Año VIII
La Habana
19 al 25
de SEPTIEMBRE
de 2009

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Entrevista con Dulce María Loynaz

"Soy una mujer del siglo pasado"

Ada Elba Pérez

 

Primero de diciembre de 1990. A punto de cumplir 88 años y en su casa del Vedado capitalino, Dulce María Loynaz, Premio Nacional de Literatura 1987 y posteriormente Premio Cervantes 1992, accedió a recibir a una joven poeta, Ada Elba Pérez, que por esa época escribía, dirigía y conducía el programa “6 + 1”, en Radio Metropolitana. ¿Motivo? Una no muy extensa entrevista para dicho programa que cada domingo, a las 2:30 de la tarde, salía al aire, casi siempre dedicado a alguna personalidad de la cultura cubana. 

Por su valor testimonial, y como homenaje al aniversario 106 del nacimiento de Dulce María Loynaz, se reproduce esta entrevista, a partir de la transcripción de la grabación original que se conserva en los archivos de la familia de Ada Elba. 

Doctora Dulce María Loynaz, usted nació el 10 de diciembre de 1903, es decir, que el próximo 10 de diciembre cumplirá 87 años, ¿no?

No, 88. 

¡Ah, 88 años!...

…Porque no nací en el tres sino en el dos. 

Entonces, está incorrecta la fecha en el Diccionario de la Literatura Cubana.

No tiene importancia un año más o menos, ¡cuando ya son tantos! 

Usted estudió en su propio hogar con profesores particulares, al igual que sus hermanos.

Sí, estudié, al igual que mis hermanos, en mi propio hogar de cuantas cosas se podían estudiar en la casa. Algunas veces, sobre todo cuando ya fue la carrera universitaria, para algunas asignaturas tuve que ir allá. 

A pesar de esto, ¿puede considerarse que su formación cultural es autodidacta?

No, autodidacta no, porque autodidacta es el que aprende solo, y yo sola no aprendí, aprendí con buenos maestros, con buenos profesores. 

¿Cuándo inició su carrera literaria?

Ah, eso sí que es muy difícil. ¿Cuándo sabe uno cuándo abre una rosa, en qué momento abre una rosa? ¿Usted lo puede decir? Bueno, pues yo tampoco. 

¿No recuerda cuándo escribió sus primeros poemas tampoco?

No lo recuerdo. 

¿Cómo recuerda a su padre, el General mambí Enrique Loynaz del Castillo?

Bueno, ahora acaba de editarse un libro en que él recoge sus memorias, memorias de la guerra, que es un libro muy interesante que deberían leer todos los jóvenes para que vean lo que es una vida de sacrificios y de gloria. 

¿Su padre influyó en su orientación literaria?

No, en absoluto. 

En 1920, cuando usted tiene 17 años, viaja a EE.UU. y a partir de entonces realiza un extenso recorrido por Europa y otros países del mundo. ¿En qué medida estos viajes influyeron en su desarrollo intelectual?

No, porque yo propiamente iba como turista, iba como viajera curiosa, no iba a compartir ideas ni programas propiamente ajustados. No, yo iba como una turista corriente, no iba con mis ideas. 

Pero esas influencias, esas vivencias, esas experiencias influyeron…

Bueno, cuando viajé a Egipto me impresionó mucho la noche que pasé en la antigua ciudad de Tebas, que hoy se llama Luxor, allí estaba la tumba, allí descubrí la tumba de Tutankamen, y eso me impresionó mucho, y esa noche no pude dormir y empleé el insomnio en escribir la “Carta de amor a Tutankamen”, que anda por ahí, no sé si todavía exista. 

Su poesía es intensa, lírica y muy humana. Salvador Bueno en su Estudio de la Literatura Cubana plantea que su poesía se caracteriza por la sencillez y la intimidad. ¿Cómo caracteriza usted su propia poesía?

Bueno, los críticos son los que deben caracterizarla, no el que la hace, porque eso sería una opinión, digamos con una palabra de moda, mediatizada, mediatizada por el propio autor. 

¿Qué poetas le han sido más afines? ¿Con cuáles usted se identificó más?

Eso es por épocas. Por ejemplo, los poetas que más a mí me impresionaron fueron Julián del Casal y Gustavo Adolfo Bécquer. Son los poetas que más influyeron en mis primeros pasos. Después me gustaron los clásicos españoles. Después de los clásicos españoles me fui a Francia, los poetas franceses, tan finos, tan delicados, me dejaron huellas. Y la última influencia que reconozco, la última que pasó porque ya no reconozco ninguna, y piensa que yo dejé de hacer versos hace más de 30 años, porque yo entiendo que solamente los jóvenes deben hacer versos. Yo no he dejado de escribir, yo sigo escribiendo, escribo como Directora de la Academia, y a cada momento tengo que hacer un estudio sobre determinado tema literario, pero versos no. Después de los 60 años no se deben hacer versos. Es una ridiculez hacerlos.

Así que bueno, le decía que los poetas orientales, Rabindranath Tagore, Saadi, Omar Khayyam, todos esos poetas influyeron quizá en mí. Aunque me parece que no me influyeron tanto, que yo más bien los admiraba. 

¿Entonces usted sigue trabajando todavía incluso a pesar de su edad y de su estado de salud?

Yo tengo que seguir trabajando porque soy la Directora de la Academia y como no me quieren aceptar la renuncia que 40 veces les he presentado, tengo que seguir trabajando hasta que me dejen descansar. 

Usted fue electa miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras en 1951; de la Academia Cubana de la Lengua en 1959 y de la Real Academia de la Lengua Española en 1968. Su poesía ha tenido resonancia internacional, sin embargo, su labor ha sido omitida por varios antologadores y ha sufrido, a nuestro modo de ver, un olvido sistemático. ¿Usted está de acuerdo con esto?

Completamente. Me gusta mucho la palabra ‘sistemático’ que usted ha empleado. Muy aguda. 

¿Y a qué usted atribuye eso?

Vamos a no meternos en honduras. 

Muy bien. ¿Qué puede decirme de la nueva poesía cubana? ¿Ha leído a los jóvenes poetas cubanos?

Bueno, yo estoy muy mal de la vista hace años, y si he de cansar mi vista en leer poesía, espero que alguien me la recomiende, y entonces la leo. Pero de primera intención no he leído a nadie. 

¿Qué es para usted el hecho poético? ¿Cómo definiría el hecho poético?

Bueno, ¿cómo define usted una rosa? 

Como una cosa maravillosa que conmueve.

Bueno, pues eso mismo. 

¿Y para usted qué es la belleza? ¿Igualmente una rosa?

La belleza puede tener muchas formas, incluso hay cosas que se dicen que son feas y dentro de la fealdad tienen cosas maravillosas. Por ejemplo, el arte chino está concebido, como decía mi madre, con elementos feos, con dragones, con monstruos y, sin embargo, difícilmente haya un arte más bello en el mundo que el arte chino. 

¿Tuvo algún anhelo que no pudo alcanzar?

Todos, porque los que he alcanzado no eran lo que yo quería. 

¿Qué piensa de la fama? ¿Alguna vez usted anheló la fama?

No, da mucho trabajo, y hay que tratar a mucha gente pesada. 

¿Está satisfecha con su obra?

No estoy satisfecha porque no me dejan trabajar. Yo todavía tengo que escribir dos libros, empezados ya, pero me parece que a este paso no los voy a terminar porque soy ya muy vieja y constantemente me están ocupando en esto, en lo otro, en aquello y… no me dejan trabajar. Y ya yo trabajo muy lento, porque, ¿ves?, todas estas cosas modernas yo no las entiendo. Yo soy una mujer del siglo pasado, aunque nací en este, mis gustos y mi temperamento son del siglo XIX. No me adapto a nada moderno. Yo no utilizo grabadoras, ni computadoras, ni sé en qué consisten. Para mí son misterios más grandes que los del antiguo Egipto. Así que por esa razón pienso que me voy a quedar sin terminar mis obras, porque casi sin ver y como estoy, tengo que escribir con una letra enorme para poderla ver, tengo que escribir con plumón una letra muy grande. Y no puedo usar grabadoras ni máquinas de escribir ni ninguna cosa de esas. Entonces, si no me dejan, no me dan tiempo, se quedará todo por hacer. 

¿Qué libros son esos en los que está trabajando?

Mire, uno es un libro muy serio, es la historia del Vedado. Porque al Vedado yo lo vi nacer. Y es una historia muy interesante, hecha desde los inicios del Vedado que yo conocí, porque además tengo una gran memoria. Por ejemplo, me acuerdo cuando la calle Calzada del Vedado era efectivamente una calzada porque era de tierra, no tenía nada a los lados, nada más que casitas de madera, insignificantes. En fin, todas estas cosas que son muy interesantes para quien no las vio o tenga algún interés por cosas del país. 

Usted debía tratar de auxiliarse para esos libros, para que pudiera realizar su trabajo, porque la información que usted tiene, la cultura que usted tiene, no la tiene todo el mundo.

Yo tengo una información muy grande porque tengo mucha memoria, pero ya no puedo, por falta de vista, no puedo consultar archivos, no puedo consultarlos, y tengo que hacerlo todo en mi memoria. 

Necesita entonces alguien que la ayude, o algo…

Sí, pero no lo tengo. Y como soy una mujer vieja, soy una mujer malgeniosa, así que no es probable que alguien se adapte a mí, ni yo a nadie.

Dulce María, nosotros le agradecemos muchísimo que nos haya dedicado un poquito de su valioso tiempo para este programa. Así que muchas gracias.

Bueno, muy agradecida siempre a la juventud que se ocupa de la vejez. 

Tomado de: http://www.habanaenlinea.cu/musica_arte/16.html
 

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La Habana, Cuba. 2009.
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