Año VIII
La Habana
2008

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 CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN  (4 Parte)
CAMILO Y CHE (XXVIII)
William Gálvez • La Habana
 

EMBOSCADA DE LA MALOGRADA: Con el propósito de circunvalar el poblado de Cuatro Compañeros, transitaron por dentro del monte, bastante tupido y oscuro. Hubo necesidad de utilizar linternas y velas para iluminar el camino que, por otra parte, resultaba terrible: las piernas se enterraban en los fangales casi hasta las rodillas. Después de emplear cerca de dos horas para salir del bosque, alcanzaron un buen terraplén.
 

El Comandante ordenó aumentar la distancia entre hombres y estar bien atentos durante la marcha. No habían avanzado ni una hora por el terraplén cuando escucharon ráfagas de armas automáticas y una explosión que pareció de una granada de fusil. Todo indicaba que habían caído en una emboscada, situada a la izquierda del camino, a unos metros aproximadamente del puente conocido con el nombre de La Malograda, sobre el río Negro.
 

La vanguardia abrió fuego sobre la casa de donde provenían los disparos. El resto de la tropa inmediatamente se lanzó al suelo para ocupar posiciones, exceptuando la punta de la vanguardia; los otros dos pelotones no podían disparar hasta tanto no recibieran la orden. Camilo indicó a una parte del segundo pelotón disparar sobre la casa y avanzar en forma de herradura. No se conocía en aquel momento por qué los emboscados dejaron pasar la punta de vanguardia y abrieron fuego sobre la segunda escuadra, dando oportunidad a que la primera, que ya había cruzado, pudiera regresar a rodear la casa. El resto de la tropa inició entonces un buen volumen de fuego. Al escuchar los primeros disparos, William fue en busca del Abuelo y le pidió el M-1 que portaba cuando fue desarmado y ocupó una posición en el segundo pelotón disparando contra los atacantes. Cuando el Comandante pasó junto a él, se lo hizo saber y este le dijo que siguiera en esa posición.
 

El enemigo cesó de disparar y entonces Camilo dispuso quemar la casa. Los emboscados aprovecharon ese instante para escaparse por la parte de atrás, pues aún no habían podido llegar hasta allí los rebeldes. Al penetrar en la vivienda descubrieron huellas de sangre y el rastro de la precipitada huida de sus ocupantes. Ninguno de los invasores resultó herido. Durante el combate, toda la tropa dio muestras de una gran organización.


Luego de impartir las órdenes correspondientes, Camilo habló con el práctico Porfirio Castellanos
se había portado valientemente, pues algunos se lanzaban a correr cuando sucedía algo parecido. Se desechó el terraplén y de nuevo marcharon por el monte, un camino más difícil pero más seguro, pues era posible que estuviesen situadas otras emboscadas. Chapoleteando agua y fango finalizaba el 13 de septiembre.

 

SEPTIEMBRE 14: Incluimos la parte final de lo que aparece el día 13 en el Diario de Che, que como veremos sucedió en la madrugada y resto del 14:
 

CHE: “La vanguardia ha descubierto al enemigo y nos pasa el aviso y enseguida se oyen los primeros disparos. Decido retirarme a una ceja de monte en la finca Forestal y nos atrincheramos hasta ver lo que teníamos delante; peleamos todo el día contra el ejército mientras dos B-26, dos P-47 y un DC-3 nos sometían a un (...) bombardeo. Mientras esto ocurría, una bomba estalla junto a (...) Juan Hernández y apenas si tenemos tiempo para darle sepultura. Una bala (...) hiere a (...) Silva. Fraccionó la columna y en una maniobra de engaño burlamos a (...) el ejército. Acampamos en un marabuzal y al hacer el recuento de nuestros hombres nos faltan once y un pelotón extraviado que no hemos podido localizar.”


Como a Che no le era posible anotar todo lo ocurrido en un escueto diario de campaña, abundaremos sobre el combate, basados en investigaciones posteriores.
 

En la fecha señalada, los rebeldes con las precauciones requeridas y rompiendo fango pasaron por Canosa y el Paraíso donde se les une otro guía, Gerardo Bazán, Liche. Al lado de una pesa, no muy lejos de Cubitas 1, pararon para esperar a los integrantes de la vanguardia, que habían ido a incautar otro yipi. Che se pasó para este con algunos más. Reiniciaron el andar y poco a poco fueron dejando atrás Arroyo Blanco del Norte, Lindero de Guaicanamar, San Juan, hasta que en el cruce de la vía férrea, en Carbonell, el tercer camión se quedó sin luces.
 

Durante la obligatoria parada encontraron un colaborador en un bohío donde efectuaba un ritual espiritista. Gracias a él lograron hacer el cambio del vehículo roto en el cual se colaron tres jóvenes, sin conocerlo los jefes. De nuevo en camino, al llegar a la carretera de Santa Cruz a Camagüey, Mimía no encontraba el rumbo, acudieron entonces a Castillo Ramírez, residente en aquel lugar, quien montado con la punta de vanguardia los condujo hasta un poco más allá del entronque del callejón de Curajalla, donde esperaron al resto de la columna. El imprevisto práctico quedó en libertad. Debió conocerse que el campesino era de confiar para quebrar una de las elementales medidas de seguridad.
 

La exploración de un colaborador permitió conocer que el río Najasa no presentaba peligro y que era factible cruzarlo, pues había bajado la crecida. A pesar de ello, Che mandó a comprobar la información, pues él supo que los camiones de Camilo no pasaron por la crecida del río. El resultado fue el mismo. Una vez sobre el puente del Najasa, el yipi vanguardista presentó falla. Los 10 minutos concedidos para arreglarlo sirvió a los invasores para estirar las piernas y el cuerpo. Finalmente hubo que abandonar el vehículo y darles otro.
 

Como Mimía dijo no conocer en lo adelante, Gerardo Bazán asumió la responsabilidad de conducirlos; pero el camino obligó a los pasajeros a empujar varias veces los camiones para sacarlos del atasco. Sobre las 2 de la madrugada pararon en la bodega de Rafael Serrano a fin de obtener combustible lo cual consiguieron gratuitamente.
 

Resuelto el problema, continuaron camino aunque el fango siguió demorando la marcha. El constante empujar aumentaba el agotamiento de los hombres, al extremo de que algunos se negaron a dar la ayuda, lo cual les acarreó una fuerte reprimenda de parte de Guevara. Algunos invasores recuerdan que pocas veces vieron a Che tan enojado.
 

Por suerte, la comprensión acudió con rapidez a los agotados columnistas y a base de un enorme esfuerzo sacaron del fango los vehículos. El próximo tramo fue algo mejor. La siguiente parada la hicieron cerca de donde se perforaban pozos petroleros. La madrugada anterior la columna No.2 había dejado a un lado ese lugar. Allí Che habló con varios trabajadores y un estadounidense, al parecer responsable de las excavaciones. A las distintas preguntas, este informó de la existencia de muchos soldados en Cuatro Compañeros y de su encuentro con ellos en las cercanías del poblado.
 

Después de esa conversación Che extremó las medidas de seguridad. Ordenó a la punta de vanguardia continuar con cuidado y al práctico avisar un kilómetro antes del caserío. Asimismo, que se dirigieran hasta allí a pie, para explorarlo. Dijo que, de chocar con los guardias, había que torcer a la izquierda. Fue camión por camión planteando la ruta a seguir en caso de abandonarlos precipitadamente. Recalcó: Dirigirse siempre, primero hacia la costa y luego al oeste. Fue hasta el tercer camión para decirle que no podía perder de vista al último vehículo, porque presentaba problemas y tal vez necesitaba ayuda. Todo eso demoró más de media hora.


CONTINUARÁ
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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