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Hace ya varios años comenté de manera
muy favorable el trabajo de la banda
holguinera denominada Mephisto, a
propósito de su producción discográfica
Carpathian tales, en mi criterio
un excelente fonograma. En la historia
del rock en Cuba, a fines de la década
de los 90 ellos fueron los primeros
cultores del black metal entre
nosotros, estilo que en la actualidad
goza de tremenda popularidad entre los
metaleros de nuestro verde caimán.
Lamentablemente, en los últimos tiempos
el grupo ha sufrido la inestabilidad de
sus miembros y los cambios de alineación
se han sucedido uno tras otro. Por
fortuna, parece ser que las cosas en el
campamento de Mephisto empiezan a
estabilizarse y así, la actual nómina
del ensamble se integra por José Gerian
Durán (guitarra líder y coros),
Amilcar Israel
Guerra (teclados, piano y coros), Julio
Velásquez Pereda (bajo), Maikel Ramírez
(guitarra acompañante), Rigoberto
Ricardo Chong (batería) y Nilder Cruz
Gamboa (vocal).
En fecha reciente, la banda holguinera
ha editado su sexto trabajo fonográfico,
Blasphemy and Evil, y que —como
los restantes acreditados a la
agrupación— ha sido realizado en el
ámbito de las producciones
independientes, a través de la
autogestión para financiar el proyecto.
Creo que en términos de resultados, la
presente propuesta de Mephisto es la que
más se acerca al nivel de calidad sonora
alcanzado en Carpathian tales,
que a mi entender continúa siendo la
obra cumple del ensamble.
Sin haber renunciado a los presupuestos
ideoestéticos del black metal,
siento que los holguineros tratan de
abrirse a otros horizontes y hacer algo
más variado en su repertorio. De ahí que
los teclados adquieran un rol de mayor
preponderancia que en trabajos
anteriores, con lo que por momentos se
acercan a variantes sonoras como el
metal gótico o asumen elementos
procedentes del death y del metal
melódico.
Una de las cosas buenas que hay que
resaltar en Blasphemy and Evil es
que la batería fue grabada en tiempo
real, algo bastante infrecuente en las
producciones independientes de rock en
Cuba y en las que por lo general, dadas
las reducidas posibilidades económicas
de esta clase de músicos, el drum
suele ser secuenciado, lo cual es de
antemano una limitación en el resultado
final del producto.
Por eso, aunque la ecualización de la
caja en el material que ahora nos
entrega Mephisto pudo haber sido mejor,
confieso que prefiero tal problema a
tener que escuchar unos loops que
por bien programados que estén (algo que
casi nunca ocurre), siempre me resultan
insípidos.
El rol desempeñado por los teclados en
el fonograma se pone de manifiesto en un
tema como “Jezabel”, un instrumental en
el que Amilcar Israel deviene
protagonista del corte, algo que también
acontece en “Immortality”. Por su parte,
“Lust Magic Obscure”, “Burning Panttof”
y “The Undivine Blessing” representan
el costado renovador de la propuesta de
la banda en relación con sus trabajos
anteriores.
Me llama la atención que el grupo se
haya animado a grabar un cover,
en este caso la versión que ellos
realizan acerca de “Warriors of the
World”, un conocido tema perteneciente
al repertorio de Manowar y que me
resulta uno de los mejores momentos de
Blasphemy and Evil, fonograma
donde el track menos logrado, en
mi opinión, es el denominado “There in
my Northern Kingdom”.
Sin ser de lo más granadino en el
quehacer de Mephisto, este álbum vuelve
a dejar sentado que estamos en presencia
de músicos de sólida formación, que
saben lo que quieren (al margen de que
ya esta no sea la impresionante
formación que cautivó a tantos cuando
debutó allá por los finales del decenio
de los 90) y que aún darán mucho que
hablar en la escena metalera cubana. |