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A Belkis Ayón se
puede llegar de muchos modos, a
través de sus obras, sus
alumnos, su mito… sin embargo
conocer a Belkis a través de su
hermana Katia —al frente en la
actualidad del State de la
artista— reviste con tintes de
intimidad la historia de una de
las más reconocidas grabadoras
cubanas.
“Belkis inició
muy pequeña su relación con las
artes plásticas, cuando tenía
seis años comenzó en un círculo
de interés que funcionaba en la
Biblioteca Máximo Gómez, cerca
de mi casa, con la profesora
Zenaida Armenteros. Con ella
ganó su primer premio en un
concurso en Finlandia a los ocho
años. Después hizo las pruebas
para entrar en la escuela de
arte”, recuerda Katia.
“No sé cuándo
exactamente comenzó su pasión
por el grabado, si fue en la
escuela elemental porque ya en
San Alejandro Belkis lo
trabajaba. Cuando ella comenzó
sus estudios en las artes yo
estaba estudiando medicina
—acota la albacea de las
obras—nosotras nos comunicábamos
mucho pero de algunas cosas no
hablábamos porque eran dos
mundos completamente distintos;
sin embargo sabía que a ella le
gustaba su trabajo porque veía
la manera en que lo hacía.
Recuerdo que cuando el Taller de
la Gráfica estaba en la Plaza de
la Catedral, ella iba mucho y en
esa época ya estudiaba en San
Alejandro. No sé qué la enamoró,
si las maquinarias o las
diferentes técnicas que podía
estudiar. Ella decía que no
dibujaba bien —aunque para poder
hacer sus figuras no creo que
haya sido mala dibujante, aunque
seguramente lo practicó mucho
porque hacía muchos bocetos de
diferentes partes del cuerpo
humano—, pero probablemente ese
fue uno de los elementos que la
llevaron a trabajar con estas
técnicas, para poder expresarse
a través del arte. En el grabado
solo dibujas una vez y luego le
añades todos los elementos
necesarios para conseguir los
volúmenes y texturas requeridos,
al menos en la colografía, la
técnica que más usaba. Ella
únicamente pintó cuando pequeña
y de grande solo hizo un óleo
del Che encargado cuando el
11no. Festival Mundial de la
Juventud y los Estudiantes, el
cual forma parte de la colección
de La Cabaña.”
Katia evoca los
procesos creativos de su hermana
y narra cómo toda la familia
participaba en ellos: “Belkis no
tenía taller, ella armaba las
matrices en la casa e imprimía
en el ISA. Nosotros
participábamos en la elaboración
de sus obras porque para lograr
determinadas texturas, como
escamas por ejemplo, ella
marcaba unas figuras pequeñitas
y luego nosotros las
recortábamos, mi mamá la ayudaba
mucho más porque era quien tenía
más tiempo. Ella siempre tenía
una idea bien clara de sus
proyectos porque antes de hacer
una obra hacía primero los
bocetos y en ellos anotaba
además los diferentes materiales
que iba a utilizar. Las
figuritas había que recortarlas
bien porque si no luego en la
impresión no quedaba exactamente
como ella quería y Belkis era
muy quisquillosa. La gente
piensa que por esto mismo se
demoraba mucho, pero no, lo
planificaba todo muy bien y
lograba en un tiempo, para mí
récord, hacer matrices de seis,
12 y hasta 18 partes, con mucha
precisión para empatar luego
cada figura con la otra. Eso es
muy difícil pero ella tenía
mucha facilidad para poderlo
lograr.”
Exigencia a toda
prueba
Uno de los
rasgos más destacados de Belkis
era su alto nivel de exigencia.
“Cuando comenzamos a hacer el
libro sobre ella —explica Katia—
uno de los entrevistados fue
Ángel Ramírez, quien fue
profesor suyo y nos contaba que
en una ocasión estaba haciendo
un ejercicio de clases y Belkis
le preguntó su opinión. Él le
dio algunos consejos, ella no le
respondió nada y siguió
trabajando, a los dos o tres
días se presentó con otro
trabajo donde había cambiado
completamente la concepción.
Ángel le preguntó por qué lo
había cambiado si el anterior
estaba bien y ella le contestó
que como él le había señalado
problemas, ella lo había
cambiado.
“Nunca la vi
imprimiendo en el ISA pero sí la
vi dando clases en San Alejandro
y llevaba a sus alumnos bien
recio. Ella tenía un nivel alto
de autoexigencia con su obra,
siempre trataba de que la
impresión quedara lo mejor
posible, eso le servía de mucho
para exigirles luego a sus
propios alumnos. Ella les
dedicaba su tiempo, los dejaba
experimentar, no influía en la
idea de cada cual, pero les
exigía que en el uso de la
técnica, en la impresión, todo
debía quedar bien, incluso los
hacía repetir la impresión en
ocasiones. Eso los enseñó a
trabajar bien y muchos de los
artistas que fueron alumnos de
ella se lo agradecen. También
los ayudaba con los materiales,
en ocasiones en sus viajes al
extranjero traía materiales para
la escuela para que los
muchachos pudieran trabajar.”
Cuidado de una
obra: el Estate Belkis Ayón
El cuidado de la
obra de Belkis ha corrido desde
su muerte a cargo de la propia
Katia. “Cuando comencé a
trabajar con el legado de mi
hermana no tenía conocimiento de
cómo se manejaba una obra de
arte, ni cómo organizar aquello.
Cuando ella falleció su curadora
Cristina Vives no estaba en
Cuba, regresó a la semana,
entonces empecé a recopilar toda
su obra y luego consulté a
curadores, artistas de la
plástica amigos suyos. Debía
buscar un modo de organizar todo
aquello porque los artistas
producen y producen, por suerte
Belkis anotaba todo lo que
hacía, eso me ayudó mucho,
comencé a leer todos sus
papeles, sus anotaciones… ese
trabajo duró tiempo porque tuve
que revisar varias veces hasta
encontrarle una lógica a todo.
Entonces, aconsejada por la
misma Cristina, decidimos hacer
un estate, para promocionar,
conservar, restaurar y agrupar
toda la obra para poder hacer
exposiciones, un libro, o
cualquier otro trabajo.
Una parte
importante de ese fondo
son los manuscritos de la
artista. “Belkis escribía sobre
su obra, hacía las explicaciones
de cada una de ellas, lo que
quería decir. Textos completos
solo tiene uno, llamado
“Confesiones”, donde explica
cómo entró en el mundo de la
sociedad secreta abakuá, cómo
armó su iconografía para hacer
las presentaciones sobre el tema
y sobre la técnica con que la
trabajó. Sus escritos eran
mayoritariamente explicaciones
acerca de la significación de su
obra y las anotaciones a partir
de los textos sobre la sociedad
secreta, pequeños textos donde
explicaba cómo llegó a la
asociación secreta abakuá y qué
representaba esta sociedad en su
obra, utilizada mayormente como
vehículo, con el objetivo de
poder expresar en su obra lo que
ella pensaba sobre el
comportamiento humano, las
relaciones y eventos que le
pueden suceder al ser humano de
forma cotidiana”.
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"Sikán",
Colografía 1991 |
El mundo abakuá
La relación de
Belkis con la religiosidad
abakuá es uno de los temas más
recurrentes cuando de su obra se
trata. “Ella llegó al tema de
forma muy sencilla. En casa de
mis abuelos había un libro de
los ñáñigos de Enrique Sosa, un
día ella vio el libro, comenzó a
leerlo y le interesó la
historia. He leído algunos
pasajes del libro para poder
entender mejor ciertas
representaciones que aparecen en
su obra y vienen allí muy bien
explicados porque el libro de
los ñáñigos es como un ensayo
del libro de Lidya Cabrera,
La Sociedad Secreta Abakuá.
Allí se detalla el sentido de
cada uno de los personajes y de
los elementos que aparecen en la
leyenda: el chivo, el gallo, la
serpiente…
“Antes de que
Belkis lo hiciera, nadie había
tratado el tema de la sociedad
secreta abakuá. Belkis abordó el
tema de una forma muy
inteligente porque ella
primeramente se dedicó a
documentarse y se informó muy
bien, ella hizo una
investigación muy profunda,
incluso tuvo la oportunidad de
ir a lugares donde se hicieron
ritos, hasta el punto que puede
ser posible, porque todo el
mundo no puede ver por ejemplo,
la iniciación a la sociedad.
Ella se dedicó a buscar todos
los libros sobre el tema, tenía
en su biblioteca El monte,
El karabalí, Ana
kurana, La
Sociedad abakuá, que son
obligatorios para conocer el
tema. Ella los leyó, de ahí sacó
todas las anotaciones y pudo
armar toda esta iconografía que
no existía. Al inicio graficó
muy bien todo lo que sucedía o
se realiza en una ceremonia,
porque eso está escrito, ella no
inventó nada, solo lo recreó
para que las personas lo
conocieran. Belkis se dedicó a
construir el personaje de Sikán,
de Mocongo, de Nasakote, es
decir, determinados personajes
que nunca tuvieron rostro y ella
tomó de pretexto para decir
otras muchas cosas. ”
Los grandes
temas en la obra
Tan fuerte fue
la iconografía religiosa en su
obra que solo luego de su muerte
su obra comenzó a verse desde
ópticas diferentes. “Quien es
conocedor del tema abakuá tiene
la idea de lo que está
sucediendo y lo que ella quiere
representar, quien no es
conocedor del tema puede hacerse
una idea propia de lo que ella
está representando, por eso
decía que su obra no era solo
para un público conocedor del
tema abakuá, sino también para
un público universal. Solo se
deben fijar bien, para saber
determinar cuándo empieza el
mito y cuándo empieza lo que
ella quiere decir, porque se
refiere también a sucesos que
les ocurren a las personas en su
vida cotidiana. Eso ella lo dejó
graficado cuando hizo las obras
del año 96 en adelante, ese año
hizo una exposición que no está
relacionada con el tema abakuá y
en el 98-99 utiliza los
elementos y los personajes pero
por los títulos de las obras se
puede definir qué quiere decir.
“En el año 96
ninguna obra de Belkis tiene
título y para mí son difíciles
de poder interpretar porque
utiliza algunos elementos de los
mitos pero ya quiere decir otra
cosa, incluso como las obras no
tienen título ella les buscaba
una forma de poder
identificarlas, pero cuando se
leen los subtítulos tampoco
dicen nada, por ejemplo: hay un
subtítulo de una pieza que se
llama “La soga y el fuego”, solo
porque en la composición hay una
soga y está el fuego, pero eso
no significa nada, hasta que no
ves la obra no te das cuenta de
lo que quiso decir.
“Cuando hice la
exposición de Belkis en el año
2001 en la Galería Habana, una
persona me dijo: “la obra de
Belkis hay que verla en otra
dimensión ahora”, yo no lo
entendí, le pregunté por qué y
me respondió: “es que nosotros
teníamos una idea fija sobre
ella…”, es decir, las personas
encasillaron a Belkis en la
religión, todo el mundo quedaba
atraído por el tema, por la
forma en que hacía la
iconografía, por lo grande que
eran, pero hasta que Belkis no
falleció las personas no
pensaron en lo que ella quería
decir desde el punto de vista de
lo cotidiano, de las relaciones
entre los seres humanos, de
cuestionamiento espiritual.”
Aunque Belkis
Ayón no se consideraba feminista
utilizaba el personaje de una
mujer como medio de expresar su
humanismo y sus preocupaciones
por diferentes conflictos. “La
leyenda empieza a partir de
Sikán —señala Katia—, es decir,
era el motor impulsor, pero por
eso solamente no se debe
catalogar la obra de Belkis como
feminista. Quizá si hubiera sido
un hombre el que descubriera el
pez no hubiera sido lo mismo, no
hubiera sido tan trascendental,
si Sikán no hubiese existido tal
vez no hubiese existido la
sociedad secreta abakuá y fuese
otra la historia. Belkis lo que
representa en su obra es todo lo
que le puede ocurrir a la mujer
y también al hombre, fue su
manera de expresar cómo la mujer
ha sido sacrificada, excluida.
Hay obras de Belkis que tienen
títulos, que exaltan el papel de
Sikán dentro de la sociedad. Por
ejemplo “Sikán madre de los
espíritus” sugiere que Sikán es
la madre de todos los abakuás, a
pesar de haber sido excluida, es
quien pone la piedra para
surgimiento de todo. En ninguno
de sus manuscritos ella exalta
el punto feminista en su obra,
porque ella no lo consideraba
así.
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"S/T",
Colografía, 1995 |
Los últimos años
En la última
sala de Nkame se exponen
unas obras, que aunque de
pequeño formato, resaltan por el
dramatismo de sus imágenes.
Según su hermana “esa etapa fue
fuerte para Belkis. Llegó un
momento en que ella, que cubría
con su obra todo el papel,
comenzó a trabajar con un
formato redondo. No sé si se
sentía atormentada, pero al
menos estaba, tal como tituló
una exposición que hizo en el
año 1998, en Desasosiego.
Belkis empezó a hacer esa obra
de la noche a la mañana a
finales del 97 y en el 98
produjo la mayor cantidad. En el
mismo año 97 hizo la última obra
donde se utilizan elementos de
la leyenda, “Déjame salir”,
pero en el resto de las obras,
ya en el 98, “Temores
infundados”, “Intolerancia”… no
hay ningún tipo de elemento de
la sociedad abakuá. Para algunos
se le estaba acabando la
temática para otros, se estaba
encerrando en su círculo.”
“Para mí es
difícil referirme a esta etapa
—asegura Katia— porque cuando
ella hizo la exposición en Los
Ángeles y le puso como título
Desasosiego, yo no sentía
que ella estuviera mal. Una cosa
era lo que ella expresaba en sus
obras y otra lo que aparentaba,
aparentaba que todo estaba bien,
pero la obra es una forma de
expresar lo que no quieres
decir. Entonces a veces una como
mecanismo de defensa tiende un
velo para no darse cuenta de lo
que verdaderamente está
sucediendo. Según sus amigos en
el último viaje que hizo ella
estaba muy deprimida, porque mi
hermana tuvo la posibilidad o el
don de ayudar a muchas personas,
y de cierta manera a uno le
gusta que las personas a quienes
ayuda se lo reconozcan y eso no
siempre sucedía. Además en esa
etapa ella tuvo problemas
matrimoniales, se desilusionó
con muchas personas, creo que
hubo muchos poquitos que
buscaron un punto de
convergencia para que ella se
expresara así en sus obras. A
Belkis se le unieron muchas
cosas que probablemente solo
ella sabía, ella se las llevó
con ella, y a lo mejor, cuando
le llenaron la copa, quiso decir
todo eso. Todos los títulos de
esa etapa están relacionados con
estados de ánimo.
“Ella siempre
estuvo muy clara de lo que quiso
ser, no era alguien que
divagaba, por eso el tema abakuá
le rindió, supo aprovechar bien
la historia, le sacó todo lo que
pudo, lo utilizó bien y con
base. La gente al principio le
preguntaba porqué hacía aquello,
que debía tener cuidado porque
le podía pasar algo, trataron de
asustarla para que no
continuara. No había necesidad
de eso, porque eso está en
libros que se pueden ver. Si a
los abakuá no les hubiese
interesado que la historia se
conociera, no hubieran permitido
que Lydia Cabrera hubiera
escrito su libro.”
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"Adoración", Colografía, 1988 |
Belkis y Katia
Ayón, la familia…
Para Katia Ayón
desprenderse de la presencia de
su hermana ha sido imposible, de
hecho tal vez nunca lo haya
deseado. “Belkis es la hermana
más chiquita. Nosotras nos
llevábamos muy bien y nos
entendíamos. Trato de recordarla
no como la última vez que la vi,
sino por todo lo que hicimos
juntas desde niñas hasta que
falleció.
“Eso de querer
hacer las cosas bien es parte de
nuestra formación. Yo tengo una
premisa: las cosas se hacen bien
o no se hacen. Eso también lo
hago por ella porque el día que
pase lo contrario, donde quiera
que Belkis esté me va a halar
las orejas o los pies. Ella
siempre trabajó para hacer las
cosas bien y estaría muy mal de
mi parte hacer con su obra algo
incorrecto.
“Para mí ella
donde único no está es en este
plano, pero siempre anda
conmigo. No es fácil haber
tenido una hermana como Belkis y
luego no tenerla. Cuando uno
tiene una hermana así, con quien
podía contar para cualquier
cosa, y ya no es así, no resulta
igual, porque su lugar nadie lo
ocupa.
“Ya no tengo la
suerte de tenerla a ella, solo a
su recuerdo, que no me he podido
quitar. No tuve tiempo para
llorar su muerte, porque el
trabajo no me lo permitió. He
creado un mecanismo para no
pensar en el tema; cuando estoy
tranquila, en la casa, sin hacer
nada, me siento incómoda,
enseguida me pongo a buscar algo
qué hacer, el trabajo es lo que
me mantiene sin pensar mucho,
sin tratar de entender por qué
ocurrió o cómo se pudo haber
evitado. Por eso trato de hacer
las cosas bien, para que ella
esté tranquila y sepa que su
obra no se ha quedado ahí. Desde
que murió pienso en ella como si
estuviera viajando. Imagino que
anda por ahí, volando, hasta que
un día aterrice.” |