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Estructurado en cinco capítulos, el
libro de los jóvenes historiadores Elier
Ramírez Cañedo y Carlos Joan Rosario
Grasso, prologado por el conocido
historiador Rolando Rodríguez, recorre
la historia del Partido Liberal
Autonomista desde su surgimiento en 1878
hasta su disolución en 1898.
Los autores, egresados de la
licenciatura en Historia de la Facultad
de Filosofía e Historia de la
Universidad de La Habana,
reanalizan
las obras precedentes sobre el tema e,
incorporando información novedosa,
construyen los pensamientos y las
actitudes del autonomismo con respecto a
la esclavitud, el racismo, la economía y
la independencia nacional. Esta última
temática es la que con mayor vehemencia
se desarrolla en el texto, en
correspondencia con los objetivos
perseguidos por la empresa
investigativa, cuyos resultados
iniciales conformaron el Trabajo de
Diploma de los autores.
El contenido del libro se orienta hacia
la apertura de una vieja polémica sobre
los propósitos, desenvolvimiento y
trascendencia del Partido Liberal
Autonomista, cuya presencia en la
segunda mitad del siglo XIX es
insoslayable para los estudiosos de la
historia de Cuba.
Los actuales defensores,
fundamentalmente extranjeros, de la
opción reformista en detrimento de "la
guerra necesaria" ideada por José
Martí y los líderes del independentismo
cubano, pretenden retomar los principios
supuestamente "pacifistas y
evolucionistas" del liderazgo liberal
para condenar a la Revolución Cubana
desde sus innegables fundamentos
históricos. Esta última cuestión,
presentada de forma conclusiva,
constituye lo más original y novedoso
del libro.
Indiscutiblemente, después de la
publicación, en 1999, de El
autonomismo en Cuba. 1878-1898, de
la autora de estas líneas, en el ámbito
nacional no se había dado a conocer una
obra similar. Sin embargo, aquel motivó
numerosas respuestas contrarias a las
tesis de la autora por especialistas
radicados en España y en los EE.UU.
Lo esencial de esta polémica, por el
tiempo y el momento en que surgió, es la
defensa de la "evolución pacífica en
Cuba" hacia el sistema capitalista,
tal y como lo desea el gobierno de
EE.UU. Obviamente, la opción
insurreccional independentista no puede
constituir la precedencia de tales
defensores, por lo que el autonomismo
adquiere una peculiar dimensión en el
debate ideológico actual. Condenar al
pensamiento revolucionario a través de
la defensa a ultranza del reformismo
liberal es patrocinar las actuales ideas
retardatarias del futuro de la nación
cubana.
Los autores de El autonomismo en las
horas cruciales de la nación cubana,
asumen crítica y creadoramente las
principales tesis de De la Torre Molina
y de Rolando Rodríguez; de este último,
las de su obra La forja de una
nación, para demostrar los valores
ideoculturales del autonomismo y su
consustancial equivocación ideopolítica
con respecto a los legítimos intereses
del país.
Es una obra que refresca conocimientos a
la vez que introduce al lector en una
nueva mirada a la sociedad finisecular
cubana. En este sentido, puede
apreciarse el interesante recorrido de
los autores a través de las
problemáticas defendidas por los
ideólogos del liberalismo autonomista.
Una, la colonia moderna frente a la
construcción del estado-nación cubano.
Otra, la libertad de comercio con la
brújula mirando hacia el norte. Por
último, la inicial defensa a ultranza de
una sociedad inicialmente esclavista,
posteriormente condicionada al patronato
y finalmente bendecida por las
relaciones coloniales capitalistas.
El proyecto autonomista, basado en el
positivismo de derecha, segregaba del
poder a los sectores populares,
fundamentalmente a los de origen
africano y asiático. De ahí que la
oferta de los liberales se distanciara
notablemente de los ideales sostenidos
por los grupos políticos más radicales
del independentismo. Evitar su triunfo
constituyó, además, uno de los
propósitos de la labor proselitista de
los alineados al conservadurismo del
Partido Liberal Autonomista.
Ningún estudioso del fenómeno partidista
acaecido después de los acuerdos
zanjoneros desconoce la existencia de
numerosas motivaciones e intereses para
engrosar las filas del reformismo
autonomista: los decepcionados de una
dolorosa guerra inconclusa después de
diez virulentos años; los convencidos de
que los tiempos exigían nuevas
respuestas "evolucionistas y
pacifistas" hasta tanto el país "madurara" lo suficiente para
emprender su camino independiente y
republicano, y los que creían firmemente
en la imposibilidad de otro camino ajeno
al estatus de supuesta colonia moderna.
Estos últimos constituyeron la mayoría
en la entidad partidista liberal.
Tampoco pueden desconocerse los aportes
del autonomismo a la apertura de una
nueva conciencia ideopolítica. Hubo una
izquierda abolicionista y firmemente
convencida de la posibilidad del triunfo
independentista mediante la evolución
pacífica de los pensamientos redentores.
Es una fracción que intentó restablecer
los fundamentos del iluminismo: las
ideas, por sus propios valores, pueden
cambiar el rumbo de la sociedad y
emancipar al pueblo de la tradicional
dominación colonial. Sobre la
imposibilidad, en la Cuba de entonces,
del triunfo de dichos pensamientos,
habla el libro de Elier Ramírez Cañedo y
Carlos Joan Rosario Grasso.
Resulta evidente la defensa del
independentismo como el eje central del
libro. A partir de la convicción de los
autores de que solo era viable la lucha
por la independencia nacional en la
forma en que se llevó a cabo, se
desarrolla el análisis de los contenidos
programáticos autonomistas.
El debate, aún vigente, en torno a si
España pudo evitar la segunda guerra por
la independencia nacional a través de la
promulgación del régimen autonómico y de
que este hubiese constituido un peldaño
"necesario" para la obtención
definitiva del estatus republicano, es
introducido por los autores mediante el
desglose de las conductas políticas
asumidas por la elite dirigente del
Partido Liberal con respecto al
movimiento revolucionario desde su
gestación hasta los días trágicos de la
intervención norteamericana.
El libro no pretende exaltar
injustificadamente a la "guerra
necesaria", sino mostrar sus
fundamentos históricos dentro de las
realidades sociopolíticas de entonces.
Los líderes del independentismo
aborrecieron la guerra con la misma
fuerza con que defendieron el derecho de
los cubanos a la libertad. Para todos
constituyó una salida indeseada y el
fruto de una insoluble crisis social. Lo
preferible hubiese sido el triunfo del
entendimiento "pacífico" entre
todas las fuerzas contendientes. Pero la
historia no es el sueño, sino la
realidad vivida. Con la historia se
piensa el país anhelado, pero no debe
instrumentarse para especular con las
mentiras. El historiador puede
reconstruir críticamente el pasado
dejando incólume sus grandes verdades.
Estas existen con independencia de los
deseos y aspiraciones de sus actuales
intérpretes. El autonomismo contribuyó a
enardecer el verbo patriótico, pero este
nació desde las entrañas de la patria
ansiada y no desde el excluyente podio
intelectual. Los mejores pensamientos
generaron "la guerra necesaria" y
condenarla es proscribir a la nación
cubana.
Los autores de El autonomismo en las
horas cruciales de la nación cubana
sustentan científicamente sus
puntos de vista e incitan a nuevas
reflexiones sobre el tema. Pero, sobre
todo, saben dialogar con el presente
desde la historia. Es de agradecer este
nuevo encuentro con la memoria y sus
pensamientos. |