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La bandera pirata ondea en Internet

Miguel Ernesto Gómez Masjuán La Jiribilla 
 

Si tuvieran que mencionar a su principal enemigo, la industria del cine y la discográfica no lo pensarían dos veces para elegir a un grupo: los piratas. Desde Hollywood los culpan, entre otras cosas, por las pocas ventas de entradas durante los últimos cuatro años; mientras, en el sector musical aseguran que la reducción de ingresos, también por las acciones ilegales, se extiende ya a ocho años.

La piratería en Internet ha provocado la caída en un 30% de las ganancias por la comercialización de los discos de música y, de acuerdo con la Asociación Cinematográfica de EE.UU., los piratas causan daños anuales por más de 18 mil millones de dólares en la economía norteamericana.

El supuesto enemigo número uno de ambas industrias se ha desarrollado y hoy, a través de las redes de intercambio punto a punto (P2P), los usuarios descargan canciones y películas; aunque la industria ha presionado, con mucha fuerza, a los proveedores de servicio para que tomen medidas contra aquellos que comparten archivos protegidos por el derecho de autor.

Los gobiernos de Francia, Gran Bretaña y Suecia han endurecido sus leyes para identificar y perseguir a los internautas que se atrevan a descargar contenidos sin pagar derechos. Las medidas tuvieron una buena acogida por la industria, aunque fueron cordialmente odiadas por los usuarios, amenazados con recibir castigos que pueden ir desde la reducción de la velocidad de acceso a Internet, hasta breves cortes que buscan interrumpir las descargas.

Quizá el caso más mediático de todos sea el del sitio The Pirate Bay (www.thepiratebay.org), de Suecia, considerado el mayor portal del mundo con enlaces a descargas P2P. Luego de una intensa disputa, un tribunal sueco condenó a los administradores a pagar millones de dólares en indemnización y a cumplir un año de prisión.

Las protestas por el fallo judicial fueron inmediatas y de ellas se benefició... el Partido Pirata (PP). Esta organización surgió en 2006, en Suecia, y en las elecciones de 2009 logró, por primera vez en su historia, uno de los 18 escaños suecos al Parlamento Europeo.

Los objetivos de la organización son claros: luchar por el libre intercambio de archivos en Internet, acortar los derechos de autor hasta cinco años y exigir garantías para la privacidad de la información de los usuarios.

La iniciativa comenzó por Suecia; pero ya se ha extendido a otros países europeos como España, Francia y Gran Bretaña. Según el electo eurodiputado por el PP, Christian Engström, en una entrevista concedida al diario español El País, “los partidos existentes han fracasado en la tarea de desarrollar políticas sensatas para la naciente Sociedad de la información”. Esta es una tendencia que el PP buscar revertir.

Después del juicio a los directivos del portal The Pirate Bay, el PP triplicó su cantidad de seguidores y sus propuestas han tenido un alto nivel de recepción, en especial entre los más jóvenes quien son los que realizan un mayor uso de las nuevas tecnologías, sobre todo de las redes P2P.

No obstante y como era de esperarse, no todos aprueban la gestión del PP, tal vez porque la organización intenta presentar a los piratas como víctimas cuando, en realidad, muchos de los llamados piratas se aprovechan, no solo de las P2P, para lucrar con las ventas de discos de música o películas.

A pesar de las críticas, otros prefieren adaptarse a las circunstancias actuales y en lugar de sostener costosas batallas legales —recordar el proceso de Metallica contra Napster— prefieren utilizar a Internet para promocionarse. Ese fue el caso de la conocida banda de rock británica Radiohead quien puso a disposición de los fanáticos su disco más reciente, totalmente gratuito en su sitio de Internet. El presupuesto invertido lo recuperaremos en los conciertos, aseguraron los de Radiohead.

Las polémicas sobre cómo y qué entender por “piratería” prometen extenderse, pues en la medida en que las conexiones de banda ancha se multiplican en el mundo desarrollado —la brecha digital también se extiende cada vez más—, lógicamente aumentan los intercambios de archivos y crecen los dolores de cabeza para la industria del cine, la música y el software.

El propio concepto de piratería ha cambiado. Si antes se tildaban así a los que adquirían, por cualquier vía, material protegido, lo reproducían y de esta manera obtenían ganancias con sus ventas, hoy la idea de los “piratas” se ha extendido hasta todos aquellos que intercambian, no siempre con afán de lucro, el último disco de Shakira o las aventuras del ogro Shrek.

 

 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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