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Si tuvieran que mencionar a su
principal enemigo, la industria
del cine y la discográfica no lo
pensarían dos veces para elegir
a un grupo: los piratas. Desde
Hollywood los culpan, entre
otras cosas, por las pocas
ventas de entradas durante los
últimos cuatro años; mientras,
en el sector musical aseguran
que la reducción de ingresos,
también por las acciones
ilegales, se extiende ya a ocho
años.
La piratería en Internet ha
provocado la caída en un 30% de
las ganancias por la
comercialización de los discos
de música y, de acuerdo con la
Asociación Cinematográfica de
EE.UU., los piratas causan daños
anuales por más de 18 mil
millones de dólares en la
economía norteamericana.
El supuesto enemigo número uno
de ambas industrias se ha
desarrollado y hoy, a través de
las redes de intercambio punto a
punto (P2P), los usuarios
descargan canciones y películas;
aunque la industria ha
presionado, con mucha fuerza, a
los proveedores de servicio para
que tomen medidas contra
aquellos que comparten archivos
protegidos por el derecho de
autor.
Los gobiernos de Francia, Gran
Bretaña y Suecia han endurecido
sus leyes para identificar y
perseguir a los internautas que
se atrevan a descargar
contenidos sin pagar derechos.
Las medidas tuvieron una buena
acogida por la industria, aunque
fueron cordialmente odiadas por
los usuarios, amenazados con
recibir castigos que pueden ir
desde la reducción de la
velocidad de acceso a Internet,
hasta breves cortes que buscan
interrumpir las descargas.
Quizá el caso más mediático de
todos sea el del sitio The
Pirate Bay (www.thepiratebay.org),
de Suecia, considerado el mayor
portal del mundo con enlaces a
descargas P2P. Luego de una
intensa disputa, un tribunal
sueco condenó a los
administradores a pagar millones
de dólares en indemnización y a
cumplir un año de prisión.
Las protestas por el fallo
judicial fueron inmediatas y de
ellas se benefició... el Partido
Pirata (PP). Esta organización
surgió en 2006, en Suecia, y en
las elecciones de 2009 logró,
por primera vez en su historia,
uno de los 18 escaños suecos al
Parlamento Europeo.
Los objetivos de la organización
son claros: luchar por el libre
intercambio de archivos en
Internet, acortar los derechos
de autor hasta cinco años y
exigir garantías para la
privacidad de la información de
los usuarios.
La iniciativa comenzó por
Suecia; pero ya se ha extendido
a otros países europeos como
España, Francia y Gran Bretaña.
Según el electo eurodiputado por
el PP, Christian Engström, en
una entrevista concedida al
diario español El País,
“los partidos existentes han
fracasado en la tarea de
desarrollar políticas sensatas
para la naciente Sociedad de la
información”. Esta es una
tendencia que el PP buscar
revertir.
Después del juicio a los
directivos del portal The Pirate
Bay, el PP triplicó su cantidad
de seguidores y sus propuestas
han tenido un alto nivel de
recepción, en especial entre los
más jóvenes quien son los que
realizan un mayor uso de las
nuevas tecnologías, sobre todo
de las redes P2P.
No obstante y como era de
esperarse, no todos aprueban la
gestión del PP, tal vez porque
la organización intenta
presentar a los piratas como
víctimas cuando, en realidad,
muchos de los llamados piratas
se aprovechan, no solo de las
P2P, para lucrar con las ventas
de discos de música o películas.
A pesar de las críticas, otros
prefieren adaptarse a las
circunstancias actuales y en
lugar de sostener costosas
batallas legales —recordar el
proceso de Metallica contra
Napster— prefieren utilizar a
Internet para promocionarse. Ese
fue el caso de la conocida banda
de rock británica Radiohead
quien puso a disposición de los
fanáticos su disco más reciente,
totalmente gratuito en su sitio
de Internet. El presupuesto
invertido lo recuperaremos en
los conciertos, aseguraron los
de Radiohead.
Las polémicas sobre cómo y qué
entender por “piratería”
prometen extenderse, pues en la
medida en que las conexiones de
banda ancha se multiplican en el
mundo desarrollado —la brecha
digital también se extiende cada
vez más—, lógicamente aumentan
los intercambios de archivos y
crecen los dolores de cabeza
para la industria del cine, la
música y el software.
El propio concepto de piratería
ha cambiado. Si antes se
tildaban así a los que
adquirían, por cualquier vía,
material protegido, lo
reproducían y de esta manera
obtenían ganancias con sus
ventas, hoy la idea de los
“piratas” se ha extendido hasta
todos aquellos que intercambian,
no siempre con afán de lucro, el
último disco de Shakira o las
aventuras del ogro Shrek. |