Año VIII
La Habana
2009

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 
Vida y azares de Doña Isabel de Bobadilla
Josefina Ortega • La Habana
Fotos: Cortesía de la autora
 

Romántica como pocas resulta la leyenda tejida en torno a los trágicos amores de doña Isabel de Bobadilla.

Pero leyenda es leyenda y la realidad es a veces trivial. Hija nada menos que de Pedro Arias Dávila, cruel y codicioso conquistador, que murió en Nicaragua en 1530, y de Beatriz de Bobadilla, hija de Pedro de Bobadilla, alcaide de Maqueda, Toledo, poder y dineros no le faltaban a la doncella que habría de casarse en 1537 con Hernando de Soto, nombrado por España gobernador de Cuba y Adelantado de La Florida en el lejano 1538.

Cuando de Soto regresó a España por primera vez luego de la conquista del Perú, donde se había enriquecido, conoció a la hermosa muchacha. Desposarla y traerla al nuevo mundo fue una misma cosa

Llegada la pareja a La Habana en 1538, poco duró el himeneo, pues en razón de sus labores como Adelantado de La Florida, don Hernando salió para asentar el poder hispano en aquellas tierras; sin embargo, antes de partir con nueve naves, novecientos hombres y 300 caballos, el Adelantado, sin pérdida de tiempo, había dejado a su joven esposa como gobernadora de la Isla, lo que la hace, sin duda alguna, la única mujer que ha ejercido la máxima autoridad en el país.

Dicen que: “Una vez que de Soto partió y la dejó en Cuba, la vida de esta mujer se apaga, y no hace sino suspirar incesantemente, por su regreso, tal como si le hubieran arrancado parte de su corazón, así de lo mucho que lo quería”.

Según ha llegado a nosotros, de Soto andaba entre tanto ganando gloria hasta que se ganó… la eternidad al morir como resultado de unas fiebres malignas poco después de descubrir el caudaloso río Mississippi.

Dicen también que fue sepultado en sus aguas dentro del tronco hueco de un árbol.

La gobernadora, empero, además de sus labores administrativas subía cada tarde a lo alto de la torre de vigía de la vieja Fortaleza para otear el horizonte marítimo, por donde aguardaba durante largas horas y por años enteros, como fiel Penélope, las naves que traerían de regreso a su amado esposo.

Un día enterada en la torre de la fatídica suerte de su adorado, doña Isabel de Bobadilla murió de amor

La fábula dice que en lo alto de aquella misma torre se colocaría una estatuilla como veleta —semejante a la Giralda andaluza, pero más pequeña— para homenajear a tan sufrida y amorosa esposa.

Hasta aquí a grandes rasgos la leyenda que si bien parte de un hecho de la realidad no sucedió tal y como se cuenta hoy día en algunos casos.

Aunque mucho sufrió por lo sucedido, doña Isabel de Bobadilla no murió de amor, como cuenta la quimera, sino que con los cuantiosos bienes heredados de su consorte retornó a España, “junto a sus potentados familiares”, como bien afirma el investigador Pedro A. Herrera López, quien ha hurgado durante años y años en antiquísimos archivos, así como en textos y publicaciones periódicas relacionados con estos acontecimientos.

También es menester advertir que la doliente esposa no pudo, como estipula la ficción, esperar a su amado desde lo alto de la torre del castillo de la Real Fuerza, como algunos aseguran erróneamente, pues esa fortificación se erigió después de 1555, al ser destruida por el corsario francés Jacques de Sores la antigua Fortaleza, aposento de doña Isabel durante sus días cubanos.

Por tanto, La Giraldilla, la primera estatua en bronce que se reconoce hecha en Cuba, esculpida por el orfebre habanero Jerónimo Martínez Pinzón en la década del 30 del siglo XVII, no pasó de ser una veleta con forma de mujer para indicar la dirección del viento a los navegantes, y no como se afirma ingenuamente, que doña Isabel de Bobadilla, esposa del gobernador Hernando de Soto, Adelantado de la Florida, fue la que sirvió de modelo o es la personificada en la estatua como representación de la fidelidad conyugal y la esperanza.

Con el paso del tiempo La Giraldilla trascendió como uno de los símbolos de la Ciudad de La Habana.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600