Año VIII
La Habana
28 de NOVIEMBRE
al 4 de DICIEMBRE
de 2009

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William Ospina, poeta

Alberto Quiroga • La Habana

 

En un poema de William Ospina podemos leer el siguiente aparte de un diálogo que sostienen Tagore, el poeta indio, y Einstein, el científico:

... Aunque todos muriéramos, y el sueño de la especie se borrara, fuera de nuestras mentes persistiría el mundo, y el mármol, ya invisible, guardaría su belleza.

Entonces, señor Einstein, usted es mucho más religioso que yo.”

Cifrada en estas curiosas líneas vive también la idea de que la poesía es inherente al universo y no necesariamente es fruto de la especie, y yendo un poco más allá podríamos decir que la poesía es anterior a los poetas y sobrevivirá a ellos.

Pero también el poema nos permite afirmar que si la poesía se ha hecho carne y habita entre nosotros es gracias al poeta, así como el Apolo de Belvedere se puede contemplar ahora en todo su esplendor gracias al espíritu que lo vio invisible, aguardando despertar del mármol que lo contenía.

William Ospina es un poeta fiel a esta certeza, y en el prólogo de uno de sus libros, En el país del viento, afirma: “Me pareció sentir una voz muy antigua, en la que estaba de algún modo contenido un mundo”.

Esa “voz muy antigua”, esas muchas voces que contienen un mundo y hablan en los poemas de William Ospina nos susurran al oído: “Alguien nos oye, alguien siente que le hablamos, alguien ha sido tocado con nuestra real presencia y aquí estamos vivas en el poema”.

El poeta siente que el universo es un ser vivo y fluye a través de su voz, que los muertos se desviven por decirnos lo que alguna vez callaron, que las piedras claman por expresarse, que la vastedad de los seres y de los objetos de aquí rebosan de espíritu, y solo la ceguera y la oscuridad en que nos hemos sumido impiden que oigamos la infinita e inquietante ópera que nos circunda y habita.

William Ospina es un poeta religioso, en el sentido esencial de que para él todo está unido, ligado, hermanado por un mismo aliento, y como tal no puede sustraerse a las responsabilidades que ello exige. Él mismo lo ha expresado en hermosas palabras: “¡Ojalá perdure en estas páginas un poco de la emoción que las engendró! (estas son palabras rituales). Ojalá unos cuantos versos de este libro cumplan con la sagrada función de la poesía. Con el antiguo deber de celebrar el mundo, de conservar la salud del lenguaje, de alentar en los hombres el deseo de vivir, la voluntad de permanecer en la Tierra”.

Todos podemos sentir el eterno flujo de electricidad que mueve al mundo, pero solo a los poetas les es dado el poder fulminarse, y renacer, y convertirlo en luz para los otros.

Bienvenido, entonces, lector porque tendrás la fortuna de oír estas voces, de leer estos versos.

Prólogo a William Ospina. Poesía. 1974-2004.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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