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La obra fotográfica de Lázaro Eduardo se
inscribe dentro de una vertiente
underground, en la manera de
acercarse al medio desde una actitud
intrépida y atrevida; pero donde el
creador asume el escenario y/o la imagen
a partir de una óptica intimista,
reflexiva y crítica. El fotógrafo
configura sus piezas en la búsqueda
constante de señuelos donde dimensiona
la narrativa de un guión estructurado a
partir de ambientes espontáneos dentro
de un contexto paradójico, lastimoso,
poético; pero sobre todo muy auténtico,
en el que funge como testigo y
protagonista inminente de su realidad
más inmediata.
Su creación se encausa hacia la
reflexión de estereotipos en apariencia
comunes, prefijados por la sociedad.
Abordados con la perspectiva del
“aparente” montaje de diferentes
circunstancias, caladas a partir de un
sutil surrealismo en el cual el
fotógrafo apuesta por la ficción dentro
de la propia situación real. Sin
embargo, el lirismo de estas visiones
activa la búsqueda de detalles y
significados existenciales, creados a
partir de situaciones y motivos simples,
en las que el espacio y el tiempo
conjugados, reproducen a través del
lente del fotógrafo atributos
identitarios y de pertenencia.
Las imágenes de la serie Cosas
simples son instantáneas que evocan
y dimensionan los valores defendidos a
ultranza. Puede resultar en alguna
medida familiar el motivo (dígase la
belleza, la ideología, la afectividad,
el status, la reflexión, el humor, el
poder) pero, sin duda, el sistema de
representación se concibe como un relato
que provoca a la reflexión y estimula la
sensibilidad. Constituye como una
especie de monólogo capaz de sustraer
huellas e indicios. |