Año VIII
La Habana

28 de NOVIEMBRE
al 4 de DICIEMBRE
de 2009

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SOBRE UNA EXPOSICIÓN DE SERVANDO CABRERA

Una mujer y su paso por la vida

Yandro Miralles • La Habana

Fotos: Cortesía de la Casa-Museo Servando Cabrera

 

Una vez me preguntaron si en la calle Clavel había alguna muchacha como la que yo había pintado bajo el título Muchacha de la calle Clavel. Respondí que no sabía, que tal vez ya hubiera alguna, pero que estaba seguro que sus hijas iban a ser así.

Servando Cabrera Moreno[1]
 

Cuando en 1975 Servando Cabrera Moreno inauguraba en la Galería de La Habana[2] su exposición Habanera tú, ofrecía al panorama de nuestras artes visuales una de las más felices aportaciones a la iconografía femenina insular, una práctica que otros grandes nombres de la pintura cubana habían llevado a los planos más estelares y en la que el artista, con sus nuevas obras, lograba insertarse rotundamente.


Servando Cabrera en la Inauguración de Habanera tú. Galería Habana, 1975


Muchos mitos —y no pocas realidades— se tejían en torno a aquella presentación; entre lo más destacado, la alentadora reaparición del artista con una exposición personal, luego del largo silencio al que lo había sometido la difícil política cultural de aquellos años. Paradójicamente, tanta expectativa terminó en decepción; la crítica reaccionó de manera violenta y muchos sectores del público se sintieron desilusionados: pulularon comentarios que tildaban a las piezas de facilistas, comerciales, decorativas, superfluas… Se alzaron banderas que anunciaban la traición del pintor para con su propia historia; se cuestionaba la inserción de este tema en la línea evolutiva de su obra completa. Y así siguió un largo camino que, al tiempo que las hacía muy populares y conocidas, las iba dotando de una especie de aura definida por incomprensiones y olvidos, que las privó de una justa valoración hecha desde el rigor que sus cualidades culturales merecen.

Entender el surgimiento de las habaneras y su proliferación posterior requiere casi obligatoriamente rememorar toda la obra anterior de Servando Cabrera Moreno. Pudiera decirse, incluso, que son resultado de una sedimentación de diversas ideas, temáticas y figuraciones que el artista abordó desde los comienzos mismos de su creación. Ante todo, Servando fue siempre un retratista consumado, y cada una de las muchas inspiraciones por las que transita aportará algo a la conformación plástica de estas mujeres.


"Habana, Cuba", 1975


Para Servando, habanero de la más pura casta -nacido en la calle Obispo-, nunca resultaron estériles ni los encantos de su ciudad, ni el atractivo de la gente que la habitó. La idea de volver la mirada sobre La Habana -entendida como espacio urbano, pero sobre todo como espacio social, cívico y existencial- le brindó, desde principios de su carrera, importantes fuentes de inspiración. En una fecha tan temprana como 1948 realiza la obra Habana, que expone en el Lyceum al año siguiente. Aunque en el fondo el artista fijaba los típicos vitrales y enrejados habaneros, con ella nacía la intención servandina de asociar el espíritu de la ciudad con la imagen de sus mujeres, entendiéndolas como su personificación misma. Luego, en los años cincuenta, se interesará en las formas, estructuras, luces y colores ornamentales de la arquitectura colonial cubana, y su arte desarrollará, casi a la manera de una abstracción geometrizada, un sinfín de composiciones enteramente deudoras de nuestro barroquismo más tropical. Una suerte de intercambio conceptual hará que el artista comience a abordar la cubanía no desde el ornamento externo, sino desde la propia imagen del ser humano. Es por eso que ya en los setenta -en los tiempos de su pintura erótica- emprenderá un numeroso grupo de interpretaciones simbólicas que hace de sus memorias de las distintas calles de La Habana, utilizando como recurso plástico las sugestivas composiciones que logra sirviéndose de cuerpos humanos fragmentados y recompuestos. Así surgen, entre otras, Azul en la calle Baratillo, Rojo en la calle Neptuno y Morado en la calle Obispo.

Pero es en otras aproximaciones a la vida y los procesos del país y la ciudad en las que el artista manifestará un compromiso mayor, si se le compara con las apropiaciones decorativas o simbólicas antes mencionadas, y que serán particularmente definitorias para el proceso de conformación de las habaneras. Desde mediados de los años 50, a su regreso de España donde ya había realizado una serie de dibujos realistas al carbón con personajes populares, Servando había mostrado un gran interés por captar los rasgos étnicos del pueblo cubano. Con el óleo y la serie de dibujos dedicados a los carboneros de El Mégano, el artista sienta las bases para lo que posteriormente será su pintura épica; con ella indagará, además de en la documentación de la epopeya revolucionaria y su trascendencia social, en la representación plástica de las cualidades fenotípicas propias de los habitantes de su país. Los milicianos, macheteros y campesinos del primer momento de esa pintura épica (1960-1961) constituyen una verdadera galería de “retratos etnográficos”,  en la que el artista revela la agudeza de su ojo y de su mano en la captación de un notable grupo de variaciones raciales que definen al pueblo cubano. En un segundo momento de esta temática, bautizado con tino por Gerardo Mosquera como “la calma épica”[3] (1962-1964), Servando nos entrega sus figuras de ambos sexos, desde un carácter más reposado, lírico, íntimo. Los resultados de esta nueva figuración se exponen en la Galería de La Habana en 1964, en la muestra Héroes, jinetes y parejas.

En 1965, Servando descubre en París el arte de Willem de Kooning, y la influencia de este creador será innegable. El artista se entrega con fuerza al cultivo del expresionismo, una nueva corriente estilística en su quehacer a la que acude “motivado” por diversos hechos de extrema complejidad que definirán los rumbos futuros de su vida personal. Aunque este tránsito lo acerca a una figuración más internacional, seguirá siendo absolutamente cubano en la medida en que surge influido por un grupo de nefastos factores externos que obligaron al artista a recrudecer su mirada. En él se gestarán un grupo importante de características que definirán su pintura posterior: la figura se fragmenta y se mutila, los torsos se separan de las cabezas, los límites del formato cortan abruptamente las representaciones.

Y así llegará el pintor a los años 70, con los cuerpos en sus infinitos desmembramientos y recomposiciones por un lado, y las cabezas por otro. A la par de su gran pintura erótica discurrirán varias series de rostros independientes, en una variante deudora de aquellas conquistas de la “calma épica”, aunque esta vez asumidas desde un enfoque más personal, subjetivo y estilizado. Ya su intención no es la de antaño: no interesa la captura realista y fotográfica de los rasgos fenotípicos que definirían la cubanidad; el nuevo propósito se centra en servirse de esos físicos para extraer de ellos sus potencialidades plásticas, y urdir con ellas un discurso que quedará siempre definido y enriquecido por la impronta de su genio como dibujante.  


"Isabel y las brisas", 1973


Tres grandes series de retratos ocuparán al artista casi hasta el final de sus días; primero los “guerrilleros latinoamericanos”, aparecidos en 1972, que se conciben como aproximaciones a los rasgos faciales característicos de los pueblos amerindios, y que derivarán en cuatro retratos del Che. En 1973 nacen los “guajiros, jóvenes no en el estilo de los revolucionarios de antaño, sino más agraciados y tiernos; así como sus homólogas versiones femeninas, conocidas tradicionalmente como “habaneras”: mujeres de estilizados cuellos alargados y rasgos indianos, vistas de perfil o de frente, con largas cabelleras batidas al viento adornadas con flores, que el artista idealizaba como típicas fisonomías de la mujer genuinamente cubana que resulta del proceso de mestizaje, y que en sus infinitas variantes constituyen el centro de esta nueva exposición.

Vale decir que esta diferenciación temática por la que Servando encauzó su creación durante toda la década del 70 no significa que ambas corrientes estuvieran estilística o conceptualmente divorciadas. Hay erotismo, y mucho, en estas series de retratos. Asimismo, la eterna ambigüedad genérica que definió su discurso se hace palpable en el tratamiento de las figuras, y con ella desliza las fronteras entre masculinidad-feminidad, fuerza-delicadeza, vigorosidad-languidez, dualidades que al artista no interesan desligadas: más sugestivo le resulta representar hombres de belleza femenina y jóvenes andróginos, o utilizar estructura fálica para los cuellos y cabezas de las “habaneras”, y líneas fuertes y angulosas para sus rostros.

El conjunto de trabajos a exponer en esta ocasión se agrupa bajo la égida de la imprescindible “Arabesca diosa indiana”, dedicada a María Teresa Vera en virtud de su memorable interpretación de la canción Santa Cecilia de Manuel Corona. La obra debe su título a un fragmento de esa pieza musical, como otras tantas obras de Servando que emanan del cancionero popular cubano. El artista traduce al lenguaje plástico el espíritu y la cadencia melodiosa de los versos, con especial interés en un rostro que intenta hacerse eco del texto poético que celebra “las lánguidas miradas de tus profundos ojos, que dicen los misterios del reino celestial.

Si bien es cierto que esta nueva exposición no pretende ser una versión reeditada de Habanera tú, es innegable que la muestra de 1975 funge como punto de partida de la actual, y ha aportado un valioso testimonio respecto a la localización, catalogación y estudio de las piezas. Hoy se presentan cinco de las obras que vieron la luz en aquel momento: “Habana”, “Cuba”, “Agua que has de beber”, “Soledad”, “La muchacha de la calle Clavel” y “La muchacha de la calle Alambique”, esta última un regalo de Servando a Raquel Revuelta, su amiga de muchos años, y a quien el artista conoció precisamente en esa calle habanera.

Otras piezas de especial relevancia son Carola y su paso por la vida, Siempre María y Calle Quiroga, con sus finas composiciones y juegos de colores entre flores, cintas y pelos, y sus perfectas expresiones que insinúan los caracteres y mundos interiores de las retratadas. En la serie de dibujos con nombres femeninos de la que aquí se exponen 12 trabajos ese componente psicológico desaparecerá en gran medida; en cambio, el artista centrará sus intenciones en desarrollar a extremo las múltiples variaciones cromáticas que pueden emanar de un mismo motivo plástico. La muestra presenta además algunas representaciones menos comunes, como “La bella desaparece” y “Marco para un cuadro, que se regodean en los torsos y los pechos; o “El paraíso encontrado”, feliz coincidencia del “guajiro” y la “habanera” como aparecieran también en los óleo-murales “Presencia joven” (en la Escuela Vocacional V. I. Lenin) y “Así amanece Cuba” (en la Embajada de Cuba en Ottawa) en una delicada intimidad que logra colmar de poesía y de ternura a la escena.


"Irene", 1980



Si en 1975 Servando exponía sus “habaneras” para conmemorar con ellas el Año Internacional de la Mujer, nada mejor que las celebraciones por el 490 aniversario de la fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana para mostrarlas nuevamente. Convencidos de los valores plásticos y culturales que estas obras poseen, el Museo Biblioteca Servando Cabrera Moreno, en su misión de rescatar, estudiar, promover y validar el aporte del artista a la historia de nuestras artes visuales, asume esta nueva investigación con la esperanza de volcar un poco de luz sobre esta sección de su obra, muy conocida, y a la vez olvidada. Con ella, rendimos nuestro homenaje al talento y la sensibilidad de Servando
en su vocación de dibujante excepcional, a su amor incondicional por la ciudad de La Habana y, sobre todo, a las bellísimas mujeres que la transitan cada día, por aquellas mismas calles con las que el artista las identificó.

Octubre de 2009

Palabras del Catálogo de la exposición Habanera: Diosa Indiana


Notas:

[1] Mosquera, Gerardo. “Servando Cabrera Moreno: toda la pintura”, en: Exploraciones en la plástica cubana. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1983. p. 163
[2] Galería Habana en la actualidad.
[3] Mosquera, Gerardo. “Servando Cabrera Moreno: toda la pintura”, en: Exploraciones en la plástica cubana. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1983. p. 123

 
             Galería de obras de la exposición: Habanera. Diosa indiana

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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