Año VIII
La Habana

28 de NOVIEMBRE
al 4 de DICIEMBRE
de 2009

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Entrevista con la diseñadora Katia Hernández

Diseñar: vestirse de otras pieles

Estrella Díaz • La Habana

Fotos: Kike (La Jiribilla)

 

Katia Hernández (La Habana, 1971) es graduada del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) y desde 1997 desarrolla una acelerada carrera que la ha llevado a incursionar en diferentes lenguajes, soportes y medios, dígase multimedia, catálogos, diseño de CD de música y casetes, stands, ilustraciones, fotografías, spots televisivos, soportes publicitarios, sitios web y publicidad para Internet.

Recientemente se dio a conocer que el Premio Anual de Diseño del Libro Raúl Martínez, que otorga el Centro Cultural Dulce María Loynaz —en el apartado de Diseño de Cubierta— le fue conferido a Katia por Silvio poeta, de la investigadora y filóloga Suyín Morales.

El libro, editado por Ediciones La Memoria que es el sello editorial del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, es parte de una tesis de maestría que se propuso, entre otros objetivos, determinar rasgos formales y de contenido que particularizaran la manera de escribir del reconocido trovador cubano Silvio Rodríguez.

No hay duda de que el contenido de un libro es esencial, pero también es muy importante su prestancia y, justamente, quien le puso “cara” a Silvio poeta fue Katia, con quien conversamos en exclusiva para La Jiribilla.   

“Acercarse a la obra de Silvio siempre es un reto. Pero, a Silvio lo tengo en las venas desde muy chiquitica porque a mi mamá le gustaban sus canciones —también The Beatles—; culturalmente me son muy cercanos.

“Actualmente soy la diseñadora del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau que tiene una relación muy estrecha con Silvio a quien, por ejemplo, se le hizo un homenaje cuando cumplió sus 60 años y a partir de ahí tuve la posibilidad de tener una referencia de un Silvio más cercano. De todas maneras, me fue difícil.”

Este premio lo interpreto como reconocimiento a tu trabajo…

Es un reconocimiento, pero también te da un sentimiento de inconformidad con tu propio trabajo. Por ejemplo, hago un diseño y lo dejo descansar una semana y cuando lo retomo me doy cuenta de que podía haber hecho esto o aquello de manera diferente. Esto me sucede con mucha frecuencia y da la medida de que uno puede irse autoperfeccionando e ir creciendo en lo que se hace.

¿Cómo llegas al mundo del diseño?

Los paseos de domingo que daba de pequeña con mi abuelo eran a Museos; recuerdo que me fascinaba el de Artes Decorativas y esos recorridos fueron los que generaron esa preferencia. Mis juguetes eran crayolas, acuarelas, pinceles y empecé a pintar desde muy niña, pero no fui a ninguna escuela de dibujo.

A los 14 años quería estudiar Diseño Industrial y —aunque era una carrera que en aquel momento comenzaba— sabía lo que era esa especialidad y tenía la seguridad del futuro que iba a tener. Pero mi mamá no estaba tan segura y me repetía continuamente que iba a terminar siendo profesora. Fui al preuniversitario Saúl Delgado y al terminar el bachillerato pedí Diseño, que era lo que quería estudiar.

¿Cómo fue la llegada al ISDI?    

Me enteré por una convocatoria que se publicó en el periódico Granma en la que se informaba sobre las pruebas de ingreso para Técnico Medio. Se presentaron unos 500 (para no pasarme por si acaso) aspirantes y solamente aprobaron a 15 ¡entre ellos estaba yo! Fue muy emocionante y recuerdo que me senté a llorar en una fuentecita que hay en el patio central de la escuela y me dije: ya estoy aquí, ya entré.

¿Cómo recuerdas las pruebas?

Fueron de dibujo básico, es decir, dibujar un objeto determinado, darle claro-oscuro; también hacían unos tests mentales para analizar las direcciones de los objetos y otro montón de exámenes.      

¿Y tú no tenías una preparación previa?, ¿llegaste virgen a esos exámenes?

Totalmente virgen. Terminé el técnico medio y, luego, como tenía más de 90 puntos de acumulado, pasé directamente al ISDI solamente realizando las pruebas de actitud y, sinceramente, me fue fácil porque ya tenía una base y ciertas herramientas con qué defenderme.

¿Cuál fue la asignatura más difícil?  

Es que la generalidad de las asignaturas me gustaba y cuando disfrutas lo que haces todo es más fácil y nada te pesa. Ninguna de las asignaturas me molestó y creo que todas me aportaron y sirvieron de complemento de lo que soy ahora.

¿Entonces reconoces la academia como importante?

Creo que las personas nacemos con un don y con inclinaciones hacia una cosa o la otra, pero el diseñador es una cosa distinta y difícil porque —a diferencia, por ejemplo, de un pintor— trabajas para un sector de la población equis que te demanda un producto determinado y tienes que apartarte un tanto de tus gustos personales. Por ejemplo, mis colores preferidos pueden ser el verde, el negro o el azul y no los puedo plasmar en algunos diseños y tengo que irme por otra vía porque trata sobre otra cosa en la que no encajan esos tonos. Diseñar es como vestirse de otras pieles.

¿Cuál fue el objeto de estudio de tu tesis?

El diseño de interior de un hotel que, felizmente, nunca se llegó a hacer en el Complejo Cultural La Cabaña. En el tiempo que estudié había varias especialidades y yo me gradué de Diseño de hábitat y, lamentablemente, los que egresan de la especialidad, por ejemplo, de hábitat o de maquinarias no tienen dónde ir y se torna difícil encontrar un trabajo. Eso responde a las características de nuestro país que, por ejemplo, no tiene una fábrica de textiles fuerte y que tú puedas sentarte a escoger qué tipo de textiles requieres… o una fábrica de luminarias o de muebles.

¿Cómo ves el diseño cubano? 

La escuela ha dado un giro; cuando me gradué muchas cosas se escogían por catálogos de empresas que tenían los diseños predeterminados y lo que se hacía era componer sobre diseños ya existentes. En estos momentos se abolieron las especialidades. Se forma un diseñador que aprende de todas las especialidades.

¿Qué trabajos realizaste de la especialidad de la cual te graduaste?

Ninguno. Los primeros años después de graduarme los pasé en una inmobiliaria que, lamentablemente, no hacía nada de diseño. Aprendí mucho sobre el trabajo del inversionista porque soy de las que cree firmemente que uno aprende de cada lugar por el que pasa, pero de diseño no aprendí nada. De ahí me trasladé a una empresa que producía multimedias: eso no tenía nada que ver con lo que había estudiado, pero ahí me puse en contacto con los rudimentos del diseño gráfico, que es lo que en estos momentos trabajo.

Has hecho multimedias y también muchos spots para la televisión, ¿acaso la vida te ha llevado por los caminos de audiovisual?   

Sí y fue sin querer. Un día se apareció en mi casa el trovador Ihosvany Bernal y me dijo: “ya en la televisión están transmitiendo spots promocionales, ¿por qué no experimentas un poco?”. Eso me llevó a experimentar sobre el tema y así salió el primero que, a la vuelta de los años, opino que es patético: larguísimo, las letras no se veían bien y del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) me enviaron un montón de sugerencias y pautas que desconocía porque era un trabajo totalmente nuevo para mí. Eso me sirvió para reflexionar y fue como el arrancar. De entonces a la fecha he hecho más de 200 spots y todos han sido aceptados.

Una de las cosas que más me asombra de tu trabajo es la posibilidad de mutación que tienes, esa capacidad para no repetir ideas, de no montarte sobre una misma fórmula, ¿cómo lo logras?

Es difícil y uno tiene que investigar mucho. Si vas, por ejemplo, a hacer la promoción de un artista tienes que empaparte de quién es, cómo es su obra y esa indagación te puede dar el camino. En el caso de las portadas de los libros, igual: te lees el libro y ese puede ser otro trillo. Pero es complicado lograr cada vez caminos diferentes.

El diseñador se crea una noción primaria de la necesidad que le está planteando el cliente y por ahí tratas de formarte un concepto, de conceptualizar esa primera idea y, a veces, terminas apartándola porque no valió la pena, pero siempre tienes algo que te indica el camino a seguir. También está la musa porque nuestro trabajo es creativo.

Te ha sucedido que realizas un diseño específico, quedas muy complacida con el resultado, sin embargo, el cliente no está feliz y sugiere cambios con los que no estás de acuerdo y tienes la certeza de que es un error, ¿qué haces?

Hay un refrán que dice: “si al diseñador lo dejan hablar, no lo matan”. Y es cierto. Cada diseño es como un parto, uno lo soñó y lo hizo y por lo tanto le tiene fe al resultado. Con argumentos se trata de convencer al cliente, pero a veces —desafortunadamente— tienes que terminar haciendo lo que el cliente te pide porque son trabajos por encargo. Uno trata de imponer su criterio porque tienes la escuela e intentas convencerlo de que lo que plantea no está equilibrado y que el receptor no se va a llevar la impresión deseada. Es difícil y muchas veces he tenido que lidiar con personas que no entienden tu trabajo y te dicen: ¡eso que hacen es recortar y pegar! Y nada más lejano a la realidad que esa creencia.

¿Y el cartel?     

Tengo muchas ganas de hacer más carteles. Creo que no he hecho lo suficiente aunque he participado en varias exposiciones colectivas y el primer premio que obtuve en mi vida de diseñadora fue con un cartel. En el año 2000, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la embajada de Francia en La Habana, convocaron a un concurso para la realización de un cartel relacionado con la semana de cine francés en nuestro país. Lo hice y un día recibo una llamada con la feliz noticia de que había sido aceptado mi trabajo. Eso fue muy importante porque fue de las primeras cosas que hice y tengo que decir que casi no sabía trabajar con la computadora. En la escuela dimos algunas clases de computación, pero hay que admitir que estaba en pañales… sucede que la escuela es un poco el ideal de lo que se quiere, pero la realidad es otra.

¿Qué lugar ocupa la síntesis en tu trabajo?

Un lugar muy importante y creo que el mejor ejemplo de síntesis es la bandera japonesa. Muchas banderas de diversos países son un buen ejemplo de esto. La tipografía también es clave y muchas veces usándola correctamente no tienes por qué poner una imagen o una foto.

¿Consideras que el propio diseño va pidiendo lo que requiere?

Personalmente no me gusta recargar las cosas; a veces me parecen absurdos recuadros que se ponen por gusto, imágenes sin un verdadero sentido. Otras veces te lo pide el cliente aunque no estés muy de acuerdo. Pero siempre trato de darle el sentido al proyecto y muchas veces el cliente logra entender.

¿Qué colores prefieres?

Todos, aunque a veces siento que se me va la mano con el verde. Tengo que ponerme freno.

K & K significa Katia y Kike (Enrique Smith) y ustedes son un dúo creativo, ¿es difícil trabajar a cuatro manos? ¿Cómo se organizan a la hora de crear?

Trabajar a cuatro manos no ha sido difícil porque ya nos conocemos hasta de miradas y, por el contrario, uno de los dos siempre es el apoyo del otro cuando de crear se trata; siempre discutimos los proyectos, valoramos nuestros conceptos y entregamos a cuatro manos la solución final.

Enrique se ha especializado en lo que tiene que ver con el mundo de la fotografía y por estos días —y hasta inicios de diciembre en la Casa Alejandro de Humboldt, con sede en La Habana Vieja— puede verse una exposición de ambos titulada Desenfoques. Esta muestra mezcla la fotografía con el video-arte, algo que nos interesa mucho.

¿Planes? 

En el 2010 quisiera dedicarme un poco más al arte digital. El diseño me lleva mucho tiempo —que no me pesa, al contrario me gusta mucho diseñar y sin eso no podría vivir— pero quisiera concentrarme más en hacer nuevas cosas relacionadas con el mundo del arte digital.

También queremos seguir trabajando el audiovisual; somos un poco preciosistas y perfeccionistas por lo que creemos que siempre nos falta un poco más y ese pensamiento es el que nos incita a seguir realizando y construyendo sueños. Eso es lo más importante, crear, crear y crear.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600