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“A muchos
escritores que tienen varias
casas en distintos lugares del
mundo les suelen preguntar
cuáles consideran como su
residencia principal, y casi
todos contestan que es aquella
donde tienen sus libros. En
Finca Vigía, Hemingway tenía
9000 y además 4 perros y 57
gatos.”
Gabriel García
Márquez
Visitar Finca Vigía significa
descubrir la intimidad de Ernest
Hemingway, husmear por sus
ventanas y conocer la ubicación
exacta de cada uno de sus
objetos personales durante los
últimos veintiún años de su
vida. Este lugar fue residencia
oficial del escritor
norteamericano desde 1939 hasta
1961. El propio Hemingway
expresó: “Es un buen lugar
para trabajar porque está fuera
de la ciudad y enclavado en una
colina.”
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Finca Vigía, ese lugar en las
afueras de La Habana que escogió
Ernest Hemingway para vivir, no
ha sido, directamente y por sí
mismo, objeto de estudio de
investigadores e interesados en
el tema. Aunque todos los que
han escudriñado en la relación
de Hemingway con Cuba se
aventuran a ofrecer algunas
hipótesis sobre los orígenes del
lugar, estas no están soportadas
en la mayoría de los casos por
fuentes documentales de primera
mano sino constituyen versiones
de un discurso fundador, con no
pocas imprecisiones y
tergiversaciones de la realidad,
que nació probablemente de la
tradición oral y se encuentra
más emparentado con mitos
populares que con la “verdad
histórica”.
Lo mismo sucede con el discurso
museológico que se enfrenta a
una pregunta común del
visitante: ¿Por qué este lugar
se llama Finca Vigía? Se habla
entonces de un fortín o punto de
vigilancia español que se
dice existió y pereció en un
incendio. También a las llamas
se les responsabiliza por la
ausencia de detalles históricos
sobre el particular con la
mención al fuego que destruyó el
Ayuntamiento de Guanabacoa en
marzo de 1934. Sin embargo, los
documentos que se encontraban en
el archivo del Ayuntamiento
fueron salvados, y aunque se
encuentran dispersos y en su
mayoría amontonados sin
clasificar, contiene una
preciosa información dada
erróneamente por perdida. Súmese
además, otras fuentes obviadas y
olvidadas que descansan en los
fondos de archivos, registros,
museos y bibliotecas.
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Entre las primeras publicaciones
realizadas sobre el período
cubano de Ernest Hemingway
aparece el libro Hemingway en
Cuba de Yuri Paparov
publicado en Moscú en 1979 y
reeditado en 1982. El autor,
periodista que trabajó en
nuestro país en la década del
70, comienza su texto con un
capítulo titulado Finca “La
Vigía”. Paparov se cuestiona
quién designó a la finca con
este nombre y recoge dos
posibles respuestas: “Unos
dicen que las autoridades
españolas, cuando Cuba era una
colonia. Otros aseguran que así
la llamó el pueblo.
El investigador soviético, junto
a algunos datos errados,
defiende la existencia de un
puesto de observación del
Ejército Español á fines del
siglo XIX que fue incendiado,
según Paparov, por los propios
españoles.
Norberto Fuentes realizó el
primer registro documental sobre
La Vigía, aún cuando tampoco en
este caso constituye el tema
principal de su investigación.
El estudio refiere dos
documentos sobre San Francisco
de Paula que pertenecen al fondo
Realengos del Archivo Nacional
de Cuba. Aunque la relación de
estos expedientes, fechados en
1771 y 1775, con nuestra
localidad, es errada, su mención
demuestra la búsqueda de
archivos que ilustren los
orígenes del lugar. Fuentes
recoge otras referencias más
afortunadas como la descripción
de San Francisco de Paula de
Jacobo de la Pezuela (1866), la
inscripción de compra-venta de
Finca Vigía en 1940, asentada en
el tomo 239, folio 41 del
Registro de la Propiedad de
Guanabacoa y un anuncio del
alquiler de Finca Vigía
publicado a inicios de la década
del 20 en la revista habanera
Social.
Sin fundamento histórico alguno
que no sea la tradición oral,
Norberto Fuentes apunta otros
dos antecedentes del sitio a
estudiar. Fija la construcción
de la casa en la primera década
del siglo XX y refiere la
supuesta existencia de un fortín
español a fines del siglo XIX.
Sobre esto último refiere:
“Es una suposición generalizada
que en los terrenos de la actual
Finca Vigía, hubo un fortín
español a finales del siglo
pasado. Una edificación de
madera que fue utilizada como
puesto de vigilancia y que
disponía de un sistema de
comunicación por heliógrafo. De
ahí su nombre original: La
Vigía.”
Sin embargo, el investigador no
refiere la fuente documental que
prueba la existencia del fortín.
Ante todos estos precedentes,
que lejos de esclarecer la
historia de Finca Vigía,
siembran nuevas incógnitas, se
hace evidente la necesidad de
una investigación que trate de
esclarecer la verdad histórica a
partir de una profunda búsqueda
documental. Los primeros pasos
estuvieron encaminados a
investigar si realmente se había
borrado toda prueba documental.
Si esto no fuese así, como fue
constatado rápidamente, se abría
ante nosotros un amplio abanico
de preguntas: ¿quiénes fueron
los dueños de la Finca desde sus
inicios?, ¿qué posición y
extensión tenía la propiedad?,
¿cuándo se construyó la casa
principal y el resto de las
edificaciones de la finca?,
¿existió un fortín español?,
¿por qué se llama Finca Vigía?
Si se rescatan las fuentes
originales se descubrirá una
“nueva historia”, documentada y
verificable, que niega algunos
elementos de la historia
anterior, fundamenta otros ya
conocidos y aporta también
nuevos conocimientos.
En términos espaciales,
inicialmente nuestro objeto de
estudio parecía ser tan solo las
cuatro hectáreas de tierra y un
poco más que ocupa el Museo
Ernest Hemingway. Sin embargo,
para estudiar la historia de
este lugar desde sus inicios,
era necesario expandir nuestra
mirada hacia un territorio
mayor, tres caballerías de
tierra (aproximadamente 41
hectáreas), de la cual lo que
hoy conocemos como Finca Vigía
es solo el 10%.
Desde el punto de vista
temporal, podríamos situar el
punto de partida en el último
lustro del siglo XVIII, o sea, a
partir de la fundación del
poblado de San Francisco de
Paula en 1795. Durante el siglo
XIX, San Francisco de Paula fue
creciendo rápidamente en nivel
poblacional, los censos de la
época van documentando este
proceso.
Apuntes históricos sobre San
Francisco de Paula
En 1795 Agustín Francisco José
de Arocha, de procedencia
canaria, se encontraba en Cuba
levantando una Ermita que había
prometido a San Francisco de
Paula si llegaba con vida a esta
Isla después de una peligrosa
travesía. La construcción de la
Ermita se llevó a cabo junto al
Camino Real de Güines e inicia
sus servicios religiosos en
1797. A partir de la fundación
de la Ermita comienzan a
asentarse algunas personas en
tierras aledañas. Así surge este
poblado de San Francisco de
Paula que a inicios del siglo
XIX era un caserío y adquiere
una mayor importancia en la
segunda mitad de ese siglo. El
poblado devino parada necesaria
para los viajeros que entraban o
salían de La Habana, desde o
hacia las regiones del oriente o
suroeste occidental; esta
función motivó el surgimiento de
comercios, apeaderos, posadas y
fondas.
Jacobo de la Pezuela en 1863
ubica a San Francisco como aldea
y parte adjunta a la ciudad de
Santa María del Rosario con una
población de solo 141 habitantes.
En su Diccionario denomina y
describe este poblado como:
“San Francisco de Paula. (Aldea
de). Está situada a 1 ½ leguas
casi al oeste de Santa María del
Rosario, en terreno quebrado y
elevado en la falda
septentrional de la loma del
Bacalao, hacia los nacimientos
del río de Luyanó. Su aspecto es
risueño y la forman 26 casas con
141 habitantes de toda edad,
sexo y color. Tiene una Ermita
de mampostería, que se construyó
en 1795 con limosnas recogidas
por Don Francisco Arocha, el que
para sostenimiento de su culto
donó tres estancias. El cuadro
estadístico de 1846 la señala
con 7 casas y 53 habitantes y el
de 1841 con 57. Dista por la
calzada del Suroeste, a orillas
de la cual se halla, ¾ de legua
de Santa María del Rosario, a
cuya jurisdicción pertenece y
dos y media de La Habana.”
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San Francisco nace como partido
rural dependiente del Partido
Judicial de Santa María del
Rosario y era una capitanía
pedánea. En los inicios de los
años 20 del siglo XIX San Miguel
constituyó un ayuntamiento. En
actas capitulares de 1820
aparece la familia Gárciga entre
los fundadores del poblado de
San Francisco, incluso Isidro
Gárciga, primer dueño que se
conoce de Finca Vigía, poseía el
título de Regidor del pueblo.
Este ayuntamiento fue de efímera
vida, no sobrevivió más de un
lustro, y desde su desaparición
tanto San Francisco como San
Miguel quedaron supeditados
judicialmente a Guanabacoa, el
primero como cuartón, el segundo
como partido rural. En 1856,
aumenta su categoría militar con
la asignación de un destacamento
de caballería, desaparecen las
capitanías pedáneas y aparece en
San Francisco, como en otras
localidades, el Cuartel de
Caballería; el cuartel fue
ubicado junto al camino real de
Güines y el camino de Jamaica
frente al nacimiento de la calle
Sol.
La Vieja o La Vigía: una
estancia de labor.
Los primeros documentos que
hacen referencia al lugar donde
se encuentra hoy el museo
Hemingway pertenecen al siglo
XIX y mencionan la existencia de
una estancia de labor o finca
rústica que integraba el cuerpo
de bienes de una familia: los
Gárciga.
Sobre las particularidades de
las estancias como tipo
específico de finca rústica
describe Pezuela una estancia
como una hacienda pequeña donde
se cultivan únicamente raíces
alimenticias, hortalizas,
frutales, etc.,
mientras Julio Le Riverend la
describe como mercedes
circunurbanas, cerca de la
ciudad o zonas urbanas, cuyas
tierras eran dedicadas a
explotación mixta, ganadero-
agrícola – avícola, en pequeña
escala, adoptaban forma
rectangular (mientras los hatos
y corrales eran circulares, con
medidas fijas de 2 y 1 leguas
respectivamente) y tenían
linderos propios y precisos.
En 1750, D. Francisco Cagigal de
la Vega, Gobernador y Capitán
General de la Isla le ordena a
D. Joseph Franco la elaboración
de un plano con una leyenda del
mismo,
en el que aparecen representadas
las fincas rústicas de
Guanabacoa y sus alrededores.
Constituye el documento
cartográfico más antiguo
encontrado sobre esta región.
Sin embargo, el plano de 1750 no
recoge ninguna finca en el
territorio donde 45 años después
surgiría el poblado de San
Francisco de Paula.
Los inicios de la historia de
Finca Vigía se remontan a
inicios del siglo XIX pero esta
historia se fue descubriendo de
forma retrospectiva siguiendo
las pistas que en antiguos
protocolos notariales, censos e
inscripciones del registro de la
propiedad fueron apareciendo y
que configuraban una historia
totalmente desconocida.
El primer propietario de finca
Vigía que se conocía era un
arquitecto catalán llamado
Miguel Pascual y Baguer quien se
decía construyó la casa en 1887.
Es un hecho que Miguel Pascual
compra la finca en este año,
pero el día que se firma la
escritura de compra venta, esta
estancia le es vendida por José
Germán Padrón y Díaz, quien a su
vez había oficializado, ese día
y en esa misma escritura, la
compra de Finca Vigía a José
María Gárciga Hernández. Los
tres comparecían este 4 de julio
firmando dicha escritura.
Los Gárciga constituyen una
familia prolífica y antiquísima
en San Miguel del Padrón. Los
abuelos paternos de José María,
Isidro Gárciga y Victoria Coto
aparecen registrados en un censo
de San Miguel de 1823. También
se encuentra la inscripción del
matrimonio efectuado el 13 de
agosto de 1840 entre Narciso
Gárciga, hijo de Isidro y
Victoria y padre de José María,
con María Rufina Hernández en
los libros de Matrimonio de la
Iglesia Parroquial de San Miguel
del Padrón.
Sin embargo, la primera
referencia a la casa de esta
familia pertenece a un censo de
fincas realizado en 1857 donde
encontramos la Estancia La Vieja
de tres caballerías de tierra
como propiedad de Narciso
Gárciga en el cuartón de Paula,
partido de San Miguel del
Padrón, jurisdicción de
Guanabacoa.
Dos años después, en 1859,
Narciso testa la estancia a
favor de su esposa un día antes
de morir, y en 1861 se le
adjudica la propiedad. El
testamento y el protocolo
notarial de la adjudicación nos
muestran los orígenes de esta
finca de tres caballerías que
conforma Narciso, quien declara
que heredó dos caballerías de su
madre Victoria Coto en 1845 y
compró otra caballería a Rosalía
Herrera en 1854. La estancia de
Narciso en 1857 poseía ¾ de
caballería cultivada, 1
operario, 6 esclavos, 1 vaca y
producía viandas, arroz y
frijoles.
Rufina Hernández muere en 1869
sin otorgar testamento, por lo
cual se tasan los bienes de la
familia y se adjudica en 1873 la
estancia a José María Gárciga
Hernández, el mayor de los hijos
varones; además, cada hijo debía
recibir una suma de dinero
valorada según el valor del
patrimonio familiar como
herencia. José María Gárciga es
quien realiza la primera
inscripción de la Finca en el
libro 13 de Fincas de Guanabacoa
de la Anotaduría de Hipotecas el
15 de diciembre de 1873. La
primera inscripción en el
Registro de la Propiedad de
Guanabacoa certifica el
documento anterior y la inscribe
como la Finca # 975 mientras
describe:
“A la estancia de que se trata
se le ha dado el nombre de La
Vigía y se compone de tres
caballerías de tierra que
equivalen a 40 hectáreas, 26
áreas, 6 centiáreas y 19
centímetros cuadrados.
Este registro del 3 de abril de
1884 apunta algunos detalles de
gran interés. Por primera vez
aparece el nombre de La Vigía
que a partir de este momento va
a encontrarse como título de la
Estancia al igual que La Vieja,
bien apareciendo solo uno de
ellos o bien la frase “La Vieja
o La Vigía”. El último documento
donde aparece solo “La Vieja”
fue una certificación de
amillaramiento con fecha 1ro de
agosto de 1887.
Por otro lado, se precisan las
medidas de la finca en más de 40
hectáreas. Esto significa que la
Finca Vigía que visitamos hoy
como Museo y que perteneció a
Ernest Hemingway era solo
aproximadamente un 10 porciento
de aquella finca de los Gárciga.
Se mencionan también fábricas, o
sea construcciones dentro de la
propiedad pero no se describen,
y se fijan los linderos por el
Este con terrenos de Don José
Hernández Coto, por el Oeste con
la estancia La Ermita, por el
norte con el antes dicho
Hernández y por el sur con
terrenos de Don Pablo Meza.
En 1885, Doña María Laureana
Padrón y Díaz, viuda de Rufino
Gárciga Hernández le pone una
demanda a su cuñado José María
Gárciga exigiendo el pago de la
parte de la herencia que le
correspondía a su difunto
esposo. Como consecuencia la
finca es embargada, hipotecada y
se dicta sentencia de remate. El
15 de diciembre de ese mismo año
se realiza la subasta y queda el
remate a favor de Don José
Germán Padrón y Díaz.
Curiosamente este nuevo dueño
posee los mismos apellidos de
María Laureana, le lleva solo
cuatro años de edad pero ninguno
de los documentos dan fe de que
sean hermanos o exista otro
parentesco. Lo cierto es que la
única participación de Don
Germán en esta historia fue
pagar el cinco de enero de 1886
la deuda que había dado lugar a
la demanda, 730 pesos oro e
intereses, y comparecer en un
encuentro tripartito ante
notario el 4 de julio de 1887
cuando se efectúa la escritura
de compra-venta de la estancia
de labor La Vieja o La Vigía
acompañado de José María Gárciga
Hernández y Miguel Pascual y
Baguer.
San Pedro de Bella Vista.
Cuando Miguel Pascual compra la
estancia y la inscribe en el
Registro de la Propiedad de
Guanabacoa, la finca recibe un
nuevo nombre: “Estancia de
labor, titulada La Vigía, que
hoy se le da el nombre de San
Pedro de Bella Vista…”
La escritura de 1887 hace
efectiva la venta de la estancia
La Vieja o La Vigía de José
María Gárciga a Germán Padrón y
Díaz y de este último a Miguel
Pascual y Baguer. El documento
describe al nuevo propietario
como natural de Sant Feliu de
Guíixols en la provincia de
Gerona, Cataluña, maestro de
obras, casado, mayor de edad,
vecino de Estrella # 186 y a la
estancia con pequeñas casas en
mal estado, cercas, arboledas,
aguadas, entradas, salidas y
serventías, todo ello en una
extensión de aproximadamente 41
hectáreas de tierra.
Al catalán Miguel Pascual se le
atribuye la construcción de la
casa que habitó Hemingway años
después. Testimonios de Sara
Pascual, su nieta, ofrecidos en
una entrevista que fue grabada
en el Museo el 1ro de octubre de
1985 aseveran este hecho. Según
Sara, su abuelo nació a
principios de la década del 50
del siglo XIX y vino muy joven
para Cuba. Cuando tenía 22 años,
se casó con Teresa Serra, nacida
en Cuba e hija del catalán
Vicente Serra y la cubana Juana
González y Núñez de
Villavicencio. Tuvieron tres
hijos: José Miguel, a quien
mandaron a estudiar a Cataluña
con 11 años de edad y murió,
María, quien también muere con
siete años de apendicitis y
Pedro, el padre de Sara. Pascual
decide comprar la finca luego de
perder sus dos hijos mayores
para calmar las tribulaciones de
su esposa y revivirla con el
hermoso paisaje que se
contemplaba desde este lugar y
que le hicieron llamarla San
Pedro de Bella Vista, nombre que
prevaleció en documentos
oficiales (pagos de Finca
Rústica) en tiempos de Hemingway
como propietario, pese a que el
escritor como los vecinos del
lugar la llamaban Finca Vigía.
Sara afirma que su abuelo, junto
a su esposa e hijo, vivieron
aquí desde 1887 hasta 1903, año
en que Pedro se casa y regresan
para La Habana. Estas fechas
coinciden con las escrituras de
compra-venta.
Sobre el ejercicio de Pascual
como maestro de obras se conoce
que reconstruyó en 1894 la Casa
del Marqués de Torres,
vivienda del siglo XVII que
había sido destruida por un
incendio, ubicada en la calle
San Ignacio y Muralla en la
Plaza Vieja; también construyó
la Ermita de los Catalanes y
confeccionó los planos para el
Convento de las Catalinas en
Paseo y 25, según los
testimonios de Sara Pascual.
Miguel Pascual no aparece entre
los maestros de obras que lista
Lilliam Llanes en el libro
Apuntes para una historia de los
constructores cubanos, pero
lo registra como miembro de la
directiva de la Sociedad de
Ingenieros y Arquitectos de Cuba
(1907). Pascual formó parte de
los fundadores del Colegio de
Arquitectos de La Habana en 1916
y fue electo como uno de los
vocales del Comité Ejecutivo de
esta institución.
Miguel Pascual y Baguer muere el
15 de agosto de 1924, para esta
fecha vivía en 23 e/ Paseo y 2.
Plaza.
¿Un fortín español?
Sara Pascual negó la historia
contada por Yuri Paparov en
Hemingway en Cuba sobre la
colaboración de Miguel Pascual y
Baguer con los mambises y la
existencia en esta etapa de un
fortín del ejército español;
dice que su abuelo era
progresista pero no separatista,
algo que entraría en
contradicción con sus raíces
hispánicas.
Sin embargo, es leyenda popular
en los alrededores la existencia
de un punto de observación de
los españoles que le da el
nombre de la Vigía.
La zona occidental de la isla de
Cuba no se vio amenazada por las
luchas independentistas hasta la
Guerra del 95, cuando la
invasión de Oriente a Occidente
y, por último, la posibilidad de
la intervención de los
norteamericanos en el conflicto
en 1898 pusieron en alerta a las
tropas del ejército español en
las provincias habaneras.
La amenaza mambisa obligó al
poder colonial a desplegar sus
tropas por todo lugar que
pudiera ser atacado y a
fortificar algunos puntos de la
isla. Sobre el despliegue de las
fuerzas españolas, un acta
capitular del 14 de octubre de
1896 da fe de la ubicación que
tenían en San Francisco de
Paula.
“De conformidad con el dictamen
de la Comisión de Hacienda se
acordó abonar 15 pesos 90
centavos y 8 pesos oro
mensualmente a Don Salvador
Pujol como apoderado de Don
Victoriano Sauleda, por las dos
casas propiedad de este situadas
en el pueblo de San Francisco de
Paula, señaladas con los números
11 y 13 y que ocupan hoy fuerza
de la Guardia Civil y del
Batallón de Ottumba
respectivamente.”
Desde abril de 1896 se discutían
en las reuniones del cabildo de
Guanabacoa sobre el fondo de
guerra y la necesidad de
invertir en fortificaciones que
protegieran la villa y sus
alrededores. Estas obras
constructivas, al igual que los
gastos de alojamiento y de
alimentación, eran asumidas por
un fondo del Ayuntamiento
llamado “gastos extraordinarios
de guerra”. Sin embargo, San
Francisco de Paula se encontraba
bastante vulnerable cuando se
produce el único enfrentamiento
relevante en la zona que es
recogido en los anales de su
historia y que ocurre el 7 de
septiembre de 1896.
“Día 7. A las dos y cuarto de la
madrugada, una partida de 400
hombres, mandados por Cárdenas y
Madrados, rompió el fuego por
varios puntos sobre San
Francisco de Paula,
continuándolo por espacio de
tres horas, hasta que la llegada
de un escuadrón de la Guardia
Civil puso en dispersión a los
insurrectos, los que incendiaron
60 casas, la fuerza del
destacamento tuvo un herido,
habiendo sido también heridas
una señora y una niña del
poblado.”
Aunque no se recogen nuevos
enfrentamientos, la situación de
San Francisco de Paula se hacía
cada vez más inhóspita. El
Alcalde de barrio de San Miguel
le escribe en una carta al
Alcalde Municipal de Guanabacoa:
“Tengo el gusto de contestar
comunicación referente a las
escuelas de esta localidad,
estando en el deber de
informarle que existen dos… pero
que ambas están en suspenso por
la circunstancia de las escasas
garantías que existen en este
pueblo, pues solo existe una
pequeña trinchera en el centro
de la población, que no ofrece
defensa alguna salvo que se
lleve a efecto la construcción
de tres fortines, que ha
dispuesto el Sr. Comandante de
la zona se construyan y los que
no se han principiado por
carecerse de elementos. Al
mismo tiempo, informó que con
motivo del acontecimiento del
día 7, la mayor parte de los
vecinos se han marchado y los
pocos que quedan están pensando
en marcharse…”
En el mes de octubre, se
discutía la conveniencia de
construir en el exterior de la
Villa de Guanabacoa seis fuertes
y se autoriza que el arquitecto
municipal formule un presupuesto
ya que hasta ese momento no se
podían autorizar los gastos que
las obras originen. También en
octubre, Valeriano Weyler dicta
su Bando de Reconcentración.
San Francisco de Paula fue uno
de los puntos de reconcentración
de campesinos. En julio de 1897
había 77 reconcentrados en este
cuartón, con las funestas
consecuencias de enfermedades,
indigencia y muerte que esto
acarreaba. Incluso hubo que
ampliar el cementerio para
enterrar a los muertos que caían
víctimas del hambre y las
epidemias.
En 1898, la posible intervención
de fuerzas norteamericanas en el
conflicto hispano-cubano hizo
que las autoridades españolas
tomaran nuevas medidas
defensivas. Las fortificaciones
y el despliegue de las tropas
ahora solo no debían tener en
cuenta la guerra de campaña sino
también la amenaza militar por
mar desde los Estados Unidos. El
Estado Mayor de la División de
Defensa de la Plaza de la
Habana, comandada por el General
Juan Arolas Espugles, reorganizó
las fuerzas del ejército. En San
Francisco de Paula, el plan de
guerra de Espugles concebía la
ubicación de 186 soldados y 5
oficiales del Batallón
Provisional de La Habana No. 1 y
134 soldados y 4 oficiales del
Batallón Provisional de La
Habana No. 2.
Estos batallones constituían
tropas de infantería, prestaban
sus servicios en la zona
exterior de La Habana, pero
pertenecían al primer cuerpo de
ejército de las tropas
divisionarias y en caso de
ataque a la plaza se debían
reconcentrar sobre el casco de
ella, formando en su Parque
Central. Al contabilizar las
fuerzas armadas solo para la
zona exterior, este plan de
guerra ubica 127 soldados y 3
oficiales de infantería del
Batallón Provisional de La
Habana No. 1 en Loma Vigía y
fuertes y 110 soldados y 5
oficiales de infantería del
Batallón Provisional de La
Habana No. 2 en San Francisco y
fuertes.
Estos centenares de soldados que
el nuevo plan de guerra ubica en
San Francisco nos están
alertando sobre la importancia
de la localidad dentro de la
División de Defensa de la Plaza
de La Habana y específicamente
el reconocimiento de un punto
estratégico: Loma Vigía. “El
límite de la División lo
determina desde la playa de
Marianao la carretera que de
ella va a este pueblo, alambrada
exterior de él hasta encontrar
el camino real que conduce al
Ingenio Toledo, la línea férrea
que desde este ingenio,
atravesando la finca
“Fernandina” va al puente de la
de Güines sobre el río
Almendares, este río hasta la
Chorrera de Managua, de aquí la
línea recta que atravesando la
finca “Escobilla” va a la
esquina del potrero “Ojo de
Agua” y por la portada del este
a cruzar el camino real de San
Francisco de Paula, de allí a
San Miguel del Padrón, Puentes
Blancas, Paso Real y Río de
Cojímar hasta su desembocadura
en el mar.”
Este último sistema defensivo
colonial tenía previsto líneas
de fortificaciones defensivas, y
transversal a ellas, líneas de
comunicación. En San Francisco
de Paula no se registra ninguna
de las fortificaciones militares
que componen a la primera y
segunda línea defensiva, pero sí
aparece como un punto importante
para las comunicaciones. “Las
fuerzas de la zona exterior son
un cordón de vigilancia
establecido en los límites
territoriales de la División que
se repliegan en caso de ataque”.
En el croquis de la
red de comunicaciones aparece
San Francisco y, específicamente
Loma Vigía como puntos
estratégicos.
Todas estas alusiones obligan a
pensar en la posibilidad de que
la presencia del fortín español
no sea solo leyenda aunque es
aún objeto de investigación. Sin
embargo, no existe relación
entre el supuesto fortín y el
nombre de la finca, que fue
llamada La Vigía desde 1884.
Lo cierto es que La Vieja, La
Vigía o San Pedro de Bella
Vista, es un lugar encantador
para contemplar desde los
márgenes de La Habana, a la
ciudad que sedujo a Ernest
Hemingway con bares como El
Floridita, hoteles como El Ambos
Mundos y el humilde pueblo de
los pescadores de Cojimar. Es un
mirador. Un excelente punto de
observación de la capital
cubana. Vigía fue su escondite
para huir de la fama cuando le
resultaba incómoda, y estar lo
suficientemente cerca y lo
suficientemente lejos de su
tierra natal: los Estados
Unidos. Pero Hemingway habitó la
Vigía de los años 40 y 50 del
siglo XX sin llegar a conocer
nunca su historia. Recorrió las
calles de una Habana que imitaba
el american way of life y
cuyos pobladores lo admiraban
como un modelo, un paradigma.
Vivió en Cuba, como cualquier
otro norteamericano de su época,
sin indagar en nuestros
orígenes, ni siquiera el devenir
de la casa que habitó por más de
20 años. Hoy intentamos
descubrir algunos secretos que
Hemingway no conoció, pero que
conforman la historia de su casa
durante el siglo XIX.
Notas:
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