Año VIII
La Habana
2008

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 
Amelia Peláez
Josefina Ortega • La Habana
Fotos: Cortesía de la autora
 

En modo alguno considero exagerada la reflexión de Loló de la Torriente, una de nuestras más grandes periodistas, cuando afirma que “para comprender la pintura de Amelia Peláez hay que colocar a la artista en su casa de la Avenida Estrada Palma, cerca de la loma de Chaple. Ella y su casa forman parte del paisaje: de nuestra atmósfera, de nuestra isla de sol, encaje, palmeras y mar.”

Ese será el mundo de las vivencias de la genial artista que, sin duda, encuentra en ese espacio formas definitivamente cubanas, hechuras que encierran muchos de los elementos más específicos de nuestra tradición y que configuran hoy un punto de referencia obligatorio en la historia de nuestras artes plásticas.

Nacida el 5 de enero de 1896, en Yaguajay, en la actual provincia de Sancti Spíritus, hija de un médico y sobrina del ilustre poeta Julián del Casal, su familia toda se muda en 1915 para La Habana.

Fijan su residencia en una amplia casona de la barriada de La Víbora, en la que dormitan silenciosos, teñidos por la luz y el color del trópico, vitrales, medios puntos, enrejados, columnas barrocas, mamparas, frutas y flores.

Esa es la casa donde Amelia viviría hasta su muerte, y que hoy es patrimonio cultural de nuestro pueblo. Edificada en 1912, con el paso del tiempo, se convertiría en sitio de concurrencia de artistas y escritores.

Sus paredes, pues, serán testigos del nacimiento de casi toda su creación, en la que expresará lo cubano de un modo muy personal, con su exuberancia desmedida y su barroquismo criollo. 

Su refugio 

Decía Loló de la Torriente:

“En el patio de la casa, entre plantas y arriates, entre pájaros que cantan alegremente, entre la humedad y el sol, entre la luz el día y el fulgor del véspero, la pintora tiene su refugio.”

“Es el taller en que trabaja diaria y constantemente. Allí ha producido buena e importante parte de su obra, que no desmiente el riguroso conocimiento que posee tanto de los materiales, como del ambiente de que está infusa: cielo azul, y húmeda y fragante tierra; sensual vibración de la luz y el color; voluptuosa placidez del descubrimiento y júbilo encendido por la vida que estrena y la órbita que cumple.”

En la Academia de San Alejandro, se vincula con Romañach, a quien admirará por siempre: “Nunca encontré mejor maestro que él.”

En 1924 inaugura su primera exposición junto con su compañera de clases María Pepa Lamarque, y tres años después, en mayo de 1927, es invitada a la Exposición de Arte Nuevo patrocinada por la Revista de Avance, en lo que significa el primer reto público de la renovadora plástica cubana de vanguardia.

Viaja a los EE.UU. Recorre distintos países de Europa. Se establece en Francia y toma cursos especiales con la profesora rusa Alexandra Exter. Muestra su obra en la prestigiosa galería Zak y recibe una crítica muy favorable. 

La realidad de su mundo 

A su regreso a Cuba, en 1934, trae ya hecha como néctar propio, la gran lección de la pintura europea de todos los tiempos, pero recurriendo a los elementos naturales que la Isla le ofrece.

 “Con Amelia ―como afirma el crítico Juan Sánchez― el cubismo, ese modo de hacer pintura colocando el acento sobre las formas, sobre los ritmos, sobre los espacios concretos, se instaló frescamente entre nosotros para desenredar cuanto de tupido y caótico y de salvajemente bello tiene el trópico”.

En toda su obra vibrará siempre lo cubano pero sin manifestarse como transferencia mecánica de la realidad, pues ella, quien vive al ritmo de su plenitud, como refieren algunos críticos, entendía que arte y vida tienen leyes diferentes.

“Si lo que voy a pintar es una naturaleza muerta, ―dice Amelia― no tengo que ir a la venduta a comprar un cesto de frutas. Sé perfectamente qué forma tiene una naranja y cuál el color, y solamente me interesa que el espectador de mi cuadro reconozca la naranja que pinto, que no es una naranja determinada, sino la naranja (…) Nunca he tenido la intención de que al público se le haga la boca agua al mirar mis naturalezas muertas (…) si por razones pictóricas, es decir, inherentes a la naturaleza del cuadro que pinto, a la naranja no le viene bien su propio color, nada puede impedirme que le ponga el color del caimito.”

En ella la cerámica “se transforma ―según declara Loló de la Torriente― en un arte exigente, autónomo, apasionante, al que se entrega sin restricciones”.

Sus murales dejan huella en la visualidad cubana contemporánea, como sucede con la fachada del impresionante hotel Habana Libre, en la capital, donde su arte es admirado no solo por los iniciados, sino también por quienes descubren la propia y original expresión de esta mujer en cuyas composiciones, cuidadosamente diseñadas, el trazo negro sostiene la estructura y delimita los colores.

Enferma sigue pintando. Ahí están sus diseños para las aceras de La Rampa y su participación en el mural colectivo que dio comienzo al Salón de Mayo en 1967.

Fallece en La Habana el 8 de abril de 1968, en su casona viboreña, donde nació ―como sugiere Loló de la Torriente― el sentido vital de su pintura, el manantial nutridor de su arte volcado en líneas y volúmenes.

De Amelia Pélaez son estas palabras:

“Quien lo desee me juzgará, pues todo artista está y debe estar siempre expuesto al juicio de la crítica, bien o mal intencionada; podrán hacerse no sé cuántos reparos a mi obra, pero tendrán también que reconocer que he trabajado con firme dedicación y que no he tenido pretensiones desmedidas (…) Naturalmente, no descarto la posibilidad de que yo pueda haber logrado algo de valor mediante ese esfuerzo, lo cual también me complacerá, pues siempre he trabajado con la esperanza de lograrlo.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600