Año VIII
La Habana
2009

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Entrevistas, entrevistados, entrevistadores
Amado del Pino • España

Llegué al periodismo por el camino del teatro. Siempre recordaré la nochecita del “eterno verano” caribeño en la que el entrañable Padura llegó con el jefe de la página de cultura de Juventud Rebelde para negociar mi paso al periódico más leído en la Cuba de esos años. Me gustó el reto de poner en la mirada de miles y miles de lectores mis reflexiones teatrales que por esa época aparecían en la revista especializada Tablas. Bajé la pierna que tenía sobre una silla de nuestro modesto apartamento del barrio habanero de Veracruz y me alegré de que estuviera recién comenzada la botella de ron que compartía con uno de los vecinos de aquel edificio en que casi todos se dedicaban al duro oficio del timón; gente con ojos hechos a madrugar en las carreteras de nuestra isla larga y estrecha.

Me entregué con tanto amor y fervor al periodismo que durante años muchos pensaban que había estudiado en la Facultad de la calle G. La crítica teatral la combiné con mucho periodismo. Por mis empolvados atributos de poeta y cierta “famita” de rapidez me tocaron muchas crónicas de diverso tipo y extensión. También comenté sobre asuntos culturales y temas sociales o denuncié disparates como el de aquella cafetería en la que vendían pan y queso crema, pero el burocratismo o la pereza impedían ofertar la natural combinación de los dos productos. Creo que titulé aquel comentario “¿Cómo bajar el pan?”.

La entrevista es un género que se subestima en ocasiones, pero resulta clave no solo la locuacidad, el conocimiento o brillantez del entrevistado, sino —tal vez sobre todo— la sabiduría, el olfato, la gracia del entrevistador.

Entre mis entrevistas me llega ahora el recuerdo del susto por los muchos perros que tenía en su casa nuestra gran escritora Dulce María Loynaz. También la única vez que entrevisté al trovador esencial Pablo Milanés y decía en la introducción que aquella oportunidad me aliviaba el desconsuelo de no haber estado frente al legendario Beny Moré o no haber aprovechado alguna conversación con el ronco maravilloso José Antonio Méndez.

Alguna vez he estado en el papel de entrevistado. Trato de comportarme como los buenos que me han tocado en suerte. No suelo lograrlo. Mi atropello al hablar algunas veces me traiciona. Y suelo extenderme. Cuando el periodista está frente a su interlocutor agradece la facundia, el goce en los detalles; pero a la hora de transcribir el resultado de la conversación, nos arrepentimos de haberle “dado cuerda” para que fuera tan prolijo.

Les doy gracias a entrevistados y entrevistadores. El lector puede pensar que es casi lo mismo un intercambio impreso que una conversación doméstica; pero esa apreciación es tan ingenua como creer que en el cine la luz viene directamente del sol o los muebles son los de la casa de un vecino cualquiera. Para iluminar una escena, ambientar un set o convertir en algo agradable y útil lo que fue un intercambio de palabras hace falta mucho trabajo y talento. Claro, claro, si se hace invisible, todavía mejor.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600