En 1975, después de un considerable período improductivo, Ashton
inició la creación
de un ballet nuevo.
Había estado
pensando en varios
proyectos hasta que
al fin se decidió
por Un mes en
el campo,
basado en la obra de
Iván Serguéivich
Turguéniev. Como
diseñadora eligió a
Julia Trevelyan
aman, a quien ya
había hablado de la
idea durante los
ensayos de
Variaciones Enigma
(1968), el primero de
los ballet diseñados
por ella. El estreno
de Un mes en
el campo
se produjo en el
Royal Opera House el
12 de febrero de
1976 con Lynn
Seymour como Natalia
Petrovna, Denise
Nunn como Vera,
Anthony Dowell como
Beliaev, Alexander
Grant como Yslaev,
Derek Rencher como
Rakitin y Wayne
Sleep como Kolia,
con Philip Gammon al
piano.
En
Frederick Ashton and
his Ballets
(Londres, 1977), publicado once años antes de la muerte de Ashton,
David Vaughan narra
la génesis de Un
mes en
el campo.
Por diversas razones, Ashton no continuó con la idea (de un ballet
sobre
Un mes en el campo)
inmediatamente
después de
Enigma,
entre otras cosas
porque temía que se
dijera que los dos
ballets se parecían
demasiado. Lo que
era de mayor
importancia: todavía
no había decidido
qué música usar. Al
principio había
pensado en las
piezas para piano de
Chaikovski, pero
después de la
Anastasia
de MacMillan parecía
poco prudente
intentar otro tema
ruso con música de
ese compositor.
Revisó la música de
otros rusos del
siglo XIX -Glinka,
Borodin, Balakirev,
incluso Cui- pero
nada parecía
conveniente.
Entonces un día en
una fiesta le
preguntó a Sir
Isaiah Berlin, la
autoridad en
literatura rusa,
quién sería el
compositor
apropiado. Berlin le
dijo: "Déme cinco
minutos" y, al cabo
de ese tiempo,
regresó y apuntó: "Chopin".
La primera reacción
de Ashton fue "Ay,
no, otra vez no". El
Royal Ballet había
presentado en los
últimos años tres
ballets de Jerome
Robbins con música
para piano de Chopin
(por no mencionar
Las sílfides).
Hacer una nueva selección de estas piezas sería buscarse problemas.
De todos modos, Ashton examinó concienzudamente muchos de ellos,
sin llegar a ninguna
parte. Entonces un
día, por pura
coincidencia,
Michael Somes le
prestó una grabación
de obras tempranas
de Chopin para piano
y orquesta: las
Variaciones "Lá ci
darem"
(de
Don Giovanni),
la
Fantasia sobre aires
polacos,
el
Andante spianato
y la
Grande Polonesa
(Gran Polonesa).
Todavía sin pensar usarlos para el Turguéniev, Ashton fue a comprar
una grabación
de las piezas, pero
la versión que Somes
le había prestado se
había borrado,
por lo que compró
otra, por Claudio
Arrau, quien las
toca en el orden
cronológico en que
fueron compuestas.
Ese, decía Ashton,
era el orden
"correcto" ... de
inmediato vio cómo
podía funcionar el
ballet.
Con ayuda de su amigo Martín Thomas, Ashton se propuso hacer su
usual esquema
detallado en que
adecuaba la acción a
la música. Indicó
muchos cortes que
redujeron el tiempo
a unos 33 minutos:
"Corté por
nerviosismo, porque
parecía
interminable." Al
final, reincorporó
unos siete minutos
de música, en aras
de la forma general
y para acomodar la
acción sin
precipitarla.
John Lanchbery, quien había colaborado con Ashton en ballets
anteriores, regresó
a Londres para
trabajar con él y
dirigir las primeras
presentaciones.
Pasaron una semana
juntos en septiembre
de 1975 realizando
uha suerte de
collage de las tres
piezas. Lanchbery
persuadió a Ashton
de no añadir los dos
Preludios
(uno de ellos el 17,
que él había
coreografiado ya dos
veces, en momentos
anteriores de su
carrera) y en lugar
de ellos sugirió
muchas formas en que
era posible
transplantar o
repetir varios
pasajes conservando
la naturaleza
orgánica del
conjunto. Según
trabajaban, a los
dos les sorprendía
continuamente lo
bien que la música
apoyaba la
estructura
dramática. La
adaptación de
Lanchbery -lo que
Ashton llama su
"trabajo de
soldadura"- es
extraordinariamente
ingeniosa y de mucho
tacto y crea una
entidad casi sin
costuras de las tres obras, sin que fuera necesario, en sus
palabras "componer
varios compases a la
manera de ... "
Mientras tanto, Ashton había hablado de nuevo con Julia Trevelyan
Oman. En una cena le
dijo que le había
brotado de nuevo la
idea y en otra,
según recuerda Oman,
se sentaron uno
junto al otro y
comenzaron a "mover
cuchillos y
tenedores y cosas
por la mesa".
Decidieron situar el
ballet en 1850, el
año en que se
escribió la obra
teatral, y no a
principios de la
década de 1870,
cuando se presentó
en escena por
primera vez, porque
las ropas del
período anterior
eran más fáciles de
adaptar al baile.
Oman había estado en
Rusia unos años
antes para preparar
el diseño de
Eugene Oneguin
en el Covent Garden
y había reunido un
tarjetero de
detalles de diseño y
arquitectura que
pudo utilizar cuando
comenzó a trabajar
en el nuevo ballet.
Ashton, por su
parte, se preparó
leyendo todos los
libros de Turguéniev
y todo lo que sobre
él pudo encontrar,
en especial las
novelas cortas más
románticas como
Primer amor, Humo
y
Torrentes de
primavera.
Estos lo ayudaron
con la atmósfera
general y con la
comprensión real de
los personajes de la
obra: "Tomé algunos
gestos que
Turguéniev describe
en los personajes y
se los di a la gente
del ballet." En un
libro de las cartas
de Turguéniev a la
actriz Marya
Gavrilovna Savina,
quien entre sus
papeles favoritos
tenía a la joven
Vera de Un mes en
el campo,
encontró una
descripción de un
amigo del autor,
AF.
Koni: "Su gesto al
poner la cabeza en
las rodillas de su
'benefactora',
confesando de modo
conmovedor y
silencioso que se ha
enamorado, me afectó
profundamente y
sigue estando
conmigo." Ashton dio
este gesto a Vera en
el ballet.
Fue necesario, por supuesto, condensar considerablemente la acción
de la obra. En
primer lugar, una
obra en cinco actos
debió reducirse a un
ballet en uno con
duración final de
cuarenta minutos.
Además, había
incidentes
dramáticos y
complejidades
psicológicas que no
se pueden traducir a
la danza. Ashton se
concentró en la
situación central,
que gira en torno al
joven tutor y el
efecto que produce
en los diversos
miembros de la casa
y en las relaciones
entre éstos, lo que
sí era posible
traducir.
Los personajes esencialmente superfluos a esto fueron eliminados.
Ashton ha dicho que
la estructura es
operática, casi
mozartiana, en que
pasajes de danza
("arias") alternan
con los interludios
"recitativos". Esta
concepción sin dudas
estuvo inducida por
la primera pieza
musical, variaciones
de un tema de
Don Giovanni
que Ashton amaba porque
"reúne a dos de mis
compositores
favoritos". Al igual
que en
The Dream,
Ashton había comenzado
con la intención
limitada de traducir
una obra conocida a
movimiento y había
terminado creando
algo enteramente
propio.
Su ballet es otra de sus afirmaciones del tema del amor, en este
caso amor que por
diversas razones no
alcanza la fruición
y, sin embargo,
transforma a
aquellos cuyas vidas
toca.
Hay una circunstancia curiosa vinculada a Un mes en
el campo
y a las fuentes del
ballet de Ashton. En
la novela de Edith
Wharton
La edad de la
inocencia,
aparece una descripción (al inicio del Capítulo XVIII), de una
presentación de la
obra de Oion
Boucicault
The Shaughraun
en el Teatro Wallack, con Harry Montague y Ada Oyas en el papel de
los amantes. Un
episodio, en
especial, estremeció
la sala: aquél en
que Harry Montague,
después de una
escena triste, casi
monosilábica, de
despedida con Ada
Oyas, le dice adiós
y se vuelve para
marcharse. La
actriz, que se
encontraba de pie
cerca de la repisa
de la chimenea
mirando el fuego,
llevaba un vestido
de cachemira gris,
sin los adornos y
lazos de moda, que
moldeaba su alta
figura y fluía' en
líneas largas hasta
sus pies. Al cuello
llevaba una estrecha
cinta de terciopelo
negro con los
extremos cayendo a
su espalda. Cuando
su cortejante se
volvió, descansó los
brazos sobre la
repisa y bajó el
rostro a sus manos.
En el umbral, él se
detuvo a mirarla y
entonces regresó,
tomó uno de los
extremos de la cinta
de terciopelo, la
besó y dejó la
habitación sin que
ella lo oyera o
cambiara de actitud.
Y caía el telón
sobre esta
separación silente.
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