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Después de unos pocos meses vuelvo al
malecón habanero y lo sorprendo en pleno
atardecer. Belleza es palabra pálida
para describir las sensaciones que
ofrece. Siempre digo que dentro de Cuba
me la paso hablando de Tamarindo pero
que cuando me ausento, La Habana me tira
del brazo como novia celosa.
Estar de vuelta es también llamar a los
amigos, recibir en el paladar la sazón
de la vieja de uno. Una experiencia
interesante consiste en buscar algún
número o dirección en agendas de otras
fechas. Rápido se pasa la página
manoseada en que están los amigos
muertos, con desdén la de los que
dejaron de serlo. Me duele tener ya
algunos entre los primeros y un
orgullito pueril me provoca no atesorar
grandes cantidades de traiciones o
desencantos.
Son tantos los asuntos del trabajo y el
corazón que no he probado los mangos. Sí
he vuelto a su sabor en batidos o
refrescos que tanto se agradecen con
este calor húmedo de junio. Pero para
comerme un mango a lo tradicional, sin
miedo a que la deliciosa pulpa corra
sobre mi cuerpo, no he tenido tiempo. Ya
lo haré en las próximas semanas y meses.
También sería bueno ir en busca de
guayabas y otras delicias.
Junto a nuestra cama habanera sigue fiel
“el negrito”, aquel modesto aparato que
Tania me compró hace ya unos diez
años. Comienzo por Radio Reloj, esa
emisora nuestra y única en el mundo que
ofrece información durante 24 horas
seguidas. La emisora cumple esa función
desde 1947. En los próximos días quiero
regalarme alguna hora con la
programación deportiva o las discotecas
radiales. Me gustan las revistas amplias
y hasta desiguales. Me explico. No solo
me interesa saber las causas de la
derrota de la selección española en la
Copa de Fútbol u otra noticia
trascendente. El espacio radial que
prefiero es el que da paso a deportes y
regiones humildes y poco mediáticos. Ahí
suelen hablar atletas que fueron
célebres en mi adolescencia y ahora se
defienden de la llovizna del olvido.
Con los programas musicales me ocurre
algo similar. Otras veces he dicho que
las discotecas fueron siempre
formidables regalos para los que no
hemos tenido ni dinero ni paciencia para
hacernos de una buena colección
particular de discos. En Cuba suele
ocurrir que los éxitos de la semana
musical se relacionan con las frases o
latiguillos de la calle. Es como el
clásico ejemplo del huevo y la gallina;
nunca se sabe hasta dónde el compositor
recopiló el latir popular y hasta dónde
el arte le facilita travesuras y
síntesis a la vida social. |