Como había sucedido hasta la fecha,
los campesinos cooperaron en la
búsqueda de la alimentación. También
se repitió la visita de otros, entre
los cuales estaba el guía a quien
Camilo le entregó el salvoconducto,
que mostró a Che. No obstante este
lo interrogó, pues dijo ser de La
Federal y pudo suceder que el
ejército, hubiese apresado al
verdadero y por medio de la nota
enviara a un espía. Pimentel que le
habló de los perdidos, respondió
correctamente a las preguntas que se
le hizo sobre ellos.
Entre los que son detenidos por
llegar al campamento, uno de ellos,
al parecer asustado salió corriendo
y se internó en el monte y no se
pudo localizar, lo que molestó mucho
al comandante, pero como los que lo
conocían expresaron que no era
delator, se calmó.
“26 BAJAS EN UN ENCUENTRO EN
ORIENTE. El Estado mayor del
ejército informó textualmente: Que
en el día de ayer un grupo de
forajidos que bajó de la Sierra
Maestra para sabotear el transporte
en los límites de Oriente y
Camagüey, fueron interceptados por
una compañía de infantería y
personal de la Guardia Rural,
ocasionándole el Ejército 26 bajas
al enemigo, ocupándole armas, parque
y gran cantidad de documentación
relacionados con el comunismo
internacional. Nuestras fuerzas
tuvieron un cabo y un soldado
herido.” (Periódico El Mundo, 18 de
septiembre de 1958.)
Evidentemente, el parte se refiere
al combate de Cuatro Compañero. Lo
extraño es que una acción ocurrida
el 14, la sitúen dos días más tarde
y que den como lugar de los hechos
los límites provinciales. Como
siempre las “bajas” de los rebeldes
son desproporcionadas comparadas a
las que sufren los militares, que
por lo general, si muestran los
cadáveres, son de indefensos
campesinos. En todos sus partes de
guerra su objetivo fundamental es la
desinformación.
En la Ciro Redondo se produjo un
abandono de los nuevos incorporados;
el primero de ellos planteó que por
su estado físico no podía seguir.
Aunque se le advirtió el peligro que
corría si regresaba, no desistió.
Elio Varona fue honesto, por lo que
no puede considerarse desertor. De
inmediato se ocupó su vacante, pues
Víctor Sarduy Telfor es aceptado a
solicitud propia, por lo cual se
mantuvo la cifra de 148 columnistas.
La información de que una pareja de
soldados exploraba por la zona,
determinó al jefe invasor adelantar
la salida. Pretendía también
acercarse lo más posible a Camilo.
Los guiaría Lorenzo Betancourt, con
la colaboración del recién
incorporado Sarduy. A las 17:00
horas, ya chapaleteaban el fango.
Poco después hicieron un alto para
buscar información en la vivienda de
Elio González. El campesino no sabía
mucho, pero tuvo una gentileza con
Che, al obsequiarle una capa de
agua, color amarillo.
Con una tirada más larga atravesaron
los predios de Guasimal, La
Esperanza, hasta las cercanías de
San Cristóbal de la Garrapata.
Caminaban a pocos kilómetros de la
costa caribeña y bastante cerca de
la zona cenagosa. Luego continuaron
por Santa Gertrudis, hasta la finca
La Eloísa, donde hubo relevo de
guías, el nuevo fue el simpático
Carey. Con el duro esfuerzo de cada
jornada habían vencido unos 12
kilómetros en 7 horas cuando se
extinguía la noche del 18 de
septiembre.
SEPTIEMBRE 19: Después de más de 14
horas de andar por caminos de
bestias, casi al amanecer, la No. 2
alcanzó las orillas del río
Altamira, conocido también como río
Duran. Para ello debió atravesar las
fincas La Victoria y La Lisona,
despobladas propiedades de
terratenientes.
El práctico no recordaba bien cuál
era el paso, ni dónde quedaba la
casa en la que se podía cocinar.
Para cruzar el río se improvisó una
balsa. En ella colocaron las armas y
las mochilas. Tendieron una soga de
una orilla a otra y pasaron los que
no sabían nadar, ayudados por otros.
A un invasor se le cayó el San
Cristóbal al río, la que se recuperó
después de un buen rato de buceo.
Las bestias cruzaron a nado y, de
paso, quien quiso aprovechó para
darse un baño.
Como de costumbre, se exploraron la
casa y sus alrededores y trataron de
hacer comida para la columna. En
esta operación sucedió algo que
delató la presencia insurrecta. Los
encargados de la guardia no situaron
las postas requeridas, de manera que
no se percataron de la proximidad de
dos jinetes que resultaron ser
soldados vestidos de civil que, como
se supo luego, se dirigían a la
casa. Cuando los militares, vieron a
los rebeldes emprendieron la fuga a
todo galope sin ser alcanzados, pues
los columnistas estaban a pie.
De inmediato se tomaron las medidas
que el momento exigía: un refuerzo
de las postas, situando algunas bien
adelantadas, y la tropa con todo
recogido. El Comandante ordenó
emprender la marcha, a pesar de que
sus planes eran permanecer allí
durante algunos días para reponer
energías. En realidad, la mayoría de
la gente estaba físicamente
destruida debido a la escasa
alimentación, el esfuerzo extremo
impuesto por las caminatas
nocturnas, los pies llenos de llagas
y de úlceras, la gripe y un hombre
con nefritis hemorrágica.
Camilo se adelantó con un grupo
hasta la casa de José Mendoza, el
mayoral de la finca, donde obtuvo
informes referentes a la zona en que
estaban y la ruta a seguir.
Alrededor de las 18:00 horas
avisaron para la comida. Todo
indicaba que los militares no habían
tenido tiempo de llegar al
campamento rebelde y a lo mejor
situaban emboscadas en el camino.
Tras de apresurar un bocado,
partieron de nuevo y tomaron una
ruta parecida a la anterior. Luego,
después de más de tres horas
tratando de orientarse con el
práctico, se decidieron hacer alto
en un monte, que vino a resultar el
que tenían señalado para acampar.
CHE: “Septiembre 19.- Marchamos hoy
cuatro leguas atravesamos la finca
San Nicolás. Nos informan que el
Ejército ha acantonado tropas sobre
nuestra ruta. Acampo y envío
exploradores.”
A través de legua y media por
infernales caminos se trasladan
hasta Las Noriegas, zona de Ojo de
Agua. El lugar escogido para acampar
fue al borde de un monte de palma
cana, cerca de las 02:00 horas de la
nueva madrugada. Luego del amanecer
llegó el mayoral de la finca Regino
González, localizado por Carey. El
recién llegado no tenía noticias de
la existencia de militares por
aquellos contornos. Le solicitaron
comida y la resolvió: una res,
vianda, arroz, queso, café, leche y
fumas. También aceptó servir de guía
y buscar otro para los tramos
futuros. Como hemos visto algunos
mayorales siguieron portándose bien.
El Tte. Cor. J Opnes.
Prov Cgy, Suárez Suquet, consciente
de la peligrosidad de los rebeldes,
en radiograma del 19 de septiembre:
“ASUNTO: Interesado tropas de
refuerzo
Al: Aydte y S-1 Rgto 2 GR PTO.
1.
Sigo insistiendo en que son
necesarias más tropas de refuerzos a
fin de terminar definitivamente con
los forajidos infiltrados esta
provincia, y evitar con ello su
salida hacia Las Villas, lugar que
al parecer pretenden dirigirse.
2.
Asimismo vuelvo a recordar el
escrito a los JEsc. de la necesidad
de situar las emboscadas en los
lugares indicados por el Of que
suscribe, para evitar la penetración
de los forajidos, que según
confidencias, prepara Raúl Castro,
fin unirse al grupo se encuentra en
esta provincia.
3.
También debe solicitarse el
envío de seis Mini-Packs para tener
comunicación desde sierra con la FAE
en operaciones posteriores”.