|
Curadora de la exposición
Nkame inaugurada el 11 de
septiembre de 2009 en el
Convento de San Francisco de
Asís, Cristina Vives fue además
curadora de la mayoría de las
muestras de la artista de la
plástica cubana Belkis Ayón. Los
años de colaboración conjunta
convierten a Cristina en una de
las personas más autorizadas
cuando de hablar sobre la
grabadora se trata.
Cristina Vives no solo fue la
curadora de Belkis Ayón, también
fue su amiga. ¿Cómo llegó a su
obra?
Recuerdo que en el año 1989 se
presentó en el Centro de
Desarrollo de las Artes
Visuales, y yo era una de las
especialistas de ese centro. En
el año 90 ó 91 empezaron a
llegar allí las primeras obras
de Belkis, junto a obras de Abel
Barroso. Ya en el centro los
artistas que atendían el
grabado, me empezaban a comentar
que estos eran la más nueva
generación de artistas del
grabado que estaban saliendo del
Instituto Superior de Arte
(ISA).
En 1991 hice un contacto con una
galería en Italia que quería
hacer una serie de exposiciones
que reflejaran ciertas
influencias de las culturas
africanas en Cuba o ciertas
influencias de tipo
antropológica o sociológica,
incluso de temáticas. Entonces
me comuniqué con ella, porque
conocía bien su obra pero no a
ella. Fue entonces cuando la
conocí personalmente. Esta fue
la primera exposición personal
de ella fuera de Cuba, ocurrió
en 1992 y yo fui la curadora.
Definitivamente el temperamento
de Belkis cautivaba, su energía,
la cantidad desbordante de
trabajo que hacía. Al conocernos
de inmediato, y mutuamente,
comenzó una relación que se
inició por la curaduría de una
exposición y terminó siendo una
amistad muy profunda, hasta
donde el tiempo nos lo permitió.
Esta empezó a través de la
confianza mutua por ver cómo
manejábamos el arte, qué
pensábamos del arte y de cuál
debía ser la función de un
artista, cómo podía guiarse la
producción de una obra.
Teníamos muchas coincidencias,
ella era muy exigente, de un
alto nivel de honestidad. Belkis
no perdonaba la mediocridad, ni
la deshonestidad, y de alguna
manera yo soy un poco parecida,
soy sumamente estricta en lo que
hago conmigo misma, me impongo
metas que a veces no alcanzo
pero al menos me las impongo.
También coincidíamos cuando
hablábamos de terceros o de
proyectos de otros, pues ambas
teníamos esa afición por la
perfección.
A veces eso se convierte en un
conflicto, porque generalmente
la realidad no supera nuestras
expectativas y eso nos afectaba.
Teníamos una coincidencia de
temperamento, aunque el de ella
era mucho más explosivo que el
mío, y también semejantes formas
de ver la vida, la amistad, el
trabajo, el arte, las relaciones
interpersonales. Éramos muy
semejantes en lo que pedíamos de
nosotras mismas para después
pedirle a los demás.
Sin embargo por muy profunda que
fue nuestra amistad, yo, al
igual que otros que tuvieron un
gran aprecio por ella, no
notamos hasta qué punto ella
podía haber llevado su vida,
cuántas cosas podían estarle
afectando como para asumir una
decisión como la que tomó. No
fuimos capaces de verlo. Luego
de todo lo sucedido, una y otra
vez me pregunto: ¿Éramos muy
profundamente amigas?, ¿cuánto
había de Belkis que no llegué a
conocer?
|

"Sincretismo II",
Colografía, ca, 1986 |
Sobre Belkis se ha dicho que era la
sonrisa más hermosa de la
plástica cubana. Cuesta imaginar
una persona con esa capacidad de
alegría con un final así.
La mente humana es un universo
bastante complicado y después de
tantos años de trabajar con
artistas, de tener amigos
artistas pienso, sin que sean
seres excepcionales, que son
seres particulares y también sus
mentes y sus universos internos
pueden llegar a ser muy
complicados, para bien, para
cuestionarse cosas y crear en
función de ellas, pero no podría
decir si eso llegó a ser una
contradicción. Quien se propone
grandes cosas tropieza con
grandes conflictos, no es
frecuente que a los grandes
propósitos los acompañe las
condiciones idílicas para
realizarlos; entonces esas
personas pueden sufrir con mucha
más intensidad la disfunción
entre deseo y realidad. Ella
veía la vida con tanto
optimismo, exigía tanto de la
vida y de sí misma, expresaba el
optimismo con esa permanente
alegría, con deseos de hacer,
más allá de poder o no poder, de
las posibilidades reales, del
cansancio físico, quién sabe si
esa sonrisa permanente la pudo
haber llevado también a tener
grandes frustraciones que quizás
manejó internamente y no fue
capaz de superar. Nosotros no
fuimos capaces de verlo.
Uno de los aspectos que más se
resalta dentro del trabajo de
Belkis radica en la
particularidad de su temática.
En efecto ha sido un lugar
común, porque es demasiado
fuerte la imaginería a través de
la cual Belkis dice sus cosas, y
por lo tanto se convierte en un
lugar común tratar de entender
el tema que te conecta con el
pensamiento religioso abakuá.
Ese es un lugar cómodo, pero ni
cuando vi su obra, ni cuando
conocí a Belkis, pensé que era
eso lo que me atrapaba de su
obra. Me fascinaban la cantidad
de conflictos humanos expresados
por ella, tirados contra nuestra
cara a través de una imaginería
x que se le adaptaba. Su
objetivo era meterse dentro de
ella como un camuflaje y
utilizando esa máscara, el
aspecto externo, la morfología,
a través de esa cita, decir
cosas complejísimas relacionadas
con la condición humana y en
muchos casos de manera muy
particular con la condición de
mujer, sin que su obra se pueda
catalogar como la de una
feminista, porque Belkis nunca
lo fue.
Por eso nunca me interesó
enfrentar su obra por la
información o interpretación
religiosa que puede vérsele y
por supuesto nunca me interesó
enfatizarlo al montar la
exposición. Para mí siempre
estuvo muy claro que Belkis era
una artista muy contemporánea,
pertenecía a una generación con
un nivel de información
conceptual extremadamente
profundo, era una persona
absolutamente consciente de las
diversas vías de expresiones a
través del arte. Para mí era una
artista posmoderna como muchos
otros e hizo una gran cita: tomó
un conjunto de leyendas, de
personajes y significados y se
los apropió para transformarlos
después en otra cosa.
Incluso en una entrevista con
Jaime Sarusky Belkis llegó a
decir “me interesó la
morfología, o la imaginería
abakuá porque era un tema que
nadie había tocado y me permitía
muchas libertades”, creo que la
estoy citando textualmente
porque tengo esa entrevista muy
clara en la mente, pero tan
convencida estaba de eso que,
como nunca me interesó, tampoco
profundicé para entender la obra
de Belkis en la religión abakuá,
de hecho mis conocimientos de
esa cultura, religiosidad o
espiritualidad, son muy
elementales. Manejo los nombres
de algunos personajes, anécdotas
y leyendas que me permiten
entender ciertos códigos en la
obra, pero no sentía la
necesidad de dominar esos
códigos para entender la obra de
Belkis. Me pasa exactamente lo
mismo hoy, diez años después de
su muerte.
|
 |
Cuando me dieron la
responsabilidad de organizar
esta exposición, dije que no iba
a ser ahora cuando investigara
algo que nunca consideré
necesario, y lo sigo pensando,
porque cada vez la obra de
Belkis me parece más de carácter
posmoderno, con un nivel
conceptual y de humanismo que
rebasa la religiosidad, y por lo
tanto no necesito los códigos
del mito para entender a la
artista. La exposición no te
permite entender la leyenda, los
principios básicos de
religiosidad y espiritualidad de
un abakuá, porque rompe ciclos
cronológicos. No agrupa las
obras por temáticas, excepto en
una zona donde coloqué algunas
piezas que les he llamado por el
trabajo “El retrato de Sikán”.
Es un recorrido por el
desarrollo de una obra, de cómo
ella enfrentó la leyenda y la
utilizó para sus fines.
La exposición la comencé
enfrentando dos piezas básicas,
“La cena”, y eso resume
lo que pienso de su obra,
magistral incluso por el
tratamiento que le dio tanto a
los colores como al blanco y
negro aunque su obra siempre ha
estado asociada a la relación de
estos últimos, con una presencia
muy fuerte y una importancia
relevante en su carrera. Estas
dos piezas demuestran la pericia
técnica, el concepto y el manejo
del color pero también la
brillantez, y el dramatismo,
pero ambas, a color o en blanco
y negro, están a un mismo nivel,
desde el principio hasta el
final de su carrera. Cuando
vemos “La cena”, una imagen
absolutamente heredada de la
tradición cristiana, con
personajes con una apariencia
física creada por ella misma a
partir de la imaginería hecha
para el mundo abakuá, toda esta
mezcla indica que no hay un
respeto intencional, sino una
libertad absoluta de mezclar
tradición cristiana con
religiosidad afrocubana-abakuá,
cosa inconcebible si su obra
fuera de tipo religioso,
intencionalmente religiosa u
ortodoxa.
Lo que me probaba que Belkis
para nada atendía los
reglamentos propios del culto,
fue la forma en que en su obra
mezcló tradiciones, formas
expresivas y conceptos. Por eso
comencé con esas dos piezas,
porque además de ser máximas en
pericia técnica, fueron dos
momentos representativos de su
carrera: año 84 (colores) y 91
(blanco y negro). Desde el
inicio mezcló con toda libertad
cuantos códigos le fueron útiles
para expresar sentimientos y
conflictos: la traición (la
traición de judas está en “La
Cena”), el sacrificio inútil o
la necesidad del sacrificio para
el mejoramiento, y todas esas
cuestiones que no tienen que ver
con una religiosidad en
particular, sino con cualquier
pensamiento humanista.
Para la exposición no hice
hincapié en la organización
cronológica, pues no era un
estudio evolutivo de la obra.
Quise demostrar en esa sala
donde está el color y se mezclan
obras de la primera etapa y de
una etapa de transición, que era
simplemente una investigación
para ir dominando elementos con
el fin de llevarlos después a
las salas que denominé Sikán,
que es solamente un título de
trabajo porque no aparece en la
descripción y definición de la
exposición. Es el momento en que
ella trata, en mi opinión, a
través de diversos años de
creación, de estudiar ese
personaje para lograr expresarlo
al estilo de una investigación
sobre esa mujer que existe en
las leyendas, a la cual ella le
dio cuerpo, le dio cara y no
boca, le dio ojos y no
sensualidad, le dio fortaleza.
Resulta interesante la forma en
que ella iba delineando ese
personaje: Sikán. Después de
haber hecho múltiples pruebas,
de la cual hicimos una selección
para la exposición, ya ella
dominaba al personaje, ella
sabía todo lo que quería decir,
y es cuando coloca a Sikán en lo
que llamo la tercera sala, lo
coloca justo en el conflicto, en
la tragedia, junto al vía
crucis. Es por eso que acudimos
a una exposición que ella
organizó, muy pequeña, muy bien
concebida en Alemania en el 95,
que no tituló, pero para el
trabajo la llamó Vía Crucis. Ahí
ella coloca a su personaje,
Sikán, en todas las
posibilidades del drama humano
que es lo que quería mostrar.
|

"La familia", colografía,
1991 |
|
Sin embargo hay en la segunda sala
una obra que a mi juicio plantea
un conflicto en potencia: “La
familia”.
“La familia” es como “La cena”,
también es muy híbrida, es una
obra donde ella dice: aquí tengo
al padre al hijo y al espíritu
santo de la religión cristiana
representado en el núcleo
fundamental de cualquier
sociedad, la familia. El
concepto del núcleo central:
hombre, mujer, generación.
Y los pone en un formato similar al
habitual en aquellas fotografías
de antaño.
El género de la fotografía
familiar ha recorrido, desde el
descubrimiento de este arte
hasta hoy, múltiples etapas de
desarrollo, y siempre vamos al
punto de cómo se representa al
núcleo de la familia y se ven la
espontaneidad, la dignidad, la
relación mujer sentada- hombre
de pie. Entonces ella hace esa
versión de un género de la
historia del arte y en él
introduce la relación
sociológica: padre, hijo y
espíritu santo, que también
debería generar esa relación
hombre-mujer.
Es curioso cómo Belkis se
apropió de géneros dentro la
historia del arte, de muy
diversas técnicas antes de
llegar a la colografía, e
insisto en la apropiación,
porque es el concepto de la
cita, el concepto posmoderno, no
vale un respeto por cánones,
sino una utilización de lo que
le es útil para ir un poco más
allá. Retorno entonces al punto
donde digo: no busquemos una
expresión religiosa, una
representación de una
espiritualidad religiosa,
busquemos una expresión de
humanismo, de carácter universal
de los dramas contemporáneos de
toda la vida.
Belkis desarrolló su carrera
profesionalmente desde 1989
cuando salió egresada de San
Alejandro, con una formación
profesional de nivel medio.
Después se inició en el
Instituto Superior de Arte
(ISA), etapa que abarca los años
posteriores, 1992, 93, 94 y 95,
que fue la cúspide de su
carrera, y eso fue en medio de
lo que se conoció como período
especial, una época
absolutamente compleja en
nuestra sociedad tanto en lo
material como en lo espiritual.
Eso no se debe olvidar, cuando
otros artistas de su misma
generación reflejaron en su obra
conflictos de esos instantes
importantes: migraciones, éxodos
de todo tipo, rompimiento de
valores en los cuales nos
habíamos formado; de ese período
absolutamente crítico, Belkis
toma valores que estaban también
en un momento de ruptura, de
caída y deterioro, y potencia
gritos que constantemente daba
desde su obra, gritos contra la
censura y la falta de libertades
pues su Sikán es una mujer que
en su historia sufre censura,
segregación. La doble moral fue
uno de los elementos que veíamos
como evidencia de la
depauperación de la sociedad, y
también lo encontramos en la
obra de Belkis. Muchas de sus
obras muestran la angustia por
no encontrar salida, la Sikán en
muchas ocasiones, sobre todo en
piezas de gran formato, se
pierde o escabulle en huecos.
Hay una relación muy complicada
entre el artista, sus
circunstancias, el contexto en
el más amplio espectro, que
influye en el reflejo de su
obra.
La parte más dramática de la
obra de Belkis se desarrolla
entre el año 1993
aproximadamente al 98. En esos
años está lo que ella misma
denominó Vía Crucis, ubicada en
la tercera sala de la
exposición, donde las obras
llegan a ser sobredimensionadas.
Realizó todo un despliegue
técnico que para el grabado no
solo era inusual sino impensado,
y en esas superficies
gigantescas sumergió el drama
mayor, que coincide con el
espíritu de un momento en el
cual ella vivió, con la historia
de esa mujer tomada como
ejemplo, y coincide con el
momento cuando comienza a
presentar como personalidad, los
mayores conflictos, que la
llevan hasta su desenlace.
La última sala, que es muy
pequeña, pero tal vez la más
dramática, es su producción del
año 1998. Aquellas obras
gigantes del 95 y 96 las reduce
de formato, lo ubica
absolutamente todo dentro de
círculos. Pensamos que estaba
experimentando, volviendo atrás
en dimensiones, en formas, por
su trabajo con los círculos. Yo
trataba de entender por qué ella
trabajaba esos círculos, pero de
lo que no nos dábamos cuenta era
que se estaba reduciendo su
espacio, y ese espacio siempre
negro, era donde se daban cita
todos sus conflictos. Ya en esa
etapa Sikán prácticamente no
aparece, sí la imagen de ella y
en algunas ocasiones la alusión
a sus propios dramas.
Llama la atención su afirmación de
que Belkis hizo cosas que en el
grabado eran impensables…
La colografía es una de las
técnicas más complejas, requiere
de un trabajo artesanal
imposible de estandarizar, es un
trabajo absolutamente manual,
paciente, porque toda textura,
todos los volúmenes, todas las
tonalidades, todos los rasgos,
los vas fundir en la mezcla de
todos y cada uno de los
materiales en una matriz que se
convierte prácticamente en un
bajo relieve. Por ello en la
exposición colocamos matrices,
no muchas, pero sí las
suficientes como para dar a
entender el proceso de
producción, el temperamento que
hay que tener, y la pasión con
que se debe enfrentar el grabado
para llegar a hacer obras como
esa. Eso es muy complicado, pero
Belkis logró, según los propios
grabadores, no solo texturas,
sino niveles de dibujos, de
preciosismos tonales, que
pertenecen definitivamente a
maestros.
Cuando se referencia en las
diversas manifestaciones de la
historia del arte los artistas
que llevaron al máximo las
posibilidades de una técnica, si
hablas de la colografía, incluso
internacionalmente, se debe
citar a Belkis Ayón, porque como
artista contemporánea que fue,
dinamitó los contornos del
trabajo, de la tradición
bidimensional a escalas
apropiadas a las matrices
tradicionales, violentó todos
esos esquemas e hizo del grabado
instalaciones. Las obras de gran
formato se convertían en
instalaciones compuestas por
diversas partes, que por
sumatoria te llevaban a
dimensiones novedosas que al
mismo tiempo podían discurrir
sobre paredes, paredes y pisos,
sobre pisos, y sobre pisos y
techos, buscando siempre
volúmenes y un concepto
instalático de adecuación de la
pieza al espacio donde sería
mostrada. Existen piezas que se
desarrollan en forma de L, en
líneas diagonales, ángulos de 45
y de 90 grados. Dinamitó, sin
irse de la matriz bidimensional,
por sumatoria de partes y
ubicación de partes en el
espacio, convirtió o dio los
primeros pasos que contribuyeron
a que el grabado se convirtiera
en instalaciones.
|

"Mokongo",
Colografía, 1991 |
Un momento importante de esto sería
la Bienal…
Si, la Bienal del 1989, Tercera
Bienal de La Habana, cuando
Belkis, recién egresada de la
Academia de San Alejandro, es
invitada al Taller Internacional
de Serígrafos que se dio junto
con la Bienal en el Taller de
Serigrafía Artística. Eso
demuestra la fuerza que tenía la
obra de Belkis y su personalidad
dentro del movimiento artístico
de ese momento. Solamente
graduada de San Alejandro, ya
Belkis es parte de un taller
internacional, era Big Prints,
que aquí le llamábamos la
aplanadora y que fue
desarrollado en coordinación con
el Massachusetts Art Institut y
el Taller de Serigrafía de La
Habana que en ese momento lo
dirigía Aldo Menéndez. El taller
magnificaba el grabado, jugaba a
invertir el proceso, la prensa
la convirtió en la aplanadora,
al papel lo convirtió en tela,
la mesa la convierte en la
calle. Fue un taller sumamente
interesante y que exploraba los
grandes formatos, sacaba al
grabado de la prensa tradicional
y del taller y lo llevaba a la
calle.
Belkis saca el grabado del
marco, lo coloca en la pared y
lo estructura a modo de
instalación, usando o recreando
estilos arquitectónicos como en
las tres consagraciones en esta
sala que le hemos llamado el
momento del Vía Crucis. Esas
piezas, por su estructura
formal, aluden a arquitecturas
religiosas, clásicas, de arcos,
medios puntos. Recrea con el
grabado la estructura misma
arquitectónica, el concepto
espacial del grabado y ella
misma fue pionera en eso porque
su visión del arte era
contemporánea.
Existen algunas facetas de Belkis
que no son tan publicitadas, un
ejemplo es la de su labor como
profesora.
Belkis en realidad trasciende
como artista y como creadora.
Puede fácilmente equipararse lo
que hace en el campo artístico
con lo que realiza en el campo
pedagógico. Belkis era tan
amante del grabado como medio de
expresión que para ella fue un
sacerdocio su función
pedagógica.
En mi opinión lo más importante
que define a un buen maestro,
que a su vez es un buen artista,
es no enseñar a hacer, sino a
pensar, de manera que nadie se
te parece, porque no es la
intención de su metodología, su
meta era que cada cual buscara
su camino, se cuestionaran sus
posibilidades. Hoy son muchos
los artistas profesionales que
no llegaron a conocerla
personalmente, pero se llaman
deudores del magisterio de
Belkis. En cambio no hay un solo
elemento en sus obras que los
asocie, estamos hablando de
actitudes ante el arte, ante el
grabado, actitudes éticas, que
son las cosas que Belkis, como
los grandes maestros, han hecho
en el arte. Hemos inaugurado por
estos días exposiciones
colaterales en este ámbito, y en
todas hay una fuerte presencia
joven, invitados algunos, y
otros que se declaran
abiertamente herederos del
magisterio de Belkis. Las
muestras están repletas de
jóvenes que son ahora
estudiantes de quienes fueron
estudiantes suyos. Esa conexión
y el desarrollo de esa herencia
se le debe a Belkis, esa manera
de sentir el magisterio que les
transmitió a sus alumnos. Eso
está garantizando el legado de
Belkis como pedagoga.
¿Y su trabajo como Vicepresidenta de
Artes Plásticas en la Unión
Nacional de Escritores y
Artistas de Cuba?
Eso fue muy breve, y prometía
ser definitorio, porque Belkis
que siempre había colaborado, y
era miembro de la UNEAC, vivió
como artista las deficiencias,
las irregularidades, las
desidias y los éxitos de la
organización. Padeció como
artista lo que cualquier otro
artista padece en su relación
con las instituciones. Al asumir
su posición de dirigente
cultural desde ese lugar su
propuesta fue “si lo he aceptado
en contra del tiempo que he de
utilizar para crear, es para
hacer desde allí, lo que hubiera
querido como artista que
hubieran hecho por mí”, pero no
tuvo tiempo de desarrollarlo.
Se habla mucho de esta etapa de
Belkis en tanto ella fue
receptiva con toda la gente que
se le acercó…
Quienes trabajaron con ellas en
la UNEAC serían más precisos con
eventos que se hicieron en su
tiempo o que ella quería hacer.
Como amigas hablábamos, y como
colaboradora en sus proyectos
discutíamos. Si sufrió la
indolencia de algunos, fue
porque intentó dinamitar la
estructura, intentó hacer
aflorar las deficiencias para
lograr la perfección que siempre
buscaba, porque decía: “ como
artista no puedo permitir que en
la institución ahora en la que
estoy otros artistas reciban los
efectos que dañinamente recibí,
por lo tanto debo hacer lo que
hubiera querido recibir”. Esa
fue su máxima. Cuando llegas a
un sitio con esa convicción y
vocación, lo bueno se rescata,
pero las debilidades afloran, y
se pueden convertir en pugnas,
rechazos, esa mezcla es lógica y
existe en cualquier estructura.
Porque estás dinamitando
intereses creados, y Belkis no
creía en esos intereses.
|

"Yo,
te di el poder", 1995 |
¿Si tuviera que definir de algún
modo el trazo o la presencia
definitoria de la obra de Belkis
dentro de las artes plásticas
cubanas cómo lo haría?
No podría hacerlo, porque
cualquier definición podría ser
incompleta. Puedes definirlo
desde el punto de vista de
soporte artístico, desde los
contenidos, desde su impronta
ética. Pero no quiero definir su
obra.
Si logras estudiar la obra de
Belkis y apreciarla toda de
conjunto te lleva a una
convicción cuando haces el trazo
histórico del desarrollo del
arte contemporáneo en Cuba: ella
es una de las figuras cimeras.
No importa si son diez o quince
quienes marcan la pauta,
descuellan o hacen la diferencia,
pero Belkis es una de ellas. No
sé cuantos sean y tal vez sean
cuestiones muy subjetivas, pero
por reducido que ese número sea,
Belkis es una de ellas. |