Año VIII
La Habana
2009

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 
Oscar Huerta
Imaginando
Joaquín Borges-Triana • La Habana

 

“La obra musical de Oscar Huerta está cargada de agudos y transparentes signos habaneros. Su próximo disco Pescador urbano es un diario cantado donde se tejen sus vivencias adolescentes en la calle Humbolt, con el florido imaginario de un apasionado pescador del malecón y la constancia de quién decidió, desde las escaleras de un edificio del Vedado, hacerse trovador contra vientos y mareas, vientos que no fueron pocos y mareas que no fueron bajas.

Las problemáticas de la sociedad colombiana también han encontrado lugar en su mira, varios temas como ‘El valle de Cimitarra’ o ‘La advertencia’, entre otros, denuncian la alarmante situación de los llamados ‘desplazados”, campesinos que se ven forzados a abandonar sus tierras hostigados por los conflictos armados.”

Lo anterior es parte de un comentario escrito por mi amiga Carmen Romero y que refleja con exactitud la proyección de Oscar Huerta. A él lo conocí a finales de los 80 gracias a Frank Delgado que, por entonces, laboraba en Radio Ciudad de La Habana como director de un programa denominado El salón de los juglares y que sirvió para promover las primeras grabaciones de muchos cantautores, que por la época se iniciaban. Sé que Frank ha conservado una buena parte de esos materiales y que está digitalizándolos. Tal vez un día, alguien se anime a editarlos y así saldrán a la luz las versiones iniciales de piezas que con el transcurrir del tiempo se han convertido en clásicos de nuestra cancionística, pero que en el momento en que se compusieron, no fueron tomadas en cuenta ni por los medios de comunicación ni por las discográficas de aquellos años.

Oscar Huerta pertenece a la categoría de los numerosos juglares que tuvieron que enfrentar las hostilidades de un momento que no supo comprender, en su real magnitud, la renovación que —tanto para la música cubana, como para toda la producción artístico-literaria en general del país— traía consigo una generación emergente, dueña de una sólida formación académica y cuyo rasgo fundamental era su alto sentido de la eticidad. Esos dos elementos han signado, desde su comienzo hasta la actualidad, la cancionística compuesta por Oscarito, como le dicen sus allegados.

Radicado en Colombia desde la primera mitad de la década de los 90, en 1995 graba en Cali su primer disco, El son nuestro, que recoge composiciones de la etapa anterior. Le seguiría una segunda producción titulada Imaginando, la cual muestra (y demuestra) cómo el espectro temático de la Canción Cubana Contemporánea hoy se ha ensanchado y readecuado a disímiles correlatos. Así, las actuales preocupaciones de Oscar pasan por las problemáticas latinoamericanas, en especial la de la violencia.

Imaginando es un fonograma de notables valores no solo en lo textual, sino también en el dominio que se evidencia de la técnica de hacer canciones. Como sucede con sus colegas de generación, él va de nuestros ritmos tradicionales (el son sobre todo, claro está) a ciertos aires brasileños, pasando por el pop. Me llama la atención que en el fonograma, Huerta se hace cargo —además de las guitarras, los coros y por supuesto, la voz principal— del bajo y los teclados. Los otros instrumentistas que lo acompañan en el CD son Carlos Ferrín, en la batería y la percusión cubana, y Gustavo Escobar, en el saxo tenor y en el soprano.

Creador en plena madurez, como heredero de lo que fue la Nueva Trova, Oscar Huerta maneja un discurso marcado por la poesía al tratar asuntos sociales en temas suyos como “América amerita” o “El valle de Cimitarra”, preciosa pieza donde plasma el drama del desplazamiento forzoso del campesinado colombiano y en la que ratifica su compromiso no solo con lo artístico, sino también con causas justas de nuestro tiempo:

“Yo me llamo José mi mujer Caridad
no tenemos casa donde soñar
se quedó con el frío y el alba
en el valle de cimitarra.
Yo soy el campesinado
y vengo saliendo de mi poblado
allí madruga la furia cuando es invierno y cuando es verano”.
 
 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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