Año VIII
La Habana
2009

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 CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN 
CAMILO Y CHE (XXXVI)
William Gálvez • La Habana
 

Como había sucedido hasta la fecha, los campesinos cooperaron en la búsqueda de la alimentación. También se repitió la visita de otros, entre los cuales estaba el guía a quien Camilo le entregó el salvoconducto, que mostró a Che. No obstante este lo interrogó, pues dijo ser de La Federal y pudo suceder que el ejército, hubiese apresado al verdadero y por medio de la nota enviara a un espía. Pimentel que le habló de los perdidos, respondió correctamente a las preguntas que se le hizo sobre ellos.
 

Entre los que son detenidos por llegar al campamento, uno de ellos, al parecer asustado salió corriendo y se internó en el monte y no se pudo localizar, lo que molestó mucho al comandante, pero como los que lo conocían expresaron que no era delator, se calmó.

 

“26 BAJAS EN UN ENCUENTRO EN ORIENTE. El Estado mayor del ejército informó textualmente: Que en el día de ayer un grupo de forajidos que bajó de la Sierra Maestra para sabotear el transporte en los límites de Oriente y Camagüey, fueron interceptados por una compañía de infantería y personal de la Guardia Rural, ocasionándole el Ejército 26 bajas al enemigo, ocupándole armas, parque y gran cantidad de documentación relacionados con el comunismo internacional. Nuestras fuerzas tuvieron un cabo y un soldado herido.” (Periódico El Mundo, 18 de septiembre de 1958.)
 

Evidentemente, el parte se refiere al combate de Cuatro Compañero. Lo extraño es que una acción ocurrida el 14, la sitúen dos días más tarde y que den como lugar de los hechos los límites provinciales. Como siempre las “bajas” de los rebeldes son desproporcionadas comparadas a las que sufren los militares, que por lo general, si muestran los cadáveres, son de indefensos campesinos. En todos sus partes de guerra su objetivo fundamental es la desinformación.
 

En la Ciro Redondo se produjo un abandono de los nuevos incorporados; el primero de ellos planteó que por su estado físico no podía seguir. Aunque se le advirtió el peligro que corría si regresaba, no desistió. Elio Varona fue honesto, por lo que no puede considerarse desertor. De inmediato se ocupó su vacante, pues Víctor Sarduy Telfor es aceptado a solicitud propia, por lo cual se mantuvo la cifra de 148 columnistas.
 

La información de que una pareja de soldados exploraba por la zona, determinó al jefe invasor adelantar la salida. Pretendía también acercarse lo más posible a Camilo. Los guiaría Lorenzo Betancourt, con la colaboración del recién incorporado Sarduy. A las 17:00 horas, ya chapaleteaban el fango. Poco después hicieron un alto para buscar información en la vivienda de Elio González. El campesino no sabía mucho, pero tuvo una gentileza con Che, al obsequiarle una capa de agua, color amarillo.
 

Con una tirada más larga atravesaron los predios de Guasimal, La Esperanza, hasta las cercanías de San Cristóbal de la Garrapata. Caminaban a pocos kilómetros de la costa caribeña y bastante cerca de la zona cenagosa. Luego continuaron por Santa Gertrudis, hasta la finca La Eloísa, donde hubo relevo de guías, el nuevo fue el simpático Carey. Con el duro esfuerzo de cada jornada habían vencido unos 12 kilómetros en 7 horas cuando se extinguía la noche del 18 de septiembre.     

 

SEPTIEMBRE 19: Después de más de 14 horas de andar por caminos de bestias, casi al amanecer, la No. 2 alcanzó las orillas del río Altamira, conocido también como río Duran. Para ello debió atravesar las fincas La Victoria y La Lisona, despobladas propiedades de terratenientes.
 

El práctico no recordaba bien cuál era el paso, ni dónde quedaba la casa en la que se podía cocinar. Para cruzar el río se improvisó una balsa. En ella colocaron las armas y las mochilas. Tendieron una soga de una orilla a otra y pasaron los que no sabían nadar, ayudados por otros. A un invasor se le cayó el San Cristóbal al río, la que se recuperó después de un buen rato de buceo. Las bestias cruzaron a nado y, de paso, quien quiso aprovechó para darse un baño.
 

Como de costumbre, se exploraron la casa y sus alrededores y trataron de hacer comida para la columna. En esta operación sucedió algo que delató la presencia insurrecta. Los encargados de la guardia no situaron las postas requeridas, de manera que no se percataron de la proximidad de dos jinetes que resultaron ser soldados vestidos de civil que, como se supo luego, se dirigían a la casa. Cuando los militares, vieron a los rebeldes emprendieron la fuga a todo galope sin ser alcanzados, pues los columnistas estaban a pie.
 

De inmediato se tomaron las medidas que el momento exigía: un refuerzo de las postas, situando algunas bien adelantadas, y la tropa con todo recogido. El Comandante ordenó emprender la marcha, a pesar de que sus planes eran permanecer allí durante algunos días para reponer energías. En realidad, la mayoría de la gente estaba físicamente destruida debido a la escasa alimentación, el esfuerzo extremo impuesto por las caminatas nocturnas, los pies llenos de llagas y de úlceras, la gripe y un hombre con nefritis hemorrágica.
 

Camilo se adelantó con un grupo hasta la casa de José Mendoza, el mayoral de la finca, donde obtuvo informes referentes a la zona en que estaban y la ruta a seguir. Alrededor de las 18:00 horas avisaron para la comida. Todo indicaba que los militares no habían tenido tiempo de llegar al campamento rebelde y a lo mejor situaban emboscadas en el camino. Tras de apresurar un bocado, partieron de nuevo y tomaron una ruta parecida a la anterior. Luego, después de más de tres horas tratando de orientarse con el práctico, se decidieron hacer alto en un monte, que vino a resultar el que tenían señalado para acampar.

 

CHE: “Septiembre 19.- Marchamos hoy cuatro leguas atravesamos la finca San Nicolás. Nos informan que el Ejército ha acantonado tropas sobre nuestra ruta. Acampo y envío exploradores.”
 

A través de legua y media por infernales caminos se trasladan hasta Las Noriegas, zona de Ojo de Agua. El lugar escogido para acampar fue al borde de un monte de palma cana, cerca de las 02:00 horas de la nueva madrugada. Luego del amanecer llegó el mayoral de la finca Regino González, localizado por Carey. El recién llegado no tenía noticias de la existencia de militares por aquellos contornos. Le solicitaron comida y la resolvió: una res, vianda, arroz, queso, café, leche y fumas. También aceptó servir de guía y buscar otro para los tramos futuros. Como hemos visto algunos mayorales siguieron portándose bien.

 

El Tte. Cor. J Opnes. Prov Cgy, Suárez Suquet, consciente de la peligrosidad de los rebeldes, en radiograma del 19 de septiembre:

“ASUNTO: Interesado tropas de refuerzo

Al: Aydte y S-1 Rgto 2 GR PTO.

1.                Sigo insistiendo en que son necesarias más tropas de refuerzos a fin de terminar definitivamente con los forajidos infiltrados esta provincia, y evitar con ello su salida hacia Las Villas, lugar que al parecer pretenden dirigirse.

2.                Asimismo vuelvo a recordar el escrito a los JEsc. de la necesidad de situar las emboscadas en los lugares indicados por el Of que suscribe, para evitar la penetración de los forajidos, que según confidencias, prepara Raúl Castro, fin unirse al grupo se encuentra en esta provincia.

3.                También debe solicitarse el envío de seis Mini-Packs para tener comunicación desde sierra con la FAE en operaciones  posteriores”.


CONTINUARÁ
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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