron la cooperación de la familia Almanza. Según el libro de Joel, “Eduardo le planteó que no nos había servido mejor porque todo se lo había gastado con la tropa de Camilo, que también había estado días antes en el lugar. El Che, en forma de broma le dijo: Sí, Camilo nos viene echando.”
 

Fue cierta la valiosa ayuda a la columna No. 2 pero quien lo hizo se llamaba Nelson de igual apellido. Sin embargo, los de la Ciro Redondo recibieron mayor y mejor cantidad de comida, pues le mataron una res que la ingirieron en horas del meridiano, en la vaquería, y ya que caía un buen aguacero.
 

Como lo exige las normas guerrilleras, antes de iniciar la marcha por terrenos desconocidos, hay que explorar, y en los casos que se supone pueda estar el enemigo, si es posible utilizar colaboradores con buena fachada, debe hacerse. Un campesino se encargó de llevarla a cabo. El resultado fue que, aunque no encontró nada sospechoso en la ruta a seguir, le dijeron los vecinos que en el batey de Los Güines estuvo acantonada una tropa, pero que se había retirado para Florida y que escucharon bombardeo hacia el oeste. Coincide con el realizado cerca donde acampó Camilo. Allí se le reincorporó Benigno Batista, Mayedo, de los perdidos que fue a parar a la columna No. 2 y que se había quedado en aquella zona por estar en malas condiciones físicas, en especial de los pies.
 

Ese día el comandante sufrió un fuerte ataque de asma, que no le permitió descansar nada. Por caminos similares y guiados por Antonio Manuel Valdera, se desplazaron hasta la zona de Mala Fama. Allí, solicitaron a José Miguel Rodríguez, que le indicara un buen lugar para montar campamento, quien le dijo que a un kilómetro de su bohío podían quedarse. Terminaba la noche del 23 de septiembre.

 

SEPTIEMBRE 24: Ese miércoles se presentaba malo para la Antonio Maceo, sin práctico ni comida. El monte del campamento no era muy tupido. A media mañana comenzaron a aparecer los aviones, por lo que hubo que suspender el descanso, recoger y estar listos para salir si comenzaban a bombardear. Camilo ordenó al teniente Senén Mariño que se vistiera de civil y, acompañado de Eutimio Hernández, uno de los prácticos incorporados el día 23, tratara de localizar a alguien que nos pudiera guiar más adelante.
 

Salieron antes del mediodía y, a las tres horas, comenzaron a escuchar ruido de bombas y ametralladoras en la lejanía, hacia la costa. Oscureció y Senén no había regresado. Camilo estaba preocupado. Alguien dijo que tal vez estuviese perdido, él respondió: Senén no es de los que se pierden Pero, en aquel momento, estaban seguros de que algo grave le había sucedido.
 

Avanzar sin práctico, o con ellos, pero poco conocedores, ya era algo familiar. Esto traía como resultado que muchas veces avanzaran cortos tramos, aunque caminaran doce o catorce horas. Durante esta jornada andaban por pantanos que eran verdaderas tembladeras. Algunos caballos quedaron totalmente enterrados y no se pudieron sacar. Uno de los campesinos decía que esas ciénagas estaban “llenas” de cocodrilos. Después del triunfo, un compañero de la Columna No 8, contaba que al pasar por aquel lugar durante la marcha, vio una montura en el fango y, cuando fue a cogerla, no pudo: ¡debajo estaba la bestia que se les había quedado enterrada a los de la No. 2.
 

EL INCIDENTE DE LA BRÚJULA: Ese infernal y peligroso camino dificultaba mucho el avance. Como no tenían práctico, se utilizó una brújula pequeña para orientarse. El rumbo de los invasores era el oeste y hacia él debían dirigirse, pero el movimiento se hacía de noche no era posible orientarse por el Sol. Ambas columnas poseían este instrumento y un pequeño mapa turístico, de los que regalaban las gasolineras, en el cual ubicaban aproximadamente la zona donde estaban. Con esto de la brújula sucedió algo que ahora, resulta muy simpático, pero, en aquel momento, francamente, no lo fue: Camilo preguntó al capitán Auditor Gálvez, que cumplía castigo de ir en la punta de la vanguardia, si sabía andar con la brújula, quien le respondió afirmativamente y se la dio. La cuestión es que cada vez que él intentaba orientarse, en vez de caminar hacia el oeste, salía nuevamente a los manglares del Sur y aquello era terrible. Camilo le peleaba y aseguraba que el auditor desconocía el mecanismo del artefacto, pero este afirmaba en que sí sabía.
 

—¿Por qué no te orientas bien? —preguntó Camilo.

—Seguro que la brújula esta rota— le respondía William. Y ciertamente, algo andaba mal en la brújula. Pues cuando la situaban en la parte más llana del arma el carro del fusil y miraba la agujita, esta oscilaba y no era posible determinar el norte magnético. Pero Camilo iba donde estaba y le preguntaba, si iban bien. El auditor le respondía que sí, pero al poco rato, estaban de nuevos en los manglares de la costa. Así sucedió más de una vez.
 

En una de ella, el práctico rebelde le dijo que la brújula estaba rota. Él frunció el ceño y se agarró la barba.

—Parece que sí —dijo aún no convencido—. Cuando amanezca vamos a comprobarla otra vez.

Amaneció. Se reunieron junto al tronco de un árbol. Colocaron la brújula:

—Mira, tú ves que está bien —le advirtió.

La aguja no se movió e indicaba al norte, correctamente. Era de día con la salida del Sol.

Ya vez, que no está rota dijo el comandante.

—Entonces, a mí me parece Camilo que esta brújula no trabaja bien de noche —expresó, asombrado Gálvez.

Camilo lo miró muy serio:

—Lo que pasa es que tú no sabes andar con esto —dijo y se retiró, requiriéndolo por su desconocimiento.
 

El oficial se preguntaba qué había pasado, pues estaba convencido de conocer perfectamente el funcionamiento de la brújula. La incógnita se despejó en 1960, cuando recibió sus primeras clases de topografía, precisamente sobre el uso de este instrumento. El instructor indicó que la brújula nunca debe colocarse sobre ningún metal, ya que este origina la oscilación de la aguja, lo que hace difícil determinar correctamente el norte y, por tanto, puede señalar otra dirección.


CONTINUARÁ
 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600