Año VIII
La Habana

14 al 20
de NOVIEMBRE
de 2009

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 A Guitarra Limpia

Oscar Sánchez: Abrir camino

Joaquín Borges-Triana • La Habana

 

Una de las tantas cosas que hay que agradecerle al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau es que en su accionar, nunca han tenido un enfoque habanocentrista a la hora de acometer sus proyectos artísticos. Ello ha permitido que un ciclo de conciertos como el de A guitarra limpia no haya caído en la trampa de resultar un espacio solamente capitalino. Por eso, en los recitales llevados a cabo desde 1998, hemos podido disfrutar de los decires de trovadores y trovadoras de toda la geografía nacional. Tal perspectiva ecuménica merece reconocimiento, porque con demasiada frecuencia, en el contexto cubano se carece de semejante amplitud de miras.

Creo que uno de los cantautores que mejor ejemplifica lo antes expuesto, es el holguinero Oscar Sánchez. Sin discusión alguna, su quehacer como trovador está indisolublemente ligado al Centro Pablo. Nacido el 2 de junio de 1986 en la provincia de Holguín, él es egresado de la Escuela de Instructores de Arte de su localidad en la especialidad de Artes Plásticas y como suele ocurrir con la mayoría de sus compañeros en el arte juglaresco, como músico es alguien de formación autodidacta.

Para que se entienda con exactitud las razones por las que afirmo que el desempeño de Oscar como trovador está ligado al devenir del Centro Pablo, recuérdese que su primer reconocimiento dentro de la esfera musical él lo recibe en el 2006, cuando se le otorga una Mención Especial por su canción “Torrente Brau”, con la que participara en el Concurso Una Canción para Pablo, organizado por la institución que dirigen Víctor Casaus y María Santucho.

Como es sabido, en buena medida bajo los efectos de aquel primer importante resultado, poco tiempo después Sánchez se motiva a intervenir en el concurso Una Canción Para Frida y Diego, también auspiciado por el propio Centro Pablo. En el certamen, su pieza “Calando Ribera” es seleccionada entre las finalistas y aparece recogida en el disco que a propósito del evento fuese editado, un fonograma que resultó nominado al Cubadisco 2009.

Pero por si lo antes expuesto fuera poco para demostrar los lazos entre el Centro Pablo y Oscar, él también resultó uno de los ganadores de la Beca de Creación Noel Nicola y que fue la que le permitió preparar durante meses lo que catalogó un concierto instalación, bajo el nombre de Abrir camino, celebrado el pasado 24 de octubre en el patio de Muralla 63, como parte del espacio A guitarra limpia.

La presentación sirvió para evidenciar que Oscar Sánchez es de esos pocos artistas cubanos que, al igual que sucediera con el habanero Adrián Morales, uno no sabe si definirlo un músico plástico o un plástico músico. El interés de Oscar por desempeñarse en los terrenos de la música visual performance se pone de manifiesto tanto en su quehacer de trovador, como cuando lo hace integrado a su banda Kñenga.

El hecho de que Sánchez apueste por una obra combinatoria y en consecuencia sea un artista multidisciplinario, se engarza dentro de un fenómeno que sin ser nuevo, matiza los modos de jerarquización y prioridad en los lenguajes, los medios y los mensajes. Con ello, este holguinero corrobora a través de la práctica artística, uno de los postulados fundamentales del teórico de la Aldea Global, Marshall Mac Luhan, cuando argumentaba: los medios son el mensaje. Habría que recordar a Wagner Richard, quizás el primero que habló de la “obra de arte total” o como él la llamó, la gesamtkunstwerk, donde se funde música, poesía y espectáculo visual, para muchos la más sólida e intensa plasmación de tal ideal, hasta el punto de convertirse en una suerte de categoría estética.

Aunque en la historia del arte cubano no ha sido muy frecuente que digamos el encontrarnos con casos como el de Oscar Sánchez, el hecho de que diferentes percepciones artísticas entren en contacto, ha sido una constante en el panorama estético de la contemporaneidad. En el camino de la búsqueda de los nexos entre el sonido y el color se hallan algunos de los principales creadores de los dos pasados últimos siglos.

Semejante sentido de integración entre las artes ha sido una de las premisas del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau desde su fundación. Por ello, en su intervención para presentar la función de Oscar Sánchez, Víctor Casaus resaltó lo significativo de este recital porque, en sus propias palabras, “nos parece muy importante entremezclar territorios, algo que ha formado parte siempre de la poética del Centro Pablo.”

Una de las cosas que particularmente me llamó la atención del concierto de Oscar Sánchez es que el repertorio compuesto por él refleja a las claras que como creador musical es alguien que persigue transitar por caminos no trillados. Su capacidad para experimentar con el diseño de las líneas melódicas de cada canción es algo notable. En dicho sentido, Oscar se me antoja como un cruce entre Inti Santana y el primer Boris Larramendi, es decir, el de los tiempos de la peña de 13 y 8 y del proyecto “Te doy otra canción”.

Obviamente, aún falta un largo camino por recorrer para poder afirmar que estamos ante un trovador maduro. Empero, me encanta que Oscar sea de los atrevidos que se lanzan a explorar otros rumbos y no se conforme con repetir maneras de hacer ya abaladas con anterioridad. Las 25 canciones que Sánchez interpretó durante su presentación en el Centro Pablo, al margen de que no todas le saliesen con idéntico nivel artístico, constituyen sobrado material para que de ellas haga una selección y nos entregue un disco de esos que pueden resultarnos inquietantes por su eclecticismo, algo que mucho se agradece en un panorama sonoro donde predomina lo predecible.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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