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La Declaración Universal
de los Derechos Humanos
establece en su artículo
4: “nadie estará
sometido a esclavitud ni
a servidumbre; la
esclavitud y la trata de
esclavos están
prohibidas en todas sus
formas”.
Sin embargo, y aunque ha
sido abolida de manera
oficial por los estados
y gobiernos, en el mundo
actual permanecen en
régimen de esclavitud
más de 27 millones de
personas, una gran parte
de ellas niños y
mujeres, pertenecientes
a los grupos sociales
más vulnerables.
Existen esclavos en
todos los continentes,
pero África y Asia son
los más afectados.
Formas de servidumbres
como la esclavitud por
deuda, el tráfico
humano, la esclavitud
doméstica, la
explotación sexual, la
prostitución forzosa, el
trabajo infantil, la
venta de niños, los
matrimonios forzosos o
ventas de mujeres y la
permanencia de ciertas
modalidades de
mendicidad figuran entre
las maneras bajo las que
se configura hoy día
este imperdonable crimen
de lesa humanidad.
Desde la década del
setenta la prohibición
de la esclavitud es
considerada una
obligación en Derecho
Internacional y existen
múltiples declaraciones
de organismos
internacionales que
condenan su existencia.
No obstante, ello no ha
podido frenar un proceso
que parte de la
desigualdad e injusticia
del sistema vigente en
el mundo, de los
conceptos con que se
articula el poder y de
la tolerancia con que se
acoge el fenómeno.
Si en los tiempos
antiguos la manera de
establecer la propiedad
de un ser humano por
otro se realizaba a
través de la compraventa
en mercados públicos,
ahora el ejercicio de la
propiedad se realiza a
través del control sobre
las víctimas utilizando
la amenaza, la violencia
u otro tipo de
coacciones tanto físicas
como morales. Los
propietarios disponen de
manera absoluta de una
persona sin que medie un
documento de propiedad.
El Foro Interactivo
Esclavitud en el siglo
XXI: ¿Cómo es posible? —convocado
por el Festival
Internacional del Nuevo
Cine Latinoamericano de
La Habana, el sitio
digital La Ventana,
de Casa de las Américas
y la revista La
Jiribilla—, es una
alternativa de
comunicación en busca de
confrontar respuestas
que ayuden a visibilizar
el problema de la
esclavitud humana en su
dimensión global. A
través de la relación
virtual entre
intelectuales,
cineastas, creadores,
especialistas,
periodistas,
representantes de
organizaciones no
gubernamentales e
internautas de todo el
mundo, pudieran
encontrarse nuevas
estrategias que
contribuyan tanto a
visibilizar el fenómeno
como para pensar el
margen de sus
soluciones.
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