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Siempre me han dicho que
hay que comenzar un día,
pero no me advirtieron
que podía ser tan
difícil. Este libro fue
escrito por un hombre
que admiro mucho y
respeto desde que tengo
conciencia;
desgraciadamente ha
muerto y por tanto no
podrá darme su opinión
sobre lo que yo escriba;
y lo peor para nosotros
es que no pueda
explicarles a ustedes lo
que quiso decir en ese
momento, y si hoy, más
de treinta años después
de aquellos hechos,
agregaría alguna nota
aclaratoria, tampoco lo
sabemos. Por eso digo
que esta tarea es
sumamente difícil.
Publicar Pasajes de
la guerra
revolucionaria: Congo,
documento inédito,
conservado en su archivo
personal, que contiene
además la corrección de
estilo, la incorporación
de observaciones y la
eliminación de algunas
notas, es un gran
compromiso con la
historia, pues se sabe
que anteriormente se han
divulgado otras
versiones, las que se
corresponden con las
primeras transcripciones
redactadas por el Che.
Si bien autoriza a los
editores a realizar los
cambios que consideren
necesarios, nosotros
hemos respetado
íntegramente el texto
que escribió, pues lo
hace después de
terminada su misión en
el Congo y sometiendo
sus notas de la
contienda a un análisis
crítico y profundo, lo
que hace posible
“extraer experiencias
que sirvan para otros
movimientos
revolucionarios”.
En la “Advertencia
preliminar” comienza
diciendo: “Esta es la
historia de un fracaso”.
Aunque no estoy de
acuerdo, entiendo su
estado de ánimo, y es
cierto que puede
considerarse una
derrota, pero
personalmente pienso que
fue una epopeya.
Los que han vivido algún
tiempo en ese continente
comprenderán sin duda lo
que digo; la degradación
a que fue sometida desde
hace siglos por los
llamados colonizadores
europeos todavía deja
sentir sus efectos
dentro de la población
africana, la imposición
de una cultura
diferente, de otras
religiones, la
paralización del
desarrollo normal de una
civilización y la
explotación de las
riquezas naturales,
incluyendo la
utilización de la
fortaleza física de
estos hombres como
esclavos, arrancados de
su hábitat, maltratados,
sometidos a
humillaciones; deja
huellas profundas en
estos seres humanos. Si
analizamos que todo esto
es provocado por otros
hombres que todavía hoy
se sienten en el derecho
de hacerlo y que
nosotros de una u otra
forma lo permitimos,
podemos comenzar a
entender cómo reaccionan
ante algunos hechos.
De todas formas, muchos
se preguntarán por qué
el Che Guevara participó
en este proceso
revolucionario, qué lo
motivó para tratar de
ayudar a este
movimiento. Él mismo nos
da la respuesta cuando
afirma: “Porque, en
cuanto al imperialismo
yanqui, no vale
solamente el estar
decidido a la defensa;
es necesario atacarlo en
sus bases de
sustentación, en los
territorios coloniales y
neocoloniales que sirven
de basamento a su
dominio del mundo”.
Desde siempre el Che
expresa su deseo de
continuar la lucha en
otras tierras del mundo;
como médico de profesión
y guerrillero de acción,
sabía de las
limitaciones que la vida
impone al hombre y de
los sacrificios que
demanda de este una
actividad tan difícil
como la guerra de
guerrillas, por lo que
es entendible la
ansiedad que sentía por
hacer realidad sus
sueños en las mejores
condiciones físicas
posibles. Sabemos de su
arraigado sentido de la
responsabilidad y de su
madurez política y el
compromiso contraído con
muchos compañeros que
confiaban en él para
continuar la lucha.
Realiza un viaje previo
por el continente
africano, donde tiene la
oportunidad de conocer a
algunos de los
dirigentes de los
movimientos
revolucionarios activos
en esos momentos, y
conoce sus dificultades
y preocupaciones. En
todo momento mantiene
contacto con Fidel
Castro, quien en una
carta inédita, fechada
en diciembre de 1964, le
comunica sobre las
gestiones que mientras
tanto se van realizando
desde Cuba:
Che:
Sergio [del Valle] acaba
de reunirse conmigo y me
informó
pormenorizadamente cómo
marcha todo. Al parecer
no hay dificultad alguna
para llevar a cabo el
programa. Verbalmente
Diocles [Torralba] te
dará la información
pormenorizada. (…)
La decisión final sobre
la fórmula la
adoptaremos a tu
regreso. Para poder
escoger entre las
alternativas posibles es
necesario conocer las
opiniones de nuestro
amigo [Ahmed Ben Bella].
Trata de mantenernos
informados por vía
segura.
De ninguna forma puede
olvidarse que en esta
batalla, junto al Che,
participó un grupo de
cubanos con la
convicción de que:
“Nuestro país, solitario
bastión socialista a las
puertas del imperialismo
yanqui, manda sus
soldados a pelear y
morir en tierra
extranjera, en un
continente lejano, y
asume la plena y pública
responsabilidad de sus
actos; en este desafío,
en esta clara toma de
posición frente al gran
problema de nuestra
época, que es la lucha
sin cuartel contra el
imperialismo yanqui,
está la significación
heroica de nuestra
participación en la
lucha del Congo”.
El Che, junto al grupo
de hombres que dirige,
pretende fortalecer lo
más posible el
movimiento de liberación
del Congo, lograr un
frente único, decantar a
los mejores y a los que
estén dispuestos a
continuar la lucha por
la liberación definitiva
de África. Trae consigo
la experiencia obtenida
en Cuba y la pone al
servicio de la nueva
revolución.
La cruda realidad del
Congo, su atraso, la
falta de desarrollo
político ideológico de
la gente y contra lo
cual había que luchar
con firmeza y decisión,
golpea al Che. No
faltaron momentos de
desalientos y de
incomprensiones, pero
ante esas adversidades
se eleva como una visión
profética la enorme
confianza y el amor que
él sentía por los
hombres que deciden
crear para sus pueblos
posibilidades de
desarrollo y mayor
dignidad.
En África la historia se
ha encargado de hacer
realidad esas
premoniciones durante
más de treinta años,
cuando a una conciencia
revolucionaria se le ha
incorporado una cultura
de guerra ascendente,
hasta lograr triunfos
supremos como los de
Cuito Cuanavale,
Etiopía, Namibia, entre
otros, contribuyendo a
la soberanía e
independencia del
continente.
Ya cuando el Che se
encontraba en plena
actividad combativa en
tierra congolesa, la
Revolución cubana, que
había preservado el
mayor tiempo posible la
absoluta discreción
sobre la actividad
internacionalista que él
realizaba —soportando
con firmeza durante
muchos meses un diluvio
de calumnias—, decide,
al constituirse el
Primer Comité Central
del Partido, hacer
pública su carta de
despedida, pues ya era
imposible dejar de
explicar al pueblo
cubano y al mundo la
ausencia de quien fuera
uno de los más sólidos y
legendarios héroes de la
Revolución.
En sus notas, el Che
llega a la conclusión de
que el conocimiento de
esta misiva provoca un
distanciamiento con los
combatientes cubanos:
“Había ciertas cosas
comunes que ya no
teníamos, ciertos
anhelos comunes a los
cuales tácita o
explícitamente había
renunciado y que son los
más sagrados para cada
hombre individualmente:
su familia, su tierra,
su medio”. Si es esta la
sensación que tiene en
esos momentos, podrán
imaginar cuán difícil
fue para el compañero
Fidel lograr que
regresara a Cuba. En
varias ocasiones le
escribe y trata de
convencerlo, lo logra
con argumentos sólidos.
En junio de 1966, en
carta inédita, le
escribe:
Querido Ramón:
Los acontecimientos han
ido delante de mis
proyectos de carta. Me
había leído íntegro el
proyecto de libro sobre
tu experiencia en el C.
[Congo] y también, de
nuevo, el manual sobre
guerrillas, al objeto de
poder hacer un análisis
lo mejor posible sobre
estos temas, sobre todo,
teniendo en cuenta el
interés práctico con
relación a los planes en
la tierra de Carlitos
[Carlos Gardel]. Aunque
de inmediato no tiene
objeto que te hable de
esos temas, me limito
por el momento a decirte
que encontré sumamente
interesante el trabajo
sobre el C. y creo que
vale realmente la pena
el esfuerzo que hiciste
para dejar constancia
escrita de todo. (…)
Sobre tu situación
Acabo de leer tu carta a
Bracero [Osmany
Cienfuegos] y de hablar
extensamente con la
Doctora [Aleida March].
En los días en que aquí
parecía inminente una
agresión yo sugerí a
varios compañeros la
idea de proponerte que
vinieras; idea que
realmente resultó estar
en la mente de todos. El
Gallego [Manuel Piñeiro]
se encargó de sondear tu
opinión. Por la carta a
Bracero veo que tú
estabas pensando
exactamente igual. Pero
en estos precisos
instantes ya no podemos
hacer planes en ese
supuesto, porque, como
te explicaba, nuestra
impresión ahora es que
de momento no va a
ocurrir nada.
Sin embargo, me parece
que, dada la delicada e
inquietante situación en
que te encuentras ahí,
debes, de todas formas,
considerar la
conveniencia de darte un
salto hasta aquí.
Tengo muy en cuenta que
tú eres particularmente
renuente a considerar
cualquier alternativa
que incluso poner por
ahora un pie en Cuba,
como no sea en el muy
excepcional caso
mencionado arriba. Eso,
sin embargo, analizado
fría y objetivamente,
obstaculiza tus
propósitos; algo peor,
los pone en riesgo. A mí
me cuesta trabajo
resignarme a la idea de
que eso sea correcto e
incluso de que pueda
justificarse desde un
punto de vista
revolucionario. Tu
estancia en el llamado
punto intermedio aumenta
los riesgos; dificulta
extraordinariamente las
tareas prácticas a
realizar; lejos de
acelerar, retrasa la
realización de los
planes y te somete,
además, a una espera
innecesariamente
angustiosa, incierta,
impaciente.
Y todo eso, ¿por qué y
para qué? No media
ninguna cuestión de
principios, de honor o
de moral revolucionaria
que te impida hacer un
uso eficaz y cabal de
las facilidades con que
realmente puedes contar
para cumplir tus
objetivos. Hacer uso de
las ventajas que
objetivamente significan
poder entrar y salir de
aquí, coordinar,
planear, seleccionar y
entrenar cuadros y hacer
desde aquí todo lo que
con tanto trabajo solo
deficientemente puedes
realizar desde ahí u
otro punto similar, no
significa ningún fraude,
ninguna mentira, ningún
engaño al pueblo cubano
o al mundo. Ni hoy, ni
mañana, ni nunca nadie
podría considerarlo una
falta, y menos que nadie
tú ante tu propia
conciencia. Lo que sí
sería una falta grave,
imperdonable, es hacer
las cosas mal
pudiéndolas hacer bien.
Tener un fracaso cuando
existen todas las
posibilidades del éxito.
No insinúo ni
remotamente un abandono
o posposición de los
planes ni me dejo llevar
de consideraciones
pesimistas ante las
dificultades surgidas.
Muy al contrario, porque
creo que las
dificultades pueden ser
superadas y que contamos
más que nunca con la
experiencia, la
convicción y los medios
para llevar a cabo los
planes con éxito, es por
lo que sostengo que
debemos hacer el uso más
racional y óptimo de los
conocimientos; los
recursos y las
facilidades que se
cuenta. ¿Es que
realmente desde que se
engendró la ya vieja
idea tuya de proseguir
la acción en el otro
escenario, has podido
alguna vez disponer de
tiempo para dedicarte
por entero a la cuestión
para concebir, organizar
y ejecutar los planes
hasta donde ello sea
posible? (…)
Es una enorme ventaja en
este caso que tú puedes
utilizar esto, disponer
de casas, fincas
aisladas, montañas,
cayos solitarios y todo
cuanto sea absolutamente
necesario para organizar
y dirigir personalmente
los planes, dedicando a
ello ciento por ciento
tu tiempo, auxiliándote
de cuantas personas sean
necesarias, sin que tu
ubicación la conozcan
más que un reducidísimo
número de personas. Tú
sabes absolutamente bien
que puedes contar con
estas facilidades, que
no existe la más remota
posibilidad de que por
razones de estado o de
política vayas a
encontrar dificultades o
interferencias. Lo más
difícil de todo, que fue
la desconexión oficial,
ha sido logrado, y no
sin tener que pagar un
determinado precio de
calumnias, intrigas,
etcétera. ¿Es justo que
no saquemos todo el
provecho posible de
ello? ¿Pudo contar
ningún revolucionario
con tan ideales
condiciones para cumplir
su misión histórica en
una hora en que esa
misión cobra singular
relevancia para la
humanidad, cuando se
entabla la más decisiva
y crucial lucha por el
triunfo de los pueblos?
(…)
¿Por qué no hacer las
cosas bien hechas si
tenemos todas las
posibilidades para ello?
¿Por qué no nos tomamos
el mínimo de tiempo
necesario aunque se
trabaje con la mayor
rapidez? ¿Es que acaso
Marx, Engels, Lenin,
Bolívar, Martí no
tuvieron que someterse a
esperas que en ocasiones
duraron décadas?
Y en aquellas épocas no
existían ni el avión ni
el radio ni los demás
medios que hoy acortan
las distancias y
aumentan el rendimiento
de cada hora de la vida
de un hombre. Nosotros
en Méjico, tuvimos que
invertir 18 meses antes
de regresar aquí. Yo no
te planteo una espera de
décadas ni de años
siquiera, solo de meses,
puesto que yo creo que
en cuestión de meses,
trabajando en la forma
que te sugiero, puedes
ponerte en marcha en
condiciones
extraordinariamente más
favorables de las que
estamos tratando de
lograr ahora.
Sé que cumples los
treinta y ocho el día
14. ¿Piensas acaso que a
esa edad un hombre
empieza a ser viejo?
Espero no te produzcan
fastidio y preocupación
estas líneas. Sé que si
las analizas serenamente
me darás la razón con la
honestidad que te
caracteriza. Pero aunque
tomes otra decisión
absolutamente distinta,
no me sentiré por eso
defraudado. Te las
escribo con entrañable
afecto y la más profunda
y sincera admiración a
tu lúcida y noble
inteligencia, tu
intachable conducta y tu
inquebrantable carácter
de revolucionario
íntegro, y el hecho de
que puedas ver las cosas
de otra forma no variará
un ápice esos
sentimientos ni
entibiará lo más mínimo
nuestra cooperación.
Ese mismo año el Che
regresa a Cuba.
Al cumplirse el primer
aniversario del triunfo
de la Revolución del
Congo, participé en las
celebraciones, tuve la
posibilidad de conversar
con algunos de los
compañeros que
combatieron junto a él y
aproveché la oportunidad
para comentarles la
publicación de este
libro; me preocupaban
sus opiniones, pues el
Che es crítico, directo,
y pretendía que este
documento permitiera
analizar los errores
cometidos para no volver
a incurrir en ellos;
hace señalamientos
específicos a varios
dirigentes entre los que
destaca el líder
congoleño Laurent
Kabila, quien hoy es el
dirigente máximo de su
pueblo.
El contacto con estos
hombres me permitió
comprobar que recuerdan
con respeto y cariño al
Che Guevara; la mayoría
de ellos eran muy
jóvenes en esa época,
pero según sus propias
palabras no pueden
olvidar la imagen de
sencillez y modestia que
les transmitió el Che al
brindarles respeto y
ponerse bajo su mando,
por lo que están
conscientes que las
recomendaciones hechas
por él siempre serán
útiles para la gran
tarea que tienen por
delante, la de unificar
el país y lograr que por
primera vez en muchos
años sea el pueblo
congolés el que disfrute
de sus propias riquezas.
Los hombres no mueren
cuando son capaces de
guiar con su vida y su
ejemplo a muchos otros,
y estos logran continuar
la obra.
Prólogo de Aleida
Guevara March a la nueva
edición de Pasajes de
la guerra
revolucionaria: Congo,
la última versión del
original íntegro,
corregido por el Che,
sobre su participación
en la guerrilla
congolesa.
Fuente:
La Ventana |