|
Para Santiago Feliú en nuestra
generación, conformada por quienes
nacimos durante la primera mitad de los
60, apenas hay parejas que estén
viviendo un amor verdadero y lo que
prevalece en la actualidad son
relaciones entre dos personas en las que
no hay ni Julieta ni Romeo sino miedo a
la soledad, o alianza para el progreso,
como se suele decir. Tan descarnada
visión es la tesis en torno a la cual se
arma su disco titulado Sin Julieta,
publicado en Cuba hace ya varios años
por el sello Unicornio.
Pudiera afirmarse que no resulta este un
trabajo estrictamente “social”, aunque a
la par cabe asegurarse que el álbum
aborda una arista problémica de la
sociedad cubana contemporánea, pues está
vertebrado a partir de la idea de la
escasez de amor como una forzosa clave
de época. La preocupación de Santiago
por los asuntos relacionados con nuestra
generación es una constante de su obra,
como lo demuestran canciones como “La
ilusión”, en la que dice: Espero no
tener que resistir / nostálgico
esperando el ayer / la
cara de los que andan por cuarenta / Es
de un color alegre en gris / feliz muy
raro; o esa otra en la que se expresa:
¿Dónde estás? / Yo recuerdo que a
finales del 70 / no me dirías lo que hoy
/ tal vez / pintamos el mundo de un
nuevo color / y sin querer nos dimos
cuenta de que no.
Lo primero que me llamó la atención
cuando en su momento de salida escuché
Sin Julieta, para mí una singular
radiografía del desamor (sin la menor
duda, el amor menos cantado y uno de los
que más se vive por los días que
corren), es que al asumir dicho
sentimiento como una realidad imposible
de obviar, se persigue como objetivo el
aprovecharnos de la soledad, pero no
como una suerte de resignación o de
reacomodamiento, sino con miras a
reencontrarnos nosotros mismos, para
llegado el momento volvernos a enamorar.
Al dedicar su atención al asunto del
desamor, Feliú retoma la herencia legada
por la poética de un género como el
tango y de creadores
como Luis Eduardo Aute. Aquí se vive a
plenitud la soledad, aspecto que
sobresale en un corte como “Era”. Son
canciones que conservan el regodeo en la
palabra que ha tipificado la obra de
Santiago y poseedoras de tal grado de
fuerza, que el único vocablo que me
viene a la mente para intentar
describirlas es el de viscerales.
Hasta el presente, este "hippy en el
comunismo", como lo ha definido Juan Pin
Vilar en un libro que hiciera sobre el
cantautor, ha editado siete fonogramas
en 31 años de una carrera que, desde el
punto de vista discográfico, ha sido
bastante errática por causa de pésimos
contratos y que lo ha llevado a que en
el presente, Feliú se decante por ser un
creador independiente, sin ataduras con
ningún sello, y que carga con sus CD
para venderlos en los conciertos que
ofrece. En el caso específico de Sin
Julieta, es este un material muy
intimista y con un remarcado carácter
introspectivo. Lo antes expuesto no
significa que a través de los cortes que
se recogen en la grabación, no haya una
dosis de suficiente energía. En tal
sentido, uno de los temas de mayor
lucimiento del disco resulta “Despojo”.
En este álbum, Santiago se proyecta
desde el prisma ideoestético en la
búsqueda de una canción de arte, ajena
por completo a las reglas comerciales
impuestas por la tiranía del mercado y
con ello, hace valedero aquellas
palabras de Picasso en las que se
aseguraba: “...el pintor pinta lo que
vende, el artista vende lo que pinta...”
Como línea fundamental del fonograma, su
principal rasgo musical es el uso de una
afinación de la guitarra del trovador en
la tonalidad de re, distinta a la
empleada normalmente, y que está tomada
de la música de Andalucía. Ya con
anterioridad Santiago había trabajado el
instrumento de las seis cuerdas con una
afinación en sol. Semejante peculiaridad
de utilizar diferentes encordaduras
brinda disímiles colores a su música.
Una muestra de cómo el rock ha sido
asimilado por este cantautor y, por
tanto, hay que incluirlo en el quehacer
nacional de dicha escena, se encuentra
en el corte titulado “Alto al fuego”,
uno de sus temas más efectivos en las
presentaciones en vivo, sobre todo por
esa frase en la que se afirma: “gracias
a la vida que tanto me dio; no obstante,
necesito el dinero”. Quizá, como en
ningún otro disco, aquí se testimonia la
formidable dupla guitarrística que por
años Feliú conformó con Élmer Ferrer. En
un CD donde nada es gratuito y hay tanta
composición bien hecha, una de las que
en particular más me llega es “Rosario”,
una pieza que refleja nítidamente la
relación del trovador con su fallecida
madre. En fin, como producción, la que
hoy comento en La Compactera, demuestra
que como creador, Santiago Feliú no es
de esos que se quedan estancados en el
tiempo y que viven de sus pasados
clásicos sino que él está en una
constante búsqueda y renovación, que lo
lleva a reinventarse como artista.
Vendita fortuna.
|