Año VIII
La Habana
31 de OCTUBRE al 6 de NOVIEMBRE
de 2009

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Entrevista con Katia Ayón

Belkis, la presencia constante

Lorna Bazán • La Habana

Fotos: Cortesía del Estate de Belkis Ayón y La Jiribilla

 

A Belkis Ayón se puede llegar de muchos modos, a través de sus obras, sus alumnos, su mito… sin embargo conocer a Belkis a través de su hermana Katia —al frente en la actualidad del State de la artista— reviste con tintes de intimidad la historia de una de las más reconocidas grabadoras cubanas.

“Belkis inició muy pequeña su relación con las artes plásticas, cuando tenía seis años comenzó en un círculo de interés que funcionaba en la Biblioteca Máximo Gómez, cerca de mi casa, con la profesora Zenaida Armenteros. Con ella ganó su primer premio en un concurso en Finlandia a los ocho años. Después hizo las pruebas para entrar en la escuela de arte”, recuerda Katia.

“No sé cuándo exactamente comenzó su pasión por el grabado, si fue en la escuela elemental porque ya en San Alejandro Belkis lo trabajaba. Cuando ella comenzó sus estudios en las artes yo estaba estudiando medicina —acota la albacea de las obras—nosotras nos comunicábamos mucho pero de algunas cosas no hablábamos porque eran dos mundos completamente distintos; sin embargo sabía que a ella le gustaba su trabajo porque veía la manera en que lo hacía. Recuerdo que cuando el Taller de la Gráfica estaba en la Plaza de la Catedral, ella iba mucho y en esa época ya estudiaba en San Alejandro. No sé qué la enamoró, si las maquinarias o las diferentes técnicas que podía estudiar. Ella decía que no dibujaba bien —aunque para poder hacer sus figuras no creo que haya sido mala dibujante, aunque seguramente lo practicó mucho porque hacía muchos bocetos de diferentes partes del cuerpo humano—, pero probablemente ese fue uno de los elementos que la llevaron a trabajar con estas técnicas, para poder expresarse a través del arte. En el grabado solo dibujas una vez y luego le añades todos los elementos necesarios para conseguir los volúmenes y texturas requeridos, al menos en la colografía, la técnica que más usaba. Ella únicamente pintó cuando pequeña y de grande solo hizo un óleo del Che encargado cuando el 11no. Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, el cual forma parte de la colección de La Cabaña.”

Katia evoca los procesos creativos de su hermana y narra cómo toda la familia participaba en ellos: “Belkis no tenía taller, ella armaba las matrices en la casa e imprimía en el ISA. Nosotros participábamos en la elaboración de sus obras porque para lograr determinadas texturas, como escamas por ejemplo, ella marcaba unas figuras pequeñitas y luego nosotros las recortábamos, mi mamá la ayudaba mucho más porque era quien tenía más tiempo. Ella siempre tenía una idea bien clara de sus proyectos porque antes de hacer una obra hacía primero los bocetos y en ellos anotaba además los diferentes materiales que iba a utilizar. Las figuritas había que recortarlas bien porque si no luego en la impresión no quedaba exactamente como ella quería y Belkis era muy quisquillosa. La gente piensa que por esto mismo se demoraba mucho, pero no, lo planificaba todo muy bien y lograba en un tiempo, para mí récord, hacer matrices de seis, 12 y hasta 18 partes, con mucha precisión para empatar luego cada figura con la otra. Eso es muy difícil pero ella tenía mucha facilidad para poderlo lograr.”

Exigencia a toda prueba

Uno de los rasgos más destacados de Belkis era su alto nivel de exigencia. “Cuando comenzamos a hacer el libro sobre ella —explica Katia— uno de los entrevistados fue Ángel Ramírez, quien fue profesor suyo y nos contaba que en una ocasión estaba haciendo un ejercicio de clases y Belkis le preguntó su opinión. Él le dio algunos consejos, ella no le respondió nada y siguió trabajando, a los dos o tres días se presentó con otro trabajo donde había cambiado completamente la concepción. Ángel le preguntó por qué lo había cambiado si el anterior estaba bien y ella le contestó que como él le había señalado problemas, ella lo había cambiado. 

“Nunca la vi imprimiendo en el ISA pero sí la vi dando clases en San Alejandro y llevaba a sus alumnos bien recio. Ella tenía un nivel alto de autoexigencia con su obra, siempre trataba de que la impresión quedara lo mejor posible, eso le servía de mucho para exigirles luego a sus propios alumnos. Ella les dedicaba su tiempo, los dejaba experimentar, no influía en la idea de cada cual, pero les exigía que en el uso de la técnica, en la impresión, todo debía quedar bien, incluso los hacía repetir la impresión en ocasiones. Eso los enseñó a trabajar bien y muchos de los artistas que fueron alumnos de ella se lo agradecen. También los ayudaba con los materiales, en ocasiones en sus viajes al extranjero traía materiales para la escuela para que los muchachos pudieran trabajar.”

Cuidado de una obra: el Estate Belkis Ayón

El cuidado de la obra de Belkis ha corrido desde su muerte a cargo de la propia Katia. “Cuando comencé a trabajar con el legado de mi hermana no tenía conocimiento de cómo se manejaba una obra de arte, ni cómo organizar aquello. Cuando ella falleció su curadora Cristina Vives no estaba en Cuba, regresó a la semana, entonces empecé a recopilar toda su obra y luego consulté a curadores, artistas de la plástica amigos suyos. Debía buscar un modo de organizar todo aquello porque los artistas producen y producen, por suerte Belkis anotaba todo lo que hacía, eso me ayudó mucho, comencé a leer todos sus papeles, sus anotaciones… ese trabajo duró tiempo porque tuve que revisar varias veces hasta encontrarle una lógica a todo. Entonces, aconsejada por la misma Cristina, decidimos hacer un estate, para promocionar, conservar, restaurar y agrupar toda la obra para poder hacer exposiciones, un libro, o cualquier otro trabajo. 

Una parte importante de ese fondo son los manuscritos de la artista. “Belkis escribía sobre su obra, hacía las explicaciones de cada una de ellas, lo que quería decir. Textos completos solo tiene uno, llamado “Confesiones”, donde explica cómo entró en el mundo de la sociedad secreta abakuá, cómo armó su iconografía para hacer las presentaciones sobre el tema y sobre la técnica con que la trabajó. Sus escritos eran mayoritariamente explicaciones acerca de la significación de su obra y las anotaciones a partir de los textos sobre la sociedad secreta,  pequeños textos donde explicaba cómo llegó a la asociación secreta abakuá y qué representaba esta sociedad en su obra, utilizada mayormente como vehículo, con el objetivo de poder expresar en su obra lo que ella pensaba sobre el comportamiento humano, las relaciones y eventos que le pueden suceder al ser humano de forma cotidiana”. 


"Sikán", Colografía 1991

El mundo abakuá

La relación de Belkis con la religiosidad abakuá es uno de los temas más recurrentes cuando de su obra se trata. “Ella llegó al tema de forma muy sencilla. En casa de mis abuelos había un libro de los ñáñigos de Enrique Sosa, un día ella vio el libro, comenzó a leerlo y le interesó la historia. He leído algunos pasajes del libro para poder entender mejor ciertas representaciones que aparecen en su obra y vienen allí muy bien explicados porque el libro de los ñáñigos es como un ensayo del libro de Lidya Cabrera, La Sociedad Secreta Abakuá. Allí se detalla el sentido de cada uno de los personajes y de los elementos que aparecen en la leyenda: el chivo, el gallo, la serpiente…

“Antes de que Belkis lo hiciera, nadie había tratado el tema de la sociedad secreta abakuá. Belkis abordó el tema de una forma muy inteligente porque ella primeramente se dedicó a documentarse y se informó muy bien, ella hizo una investigación muy profunda, incluso tuvo la oportunidad de ir a lugares donde se hicieron ritos, hasta el punto que puede ser posible, porque todo el mundo no puede ver por ejemplo, la iniciación a la sociedad. Ella se dedicó a buscar todos los libros sobre el tema, tenía en su biblioteca El monte, El karabalí, Ana kurana, La Sociedad abakuá, que son obligatorios para conocer el tema. Ella los leyó, de ahí sacó todas las anotaciones y pudo armar toda esta iconografía que no existía. Al inicio graficó muy bien todo lo que sucedía o se realiza en una ceremonia, porque eso está escrito, ella no inventó nada, solo lo recreó para que las personas lo conocieran. Belkis se dedicó a construir el personaje de Sikán, de Mocongo, de Nasakote, es decir, determinados personajes que nunca tuvieron rostro y ella tomó de pretexto para decir otras muchas cosas. ” 

Los grandes temas en la obra

Tan fuerte fue la iconografía religiosa en su obra que solo luego de su muerte su obra comenzó a verse desde ópticas diferentes. “Quien es conocedor del tema abakuá tiene la idea de lo que está sucediendo y lo que ella quiere representar, quien no es conocedor del tema puede hacerse una idea propia de lo que ella está representando, por eso decía que su obra no era solo para un público conocedor del tema abakuá, sino también para un público universal. Solo se deben fijar bien, para saber determinar cuándo empieza el mito y cuándo empieza lo que ella quiere decir, porque se refiere también a sucesos que les ocurren a las personas en su vida cotidiana. Eso ella lo dejó graficado cuando hizo las obras del año 96 en adelante, ese año hizo una exposición que no está relacionada con el tema abakuá y en el 98-99 utiliza los elementos y los personajes pero por los títulos de las obras se puede definir qué quiere decir.

“En el año 96 ninguna obra de Belkis tiene título y para mí son difíciles de poder interpretar porque utiliza algunos elementos de los mitos pero ya quiere decir otra cosa, incluso como las obras no tienen título ella les buscaba una forma de poder identificarlas, pero cuando se leen los subtítulos tampoco dicen nada, por ejemplo: hay un subtítulo de una pieza que se llama “La soga y el fuego”, solo porque en la composición hay una soga y está el fuego, pero eso no significa nada, hasta que no ves la obra no te das cuenta de lo que quiso decir.

“Cuando hice la exposición de Belkis en el año 2001 en la Galería Habana, una persona me dijo: “la obra de Belkis hay que verla en otra dimensión ahora”, yo no lo entendí, le pregunté por qué y me respondió: “es que nosotros teníamos una idea fija sobre ella…”, es decir, las personas encasillaron a Belkis en la religión, todo el mundo quedaba atraído por el tema, por la forma en que hacía la iconografía, por lo grande que eran, pero hasta que Belkis no falleció las personas no pensaron en lo que ella quería decir desde el punto de vista de lo cotidiano, de las relaciones entre los seres humanos, de cuestionamiento espiritual.”

Aunque Belkis Ayón no se consideraba feminista utilizaba el personaje de una mujer como medio de expresar su humanismo y sus preocupaciones por diferentes conflictos. “La leyenda empieza a partir de Sikán —señala Katia—, es decir, era el motor impulsor, pero por eso solamente no se debe catalogar la obra de Belkis como feminista. Quizá si hubiera sido un hombre el que descubriera el pez no hubiera sido lo mismo, no hubiera sido tan trascendental, si Sikán no hubiese existido tal vez no hubiese existido la sociedad secreta abakuá y fuese otra la historia. Belkis lo que representa en su obra es todo lo que le puede ocurrir a la mujer y también al hombre, fue su manera de expresar cómo la mujer ha sido sacrificada, excluida. Hay obras de Belkis que tienen títulos, que exaltan el papel de Sikán dentro de la sociedad. Por ejemplo “Sikán madre de los espíritus” sugiere que Sikán es la madre de todos los abakuás, a pesar de haber sido excluida, es quien pone la piedra para surgimiento de todo. En ninguno de sus manuscritos ella exalta el punto feminista en su obra, porque ella no lo consideraba así. 


"S/T", Colografía, 1995

Los últimos años

En la última sala de Nkame se exponen unas obras, que aunque de pequeño formato, resaltan por el dramatismo de sus imágenes. Según su hermana “esa etapa fue fuerte para Belkis. Llegó un momento en que ella, que cubría con su obra todo el papel, comenzó a trabajar con un formato redondo. No sé si se sentía atormentada, pero al menos estaba, tal como tituló una exposición que hizo en el año 1998, en Desasosiego. Belkis empezó a hacer esa obra de la noche a la mañana a finales del 97 y en el 98 produjo la mayor cantidad. En el mismo año 97 hizo la última obra donde se utilizan elementos de la leyenda, “Déjame salir”, pero en el resto de las obras, ya en el 98, “Temores infundados”, “Intolerancia”… no hay ningún tipo de elemento de la sociedad abakuá. Para algunos se le estaba acabando la temática para otros, se estaba encerrando en su círculo.”

“Para mí es difícil referirme a esta etapa —asegura Katia— porque cuando ella hizo la exposición en Los Ángeles y le puso como título Desasosiego, yo no sentía que ella estuviera mal. Una cosa era lo que ella expresaba en sus obras y otra lo que aparentaba, aparentaba que todo estaba bien, pero la obra es una forma de expresar lo que no quieres decir. Entonces a veces una como mecanismo de defensa tiende un velo para no darse cuenta de lo que verdaderamente está sucediendo. Según sus amigos en el último viaje que hizo ella estaba muy deprimida, porque mi hermana tuvo la posibilidad o el don de ayudar a muchas personas, y de cierta manera a uno le gusta que las personas a quienes ayuda se lo reconozcan y eso no siempre sucedía. Además en esa etapa ella tuvo problemas matrimoniales, se desilusionó con muchas personas, creo que hubo muchos poquitos que buscaron un punto de convergencia para que ella se expresara así en sus obras. A Belkis se le unieron muchas cosas que probablemente solo ella sabía, ella se las llevó con ella, y a lo mejor, cuando le llenaron la copa, quiso decir todo eso. Todos los títulos de esa etapa están relacionados con estados de ánimo.

“Ella siempre estuvo muy clara de lo que quiso ser, no era alguien que divagaba, por eso el tema abakuá le rindió, supo aprovechar bien la historia, le sacó todo lo que pudo, lo utilizó bien y con base. La gente al principio le preguntaba porqué hacía aquello, que debía tener cuidado porque le podía pasar algo, trataron de asustarla para que no continuara. No había necesidad de eso, porque eso está en libros que se pueden ver. Si a los abakuá no les hubiese interesado que la historia se conociera, no hubieran permitido que Lydia Cabrera hubiera escrito su libro.”  


"Adoración", Colografía, 1988

Belkis y Katia Ayón, la familia… 

Para Katia Ayón desprenderse de la presencia de su hermana ha sido imposible, de hecho tal vez nunca lo haya deseado. “Belkis es la hermana más chiquita. Nosotras nos llevábamos muy bien y nos entendíamos. Trato de recordarla no como la última vez que la vi, sino por todo lo que hicimos juntas desde niñas hasta que falleció. 

“Eso de querer hacer las cosas bien es parte de nuestra formación. Yo tengo una premisa: las cosas se hacen bien o no se hacen. Eso también lo hago por ella porque el día que pase lo contrario, donde quiera que Belkis esté me va a halar las orejas o los pies. Ella siempre trabajó para hacer las cosas bien y estaría muy mal de mi parte hacer con su obra algo incorrecto. 

“Para mí ella donde único no está es en este plano, pero siempre anda conmigo. No es fácil haber tenido una hermana como Belkis y luego no tenerla. Cuando uno tiene una hermana así, con quien podía contar para cualquier cosa, y ya no es así, no resulta igual, porque su lugar nadie lo ocupa. 

“Ya no tengo la suerte de tenerla a ella, solo a su recuerdo, que no me he podido quitar. No tuve tiempo para llorar su muerte, porque el trabajo no me lo permitió. He creado un mecanismo para no pensar en el tema; cuando estoy tranquila, en la casa, sin hacer nada, me siento incómoda, enseguida me pongo a buscar algo qué hacer, el trabajo es lo que me mantiene sin pensar mucho, sin tratar de entender por qué ocurrió o cómo se pudo haber evitado. Por eso trato de hacer las cosas bien, para que ella esté tranquila y sepa que su obra no se ha quedado ahí. Desde que murió pienso en ella como si estuviera viajando. Imagino que anda por ahí, volando, hasta que un día aterrice.”

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600