MARTES 16 DE SEPTIEMBRE: La Antonio
Maceo arribó a un monte que los
invasores bautizaron como Monte de
las Jutías, por la gran cantidad de
estos roedores comestibles. Por su
origen campesino mucho de los
columnistas eran expertos en
capturarlas. Aquel día la carne de
ese animalito fue el principal menú,
aunque para los que no dominaban
cómo prepararla, se la comieron con
ese olor, nada agradable, conocido
por “chero”; pero, según reza el
hablar popular, cuando el hambre
aprieta, nada se interpone.
Por los campesinos conocieron que la
Columna No. 8 había caído en una
emboscada, en Cuatro Compañeros,
cerca de La Malograda, lugar en que
combatieron la noche del pasado 13.
También recibieron noticias de un
grupo disperso y decidieron
esperarlo. Por ellos conocieron lo
ocurrido.
Los invasores guevarianos eran
nueve: los tenientes Hugo del Río,
con M-l; Carlos Figueredo (traidor)
con San Cristóbal, Miguel Lorente, y
los soldados Evangelista Toledanos,
Ramiro Santiago ―muere combatiendo
en Santa Clara―, Orlando Borrel,
todos con Garand, Ángel González,
Benigno Mayedo, ambos con San
Cristóbal y Hugo Díaz, desarmado.
Relataron a Camilo lo que le
sucedió, narrado anteriormente.
Ignoraban qué dirección había tomado
Che o dónde estaba el resto de la
tropa. Tampoco pudieron dar noticias
concretas acerca del resultado del
combate. Los dispersos fueron
guiados por dos jóvenes que se
habían encontrado por el camino y
decían ser escopeteros. Sin embargo,
el campesino de la finca donde
acamparon los reconoció como
individuos que asaltaban y robaban a
nombre del M-R-26-7. Máximo Quevedo
y Edel Casaña, eran sus nombres. En
las indagaciones por más detalles de
las fechorías de la pareja, se fue
la noche del 16 de septiembre.
CHE: “Septiembre 16.- Pasamos por la
finca Hevia. Un práctico campesino
de la zona se nos une (...). Un
prisionero se nos ha escapado.
Salimos como podemos rumbo a
Remedios en manos de (un) campesinos
que nos guía (...). Allí nos
abastecemos en la tienda. Seguimos y
acampamos en un marabusal. Habíamos
burlado al Ejército, pero sabíamos
que el mismo nos seguía el rastro… "
A media madrugada pudieron comer.
Para el guerrillero no hay hora de
comida, pues siempre tenía hambre.
También se distribuyeron algunos
alimentos en conserva, lo más
socorrido en la magra dieta del
insurrecto. Guevara se interesó por
una pista a pocos kilómetros, para
aviones pequeños, que utilizaba la
arrocera donde se encontraban.
El hijo del propietario del
comercio, José Reina, dijo ser
conocedor de una buena parte de
aquella zona, y se brindó como
práctico. A la hora de salir,
dejaron en libertad a los que por
seguridad habían sido detenidos,
menos uno, que no era confiable. Se
desplazaron a uno dos kilómetros
hasta la finca La victoria,
propiedad de la familia Sarduy
Telfor. El jefe invasor los saludó
cordialmente y la acogida a los
barbudos y peludos procedente de la
Sierra Maestra fue recíproca. Por
tal razón, Che y Ramiro charlaron un
buen rato con ellos.
Por ellos conocieron que Hugo Díaz,
uno de los perdidos, había estado
allí el pasado 14, y fue conducido
al campamento de Camilo. Como a las
20:00 horas estuvo lista la comida;
todos la disfrutaron con placer.
De los tres caballos que mandaron a
buscar, no vino el mulo, pues el
dueño lo había soltado para que no
se lo llevaran; pero Che insistió
que volvieran a buscarlo y recriminó
al propietario, que era el detenido
sospechoso. En todos estos trajines
y la preparación para continuar
camino, y despedirse de los vecinos
bajo una leve llovizna, llegó a su
fin el 16 de septiembre.
SEPTIEMBRE 17: Fue un día aciago
para la Antonio Maceo en lo que a
comida se refiere. Sólo quedaban dos
jutías —de las cazadas
anteriormente— para repartir entre
toda la tropa. Hubo relevo de
práctico. Antes de retirarse el guía
al que Camilo le puso Ubaldo por
Eduardo—, le entregó una nota
salvoconducto, considerando que
pudiera encontrarse con la Ciro
Redondo:
“Sep – 17- 58
El señor Eduardo Pimentel ha sido
práctico de la zona a una patrulla
Rebelde.
Pueden utilizar sus servicios o
dejarlo pasa.
Camilo Cienfuegos
Comandante”
Luego de un día de hambre y sed, y
aún con suficiente luz solar
continuaron camino. El práctico,
cuyo pomposo y extenso nombre:
Arsenio Recio Tamayo del Risco, su
mote —Carey— lo hacía parecer un
experto, al poco rato de iniciar el
derrotero, comenzó a dar señales de
estar perdido. Se paraba, miraba
como queriendo orientarse y
expresaba: —Yo creo que es por
aquí—. Al rato volvía a hacer lo
mismo. Así pasó toda la noche, entre
manglares y cerca de la costa.
El Carey daba risa a los de la
vanguardia; era muy simpático en sus
expresiones. En aquella difícil
situación, tal carácter ayudaba a
calmar la desesperación y la
incomodidad. Según dijo
posteriormente, el motivo de su
desorientación eran los nervios.
Escuchó hablar a los rebeldes de una
ejecución y pensó que él era el
candidato, si se perdía. El
comentario, se relacionaba con los
dos delincuentes llegados junto con
los hombres de Che y que habían sido
autores de varios delitos,
incluyendo la muerte a palos de un
anciano para robarle.
Pararon en un monte donde abundaba
el agua. Se ordenó explorar, para
ver si se localizaba la casa del
campesino en la cual, según Carey,
acamparían. Los exploradores dieron
con la casa, pero ya el sol
alumbraba y no se debían seguir
camino. Al final de la jornada del
17 se encontraban en terreno
pantanoso llamado Ojo de Agua de
Manatí.
CHE: “Septiembre 17.- Hoy
atravesamos la finca La Victoria y
acampamos en un lugar protegido.
Camilo nos ha dejado noticias de su
ruta y nos deja aviso de que
nuestros nueve hombres están con él.
Una patrulla investiga algo sobre
que una barca carbonera nos puede
llevar por vía marítima y vuelve con
noticia de que no hay tal barca y
que el Ejército se nos está
encimando mucho.”
Al lugar que anotó Guevara, habían
llegado en la noche pasada y en las
primeras hora del 17 reiniciaron la
marcha con José Reina como práctico.
Che cabalgaba en el mulo, la herida
que recibió el pie en un combate en
la Sierra Maestra aún no le permitía
caminar bien y los heridos en las
demás bestias.
Para los invasores de ambas
Columnas, caminar en las tinieblas
de la noche era un tormento, el que
se aumentaba con la casi constante
compañía del agua; el cotidiano
sufrimiento del dolor punzante de
los pies; el peso que aumenta a cada
paso, los tropezones y caídas, el
fango mal oliente, aprisionando los
pies, como queriendo detenerlos, en
ocasiones a las bestias le costaba
mucho poder salir del lodo, la sed y
el hambre que aparecen pronto a
pesar de haber tomado agua y comido,
pues nunca era lo suficiente. La
mayoría caminaba realizando un
extraordinario esfuerzo o inspirado
en la actitud ejemplar del Che y
Camilo, el primero que además tuvo
que sufrir el implacable
padecimiento asmático.