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Primer acto
“Recientemente se reorganizó el
Ballet de Alicia Alonso tomando
el nombre de Ballet de Cuba y en
él figuran destacados
coreógrafos, notables músicos y
un numeroso cuerpo de baile
(...), un nuevo conjunto
coreográfico llamado a
convertirse en uno de los
mejores del mundo”. Con esta
noticia en el diario La
Tribuna se despiertan los
peruanos, una mañana de 1959.
Diez años más tarde, el
prestigioso especialista del
Daily Telegraph de Londres,
Leo Kersley, escribe: “El hecho
de que estos bailarines de la
más joven compañía nacional de
ballet establecida, estén
capacitados para atacar tanta
variedad de estilos con la misma
facilidad, coloca como única a
la compañía cubana en el mundo
contemporáneo del ballet.” El
prestigio del Ballet Nacional de
Cuba (BNC) y el de su fundadora,
Alicia Alonso, crece a un ritmo
sin precedentes en la escena
nacional.
Segundo acto
Cuentan quienes han tenido la
suerte de conocerlo, que gusta
vestir con sobriedad, de gris o
de azul, y que suele decir
bromeando que la danza ha estado
siempre en su corazón, aunque
nunca en sus pies. Desde 1998,
este hombre de danza y de
letras, quien comparte su vida
con la más grande bailarina que
haya nacido jamás en este suelo,
dirige el Museo de la Danza, el
primero que existe en Cuba en
esta especialidad y uno de los
pocos del mundo.
Desde esa fecha, Pedro Simón
recibe a miles de visitantes en
la hermosa casona de Línea y G:
cuentan que con la soltura
inherente a quien dedica la vida
al arte, muestra a los curiosos
la colección de vestuarios del
BNC, elementos escenográficos,
las salas dedicadas a la Era
Romántica, a los Ballets Rusos,
a la Danza-moderna, a la Danza
española y a la relación entre
las artes plásticas y la danza.
Pero entre los sugerentes fondos
documentales del Ballet Nacional
de Cuba, atesorados en el
inmueble, Pedro Simón abre
también a los visitantes, con
orgullo, los salones dedicados a
su esposa, la prima ballerina
assoluta Alicia Alonso.
El Museo de la Danza es una
historia de vida de este arte en
Cuba, especialmente del ballet;
sin embargo, atesora también
importantes objetos y documentos
relacionados con el arte en
movimiento a nivel
internacional: litografías
londinenses policromadas que
contienen imágenes de
interpretaciones de Fanny Eisler,
Jules Perrot y Maria Taglioni; o
un programa-souvenir del ballet
La Princesa Durmiente, producido
por el teatro Alhambra de
Londres, en 1921.
Tercer acto
El Ballet Nacional de Cuba “no
defraudó tanta expectativa y
lució un derroche de técnica y
estilo. Una vez más las
interpretaciones de los
bailarines cubanos arrancaron
ovaciones y gritos de ¡Bravo!”,
escribía admirado Julio Bravo,
en el ABC de Madrid. Era 1998.
Casi una década después, en una
nota publicada por The New
York Times, Jennifer Dunning
sentencia lo que ya luce como
una constante: sus “brillantes
bailarines parecen ser la norma
del Ballet Nacional de Cuba, el
cual regularmente produce
estrellas internacionales.”
El Museo de la Danza recoge esta
norma y abre a sus visitantes un
universo cada vez más
inabarcable, aun en sus
ambiciosos salones. |