Año VIII
La Habana

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de AGOSTO
de 2009

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Entrevista con isidro rolando, premio nacional de danza 2009

La danza cubana está en buen momento

Tania Cordero • La Habana

 Foto: Marianela González

 

Isidro Rolando tiene la cara, las manos, el andar de un hombre de trabajo. Y lo es. Comenzó por desempeños humildes y ha llegado a roles protagónicos; su firma acompaña coreografías ya clásicas.  Dentro de nuestra principal compañía de Danza Contemporánea de Cuba (DCC) ha sido además un perenne maestro, un cómplice privilegiado del desarrollo de las jóvenes figuras. Cuando afirma que atravesamos por un momento pujante en la danza, su básico optimismo está matizado por reflexiones críticas y el nítido conocimiento de los problemas sociales, estéticos y hasta éticos que enfrentan los creadores cubanos.

A la generación de Isidro le correspondió dar carta de ciudadanía internacional a ritmos y gestos que permanecieron durante muchos años ocultos en lo mejor del alma popular. Cuidar, sin esquematismos, esa carta de ciudadanía, el sello de la danza cubana, es otra de las batallas que Isidro Rolando entabla cada día contra la superficialidad, el acomodo o las más fáciles tentaciones de la moda. 

Reconocimientos como el Premio Nacional de Danza a su dedicación de toda la vida obligan a una revisión de su vida y su obra. ¿Cuáles son los esos momentos que Isidro Rolando seleccionaría para antologar lo mejor de su existencia profesional?

Me siento muy satisfecho con toda mi vida profesional, recuerdo los buenos momentos, los logros; las insatisfacciones y las incomprensiones han quedado a un lado. El camino ha sido difícil pero muy satisfactorio, pudiera citar grandes momentos, pero ahora me vienen a la mente, entre otros, el poder llegar definitivamente al Conjunto de Danza Moderna. Anteriormente había transitado por programas de aficionados, la televisión, el teatro y el canto. El Conjunto no solo me dio la posibilidad de mi realización personal, de realizar el sueño de danzar de forma profesional, me posibilitó  vivir y crecer con una generación, que más que compañeros se convirtieron en mis hermanos. Mis inicios como maestro se los debo a esa agrupación. La escuela del propio Conjunto coadyuvó a mi madurez artística, además me preparó para desarrollar mi labor docente en la Escuela Nacional de Danza y el Instituto Superior de Arte. 

El sentir la satisfacción y cumplir con  el compromiso en innumerables ocasiones de ser un embajador de la cultura cubana ante el mundo; ser seleccionado por coreógrafos como Lorna Burdsall, Elena Noriega, Manuel Hiram y el propio Ramiro Guerra para interpretar sus obras, incluso creando ellos personajes especialmente para mí como intérprete; y tener la posibilidad de convertirme en coreógrafo, que es traspasar todo lo que tienes en la mente, lo que sientes, lo que sueñas,  al cuerpo de otro, es de lo mejor que me ha pasado. 

Usted pertenece a una generación que todos los jóvenes seguidores del mundo danzario mira con sana envidia y orgullo, pues contaron con los mejores maestros y fundaron una manera de entender la danza nacional. De esos conceptos fundacionales de la danza contemporánea, ¿cuáles considera que perviven y cuáles piensa que vendría bien recuperar?

Aunque de una forma inconsciente algunos la nieguen, pervive en ellos la formación de una técnica de la danza moderna cubana que tienen la tarea de preservar y enriquecer, acorde a los nuevos tiempos, pero desde nuestras raíces. Por otra parte debemos trabajar para que la mente de cada uno de nosotros no se deje llevar por destellos y cosas foráneas que deslumbran, y que en ocasiones pretenden apagar el sentido de pertenencia a este lugar, que es Cuba, inculcado en mí y en todos nosotros por los grandes pensadores y maestros que nos legaron ese sentimiento de nacionalidad y que se resume en la cubanía.  

Me gustaría que ese sentido de pertenencia, que también es inherente a nuestro movimiento danzario, perdurara en la mente de todos los creadores e intérpretes que están en esta empresa, aunque la puerta debe estar siempre abierta a nuevas tendencias y estilos, pero hay que analizar qué es bueno para el continuo desarrollo y permanencia de este movimiento,  y cómo hasta ahora hacerlo nuestro, y darle la impronta de nuestra cultura y de la capacidad de danzar que nos distingue. 

A partir de esa época ecléctica y rica de la cultura cubana usted ha permanecido vinculando la danza con otras artes como el teatro, la plástica y la música. ¿Qué influencias le han dejado estas manifestaciones en su vida como creador y qué importancia le concede a sus experiencias con maestros como Ramiro Guerra, Roberto Blanco o Sergio Vitier?

Hemos tenido el privilegio de ser una generación que ha tenido grandes maestros como tú mencionas, Ramiro, Roberto Blanco, Sergio Vitier, pero además quiero destacar también figuras muy importantes para nuestro desarrollo artístico individual y colectivo como Argeliers León, Miguel Barnet, Gloria Parrado, Martínez Furé. 

El resto de las artes es un complemento esencial para mi desarrollo como artista,  pues soy capaz de admirar a Miguel Ángel Buonaroti, Botticelli, Mendive, García Peña o Carlos Enríquez, ante el cual quedé verdaderamente impresionado por su obra El rapto de las mulatas, la cual siempre me inquietó hasta que la puse a danzar en la escena. 

En cuanto a la manifestación teatral, fueron muchos los maestros — Gloria Parrado, Roberto Blanco, Rolando Ferrer— que nos dotaron de una sabiduría del concepto interpretativo, y me permitieron integrarla al trabajo con actores en filmes cubanos como El Beny. 

Musicalmente soy deudor de Jesús Pérez (Orú Bata), Leo Brower, hasta los hermanos Vitier y otros tantos que han conformado ese mundo sonoro que me permite disfrutar de diferentes manifestaciones de la música, y que me estimulan a la creación. 

La movilidad de los bailarines al tiempo que enriquece sus posibilidades técnicas dificulta la estabilidad del trabajo de la compañía. ¿Cómo ha incidido esta realidad, por demás global, en los resultados artísticos y en el repertorio de Danza Contemporánea?

Simplemente hay que enseñarlos a trabajar con bases sólidas para que el relevo no falle, para que se les reconozca en cualquier parte del mundo donde estén como individualidades creativas sedimentadas por una cultura y una técnica. Existe la movilidad que molesta, pero a la vez nos estimula porque hay que mantener el nivel alcanzado por la compañía, algunos se van, a veces los extrañamos, pero nuestro compromiso es con Danza Contemporánea de Cuba, y trabajar fuerte con los que están y también con los que llegan. Esa es la fórmula de mantener el repertorio y el nivel de excelencia de la compañía. Existen individualidades artísticas, pero la estrella es el conjunto. 

Esa misma realidad se ajusta al movimiento danzario cubano, en general. En su condición de coreógrafo, maestro y jurado recorre el país con frecuencia. ¿En qué momento considera que se encuentra hoy la danza contemporánea cubana?

La danza cubana, a pesar de las diferencias que puedan existir entre compañías y territorios, está en un buen momento, es la manifestación artística más diversa, en cuanto a cantidad y calidad está presente en todo el territorio nacional. Pienso que es un momento extremadamente difícil, a la vez muy provechoso, pues si tomamos en cuenta lo antes dicho con relación al sentido de pertenencia, creo que no hay peligro, aunque en estos momentos las extraordinarias posibilidades que existen con relación a la danza en nuestro país,  la posibilidad que cada cual asuma el reto de diferentes maneras, repito que mi gran preocupación es que estemos claros de quiénes somos para de ahí abrirnos al mundo. 

Como maestro de varias generaciones tiene el privilegio de poder definir al bailarín de cada tiempo. ¿Cómo es el bailarín que sale de la escuela en estos días? En ese sentido, ¿con qué material físico y artístico cuentan las compañías?

El bailarín sale de la escuela con muy buena técnica, pero le falta trabajo de interpretación. Justo como decía en la pregunta anterior, al existir muchos grupos con diferentes propuestas, hace que el alumno que llega de la escuela pierda la idea precisa de las cosas. En (DCC) nos vemos obligados a equilibrar esa inestabilidad. Debido a lo que se ve, se oye, y justo por ser alumnos recogen como una esponja, pero no con la claridad necesaria, a veces se mueven más en la repetición y se pierden en la interpretación. 

Reconforta contar una vez más con un Premio Nacional de la Danza activo y actuante. ¿En qué trabaja actualmente Isidro Rolando? ¿Qué sueño le queda por concretar?

Continúo en la compañía tratando de dar lo mejor como desde el primer día, de ayudar en la formación y en la continuidad generacional que debe ser capaz de asumir los retos actuales y respetar los que en su momento afrontaron las generaciones anteriores, tratar de hacer nuevas  coreografías… Pienso que el hombre nunca debe dejar de soñar, pero sin ser conformista. Creo que la vida me ha entregado más de lo que esperé de ella.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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